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taza de téEra pronto cuando llegué al despacho de Wilson. Él y Brian se encontraban alrededor de su mesa, mirando y señalando rutas con el dedo de un gran mapa extendido sobre ella. Brian tomaba sorbos de una taza, que a juzgar por el olor sería el té que Johnson cultivaba. Desconozco donde y cuándo encontró las semillas,  sólo sé que cada vez tenía más adeptos a su ‘culto’ de tomar una taza de ese extraño líquido, ya fuera por placer o simplemente por no tener otra buena cosa que hacer. Era un buen sustituto del café, al que muchos echábamos en falta y que era imposible de cultivar aquí.

-Pasa – me dijo Wilson – hemos de atender unos asuntos esta mañana. ¿Tenías algo urgente que hacer?

-No especialmente.

-Perfecto, esto nos ocupará un rato, -comentó, a la vez que me tendía una taza de té recién hecho. Lo probé: no estaba del todo mal, tenía un sabor fuerte pero era cuestión de acostumbrarse, parecido a la primera vez que pruebas la cerveza.

-¿Cuál es el exactamente el motivo por el que estamos aquí? Imagino que tiene que ver con la transimisón que Ben captó.

-Exacto. Cuando ayer la trajisteis, nos sorprendió bastante. Dado el bajo porcentaje de personas inmunes al virus, la probabilidad de que hubiese algún asentamiento más es prácticamente nula, y más aún de la zona de donde provenía la señal. Los grandes modelos de ciudad construidos mediante programación robótica fueron verdaderas trampas mortales, al concentrar tal densidad de población, aunque fueran suficientemente independientes en cuestión de obtención de alimento.

-También he estado imaginándome que puede ser, pero mi teoría más plausible es que los infectados se deben de aburrir bastante y han montado un pequeño karaoke radiofónico.

En ese momento, Sam entró al despacho con una bandeja llena de bollos redondos, de aspecto bastante apetecible. Brian levantó la mirada y siguió escrutando el plano.

-Qué genial idea, has tenido Sam. No conocía yo esta faceta tuya tan amante de la cocina.

-Dale las gracias a mi mujer, que es quien ha insistido en este detalle. -no lo decía con mucho convencimiento.

-Mmm, además de serrar árboles veo que tampoco se le dá nada mal la cocina a Caroline. -dijo Wilson mordiendo uno – bueno, ahora que estamos todos pongámonos a lo que hemos venido a hacer. He decidido que estuviésemos sólo nosotros para agilizar el asunto, de otra forma tardaríamos demasiado. Como iba diciendo, las recientes noticias nos sorprendieron mucho a todos, tanto que me cuesta creer que fueran ciertas. Si la señal proviniese de algún área rural o de las extensiones agrícolas tendría sentido, y aún si habría muy pocas probabilidades, pero no donde se halla. Antes de que vinieseis, Brian y yo hemos estado averiguando las coordenadas, con un error considerablemente bajo para la calidad de la transmisión  -señaló con el bollo mordido un punto en el mapa que veíamos desplegado -la transmisión provenía de este área, cercana a la gran zona urbana junto al río. El mapa es algo antiguo, por lo que desconozco el nombre de la nueva ciudad y por lo que puede que la zona edificada sea mayor de lo esperado. Toda este gran área se encuentra al comienzo de las llanuras, exactamente a 510km de aquí. Hemos estado pensando como poder llegar, y sinceramente lo veo difícil, ya que habría que atravesar la zona radioactiva,  sin contar que los niveles de radiacción en el área urbana son ya de por sí elevados.

-Espera -le corté- ¿estás pensando seriamente en llegar hasta ahí? No estamos hablando de un viaje de un día o dos por caminos desérticos, estamos hablando de un viaje que nos duraría semanas si queremos dar rodeos, y eso contando con que podamos aprovisionarnos de suficientes víveres y combustible por el camino.

-Sí. Por eso os he hecho venir aquí a los dos – nos miró a Sam y a mí – es la única señal que hemos tenido en años y puede que sea el único y último rastro de vida humana que escucharemos fuera de Nordway, y sea quien sea puede que no tenga mucha esperanza de sobrevivir. Pero por supuesto, la decisión es vuestra.

– ¿No sería más sensato esperar unos meses a que mejore el tiempo? Los caminos estarían más transitables, y sería mucho más sencillo obtener alimento, por no hablar del mejor estado de salud personal.

-Podría ser, – comentó Brian esta vez- y ya lo hemos pensado, pero hay bastantes probabilidades de que sea un grupo nómada ( en caso de que realmente estemos hablando de que hay alguien con vida)  que haya decidido pasar la época fría en una zona más a resguardo y con más opciones de obtener alimento. En cuyo caso, si esperásemos un poco más los perderíamos para siempre, ya que no tardarían en marchar en los meses cálidos. Aunque haya ciertos niveles de radiacción en la zona, todos sabemos que no va a dejar de haber infectados por ella,  ya que sólo afecta a organismos vivos. Podrían pasarse años en el corazón de una central nuclear y continuar como el primer día, no sé como el gobierno no pudo no saberlo.

-Si eso fuera cierto, significaría que no habríamos de tardar en marchar.

Brian y Wilson se miraron.

-Antes de decidir cualquier cosa, habeis de saber que esto no es una misión suicida – Wilson se frotó las manos para quitarse las migas del bollo, y dirigió su mirada al plano – aunque hubieran llamado al móvil pidiendo ayuda inmediata, no nos moveríamos de aquí si no fuese seguro llegar. Como veis, el área urbana es atravesada completamente por el río Peace, el cual abastecía de agua la zona y donde más abajo eran vertidos los residuos industriales. El Peace es navegable, y con una pequeña embarcación, se podría seguir su curso hasta llegar a la ciudad que nos interesa, sin poner un pie en tierra en ningún momento, y el suministro de agua estaría garantizado en todo el camino. Y casualmente, el río de este valle es un afluente suyo. Únicamente habríamos de seguir su curso hasta su desembocadura, y ya estaríamos dentro del valle del Peace.

-¿Y la embarcación? -pregunté.

-Si mal no recuerdo, había un pequeño pueblo, Nelson Village, junto al Peace, a pocos quilómetros de la desembocadura del nuestro. Forzosamente ha de quedar ahí en pie alguna pequeña embarcación de recreo para turistas, o algún otro transporte. Su muelle era bastante grande, y dudo mucho que alguien robara una embarcación al comienzo de la epidemia para dirigirse directamente hacia el área radioactiva. Si nos pudiésemos hacer con uno, no tendríamos más que dejarnos arrastrar por la corriente, reservando el combustible para el viaje de vuelta.

-Parece un buen plan, -pensé en voz alta -pero nos veríamos obligados a dejar aparcado el furgón junto al río todo el tiempo que estuviésemos fuera. Hasta que regresáramos no lo podríamos tener en Nordway. Teóricamente hoy iba a probar junto con Ben el nuevo vehículo, pero aunque el motor está a punto aún falta blindar la carrocería y arreglar el interior, en una semana podría estar listo.

-No tenemos tanto tiempo -dijo Brian.

-¿Y cuándo teníais pensado que partiésemos?

Wilson esperó unos segundos antes de contestar.

-Pasado mañana.

Eso significaba preparar todo el equipo, provisiones e itinerario en dos días, además de tener listo el nuevo vehículo si los que se quedaban aquí querían poder traer suministros. De tiempo para hacerse a la idea de lo que suponía este viaje, además de las probabilidades de no regresar que teníamos, ya no hablábamos. Sam se rascaba su barba castaña.

-No veo ningún fallo en el plan. Me  ocuparé de poner a punto el blindado para pasado mañana. -con estas palabras daba mi conformidad y apoyo a la misión. Sam esperó un poco antes de dar su aprobación.

– Me ocuparé yo de tener a todo el equipo y las provisiones. -su rostro mostraba una sonrisa contenida. Le gustaba hacerse de rogar, pero en el fondo le gustaba organizar cosas.

-Partiremos, pues. Un último detalle: encontraréis bastante resistencia en los puebos donde paréis, aconsejo que seáis al menos cinco miembros en el equipo. Brian y yo nos ocuparemos de dirigir las misiones aquí el tiempo que estéis fuera. Cuento contigo, Erik,  para seleccionar a los que creas más capacitados y a poner a punto el blindado. Como es lógico, nadie que no quiera participará en esta misión, aunque no ha de haber ningún peligro, más allá de la desembocadura del río no tenéis porque viajar por tierra. Sam, Brian te ayudará a preparar víveres y equipo. Yo me dedicaré ahora a calcular la ruta y haceros una copia de cada uno de los mapas, los necesitaréis. -hizo una pausa para frotarse el brazo, mientras miraba pensativo hacia el suelo- Ah, y un pequeño detalle final. No hemos hablado del tiempo que estaréis fuera y es además el principal inconveniente de este viaje, pero dad por hecho que será más del que hayamos estado nunca fuera de aquí. No hay manera de comunicarnos, actualmente desde la estación de Reein no podemos captar más de un par de quilómetros a la redonda, por lo que perderemos pronto el contacto, así que tomaos el tiempo que necesitéis, pero antes del solsticio de verano. Ahora esto está en vuestras manos. Buena suerte.

Brian y Sam se dirigieron a evaluar los víveres disponibles y dar las instrucciones logísticas adecuadas.  Me dirigí al taller, donde de seguro Ben ya estaría, y por el camino fui pensando en quién escoger para el viaje. Tenía una cosa clara: Sam se quedaba aquí, quisiera o no, y yo lo iba a obligar. Era el único ingeniero que había en Nordway, y sus conocimientos eran demasiado valiosos para perderlos. Sin él, cualquier avería en los sistemas eléctricos o en los vehículos permanecería sin reparar eternamente, por no contar que tenía una mujer que cuidar, y Carol jamás nos perdonaría si le ocurriese algo, si es que le permitía ir. También tenía claro que necesitaba a Ben, sin su compañía no sé que haría, y lo necesitábamos para localizar a los supervivientes. De las chicas, tenía claro que la habilidad con las armas de Alice también la íbamos a necesitar. A Anna, aunque nos vendría muy bien que viniese, la intentaría convencer por todos los medios de que se quedase aquí. No obstante sería inútil, y era uno de los miembros más importantes, junto con Sam, Johnson, Brian, Ben y yo, por lo tanto podía sumar un miembro más.

Ahora que pensaba, a Johnson lo dejaría aquí, si no Abraham se encontraría demasiado aburrido y era imprescindible para realizar aquí las misiones, aparte de Brian había de permanecer alguien con algo más de experiencia. Faltaba alguien por escoger. Supongo que eligiría a alguien de las nuevas, esa tal Lucie parecía bastante sensata, aunque quizás necesitase a alguna de las sádicas amigas de Anna.

 

Cuando llegé al taller, Ben se encontraba en la parte trasera del furgón, remachando los laterales traseros. Al oirme entrar, se quitó las gafas de protección y me saludó.

-He decidido ir haciendo el interior mientras venías, pero ya está todo a punto para arrancarlo! He cargado ya el combustible de los depósitos de materia oscura. Aún queda para una carga más, pero tardaríamos unos cuantos meses en producir la cantidad suficiente para una nueva, si no conseguimos más generadores eólicos o solares. Bueno, cuéntame que habéis decidido.

Le detallé todas las conversaciones que habían tenido lugar minutos antes, incluyendo mis opiniones personales. No se asombró demasiado.

-Algo así me temía. Parece una tarea fácil, pero nos llevará su tiempo, y no nos queda otro remedio.. de todas formas, es una oportunidad que no podemos desaprovechar – no creo que nunca más tengamos una excusa para viajar tan lejos. Además -dió unos cuantos golpes a la carrocería del otrora furgón militar- estoy deseando provar todos los caballos que puede tener este trasto.

-Así me gusta oírte hablar. Voy a buscar a Anna, vuelvo enseguida y me pondré enseguida con las soldaduras exteriores, si es que queremos acabar a tiempo. ¿Hiciste los cáculos de la autonomía?

– No demasiado exhaustivos (seguro que sí lo había hecho) pero alrededor de los 2300 km en quinta marcha. Si buscas a las chicas del equipo, continuaban durmiendo hace poco, pero Anna seguro que ya está despierta.

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Cuando llamé a la puerta de su cabaña, abrió ella, con una taza humeante en la mano. Vestía un albornoz blanco que habitualmente debería usar para dormir.

-Buenos días.  Perdona que te moleste a esta hora, pero después no voy a tener tiempo. ¿Puedo pasar?

-Claro, eres bienvenido. Hasta que éstas no se levantan, me dedico aburrirme por las mañanas. -parte del grupo de construcción dormía plácidamente al fondo de la alargada cabaña, en unas literas de madera empotradas en la pared. Cuando no estaba con nosotros, Anna solía participar en sus tareas.

Nos sentamos en la mesa de la comida.

-¿Te puedo ofrecer algo?

-No gracias, ya he desayunado suficiente.

-Ok. ¿Y qué te trae por aquí tan temprano? Pensaba que eras de hábitos mas bien nocturnos. – alargó una mano y cogió de un estante de la pared sus dos pendientes grandes de aro, que empezó a ponerse.

-No es nada que no te imagines.

Minutos más tarde, Anna sonreía complacida.

-Así que el gran Erik Thopmson viene buscando ayuda… No te preocupes, lo hablaré con las chicas y organizaremos todo para el viaje, ya verás lo bien que lo pasaremos. Si hay algo más que pueda hacer por tí dímelo. ¿Seguro que no quieres un poco de caldo? Ha sobrado una termo entero y no creo que éstas lo prueben.

-Bueno, pasa una taza.. – Anna asintió y me sirvió.

-¿Preparo también las semiautomáticas? – se refería obviamente a los rifles MA16.

-No creo que las necesitemos, déjalas aquí. Pero carga al menos un contenedor de TNT. Y deberíamos llevarnos también un par de monopolis, con el poco interés que tendrá en viaje creo que dará tiempo para acabar varias partidas… – lo dije sin mucho convencimiento.

-Creo que te equivocas.

-¿Qué quieres decir?

Anna apoyó su barbilla sobre sus dos manos y puso una mirada interesante, a la vez que con una sonrisa miraba hacia ningún punto en concreto.

-Quiero decir que lo verdaderamente interesante está a punto de empezar.

 

Es inevitable que no paren de suceder acontecimientos en una historia. De hecho, cuando nada sucede no hay ninguna historia que contar, pero si suceden demasiados apenas puede entenderlos y acordarse de ellos el que los narra. La clave está en un bonito equilibrio, y para mantenerlo  tan sólo has de pensar lento y escribir rápido.

 Anna y el resto de las chicas esperaban abajo del edificio por recomendación mía, no las iba a hacer subir cargadas como iban aunque conociendo a Ben esta vez sería de cierto interés lo que tuviera que enseñar. También por la razón de que en este edificio aún quedaban áreas contaminadas de infectados.

-Espero que hacerme venir no sea una pérdida de tiempo… -le dije a Ben. Tener que cruzar medio pueblo para ver algo que me tenía que enseñar, y además rápido, espero que mereciera la pena.

-Escucha. Grabamos esto hace unos minutos, después de instalar el dispositivo amplificador de intensidad de señal. El programa registró la transmisión entrante automáticamente, aunque solo pudo descodificar una parte. Al contrario de lo que pensábamos, la señal es bastante avanzada, similar a las que estaban en activo poco antes de la epidemia, contrariamente a lo que esperábamos encontrar.

Ben introdujo en el teclado unos rápidos comandos, tras lo que un ruido de estática empezó a sonar. Siguió sonando así unos segundos, cuando derrepente se logró escuchar una leve voz:

-‘.. más tarde no… sí, conocemos el lugar de sobra..  y oye, habría que  (… ) de sitio, … como si supieran que…. (aquí se corta) … demasiadas muertes…’

Y ya no había más, ahí se cortaba completamente la grabación. No había ni siquiera ni una frase inteligible, y las pocas palabras que había apenas se escuchaban entre un mar de estática. Me quedé pensativo unos segundos. Había de reconocer que esto era interesante, daba lugar a un mundo de especulaciones.

-¿No hay más?

-No, ni lo habrá. Un fallo en el dispositivo receptor de arriba, causado por aplicar un voltaje excesivo sobre el elemento fundió los circuitos integrados. Se podría haber evitado conectando un elemento capacitivo al circuito.

-¿No se puede cambiar el receptor?

-¿Estás loco?? ¿Sabes lo que nos costó encontrar uno de éstos? Habremos de esperar cientos de años, si la humanidad no se extingue, para poder fabricar un circuito integrado como éste con una nanotecnología tan avanzada.

-¿Conseguiste aislar el origen de la señal al menos?

-Sí, el programa automáticamente calculaba el origen de cualquier transmisión entrante.. la señal proviene a menos de seiscientos quilómetros de aquí, hacia el suroeste. En dirección a la antigua capital de Fort McMurray, calculándolo a ojo, aunque habría de consultarlo.

-Es imposible.

-Lo peor es que tienes razón. Nada puede sobrevivir ahí más de unos segundos.

Esto significaba que la transmisión provenía de áreas urbanas, y era imposible que cualquier pequeña sociedad hubiese sobrevivido ahí. Millones de infectados vagaban por cada una de las calles, por no hablar que hacía años que la epidemia había tenido lugar, y a cualquier persona inmune en el búnker más fantástico que se pueda imaginar se le habrían acabado los víveres hace ya tiempo.

-Hemos de comunicar esto en Nordway. Bien hecho, tío, has vuelto a sorprenderme.

Dejamos Reein tan rápido como habíamos llegado. Antes de que Ben subiese al asiento del conductor, ví por la ventanilla como Sally agarraba a Ben del brazo, y le pronunciaba unas palabras sin mirarle a los ojos. Por el movimiento de los labios pude entender un ‘gracias’.

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Cuando volvimos estaba ya oscureciendo. Un pequeño grupo de mujeres regresaba camino arriba hacia Nordway, cerca de la entrada, unas cuantas llevaban algunas piezas de caza al hombro, y otras iban vigilando con armas el camino, atentas a cualquier ser que pudiese emerger de entre los árboles. Al llegar delante de la puerta, ésta fue abierta desde dentro y pudimos pasar, junto con el grupo de caza, tras lo que se cerraron fuertemente.

Una vez en el taller, descargamos las armas y el cargamento que traíamos, de forma bastante rutinaria.

-Buen trabajo hoy. Mañana tenemos el dia libre, así que aprovechad para descansar. Si alguien no se siente especialmente cansado, mañana Ben y yo probaremos por fin esa maravilla de ahí -señalé el nuevo vehículo que habíamos conseguido terminar durante estos meses, reemplazando el motor original – estáis todas invitadas. Que descanséis.

-¿Qué hacemos con lo que hemos traído? -preguntó Sonia.

-Vuestras armas y equipaciones lleváoslas cada una con vosotras. De la carga que hemos traído nos ocupamos nosotros, esta vez.

-Acuérdate de recoger tu tambén tus cosas, guapo, – dijo Alice mientras me lanzó mi arma desde dentro del vehículo, que unos segundos antes estorbaba desparramada por el suelo del mismo y ahora golpeaba fuertemente contra mi cuerpo.

 Me despedí de  las chicas, y mientras Ben se iba a casa para preparar algo de comer, acompañé a Anna a cargar las mercancías hasta el almacén.

-Sí que pesa esto.. ¿qué  se supone que es?

-Un par de baterías de coche y algo de cableado de una instalación, de cobre por supuesto.

-Lo que hay que hacer por tener algo de luz. Si lo llego a saber lo cargan ellas. Aparte de esto tenemos buenas noticias, si no buenas al menos extrañas. No sé que acabaremos decidiendo, pero desde luego como no sea llegando físicamente hasta ahí no vamos a tener ninguna oportunidad de saber si lo que escuchamos es radio zombie local o algo que valga la pena conocer.

Anna calló.

-No creo que sean tan buenas noticias..

-¿Qué quieres decir? Durante todo el tiempo que llevamos viviendo aquí no hemos hayado nunca ningún rastro de vida, y nos hemos dado cuenta como las probabilidades de que pueda vivir ningún ser humano fuera de aquí son muy bajas. Me alegraría saber que alguien más aparte de nosotros lo consiguió.

-No deseo la muerte de nadie, y me alegro porque alguien más lo consiguiese, pero yo.. me he llegado a acostumbrar a este sitio.. ¿ y me gusta sabes? no quiero verlo amenazado por nada ni nadie. Sea, quien sea seguro que no querrán solo pasar a ver como estamos. Todo el mundo quiere algo, y cualquier cosa que quieran será nuestra.

La miré con compasión, mientras entrábamos en el antiguo centro educativo forestal.

-Odio decirlo, pero soy más feliz ahora después de que el mundo se acabara que en la sociedad en la que viví hace muchos años. Me gusta ser dueña de todo lo que tengo y de mi vida, y me gusta conocer de memoria los nombres de todas las personas a las que veo cada día y me gusta vivir sin tener que seguir ninguna estúpida ley civil ni estar sujeta a todas las normas que te imponía la estúpida sociedad.

Me reí.

-Vale, tranquila, nadie te va a quitar nada. De todas formas no creo que se haga mucho al respecto.

Hice una pausa sin escucharla mientras descargaba los paquetes en una mesa,  liberándome de un gran peso.

-No le dés más importancia de la que no tiene. Ves a casa, mañana será otro día.

No pareció muy convencida, asi que decidió cambiar de tema.

-¿Y no quieres que te ayude a clasificar esto?

-Ya puedo hacerlo solo. Sólo serán cinco minutos. Además, creo que hoy prepara la comida Ben y no hay niguna prisa en llegar pronto.

-¡Gracias! Nos vemos mañana.

Su ajustada silueta desapareció por la puerta.

Cuando pierdes algo es cuando verdaderamente te das cuenta de lo que tenías. Cuando has vivido en dos culturas o sociedades distintas, puedes apreciar mejor lo propio de cada una de ellas. Podía entender como Anna, habiendo vivido años entre miles de rostros desconocidos, sentía miedo ahora ante el cambio de ver unos nuevos, de no tener todo controlado fuera y dentro de la alambrada. Podía entender la necesidad humana de pertenecer a un colectivo y sentirse parte de él. Pero no podía entender el miedo a lo desconocido. En el mundo conocido existía terror suficiente para el resto de varias vidas.

Mientras estaba acabando, apareció Jessica con la excusa de ayudarme y con demasiado escote para este frío, pero la despaché rápido argumentando la espera hacia mi persona en casa de Abraham y Ben.

-¡Vale! Pero recuerda que tenemos una noche pendiente, eh? -al decir esto se agachó hacia delante, dándome una visión demasiado provocativa. Las reacciones y ideas que ésto me provocó se transformaron rápidamente en remordimientos. No sé que acabaría haciendo si esto seguía así.

Cuando salí a la recepción, y me ajustaba los guantes para marcharme, oí mi nombre arriba de las escaleras.

-Erik, espera un momento.

La grave vozde Brian venía de arriba de las escaleras. Vestía su ropa habitual, y se le veía más tranquilo que de costumbre.

-Hemos estado hablando hace un rato con Wilson de las noticias que habéis traído. Pásate mañana cuando salga el sol, tenemos que hablar. Pero ven sólo, e intenta que nadie se entere de ésto. No va a ser ningún secreto, pero la opinión pública nos la podremos ahorrar.

-Ok. Ahí estaré.

Asintió y desapareció escaleras arriba. Ahora suponía que no se había tomado tan a la ligera este asunto. Ya podía aprovechar bien esta noche para descansar.

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Tras unas pausadas partidas de cartas después de una cena abundante, y una distraída charla sobre la iniciativa de montar un campo de fútbol (americano) local que ya se iba consolidando bastante, me despedí de mis amigos.

La calle estaba vacía y sola. Un par de luces salían de algunas ventanas, pero no se escuchaba ninguna voz detrás de ellas. Miré al cielo: estaba inusualmente despejado. La luz de la luna y las estrellas inundaría todo el valle. Me acerqué a la empalizada sur, y subí a una de las pequeñas atalayas con la intención de echar un vistazo al valle, no todos los días se podían ver tan bien los alrededores. Ésta se encontraba medio oculta entre dos altos abetos, de manera que se disimulaba bastante bien desde la lejanía. Al llegar arriba observé que ya estaba ocupada. Sonia reposaba sentada en la baranda de madera, sola, mirando hacia la lejanía, por donde se perdía el río. No quise asustarla con palabras, de manera que carraspeé con la garganta. Se giró con cara asombrada. Sus ojos me miraron con una luz verdosa que se destacaba con la oscuridad.

-Perdona, no sabía que estabas aquí. Si molesto..

-No, hombre, quédate por favor.

Me incorporé y me puse de pie en la tarima de madera. Verdaderamente había buena vista hoy. Antes de coger los prismáticos que siempre dejábamos por aquí ( había un par en cada torre, no nos costaba mucho encontrar unos) me interesé por Sonia, aunque hubiese preferido no preguntar nada.

-¿Cómo es que estabas aquí? Ocurría algo..

-Nada especial.. suelo venir aquí las noches que no  puedo dormir. Cuando me aburro siempre me acaba entrando sueño. -dijo esto sonriendo, pero disimuladamente se secó una lágrima que debía estar ahí hace unos minutos. Tendría sus motivos.

– Entonces si te hago compañía mucho más rato no tardarás en morirte de sueño. Venía a echar un vistazo desde aquí, hace tiempo que no subía y la noche invita a hacerlo.

-¡Ah! Toma, buscarás esto -me tendió los prismáticos que tenía en su regazo. Ajusté el zoom y miré a través de ellos: el blanco predominaba miraras hacia donde miraras, aunque más allá de Reein, bajando por el valle, en esta noche se podían apreciar áreas sin nieve, que hace unas semanas estaban cubiertas de ella. El río fluía ya con velocidad, aunque seguramente antes del calentamiento del planeta permanecería congelado todavía. Observé las cercanías de Nordway, no se divisaba ningún infectado, por suerte. Estaríamos tranquilos bastante tiempo más. Observé también los altos edificios que se divisiban en la lejanía, delimitando la zona de peligro, por decir de algún modo, la barrera que separaba nuestro pequeño mundo y el exterior, como una fina línea que separa la vida y la muerte.

Aparte de esto, multitud de detalles invitaban a ser contemplados teniendo tiempo de sobra.

-Siempre me quedaré con las ganas de viajar y ver mundo, como imaginaba que un día haría. Al menos ahora con mi trabajo de ‘cargadora de camión’ ampliaré mis horizontes..

Estuvimos un rato hablando de trivialidades, (incluyendo nuestras marcas de café preferidas, y que echábamos en falta)  hasta que al acabarse la conversación ella miró hacia arriba.

-Esta noche se ve muy bien el cielo, tienes razón. ¿ Sabes una cosa? Hace años, cuando era pequeña, vivía en un ático, en una zona bastante alejada del centro. -(debía de tener realmente mucha pasta, ella) -En verano, por las noches, mi padre y yo subíamos a la azotea y se pasaba horas contándome historias sobre las estrellas y las constelaciones, y los héroes de la antiguedad que quedaron inmortalizados en ellas. Me las sabía todas.

-¿Todas las estrellas? Mira que hay muchas. ¿No me estarás engañando? -le pregunté con cierta ironía.

-No, todas las constelaciones tonto. -me dió un empujón suave – después de escuchar sus historias, me quedaba dormida ahí arriba. Cuando me despertaba siempre aparecía con una manta.  Recuerdo que me prometía a mí misma que yo también contaría esas historias a mis hijos, y hacerles sentir esa magia que yo también sentía. Pero cuando llegó mi oportunidad, ya no recordaba ninguna de aquellas historias, y nunca me dió tiempo a recordarlas.

Dedicí no seguir dándole pie.

-Todos perdimos algo. Pero ganamos una vida valiosa, así que dentro de lo malo no tuvimos tan mala suerte supongo. Prefiero verlo de ésta manera.

-Tú no lo entiendes, tendría que haber sido yo la que hubiese muerto, no tendría que haber dejado que..

-Nada de eso importa ahora. -le puse un dedo encima de sus labios para silenciarla, en parte por consolarla y en parte porque no quería ver ningún lloro. -sólo sé que nadie determina nuestro destino, y si estamos vivos, podemos forjarlo nosotros mismos. Nuestro pasado influye en nuestros actos futuros, pero sólo nos ha de servir para saber en qué no nos hemos de equivocar, no para ser un lastre que llevemos arrastrando el resto de nuestros días.

Me miró con cierta cara de pena. No le había dejado abrirse.

-Lo siento, esta noche no puedo con estas cosas. Perdóname.

-No pasa nada. Gracias por hacerme un rato de compañía.

-Gracias a tí.

Segundos más tarde caminaba de nuevo por la nieve.

 

Una vez dentro de mi cabaña de madera, me dejé caer al suelo apoyándome contra la pared.

Permanecí en esta posición varios minutos, hasta que me fijé en un cuadro que colgaba de la pared, un poco torcido. En él se veía el monte Fujiyama nevado, con grandes extensiones verdes a sus pies. A juzgar por la caligrafía de la firma, debió haber pertenecido a un pintor japonés. Cuidadosamente, lo volví a poner recto.

Sin nada más que hacer, y sin sueño, bajé abajo y me tumbé en la cama.

-Por fin en casa.

Aunque realmente, ¿para qué? No tenía mucho sentido vivir solo entre estas paredes, no al menos ahora. ¿Por qué seguía buscando en el fondo de mi interior mi verdadero ser? ¿Por qué no podía limitarme a vivir una vida tan superficial como la que podía tener a mi alcance? Me sentía idiota queriendo mantener un recuerdo vivo en mi mente,  y aún más idiota por mantenerme fiel a unos sentimientos que hace ya tiempo que tendrían que haberse ido de mi cabeza, pero que por nada del mundo quería olvidarlos.

 Tampoco entendía, cómo cualquier vacío producido durante tu vida en el interior, sustituye para siempre una parte de tu esencia, pediéndose en el oscuro vacío que es el olvido. Pero los malos recuerdos en el interior de mi mente siempre pesaban, eso era lo único que parecía que jamás se iba a desvanecer.

No tardé mucho en quedarme dormido, para mi frustración.

 

 

 

Breve fragmento con el fin de cumplir los dos post mensuales, pero que se ha de completar. Menos de 2000 palabras no son gran cosa.  Lo completaré en los días siguientes. Igualmente va tocando leerme fragmentos anteriores de la historia y completarlos, las conversaciones y descripciones de lugares son demasiado esquemáticas,  en cualquier situación normal hay bastante más juego en los diálogos de los personajes. A nadie le gusta leer algo demasiado lento ni historias que se empiezan a enrollar, pero todo ha de ir a su ritmo.

Mi intención es crear una historia más o menos sólida con la temática que me gusta, por el mero hecho de crear y por aquello de ‘ten un hijo, planta un árbol, y escribe un libro’, que en este caso es un blog. El mes que viene, típica época de exámenes, estará extento de entradas.

13 Reein II

Nos encontrábamos ya cerca de nuestro refugio de aquí, en Reein. Algunos cadáveres recientes quedaban atrás en nuestro camino. Siempre me sorprendía ver como seguían apareciendo más con cada visita, cómo era posible que los muertos caminasen tanto en busca de carne humana. Supongo que de no haber tenido este hambre insaciable el virus no se hubiese extendido tanto, al igual que si la humanidad no hubiese tenido ese insaciable deseo por el sexo no nos hubiésemos multiplicado tanto, aunque al final ese haya sido nuestro fin, y casi el de nuestro planeta.

Un camión volcado bloqueaba la calle, de manera que dejaba un espacio muy estrecho para pasar. Sonia se dispuso a cruzarlo, pero justo cuando estaba a la altura de la cabina, contemplando el cadáver del antiguo conductor (misteriosamente muerto de verdad) un fuerte golpe se olló en la puerta de su derecha y un podrido brazo surgió entre el agujero de la misma, rozando su cuello. Sonia ahogó un grito. Segundos después un segundo brazo salió de la destrozada puerta, que comenzó a ser sacudida por varios golpes.

-Ignoradlos, la puerta aguantará.

-Es increíble la facilidad con que nos han detectado.. parece como si desde un principio supiesen que estábamos aquí, -observó Alice.

-Siempre, siempre acaban dando contigo, y ellos nunca se cansan, ni pasan hambre ni frío, ni sienten dolor. Por eso no tengáis piedad de ellos, aunque parezcan humanos y podais sentir un poco de compasión pensad que no lo serán nunca más.

Los infectados continuaban gimiendo tras la desvencijada puerta. Logré atisbar un par de ojos blanquecinos tras una grieta de la puerta, y segundos después una boca derramando sangre y mostrando astillados dientes.

Aparté la vista y partí los brazos más próximos empujándolos con el pie, de manera que quedaron colgando e inservibles. Aunque quisieran ya no podrían agarrar nada nunca más.

Un momento después ya estábamos lejos de ahí.

 

-Siempre me he preguntado, -comentó Sonia, -¿ no se pudo diseñar ninguna cura? quiero decir, habría alguna opción de que volvieran a ser como antes?

-Eso es imposible. Casi la totalidad de sus órganos internos se hayan descompuestos, y todo el cerebro menos la parte relativa al movimiento y los instintos más básicos, como el de la alimentación,  está muerto. Si lográsemos destruir el virus de su cuerpo lo único que conseguríamos sería matarlos completamente, ya que es lo único que los mantiene en pie.

-Me alegro de ser inmune -dijo Alice.

 

Un minuto más tarde nos encontrábamos delante de un pequeño edificio, de no más de dos plantas, aparentemente una antigua subestación eléctrica. El tejado tenía forma de cuña, para poder dejar resbalar la nieve.

-Es aquí.

Junto a la entrada había un pequeño farolillo de cristal, el cual abrí y saqué una llave de su interior que usé para abrir la puerta.

-¿Es necesario cerrar? -preguntó Sonia.

Me reí.

-¿Te arriesgarías a que alguno por casualidad nos esperase dentro? No creo que nos recibiese con un beso y un ‘que tal te ha ido el trabajo cariño’.

 

El interior estaba bastante bien iluminado, dado que fuera aún había bastante luz, pero la luz solo provenía de pequeñas clarabollas en la pared tocando al techo, de tan solo un palmo de altas. Si el edificio hubiese tenido ventanas convencionales de cristal, sería casi como dejar la puerta abierta a visitantes indeseados. La sala que teníamos delante tenía varios monitores y servidores dispuestos en las paredes, armarios, algunos archivadores  y un par de mesas donde había desparramadas varias botellas de productos químicos y piezas de maquinaria diversas.

-Esta es la sala que más utilizamos durante las horas de luz. En los armarios hay armas y comida, serviros a vuestro antojo. Esa puerta de ahí da al sótano, donde pasamos la noche. Tenemos varias camas, velas y monitores de vigilancia del exterior. Esa otra puerta da al garaje, donde descargamos las mercancías, y esa otra da al piso de arriba pero aparte de polvo y máquinas viejas no esperéis encontrar nada en especial.

Mientras Alice inspeccionaba el armario de las armas, bajé con Sonia al sótano. Aquí no había luz por la ausencia de ventanas. Encendería un par de farolillos que teníamos en las paredes.. ¿ dónde dejé el mechero la última vez?

– Mmm.. ¿ está libre el colchón junto a la estufa?

-Creo que sí. Oye, ¿ no has visto un mechero por aquí ? Saca mejor la linterna..

-Vale, pues me la pido! Ah, no es eso de ahí?

Oí como Sonia caminaba por la habitación, porque verla no podía verla en absoluto. Segundos después se acercó y me tendió un pequeño objeto metálico.

-Gracias. Oye, cómo has podido verlo aquí abajo?

Cuando sus ojos verdes se encontraron con los míos, brillaron por un momento con un reflejo verde esmeralda, parecido al de los felinos.

-Ah.. siempre he podido ver en la oscuridad casi tan bien como a la luz del día. Lo sé desde los trece años, pero salvo para no tender que ir encendiendo luces por la casa cuando me levantaba al baño de noche, no me ha sido nunca de mucha utilidad.

-Me sorprendes.

La luz de las velas iluminó mejor la estancia.

-Todo sigue igual.. Ayúdame a sacudir un poco la humedad de los colchones y a bajar un poco de combustible al generador de aquí abajo. Pondremos en marcha la radio de aquí abajo e intentaremos ver si sigue funcionando, si no nos aburriremos un rato.

-¿Ya alcanza la señal desde aquí abajo?

-No, en realidad la antena está en el piso de arriba, creo.

-Os teníais bien callado lo del Lamborghini de arriba, eh? -gritó Alice desde lo alto de las escaleras.

-Ah..cosas de Ben.. Brian siempre se queja porque apenas deja espacio para el blindado..

A pocas mujeres les suelen gustar los coches y suelen entender de ellos, asi como también había pocas niñas a las que les gustara el fútbol y jugasen con los chicos en el patio. Todas las que conocí que lo hicieran, o bien su padre tenía un taller mecánico, o años más tarde se descubría su sorprendente orientación sexual. Esto daba que sospechar, pero el futuro lo diría.

                                                      

                                                           ________________________________________

 

Ben se detuvo delante de una pequeña estación de repetición de onda, antiguamente utilizada para amplificar la señal de las ondas de telefonía móvil y de las emisoras de radio nacionales. La estación en sí no era de gran altura, pero la antena se elevava un considerable número de metros, y todo ello construido sin apenas intervención humana.

Nada más llegar a la puerta, un par de infectados salieron de su interior. El primero, cuyas entrañas sobresalían de su destrozado vientre, avanzó hacia ellos con un lúgubre gemido, provocando que escupiera la poca sangre que le quedaba por la boca. Sally se encargó de él mientras su amiga atravesava la cabeza del otro a través de su blanco ojo.

-¿Primera planta, sector oeste? -afirmó más que preguntó Sally.

-Sí, correcto. ¿Ya te lo habían dicho?

-No, pero esos cables conectados a los paneles solares del techo, que entran chapuceramente  por la ventana del edificio no dejan mucho lugar a la imaginación. Nos vemos en un momento, creo que tengo prisa.

Sally trepó con su ligero cuerpo por el árbol cercano a la ventana, y de un salto de más de dos metros de distancia se coló en el interior del edificio, a la vez que de la puerta del edificio salían tambaleantes varios infectados, muy hambrientos por cierto.

-¿Pero qué..? -gritó Ben, a la vez que se le caía el cigarrilo de la boca.

Un infectado calvo cargó contra él, derribándolo, a la vez  que intentaba morderle el cuello. Tenía la piel tirante y le apretaba los huesos, como si le hubiesen puesto un vestido elástico y muy ajustado encima de una masa de huesos y músculos. Casi instintivamente, Ben giró su cabeza 180º, con lo que con un crujido se partió. Se apartó con un torpe movimiento torpe el ahora sí muerto de encima suyo.

-Perfecto, otro día entero con este asqueroso olor encima.

Mientras se levantava, vió cómo Lucie la intentaba a duras penas contener a los demás.

-Y también parece que voy a tener que trabajar -dijo sacando su arma.

 

Cuando subieron, Sally se encontraba consultando la pantalla de un ordenador.

-Así que tenéis programada una estructura de repetición en onda corta, y además en varias frecuencias… sólo una con un 25% o menos de energía.. el que ha montado todo esto es todo un crack.

-Muy bien, sabes leer basic. Ahora si tanto sabes, ponte a trabajar. Hemos de reprogramar el bucle para que funcione a una mayor intensidad, pero tan sólo dos horas al día.  Llevamos demasiados años sin recibir ninguna maldita transmisión, sólo ruido en todos los canales . Creo que ya no queda nadie ahí fuera. Sea como sea, quizás, si ampliamos el alcance de la señal, encontremos algo, pero el tiempo lo dirá. Gracias a este chisme – Ben descargó una pesada caja metálica de su mochila- podremos conseguirlo. Tuvimos que ir hasta una estación de radio a varios quilómetros de aquí para conseguir este descodificador, pero espero que merezca la pena.

-Vamos, hombre. Es imposible que nadie más al sur haya logrado sobrevivir todos estos años. Sólo a los imbéciles se les ocurriría perder el tiempo de esta manera.

-Si tan idiota te parece hacer esto, espéranos fuera en la calle. Tardaremos un par de horas, así que te puedes aburrir al principio, pero seguro que no tarda en aparecer alguna agradable compañía.

Pareció pensárselo.

-Ya me gustaría, pero he de vigilar que no la cagues.

-Ya te gustaría que lo hiciese. Ves haciendo esto, voy a comprobar las conexiones del piso de arriba y instalar el nuevo componente. Lucie se quedará contigo para evitar las visitas inesperadas que puedan aparecer. Recuerda que el canal principal no funciona aunque aparezca online.

-Ya voy yo arriba, tu quédate aquí y arregla ésto mejor. Como si aún fuese a la escuela…

-Como gustes, preciosidad.

 

                                                           ________________________________________

 

Oí que alguien abría la puerta de la sala principal donde me encontraba.  Dado que la capacidad de razonar de los infectados les daba como mucho para golpearla con un cuchillo, supuse que Anna estaba de vuelta. Sonia y Alice estaban descansando un rato en el piso de abajo (prefería pensar que estaban haciendo esto, y no ninguna otra actividad fuera de lo normal, con la asusencia de hombres en estos tiempos cualquier cosa podía ser), se habían pasado la mañana limpiando este seco refugio al que probablemente tardaríamos en volver y ayudándome a empaquetar diversas cosas que aún quedaban en el garaje, para llevarnos a Nordway a la vuelta.

-Os habéis cansado rápido, -dije mientras me quitaba las gafas de protección y me giraba para mirarla.

-¿Así que pasándotelo en grande, eh? -dijo mientras veía los cartuchos de dinamita que tenía en la mano, y la botella de nitroglicerina de encima de la mesa.

-No es que me entusiasme fabricar explosivos, pero algo tenía que hacer. Además son bastante útiles.

El resto del equipo entró y se sentó en un viejo sofá polvoriento, mientras dejaban sus armas encima de la mesa y se quitaban los chalecos.

-¿Algo interesante? -pregunté mientras Anna me ayudaba a limpiar la mesa.

-Nada que no hayas visto.. ah si, nos encontramos con una especie de trampa al entrar a una vivienda, por suerte la madera estaba tan podrida que no funcionó. ¿Tenemos algo para comer?

-Sí, aún queda bastante comida del invierno pasado, podemos comer y descansar un rato. Ben estará a punto de acabar, me imagino.

Miré un momento al resto de las chicas, que estaban entretenidas probándose varios pendientes y collares de oro que se habían encontrado.

-Miraré a ver que queda.

 

 

-.. y entonces, arranqué el coche atropellando a todos los que me venían por delante mientras todo explotaba a mi alrededor y..

-Sí, sí, y les hiciste así con el dedo por el retrovisor mientras los dejabas atrás.. dame un trago.

Sally y Lucie estaban terminando de comer, sentadas en el suelo y apoyadas contra un viejo servidor, mientras Ben bebía sorbos de una vieja lata, sentado en una vieja silla giratoria frente al monitor y comprobando la pantalla todo el rato, mientras por el altavoz salía el típico ruido de estática que indicaba vacío en la señal, al igual que al sintonizar ninguna emisora.

– ¿Le queda mucho?

-Básicamente ya está. Sólo quiero comprobar que capte bien la señal. Si detecta alguna onda entrante, quiero que la grabación que realice el programa se archive bien.

-Va, déjalo y vámonos, para lo que se va a escuchar.

-Créeme que con un poco de optimismo se vive mejor, pero tienes razón, es hora de marcharnos.

Ben se estiró en la silla y bostezó, tras lo que cogió su radio.

-¿Erik?

-Dime tío. ¿Salís ya?

-Sí, en diez minutos os esperamos en el coche. Ya está todo acabado. Corto.

Mientras Lucie y Sally se acababan de vestir, Ben se dispuso a apagar el monitor. Derrepente una anomalía en el ruido de la transmisión le hizo parar. Lo que parecían ser palabras de una voz humana se distinguían a través de la estática.

 

De noche nuestra concepción de lo que es seriedad varía mucho que la misma durante el día. Aún sin alcohol, nos podemos llegar a arrepentir de nuestros actos o nuestras palabras.

Hasta más leer.

12 Reein I

El taller se hayaba cerca de la entrada delantera de Nordway, un gran cobertizo en donde guardábamos nuestros vehículos y herramientas. Ahora un único furgón blindado estaba disponible, así que no nos lo podíamos permitir perder. Esta mañana bajaríamos a Reein en busca de algunos analgésicos y material médico, y así las chicas podrían practicar lo básico que habían aprendido durante estos días. Según creo, Sam y Ben les dieron nuevas radios para comunicarse y les explicaron el procedimiento habitual que seguíamos para encontrar suministros. Hacía dos días que habíamos celebrado la Navidad, por supuesto puramente pagana. Podía parecer extraño, pero no podíamos deshacernos de esta costumbre, y yo por mi parte necesitaba unos días así al año, en los que poder olvidar todas las preocupaciones que me ataban al mundo real. El tiempo de descanso habían pasado, y tocaba ponerse otra vez en marcha. Ahora el tiempo tendería hacia el calor, y mi parte más humana deseaba que llegase rápido, aunque mi parte más racional viviría siempre en estos meses del año.

Habíamos quedado al amanecer, y las chicas ya comenzaban a aparecer. 

-¿Que decías que le pasaba a Johnson? -le pregunté a Ben. -Según él nada, pero Abe y yo le hemos obligado a quedarse en la cama. No se encontraba muy bien esta mañana, de seguro fueron sus asquerosos champiñones..

-Habremos de prescindir de nuestro chófer. ¿Te ves capaz de sustituirle?

-Estás hablando con el rey al volante. De todas formas hemos hecho tantas veces el mismo trayecto que no tiene pérdida.

-Ok. Salgamos tan pronto como podamos.

Anna llegó corriendo.

-¡ Siento el retraso ! No me acordé de revisar las armas ayer.

-No llegas tarde, pero nos convendría darnos algo deprisa.

Las chicas acabaron de llegar. Los uniformes les apretaban un poco pero les estaban bien, y desde luego sin ningún matiz rojizo. Se notaba que eran nuevos.

-Dejad las armas en el suelo del furgón y subid todas. Ben y yo iremos delante, distraeros como podáis durante el viaje.

 

 

El pueblo de Reein, si es que esto llegaba a pueblo, seguía tan afectado por el paso de los años como siempre.  Torres altas de las que colgaban cables rotos, seguramente de comienzos del sistema de construcción controlado por inteligencia artificial, y calles estrechas donde los escombros adornaban todo como un cuadro macabramente abstracto era el paisaje que siempre había tenido. Nunca supe cuál era la función de este pueblo, aunque intuíamos que era una especie de enlace financiero entre la zona de explotaciones mineras cercanas y la zona urbana de las llanuras que había a varios quilómetros. De todas formas no contaba con demasiados edificios.

Ben detuvo en el vehículo al principio de la vía principal de entrada. Bajamos los dos, no haría falta que nadie se quedase en el vehículo, de momento. Anna y las chicas ya estaban fuera y repartiendo el equipo: todas llevaban enfundada una pistola de calibre ligero a un costado de la cadera, aunque por experiencia sabía que sólo era eficaz si el tiro acertaba por encima de la línea de los ojos. La única utilidad que tenía era la poca seguridad que ella te daba.

En cuanto a armamento, Sonia y una chica que no rondaría más allá de los 19, llevaban colgada a la espalda una especie de vara afilada por ambos extremos, la que parecía la tía dura del grupo una espada de un sólo filo y el resto dos cuchillas cortas al estilo de Anna, pero de un aspecto menos oriental. Desconocía que tuviéramos todo esto en Nordway, o al menos no recordaba haberlo adquirido. Daba igual.

-Tened en mente que hemos venido sólo para ver como están las cosas y que podáis explayaros, fundamentalmente, no esperéis llevaros gran cosa.  Hay un par de asuntos más que hemos de mirar pero de esto ya nos encargaremos Ben, Anna y yo. Nos dividiremos en tres grupos: vosotras dos, id con Ben a comprobar la señal de radio a la estación de radio, él ya os explicará, pero no es nada del otro mundo. Las tres que os encontréis más animadas id con Anna a limpiar la zona y el resto venid conmigo. Aunque no debería haber ningún jodido muerto por aquí no dejéis de mirar a vuestras espaldas, para cualquier cosa estaremos en contacto por radio.

-Acuérdate de barrer un poco y esas cosas, hombretón -a Anna le hizo gracia su comentario.

-Nos vemos en unas horas.. -se despidió Ben.

Las dos más jóvenes se fueron con él, mientras Anna se iba con las tres que tendrían más ganas de hacer ejercicio, o las únicas que no sabían lo que les tocaba. Al final me quedé con Sonia y Alice, la chica de los ojos violetas. Eran extraños, no recordaba haber visto ningunos ojos antes de este color tan antinatural. Que yo recuerde, sólo los poseían individuos albinos que habían nacido con los ojos azulados, pero que al crecer nos se habían vuelto del todo rojizos por la escasez de la melanina, dando este aspecto tan extraño. Su pelo era corto y negro, y lo llevaba bastante despeinado.

 

-¿Esperamos a alguien? – dijo la misma balanceando su espada.

Sonreí.

-Tenemos tiempo de sobra esta vez,  pero tienes razón, vámonos. Puedes guardar el arma, no nos encontraremos demasiados problemas por hoy.

-¿Adónde nos dirigimos? -preguntó Sonia haciendo inútiles esfuerzos en ahuecarse el traje a la altura del pecho, (el cual le quedaba bastante justo)  y mirando hacia lo alto de las torres. Sonia era una mujer bastante sencilla, nunca había tenido la oportunidad de entablar muchas palabras con ella, aunque siempre parecía estar de buen humor. Se encargaba de cuidar la pequeña granja que teníamos junto con Jessica y Cameron. Su pelo era castaño claro y bastante largo, tres palmos por encima de la cintura, y sus ojos de color verde hoja.

-Vamos al refugio que tenemos aquí en Reein. Es una especie de base avanzada fuera de nuestro pueblo, donde a veces pasamos la noche al volver de trayectos largos o que usamos como almacén provisional y que a lo largo de este tiempo lo hemos llegado a hacer bastante habitable. Lo encontramos cuando llevábamos ya tiempo saqueando este sitio y apenas quedaban infectados. Tuvimos suerte también, parece que cuando durante la epidemia toda la poca población que pudiese haber trabajando aquí abandonó sus puestos de trabajo hacia sus viviendas en las áreas urbanas. Está debajo del antiguo centro de control de este sitio, antes una zona bastante peligrosa, donde algunos ejecutivos que aquí quedaban vivos se refugiaron de los muertos.

-Y.. ¿ seguirían ahí dentro, no? Cuando entrasteis quiero decir.

-Sí, pero no salieron a recibirnos. Aunque aún les quedaba alimento y se refugiaron antes de contraer la infección, encontramos varios cadáveres con heridas graves, y uno con un cuchillo entre las descompuestas costillas. Creedme, no queréis saber más. En estos casos la locura es más peligrosa que el hambre. Los instintos humanos más básicos son los que más placer nos reportan, pero también los que más nos hacen sufrir.

No dijimos nada más y nos concentramos en avanzar discretamente por las calles. La nieve, aunque ahora bastante poca, dificultaba algo nuestros pasos. La brisa que atravesaba el valle acariciaba nuestros oídos.

 

                                         _________________________________________________

  

Ben andaba maldiciendo su suerte al haberse tropezado delante de sus dos nuevas compañeras, provocando risitas en ellas.

-¿Qué os hace tanta gracia? Ni que no os hubiera pasado nunca..

‘Perfecto, esto es un buen comienzo’ pensó, ‘yo les daba dos días en caer rendidas a mis pies suplicando que las protegiese’.

-Vamos, hemos de hacer un montón de cosas al llegar -su voz denotaba cierta conformidad.

Al poco de empezar a andar, Sally, la rubia diecinueveañera, pegó un pequeño grito. Al girarse, Ben contempló cómo un cadáver de medio cuerpo con los ojos vidriosos, y abiertos de par en par, que agarraba la pierna de ésta, saliendo de debajo de un coche. El frío lo paralizó, dejándolo el una posición estática. Con un suspiro, Ben partió su cráneo con la punta de su bota.

-Esa cosa.. esa cosa me ha cogido.. – Sally parecía momentáneamente paralizada.

Lucie, su inseparable compañera ( durante años andaban siempre juntas, no recordaba haberlas visto separadas en ningún momento) de pelo negro y lacio la miraba curiosa.

-Puede que haya más, estad atentas. Ya sabéis como usar vuestras armas, así que no podéis vacilar.

Continuaron andando un poco más. Un escaparate destrozado mostraba maníquíes corroídos por el paso del tiempo, en una pose orgullosa y vistiendo aún antiguos atuendos. Era una cruel sátira del tiempo en el que una vez existieron. A ésta le sucedieron algunos comercios más, en lo que parecía ser la pequeña calle comercial de la zona, donde ya apenas quedaba nada aprovechable.  Un ruido de pasos salió de dentro de una papelería, según el letrero. Un grupo de tres infectados, con las caras congeladas, salieron del interior levantando débilmente los brazos. Las chicas sacaron torpemente sus armas, mientras miraban horrorizadas a aquellos dos seres.

-Ah, ya no me acordaba. -Ben se dirigió al interior de la tienda, empujando con cada brazo a los dos infectados hacia atrás, donde se encontraban sus compañeras, y clavando un cuchillo en la sien del tercero mientras avanzaba. Cuando salió, estaba encendiendo un cigarrillo del paquete que llevaba en las manos, protegiéndolo del viento con las manos.

-Ah, menos mal que todavía quedan de éstos.

Las dos chicas lo miraron incrédulas, sujetando temblorosamente unas cuchillas recién manchadas de sangre. De no haberlas tenido acopladas a los brazos las habrían dejado caer.

-¿Qué pasa?                                          

                                        _________________________________________________

 

 Anna contemplaba como sus chicas derribaban a patadas la puerta de una vivienda, en el tercer piso de una de las torres. La luz que se filtraba entre la ventanas tapiadas del interior del piso dejaba ver como dos niños a los que les fataban batante carne en los brazos salían del interior. Mientras Anna se quedaba afuera, el resto entraron a abatirlos.

Cuando acabaron, Anna entró.

-Buen trabajo, pero la próxima vez intentad que los cortes en el cuello sean un poco más arriba, cerca de la cabeza. Ahí se desangran más rápido y la carne cede mejor. Buscad si queréis algo de utilidad y marchémonos.

Las demás se dirigieron al interior. Un grito de sorpresa, acompañado de un gemido, salió del fondo. Inmediatamente se oyó el carectirístico sonido del metal rasgando piel humana. (Bueno, supongo que no es tan característico, pero con el tiempo te llegas a acostumbrar e incluso alcanzar a estimar el grado de descomposicón de la carne según el sonido)

Anna entró en la habitación que tenía más cercana, que parecía una pequeña salita de estar. Varias fotografías, cubiertas por el polvo, se alineaban en la mesa. Cogió una que estaba caída, pasó la mano por encima de una de ellas, dejando ver las dos caras sonrientes de un matrimonio joven. Parecían felices, seguramente se acabarían de casar y comprar su pequeño pisito aquí, buscando un poco de tranquilidad y un lugar para vivir su amor. Esos tiempos jamás volverían y sus propias ilusiones sobre cómo sería el día de su boda, probarse el vestido y hacer la lista de invitados  pensó Anna, siempre serían eso, meras ilusiones. Dejó la fotografía bien colocada, y tras cerrar la puerta salió de la habitación.

 

 

¿Porqué, aunque añoramos el sitio donde nacimos, nunca volveríamos a vivir en él? Sólo vivimos de los recuerdos cuando és lo único que nos queda.

Salí de casa mientras estaba amaneciendo. Uno de los grandes cambios  en tu vida cuando no dispones de toda la electricidad que desees, es que tu horario se reduce radicalmente a las horas de luz, ya que aunque puedas encender velas o pequeñas lámparas LED, poco hay que puedas hacer. Antes de la epidemia, quedarte sin luz o sin algo que hacer, hubiera sido una pesadilla, pero aquí todo el mundo se encontraba en la misma situación que tú.

Esta mañana había mucha menos nieve que hace unas semanas. Nevaría un par de veces más, pero era innegable que el calor estaba volviendo ya, para bien y para mal. Exceptuando restos de sangre, no quedaba ningún cuerpo en el interior del pueblo. Las chicas habían hecho bien su trabajo. No había nadie fuera de sus casas tampoco, así que me senté en uno de los bancos de la pequeña plaza y me puse a esperar, mientras contemplaba el sol salir a lo lejos. El mero hecho de ver salir el sol otra vez más significaba un día más que había logrado sobrevivir, un día más que había vivido como un intruso en un mundo que ya no me pertenecía. Al menos no mientras estuviese vivo.

Oí unos pies arrastrándose en la nieve, y sin verlo pude adivinar que se trataba de Sam.

-Buenos días.

-Qué tal. ¿Sigues echando de menos Cuba?

-Sí, es un mal hábito que tengo la manía de mantener. Y tú, ¿sigues siendo fan de los Lakers?

-Hasta la muerte.

-Ja. Bueno dime, ¿le comentaste a Anna como lo haríamos?

-Si, a ella también le parece bien. No sé como va a salir ésto, pero espero que al menos alguna de las chicas sea tan buena como ella. Mira, por ahí viene.

Después de ella no tardaron en aparecer las demás chicas y mujeres. El resto de personas también empezaba a salir de sus casas para dirigirse a sus tareas.

Cuando ya estuvieron todas, Sam comenzó a hablar:

-Supongo que nadie se ha equivocado y sabéis a lo que venís. Si queréis formar parte del equipo de asalto, tendréis que dedicaros a salir ahí fuera y saquear los desechos de lo que antaño fue nuestra civilización, por el bien del resto del pueblo. Lo que hay ahí fuera no es ningún secreto, todos los que llegamos hasta aquí hemos vivido para contarlo, o al menos los pocos que quedamos. No se tratará sólo de bajar, cargar todo lo que se pueda y salir cagando leches antes de que aparezca ningún infectado. No. Los centros de las grandes ciudades y comunidades están a rebosar de infectados que se reaniman en cuanto aparece algún rastro de vida. Deberéis infiltraros de noche en antiguos hogares, a veces con la única ayuda de una linterna y vuestro cuchillo sólo para salir con las manos vacías o una bombilla en el mejor de los casos. Deberéis ser capaces de pasar corriendo entre una marea de cientos de muertos vivientes para poder huir, y lograr contener a varios de ellos vosotras solas.  El consuelo es que puede que no viváis mucho para tener que aguantarlo. Ahora, si de verdad estáis dispuestas, nosotros os enseñaremos todo lo que necesitaréis. ¿Conformes?

Nadie puso ninguna objección. Me fijé un poco más en ellas: no eran las típicas amas de casa de antaño, cuya máxima aspiración en la vida era tener algún cotilleo que contar por teléfono a sus amigas. Éstas, algunas demasiado jóvenes para haberse sacado hace tiempo la licencia de conducción o saber crear una puerta lógica, inspiraban seriedad y el rostro de seguridad en si mismas, pese a sus cortos años. Sus curvas reflejaban la esbeltez curtida por su trabajo en Nordway de los últimos años, y aunque su sonrisa era habitual, la profundidad de sus ojos no conseguía engañar la inocencia que intentaban transmitir.

-Bien. Sois siete, así que no vamos a tener problemas de número.. divideremos el entrenamiento en tres partes.  Erik y Anna se encargarán de la más importante, vuestra preparación física. Erik en la especialidad del cuerpo a cuerpo y Anna a distancia, para la que si no conseguimos municiones pronto no os hará falta practicar demasiado. Es obvio que tardaréis varios meses en alcanzar el máximo rendimiento, pués debereis entrenar vuestros cuerpos para ganar masa muscular. Por mi parte haré que os aprendáis de memoria la geografía de caminos, núcleos de población de la zona y principales sectores de suministros, así como dónde hemos establecido pequeñas bases para pernoctar y en caso de emergencia, de ello depende vuestro descanso y vuestro refugio.

Hizo una pausa y nos miró.

-Todas vuestras. Nos veremos por la tarde.

Después de las explicaciones pertinentes (ya estaban siendo demasiadas, según mi opinión)  y adquirir la equipación deseada, partimos al bosque de la zona norte de la antigua reserva y expliqué sobre los ejercicios, movimientos básicos y utilidades de cada arma. Por ahora dejaría que se familiarizasen un poco con todas, antes de que cada una eligiese la que le fuese mejor, o simplemente le gustase más. Por supuesto también se tenían que adaptar al físico de cada una, que por supuesto también se había de mejorar, en cuanto a fuerza física claro. Practicaríamos también algo de puntería lejos de aquí, seguramente los bosques fueran la mejor opción, ahí es donde se amortigua mejor el sonido. Dentro de un tiempo, cuando estuviesemos más preparados saldríamos a Reein y combatirían con  los infectados congelados que aún quedasen tirados por ahí, ya tendrían tiempo de sobras para practicar. Ahora era problema suyo y por mucha cara bonita que tuvieran no iban a darme ninguna pena.

 

-Bonita decoración – Anna se quedó en la puerta mientras iba hacia la estantería a buscar el archivo con información médica que me prestó.

-Pasa si quieres, pero cierra la puerta. Si no esto se quedará frío hasta la noche.

Se sacudió la nieve del abrigo y entró. Parecía seguir impresionada por las armas y cuadros que sencillamente decoraban las paredes, pero rápidamente desvió su mirada hacia la estantería.

-¡Vaya! Nunca pensé que tendrías tantos libros, hacía años que no veía tantos juntos.. debes de acumular aquí la casi todos los que hay en Nordway. ¿ los trajiste todos de las incursiones?

No le respondí. Recordé las sensaciones que tenía al buscarlos, y cuando por fin encontraba uno la emoción que sentía al comprobar que sus páginas eran todavía legibles.

-Hace años del último que leí.. ¿me prestas alguno?

-Claro. Elige el que quieras, tómate tu tiempo.

Dejé encima de la mesa la equipación que había estado usando esta mañana, y abrí la puerta para salir.

-Me voy a casa de Ben, hace un rato que me están esperando y no quiero que se les enfríe la comida por mi culpa.

-De acuerdo. ¡Pero recomiéndame alguno antes de irte!

La pregunta me pilló por sorpresa por lo evidente que era para mí.

-Lo siento, pero no he leído ninguno.

 

 

-¡Buen provecho, señores!

Abraham empezó a dar buena cuenta de su ración. Según veía la caza en el bosque había sido un éxito, y hoy había conejo para comer.

-Mmm.. no está nada mal Johnson, he de reconocer que hoy es más que comestible.

Johnson frunció el ceño de forma sarcástica. Ya que a nadie nos gustaba, organizábamos turnos para cocinar, pero nuestros gustos eran bastante distintos, y cuando digo bastante es bastante.

-Ya te dije que secar las setas para el invierno era buena idea, pero como no parabas de  quejarte no te enteraste. Esta variedad es muy difícil de encontrar y..

-Bueno, bueno, ya lo he entendido. 

-¡Ah! Ahora que me acabo de acordar -interrumpió Ben, -Abe, cuéntale a Erik lo que vimos esta mañana en el bosque.

Abraham sonrió.

-Es verdad. ¡Una caseta de árbol! Colgada de una rama, y pintada de colores, -Jonhson puso una expresión como pidiendo paciencia, -creo que intentando dibujar alguna bandera, quizás Australiana. Había una especie de pájaro raro cerca, con muchos colores, que quizás se hubiese metido o le hubiese podido disparar para la cena de no haberlo auyentado ese disparo vuestro.

Ben saltó  y comenzó a discutir con Abraham acerca de la nacionalidad de la bandera. Me había sorprendido el hecho de que hubiesen podido ver un ave tropical en estos bosques ( el virus había tenido un efecto letal para la mayoría de ellas, así como de otras muchas otras especies de animales que misteriosamente ya habíamos dejado de ver, o habían cambiado demasiado para reconocerlas). Realmente, la fauna de este planeta, se había transformado mucho, y después de tanto tiempo aquí no podríamos saber cuánto.

-Abraham – comentó Jonhson mientras masticaba – hacía tiempo ya que habían dejado de practicar, lo asustaste tú sólo cuando te acercaste corriendo y resoplando.

Se quedó callado un momento, con lo que Ben aprovechó para reivindicar que además de ciego, sordo y gordo. La probabilidad de que hubiese sido un disparo que no fuera nuestro era cero, me inclinaba más por la teoría de Jonhson.  La especie humana como la conocimos dejó de existir hace mucho.

A veces, soñaba que todo había sido una larga pesadilla y que despertaba en mi antigua casa, en mi piso de la infancia. Derrepente me encontraba en mitad de la calle que siempre recorría para ir al colegio. Todo seguía como hacía años, la misma gente en los mismos sitios, la misma gente haciendo la misma ruta que yo como cada mañana. Pero nadie hablaba, todo estaba en silencio. Era un mundo gris, un mundo donde no había nada que decir ni nada que hacer, donde todo era como un bucle que se repetía infinitamente. Yo no pintaba nada ahí, y cuando intentaba mirar a alguien a la cara sentía un extraño sentimiento en mi interior, un sentimiento que me decía: ‘ ¿Qué haces aquí? Este mundo pertenece ya al olvido, y en el olvido se ha de quedar. Ahora que has llegado, permanecerás en este lugar para siempre, pues no existe salida alguna’

Cuando me despertaba, con un terror incomprensible, lo recordaba todo muy vagamente, como si hiciera años que hubiese transcurrido pero en verdad hubiese sucedido.

 Aún siendo conscientes de nuestra propia locura, nos podemos llegar a convencer a nosotros mismos de la veracidad de algo que realmente no lo es, hasta el punto de creérnoslo e incluso de llegar a tener una imagen clara en la mente de dicho recuerdo, como una adolescente se llega a creer que es correspondida por el chico mas popular de su clase, quien no sabe ni siquiera su nombre. No es un comportamiento lógico, pero la mente humana tiene estas vías de escape para poder ser feliz, y es realmente útil. Sin nada que desear ni nada a lo que aspirar, ni nada a lo que temer, la vida no tiene demasiado sentido.

 

    Infestación

 

 

Hasta más leer. 

10 Nieve roja de adorno

Los muertos avanzaban hacia nosotros. Un par de chicas, las que estaban más cerca de ellos, oyeron los inconfundibles gemidos y al verlos, empezaron a gritar y a empujar a las otras. Sam y Anna, entre la multitud, empezaron a dirigir a la gente hacia la casa principal, mientras echaban miradas hacia nosotros como pidiéndonos ayuda.

No había tiempo para prepararse, así que saqué el cuchillo que ya por costumbre llevaba siempre conmigo en un lado de mi cinturón y me preparé a hacerles frente. No había tiempo que perder, había que reparar la parte de la verja por donde habían entrado o pronto serían demasiados para hacerles frente. Parecía que en las últimas horas una gran horda había estado avanzando hacia Nordway y no nos habíamos dado cuenta, pero no era tiempo para ponerse a pensar.

Abraham, Ben, Jonhson y el resto de hombres empezaron a coger lanzas de madera que habíamos fabricado y dispuesto en una pared a mano, que normalmente usábamos como armas baratas para atravesar a los infectados que seacercaban demasiado a través de la verja, pero que por supuesto no eran eficaces para contener a varios de ellos en terreno abierto.

-¡Hemos de cerrar la verja antes de  que entren demasiados! Debe haberse caído mientras todos estábamos aquí, seguramente habrá sido la zona que estaba más débil.

-¿Alguna idea? – dijo Abaham mientras contemplaba como cada vez más infetados salían entre los árboles.

-Ben y Johnson id a por el blindado, salid del pueblo e id al otro lado de la verja, pero rápido! Intentad contenerlos. Abraham y yo nos ocuparemos de éstos y nos dirigiremos rápido hasta allí.

-Buena idea. ¡Vamos! -Ben y Johnson salieron corriendo en dirección contraria, ya que la única entrada del pueblo se hallaba en la verja sur. Tardarían en dar toda la vuelta, así que no podríamos esperar apoyo pesado hasta entonces. En ese instante, era el único perteneciente al equipo de asalto. Abraham  había participado en expediciones esporádicas, pero carecía de la habilidad suficiente en un asalto cuerpo a cuerpo tan directo, y más sin llevar ningún tipo de protección ni arma de fuego.

 -Nuestra única ventaja respecto a ellos es la velocidad,¡ hemos de aprovecharla para atacar primero!

Dicho esto salté hacia delante y de una patada le giré la cabeza al que se hayaba más cerca, y aunque no se inmutó y mientras seguía avanzando parecía como si se girase a mirar a sus ‘colegas’, me dió tiempo a hundirle el cuchillo en su podrida cabeza sin que viese lo que hacía. Uno menos, quedaban veinte. O más.

Pero estábamos en clara desventaja.

Abraham, movido gracias a mi acción, se lanzó a atacar. Perforó con su arma el estómago de una corpulenta mujer, pero esta siguió atravesándose en ella y anzando hacia él, a la vez le que escupió un torrente de sagre encima. De un golpe la rematé.

Se acercaban varios más. 

A los pocos segundos, empezamos a retroceder. Desde las ventanas de la casa principal, la antigua casa del guardabosques, varias mujeres nos contemplaban angustiadas. En ese momento, el grueso puño de Abraham liberaba de un puñetazo la mandíbula que mordía mi manga. Sin ayuda no íbamos a poder- ¿dónde estabas Sam?

-Creo que necesitarás esto -al girarme, vi a Anna llegar junto a Sam cargando llevando su MA16, y entregándome mi valiosa espada. Mi cara de felicidad fue evidente.

-En cuanto vimos a los primeros, corrimos a por las armas, -me comentó Sam, mientras disparaba-pensábamos que podíais retenerlos un minuto. ¿Dónde están J & B?

-Han cogido el blindado, en estos momentos estarán llegando al otro lado de la verja. ¡ Hemos de llegar y repararla tan pronto sea posible!

Mientras Sam recargaba, unos cuantos se acercaron demasiado. Me pilló por sorpresa, pero escuché el sonido de unos disparos familiar al tiempo que varias cabezas estallaron. Wilson sonreía desde su balcón con su viejo rifle de caza, de su época de guardabosques, a la que había incorporado una pequeña mira telescópica. Le agradecí la ayuda con un gesto.

Ocuparse del resto entre Abraham y yo fue relativamente fácil ahora, ya que se notaba bastante libertad de movimientos sin chaleco ni casco de combate.

-Aquí ya no queda ninguno. Vamos.

Atravesamos la pequeña zona de maleza que se interponía antes de la verja que rodeaba las construcciones enfocando con las linternas de los rifles de Anna y Sam. No quedaba ningún infectado más, Ben y Johnson habían hecho bien su trabajo manteniéndolos a raya.

 Nos esperaban al otro lado, con la parte frontal del blindado recubierta de una pasta rojiza, y varios cadáveres descuartizados en el suelo. Ben, asomando por la escotilla del techo superior del vehículo nos miraba complacido.

-Si que os lo habéis tomado con calma, nenazas.

Sam apretó un botón de su muñeca, y habló por ella.

-Wilson, la zona está asegurada al otro lado. De todas formas, sería mejor que rastrearais todo el perímetro de dentro y especialmente la zona por donde han aparecido, aunque no creo que quede ninguno más.

Habían aparecido relativamente cerca y no se podía haber escapado ninguno, así que podíamos estar tranquilos, dentro de lo que cabe.

 

Una vez llegamos al otro lado, nos acercamos todos a la valla, mientras Johnson permanecía vigilando. Por si algún rezagado todavía andaba por el exterior. Al examinar detenidamente la valla, pudimos observar cómo uno de los tubos metálicos que cada pocos metros sujetaban la rejilla y la sosteían, había cedido por la mitad de forma bastante limpia. Ben frunció el ceño. En la parte Norte de Nordway, la empalizada era de madera, hecha de largos troncos tallados, pero la parte sur y original de la reserva la mayorparte  continuaba siendo metálica en su mayoría. No es que no quisiéramos ver el paisaje exterior ni que la metálica no fuese resistente, simplemente preferíamos que nadie del exterior nos pudiese ver. Además, siempre existían pequeñas plataformas a las que nos podíamos subir y observar el exterior.

-Algo así me esperaba. Al ser de considerable altura y por ser más económico, estos soportes fueron fabricados a partir de dos mitades, soldando uno sobre e otro, mediante un arco eléctrico. El proceso es bastante seguro, ya que al ser templado la unión garantiza aún más dureza que el resto del soporte. Dicho de otra forma, se romperá por cualquier punto menos en la unión. Pero éste de aquí, no fué soldado correctamente, la separación es bastante limpia. Que Carol que traiga el equipo de soldadura, y en unos minutos estará perfectamente. Mañana revisaremos el resto de la valla, aunque no creo que tenga más fallos. De todas formas estaría bien que se quedase alguien de guardia esta noche, el resto dormiríamos mucho más tranquilos.

Durante la crisis económica antes de la epidemia, muchas empresas quebraron, y las que sobrevivieron, se vieron derrepente en un feliz monopolio. Por la falta de competencia , y gracias a que el gobierno cambió la legislación referente a los límites de emisiones contaminantes y las medidas de seguridad con el fin de hacer a las industrias económicamente rentables y hacer llegar al consumidor un producto más barato, la calidad de la producción bajó en picado, casi tanto como subió el índice de contaminación y el precio de los combustibles.

 

Minutos más tarde, nos encontrábamos delante de la antigua casa del guardabosques, mientras dos de las ayudantes de Carol hacían guardia cerca de la valla esta noche (nunca las hacíamos individuales, eran demasiado duras en cuanto a aburrimiento). Todos los cuerpos de los infectados, habían sido decapitados por precaución y siendo arrastrados por las chicas jóvenes a unas fosas que poseíamos a las afueras de Nordway, a pocos metros de la verja oeste y especialmente diseñados para estos casos, donde serían enterrados. Reconocía que no estábamos tan mal organizados. Wilson se dirigió a Anna, Abraham, Ben, Johnson y a mí, Sam y Brian se estaban ocupando de la limpieza de cadáveres de dentro de los límites:

-Buen trabajo. Mañana estará todo como siempre, o al menos eso espero, antes de cenar estará ya todo limpio y se habrán organizado los turnos. Hablando un poco más serios, esta situación a puesto más que en evidencia nuestra falta de personal entrenado. Anna y Erik, mañana habéis de empezar el entrenamiento sin falta. En cuanto al equipo para ellas, aún nos quedan un par de trajes de protección y varias radios de transmisión, pero hemos de arreglarlo. Estará para dentro de dos días, más o menos. Contamos con vosotros, ahora id a descansar tranquilos, los demás nos ocuparemos del resto ahora. Buenas noches.

Wilson se alejó hacia su casa.

-Nosotros nos vamos ya también, -dijo Ben -¿Vienes? -me preguntó al ver que no les seguía.

-He de acabar de hablar un par de cosas con Anna. Mañana nos vemos tío, estoy muerto.

Delante de Anna no quise explicar que venía Jessica a cenar esta noche. Aunque no había nada malo en ello,  me sentía un poco mal, pero no había otro remedio, así que comenté un rato con Anna el plan de entrenamiento a seguir para mañana. Ambos estábamos un poco ilusionados por la idea, y sabíamos también  la importancia que tenía este papel nuestro dentro de Nordway. Tardamos más de lo previsto, y ya empezaba a hacer verdadero frío, la luz se había ido hace ya rato y no quedaba ningún rastro del calor del sol.

-Así lo dejamos entonces. Creo que me voy ya, hasta mañana.

-Buenas noches.

De camino a casa, comencé a pensar las consecuencias y los posibles desanlaces de esta noche. No podía imaginarme el porqué, pero seguro que Jess acababaría teniendo calor al final de la velada, bastante tensa por mi parte por cierto. Me lo pensé mejor y tomé otra dirección.

-¿Si?

Cameron, una de las amigas de Jessica, abrió la puerta. La chica no estaba nada mal, pero comparada con su amiga era bastante mediocre.

-¡Ah, Erik!, pasa si quieres.

-En realidad venía a..

Jessica apareció por detrás.

-¡Hola, Erik! Ahora mismo iba a salir. Tienes.. ¿hambre? – puso su índice en la boca, mientras se mordía los labios y sonreía.

-No voy a poder, venía a decirte que entre los entrenamientos de mañana y lo de esta noche lo que necesito es dormir, lo siento.

No puso una cara agradable.

-Si, claro, es normal, estarás cansado… bueno, pues buenas noches.

-Buenas noches.

Cerró la puerta bastante más fuerte de lo normal.

Ya se le pasaría, cambiaba más rápido de humor que el tiempo ( en áreas no tan al norte como ésta). Mañana ya encontraría la forma de compensarla, si es que hacía falta. 

Lo que más tiempo cuesta no es escribir, si no acordarse de todo lo que ya se ha escrito antes, hacer que encaje la historia y reescribir párrafos enteros, si tienes claro lo que quieres contar.

Cuando llegué a casa ya empezaba a oscurecer. Había pasado un rato con Ben en el taller, pero me había acabado quedando más de lo previsto, cuando estás entretenido el tiempo pasa mucho más rápido… ninguno de los dos habíamos trabajado en uno antes en nuestras anteriores vidas, pero nos las arreglábamos bastante bien con un par de manuales y archivos electrónicos de un taller de Reein, propiedad de un tal Charlie al que por supuesto le estábamos muy agradecidos. Se aprende mucho más rápido por necesidad y por interés que por obligación o deber.

No era cuestión de malgastar las baterías si luego quería algo de luz, así que cuando cerré la puerta encendí un par de velas y me puse algo de ropa un poco menos sucia  para la reunión de esta noche en el centro del pueblo. En cuanto estuve listo, salí afuera, (donde ya empezaba a refrescar seriamente por haberse ido el sol) y me dirigí a casa de Ben, Abraham y Jonhson. Mi sitio preferido para pasar largas veladas nocturnas jugando al póker y discutiendo que tía del pueblo era  la que se llevaría más puntos este verano. La verdad es que físicamente todas compartían rasgos femeninos bastante parecidos, era un tema bastante complicado y trascendental.

Al llamar a la puerta abrió Ben, como siempre.

-Nos estábamos empezando a aburrir. Espera, que ahora vienen los demás.

-Que se lo tomen con calma. No seremos los últimos. A propósito, ¿te quedan un par de cervezas?

-Sí claro, cógelas cuando quieras, ya sabes donde están. ¡Pero aprovéchalas bien!  Puede que sean las últimas que pruebes.

Cada vez el sabor era más horrible. Hacía tiempo que había pasado la fecha de caducidad del último lote que se fabricó, y se empezaba a notar en el sabor, que las volvía más amargas de lo que ya eran. Sólo gracias al frío se habían mantenido decentemente bien.

-Habla por tí, chico, -una voz anormalmente grave sonó mientras se cerraba la puerta de entrada – yo por mi parte no pienso darme por vencido. Pienso poner a trabajar a esos malditos muertos en una destilería se hace falta.

Me hacían bastante gracia los comentarios de Abraham. Era un hombre físicamente grueso que vestía siempre la típica chaqueta a cuadros que todo camionero que se precie tenía, y de personalidad bastante sencilla. Anteriormente poseedor de un rancho a pocos quilómetros de aquí, ahora se dedicaba a dirigir la agricultura del pueblo. Fué de los primeros en establecerse en Nordway, y gracias a él tenemos una agricultura y ganadería más o menos decente.

-Ah, si hay algo que hecho de menos, es la buena comida. Un hombre como yo es incapaz de vivir a base de avena, almendras y verduras. Mataría por un buen estofado de mi buena esposa, que en paz descanse. Ah, aún puedo recordar su irresistible olor a carne y especias.

-Ja ja ja, creo que hay buena gente de ahí afuera comparte tus gustos a la perfección. Sal un rato con ellos y charlad tranquilos sobre temas gastronómicos, prometo no molestar.

 No me hacían maldita gracia este tipo de bromas.

-Alguien como tú no sabe apreciar la buena cocina, -respondió Abraham, -más te valdría cerrar la boca.

-Dejadlo ya, -dije mientras acababa de salir el resto, – o llegaremos los últimos, y tenemos una cierta imagen que mantener. 

home, sweet home

En el centro del asentamiento, justo delante de la plaza principal, se hayaba nuestra pequeña plaza de reuniones, donde en el centro de la misma se hayaban dos grandes abetos ahora nevados y la cual estaba rodeada por pequeñas casitas de madera, las primeras que edificamos. Diversos bancos y porches cubiertos se hayaban pegados a las mismas, de manera que cuando hacia buen tiempo, o no tanto, siempre podías encontrar compañía con la que descansar. Para funciones de taberna, uno de los almacenes hacía funciones de la misma, que disponía de pequñas mesas y asientos de madera ( todo confeccionado por nosotros mismos )  pero cuyo aforo era bastante limitado.

Estaba oscureciendo, así que algunas antorchas estaban colocadas iluminando el espacio. No podíamos permitirnos más luz, cualquier infectado podría verla en la oscuridad de la noche y arrastrar detrás de sí cientos de ellos. Por el mismo motivo sólo podíamos encender fuego durante la noche, y siempre a resguardo dentro de nuestras casas, el humo en el cielo se veía bastante durante el día.

La mayoría de los que ahora éramos nos encontrábamos ahí, dispersos en pequeños grupos.  Al verme, Jessica vino y la efusividad con la que me saludó me dejó bastante sorprendido, provocando las risas y comentarios de mis compañeros al volver despues con sus amigas. Cuando por fin llegó Wilson, acompañado de Brian y sujetando un papel que había estado confeccionando apoyado en una lámina de madera (quedaba bastante ridículo, pero daba un ambiente más distendido ), puso al corriente al resto de la gente de las tareas que había que realizar. A segurar la verja norte, muy debilitada últimamente y  la necesidad de conseguir municiones , medicamentos y demás, eran las actividades con más urgencia. Mientras hablaba oí un ruido extraño proviniente de la verja relativamente más cercana, aunque se encontraba algo lejos. Probablemente los infectados, al sentir la carne, sentirían mas ira que nunca. Cesó derepente, así que no le di más importancia.

-..así que necesitamos más gente para este equipo. Disponemos de suficiente alimento, la caza de las últimas semanas no ha ido mal, pero urge encontrar municiones y personal con habilidades de combate y que se dedique a traer suministros desde el exterior. Las voluntarias que se presenten, serán puestas al día en tema de armamento, combate y conducción, así como lo básico para guiarse y el emplazamiento de nuestros refugios fuera de aquí, por parte de los miembros originales del equipo. El entrenamiento comienza mañana.

Tres chicas jóvenes, de las que formaban parte la mayoría del grupo que se encargaba los cultivos de la zona, ahora sin apenas trabajo, se presentaron voluntarias. No me sorprendió que las tres aún llevaran su anillo de compromiso puesto, cuando no tienes nada que perder el miedo a la muerte desaparece por completo, así como otras necesidades que en otros tiempos creías básicas.

 Como parte de su trabajo lo hacían fuera de las verjas de la reserva, en los cultivos exteriores, conocían minímamente algo de defensa y vigilancia, así que no sería un problema lidiar con algo más avanzado, no me llebaba nada mal con ellas además. Segundos después, Sonia, seguida de una bastante joven ¿tendría la mayoría de edad ya? y otra de aspecto neo-punk (Alice se llamaba), de extraños ojos morados mostraron su deseo de apuntarse o alistarse,como se quiera ver, cualquier palabra sirve. Wilson respondió unas cuantas preguntas más y las siete se fueron con Anna a enterarse de todo lo que deberían de traer mañana, en que consitiría y demás, aunque no era nada que no supieran.

 Derrepente, divisé una figura a lo lejos, entre la maleza, caminando hacia aquí torpemente. Por la falta de carne en su cara y las manchas de sangre en su ropa, supe inmediatamente que no era uno de nosotros. Cuando ví que varios infectados más le seguían, supe que la verja había caído. Un pequeño punto de adrenalina apareció en mi cuerpo, así como un esbozo de sonrisa.

 

Hasta más leer.