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Archive for 21 diciembre 2008

Los infectados cada vez estaban más cerca. No podía dejar que entraran en la estancia en la que estábamos, sería imposible hacerles frente. Me interné, entonces, en el pasillo, decidido a no dejar pasar ninguno, claro que decirlo era mucho más fácil que hacerlo. Los malditos estaban hambrientos, y venían a por mí a una velocidad increíble. Del primero,un doctor con  bata blanca harapienta, me deshice sin problemas. Su cabeza  rodó por debajo de mis piernas, mientras su cuerpo se desplomaba y un chorr de sangre manaba a través de su cuello. Pero no llegó a tocar el suelo, una avalancha de no- muertos que empujaban lo llevó hacia mí. Tuve que retroceder para que no se me echaran encima.

Este era un mal método. Intentaba contenerlos a golpes, pero eran demasiados. Los de detrás empujaban a los de delante, y la presión era demasiada para soportarla yo sólo. Intentando contener los cuerpos, sentí una fuerte presión en mi antebrazo inquierdo. Un asqueroso de esos me estaba mordiendo! Tiré pero me tenía bien sujeto, y los brazos del resto ya estaban justo al lado de mi cabeza. Soltando mi espada, saqué el cuchillo y dándome media vuelta se lo hundí en la cabeza, con lo que la presión cedió al instante, pero perdí el cuchillo para siempre.

-Más vale que os déis prisa por ahí detrás! No podré contenerlos mucho más!- había llegado a un punto en que pegaba golpes a la fila de esos monstruos que avanzaban sin preocuparme siquiera en apuntar, sólo con la determinación que no pasaran. Pero cada vez retrocedía más, y físicamente había llegado a mi límite. Derrepente las luces del techo empezaron a parpadear.

-Ya está! -gritó Ben mirando su PDA. -Disponemos de poco más de un minuto hasta que se colapse el sistema!

Un minuto. Si no conseguíamos subir a la superficie en ese tiempo, todo estaría perdido. Si no conseguía acabar con esos monstruos, no conseguiríamos subir al ascensor, no nos dejarían. Había retrocedido ya hasta el cuarto donde estaban mis compañeros. Era el fin, no conseguiríamos salir de ahí a tiempo. 

-Preparaos a pasar un poco de calor.

-Sam, qué coño…

Vi como con los dientes quitaba la anilla a la única granada que nos quedaba, y la lanzó al final del pasillo.

-Todos al suelo!

Tan sólo una fracción de segundo, escuché una fuerte explosión. Después sólo oí un pitido agudo, mientras desde el suelo veía como una nube de fuego azul se comía a todos los infectados, haciéndolos desaparecer en su interior, mientras el techo del pasillo se desplomaba. El calor llegó hasta nosotros, y sentí como la cara y las partes descubiertas de mi cuerpo me escocían hasta el límite. Ví a Sam levantarse, mover los labio diciéndonos algo, aunque no lo podía oír, y dirigirse hacia el ascensor que nos conduciría a la salida.

Mientras subíamos, y recuperábamos nuestro sentido del oído, oíamos como la habitación en la que estábamos unos segundos antes se derrumbaba, a la vez que la luz del ascensor empezababa a parpadear. Después de unos segundos, la intensidad de la luz empezó a aumentar progresivamente, hasta que finalmente la bombilla estalló, dejándonos en la más completa oscuridad, a la vez que el ascensor se detenía. Se oyeron más explosiones provenientes de abajo, al saltar el sistema elétrico. Dado que la mayoría de vigas y mobiliario eran de madera, pronto toda la instalación sería pasto de las llamas. Tristemente jamás volveríamos a ver a nuestros compañeros, este búnker maldito sería su tumba.

-Parece que el sistema se ha sobrealimentado antes de lo previsto – comentó Ben.  -No nos queda más remedio que subir el tramo que nos quede por nosotros mismos.

Dicho esto, empujó el techo del ascensor para arriba, y movió la cubierta a un lado. En la mayotía de ascensores siempre se pudo hacer esto. Se aferró al borde y se impulsó a la cubierta del ascensor. Fuera, una escalera de mano se perdía en lo alto.

-No nos queda mucho para llegar arriba. Si aún tenéis fuerzas para trepar…

                                                                                       ____________________

Después de subir por la escalera, y abrir fácilmente la puerta de salida ya que no había electricidad (después de lo anterior, ésto era como ir a comprar el pan), aparecimos en el sótano de un lujoso edificio. Apenas unos pocos infectados nos opusieron resistencia hacia el exterior. Dejé que Ben se ocupara de todo el trabajo, por hoy ya había hecho suficiente, y mis brazos no podían hacer nada más.

En el exterior había dejado de nevar, y el sol asomaba ya por el horizonte. Tras mirar alrededor, vimos que no estábamos muy lejos del almacén donde Anna nos esperaba guarecida. Al mirar hacia la derecha, vimos como una horda de infectados al final de la calle se dirigían hacia nosotros, sorteando los vehículos accidentados.

Sam habló a través de la radio de su muñeca:

 -Brian, sacadnos de aquí, ya.

Corrimos hasta el almacén, donde algunos mordedores se habían empezado a acercar lentamente, y Anna se estaba ocupando de ellos silenciosamente. Parecía estar al límite de sus fuerzas. Al oírnos llegar corriendo, sus ojos azules se giraron rápidamente hasta donde estábamos, a la vez que ponía sus armas entre ella y nosotros. Cuando vio quiénes éramos se relajó y dijo:

 -Cómo habéis..?

-Las explicaciones en un momento- el vehículo blindado acababa de llegar, sonando el ruido del motor como un estruendo en mitad del publo vacío y un rostro negro se asomó desde la parte delantera.

-Vamos! No quiero tener aquí a todos los jodidos muertos de este pueblo antes de que podamos salir.

Los infectados que nos seguían estaban ya a sólo dos metros de la parte delante delantera del vehículo. Sin pensárnoslo, subimos adentro con nuestros últimos esfuerzos, y en cuanto lo hubimos hecho, Jonshon arrancó y salimos para siempre de este pueblo maldito donde ya no quedaba nada excepto muerte y desolación.

En cuanto recuperamos el aliento, Sam procedió a relatar lo que habíamos visto en el antiguo búnker, y el destino del resto . Cuando acabó, Brian se quedó pensativo.

-Bien, parece que ahora somos todo lo que queda del equipo de asalto. Por ahora descansad, pero necesitaremos encontrar municiones antes de que pase el invierno. Si no, estaremos jodidos. -dicho esto volvió a la parte delantera del vehículo, sin nada más que añadir. Sam y Ben se recostaron para poder dormir el resto del trayecto.

Cuando se fijó en el desgarro de la chaqueta de mi antebrazo, Anna procedió a examinármelo, y rápidamente me hizo arremangarme. Me examinó la piel: por suerte la mordedura no había traspasado la ropa.

-Has tenido mucha suerte.. habéis tenido mucha suerte todos…

-La suerte no es una casualidad, forma parte de la habilidad de cada uno.  -repliqué.

-No podrías al menos alegrarte un poco, eh.

Ninguno volvimos a mencionar habitualmente a Matt ni a los demás. Todos los que estábamos aquí perdimos a todos nuestros seres queridos durante la epidemia. Todos habíamos visto morir y habríamos matado. Altos rascacielos y rotos carteles luminosos eran testigos de cientos de masacres, del horror de los suicidios colectivos y lo que puede llegar a hacer la gente por sobrevivir. La muerte formaba parte de ya de nuestras mentes, habíamos vivido en una era en donde la vida humana valía menos que un arma de fuego o una simple lata de conservas.

-Tenemos mucho trabajo por hacer ahora, -dije.

-Pero todavía puede esperar. -Anna se acercó y se echó a dormir a mi lado, usando mi mochila en el suelo como almohada.  No tardé mucho en acompañarla.

 

Relaja bastante olvidarse de todo el trabajo y escribir algo para tí. Una vía como cualquier otra para no aburrirse con la rutina. Por mucho que te apasione en lo que estás trabajando, siempre está bien imaginarse una vida distinta.

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Mientras Sam hojeaba un viejo archivador y Ben se dedicaba a comprobar el ordenador del mostrador, me quedé contemplando el mapa de la instalación que había en la pared. Eran unas instalaciones bastante  grandes, demasiado para unos simples almacenes subterráneos. Parecía haber dos entradas desde el exterior, una para mercancías, por donde habíamos bajado, y lo que suponía unos pequeños ascensores al otro extremo del complejo. Varios pasillos, con varias aulas a los lados se distribuían por el centro del mismo, y unas más grandes a los extremos, cerca de donde nos encontrábamos, probablemente almacenes donde descargar provisionalmente materiales y demás.

-Deberíais ver esto,  – nos recomendó Ben enfrente de la pantalla del ordenador – poco antes de la última fecha en que se manipuló este equipo, hay registrados varios envíos y salidas de cargamentos de armas.. pero no precisamente domésticas. Fusiles de asalto de finales del siglo 21, gatlins, granadas y una gran cantidad de explosivos. Parece que el gobierno tenía aqui un pequeño arsenal..

Sam se quedó pensativo.

-Ahora entiendo porqué se adentó tanto aquí dentro el resto del equipo:  Incorporar parte de estas armas y municiones al almacén de Nordway hubiese sido todo un lujo, así que no me extrañaría nada que se hubiesen intentado llevar todo lo posible. Erik, registra el cadáver de Matt, debe de llegar aún encima el pase de la puerta.  Ya sabes lo que debemos hacer…

Me dirigí hacia el cuerpo sin vida de mi antiguo amigo, y aguantándome la angustia, rebusqué en sus bolsillos. Perfecto, un pase con una banda magética aun intacta reposaba en el bolsillo de su chaleco, probablemente la arrancarían del cadáver de algún infectado.

-Bingo, aquí está. Vayamos enseguida.

Salimos al pasillo, el cual permanecía aún iluminado por la luz de los tubos de neón. Mientras Sam y Ben desenfundaban sus armas, procedí a pasar la tarjeta de seguridad. Una luz verde en el lector indicó que era correcta. La puerta se abrió lentamente entonces, dejando ver una gran sala parecida a la de arriba, pero con varias cajas de madera vacías y mesas con ordenadores, así como varios tipos de aparatos electrónicos bastante antiguos, usados para evaluar la calidad de la mercancía acabada de llegar.  A los lados había varias puertas, que darían a más salas, y al fondo del todo, una puerta abierta dejaba ver un largo pasillo oscuro, en el que las luces haría tiempo que se habían fundido. Todo esto se parecía a uno de los búnkeres que el gobierno empezó a construir durante la guerra fría,  por miedo a un ataque nuclear. Teóricamente había espacio de sobra para unos cuantos puestos importantes dentro del ejército… pero que más daba ya.

-Atentos a cualquier cosa. Registrad esas cajas, puede que aún quede algo que podamos llevarnos.

-Aquí ya no queda nada, Sam, -dijo Ben después de registrar todas, – volaron de aquí todas las municiones durante la epidemia. No tiene sentido continuar más adelante, debe de estar a rebosar de mordedores ahí dentro, esperando, si es que no están viniendo hacia aquí ya. Lo más prudente sería volver ahora que podemos, en cualquier lugar que se hubiesen atrincherado de aquí dentro  no habrían resistido más de unas pocas horas, y lo sabéis tan bien como yo.

Sam se quedó pensativo un momento, y,  justo cuando iba a decir algo, una expresión de sorpresa apareció en su cara.

-Esperad! No oís eso? -dijo en voz baja.

Intenté escuchar.

-Yo no.. -empezó a decir Ben.

Pero pronto lo oímos. A lo lejos, de las profundidades del oscuro pasillo, llegaba el eco de un metal rascando una superficie, bastante pesado, y cada vez más fuerte. Desenvainé mi espada.  Justo después, lo que había sido un hombre de avanzada edad, irrumpió torpemente en la sala arrastrando un hacha de seguridad con su mano, roja en los extremos. 

-Yo me encargo.

Avancé hacia él, cuando detrás suyo, por el pasillo, aparecieró avanzando rápidamente una masa de infectados hambrientos, entre ellos unos cuantos con el mismo chaleco que nosotros tres, uno de los cuales presentaba el costado devorado en su totalidad. Eran demasiados.

-Retrocedamos! -gritó Sam, corriendo hacia la puerta. -Subid rápido al montacargas!

No hacía falta que lo dijera. Atravesamos la puerta de acceso, sin ni siquera cerrarla, y corrimos rápido hacia nuestra salvación. Una vez dentro, Sam apretó el botón de subida, las rejas comenzaron a cerrarse, y al terminar de hacerlo el elevador empezó a ascender. Derrepente, un ruido de chispas sonó encima nuestro, el montacargas paró en seco, y las luces se apagaron completamente.

-Mierda!! -gritó Ben esta vez, – el mal estado de la instalación debe de haber causado un cortocircuito. Estamos jodidos!!

No lo estábamos.

-Apartad! -les dije, y de dos golpes de espada hice una V en la reja, de forma que doblándola podíamos pasar.

-Pasad! Intentaremos llegar hasta el cuarto de recepción.

Después de que ellos pasaran, pasé de un empujón, y los seguí corriendo hacia el final, guiándome con la luz de mi linterna. Unos cuantos zombies habían atravesado la puerta grande de acceso, y nos impedían el paso. Sam sacó su MA16 y avanzó corriendo hacia ellos, al tiempo que hacía saltar pedazos de sus cuerpos podridos por los aires. Logramos entrar en la recepción justo cuando los que venían detrás ya nos alcanzaban. Cerramos la puerta, y no tardamos en verla golpeada por los infectados detrás. No aguantaría mucho.

-Y ahora qué?- preguntó Ben.

Sólo había una opción. Los túneles y todos los lugares subterráneos, como las minas, tienen como principal inconveniente la ventilación y renovación del aire. Por eso en todas las salas debía haber un conducto de ventilación. Y ahí estaba, después de echar un vistazo, divisé unas rejillas encima de la máquina de café. Era nuestra única salida.

-Ahí, encima de la máquina de café, los conductos de ventilación son nuestra única salida!

Sam volcó un viejo archivador metálico, y subiéndose a él, logró alcanzar la parte de arribade la máquina. Golpeó consecutivamente las rejillas, pero estaban bien sujetas, así que apuntó a ellas con su arma, y disparó. Inmediatamente saltaron por los aires.

-Vamos! La puerta no aguantará mucho.

Y era verdad. Las bisagras ya se estaban empezando a soltar, a la vez que un hacha estaba haciendo saltar astillas de la misma, y por los boquetes que iba dejando se iban asomando brazos sangrientos que intentaban agarrar algo desesperadamente. Sam se agachó, y a duras penas pudo pasar arrastrándose por el conducto. Poco después suyo, Ben  pasó ágilmente por el mismo agujero, sujetando su linterna con los dientes. Antes de pasar yo, esperé un poco , si íbamos los tres juntos probablemente el conducto no aguantaría por el peso. Cuando cedió la puerta y una horda de zombies hambrientos se dirigía hacia mí, no me quedó mas remedio que darme prisa, y de un impulso logré alcanzar la parte superior de la máquina de café, tras lo que me deslicé dentro del conducto, por el cual pasaba una corriente de aire bastante fría, dejando atrás los gemidos de esos seres. El conducto era ancho, mucho más que alto, pero aún así me iba a costar arrastrarme por él con mi espada a la espalda, pero no podía dejarla atrás, si no estaría completamente desarmado.

Delante mío podía ver la luz de la linterna de mi compañero, que avanzaba lenta pero constantemente. Miró atrás para ver si le seguía,

-Sigue adelante! Tenemos que llegar al otro extremo de las instalaciones, allí está nuestra única salida. Seguid recto todo lo que podáis! 

-Ok!

Mientas íbamos avanzando, podía ir viendo debajo mío las salas por las que pasábamos a través de las rejillas, con la débil luz de mi linterna. La primera parecía ser un centro de comunicaciones, con varias pantallas de ordenadores y de comunicación en las paredes, así como larga mesa rodeada de sillas. Las restantes, como lo que parecía ser un almacén de víveres, y unos cuantos laboratorios, estaban llenas de infectados.

Finalmente alcanzamos el extremo del conducto. A la izquierda, unas aspas de ventilador gigantes, ahora paradas, distribuirían el aire por todo el complejo, y a la derecha estaba lo que debía ser la salida del conducto. Ahora sí, la rejilla saltó de una fuerte patada, resonando por todo el espacio.

Vi la cara de Sam que se giraba hacia nosotros: -Aunque no tengamos muchas más opciones, hemos de bajar. Iré primero.

Vimos desaparecer a nuestro amigo hacia la habitación que tenía debajo. Después de un débil sonido a tendones partiéndose, oímos a Sam dándonos vía libre, y  bajamos a la estancia que teníamos debajo. Aparte de un zombie con  la cabeza retorcia y las puertas de unos ascensores, no había nada más. La única salida era un pasillo el cual acababa en giro hacia la izquierda, que probablemente conduciría hasta las instalaciones de antes.

-Estos ascensores han de ser nuestra salida, -dijo Sam. -La mierda es que no funciona la puta corriente! Ben, puedes hacer algo?

-Creo que sí.. esta parte de las instalaciones es más moderna que el resto, probablemente por ser la parte de entrada de la gente digamos importante.. como era común antes de la epidemia, el sistema eléctrico estaba controlado por ordenador, de manera que una carga excesiva de tensión en la red, como la que ha ocurrido antes, desconectaba automáticamente todos los sistemas eléctricos para evitar daños. Puedo intentar acceder al sistema informático y volver a reanudar la alimentación, pero esto sobrecargaría de forma excesiva la red de las instalaciones y no se si duraría mucho…

-Hazlo, y más vale que te des prisa.. -probablemente, diciéndolo de forma irónica, Sam se refería a los infectados que comenzaban a aparecer por el pasillo avanzando hacia nosotros. Asintiendo y sin decir palabra, Ben destapó una placa metálica entre los dos ascensores colocada en la parte baja de la pared, sacó su PDA avanzada, , y conectó la misma a los terminales que quedaron al descubierto en la pared.

Sabiendo cuál era mi papel, coloqué mi arma entre los infectados y yo, y me dispuse a hacer pedazos a esos cabrones.

 

¿Alguien se acuerda del género ciberpunk surgido a finales del siglo XX? Todas las metrópolis fascinan y agobian al mismo tiempo.

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