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Archive for 26 marzo 2009

12 Reein I

El taller se hayaba cerca de la entrada delantera de Nordway, un gran cobertizo en donde guardábamos nuestros vehículos y herramientas. Ahora un único furgón blindado estaba disponible, así que no nos lo podíamos permitir perder. Esta mañana bajaríamos a Reein en busca de algunos analgésicos y material médico, y así las chicas podrían practicar lo básico que habían aprendido durante estos días. Según creo, Sam y Ben les dieron nuevas radios para comunicarse y les explicaron el procedimiento habitual que seguíamos para encontrar suministros. Hacía dos días que habíamos celebrado la Navidad, por supuesto puramente pagana. Podía parecer extraño, pero no podíamos deshacernos de esta costumbre, y yo por mi parte necesitaba unos días así al año, en los que poder olvidar todas las preocupaciones que me ataban al mundo real. El tiempo de descanso habían pasado, y tocaba ponerse otra vez en marcha. Ahora el tiempo tendería hacia el calor, y mi parte más humana deseaba que llegase rápido, aunque mi parte más racional viviría siempre en estos meses del año.

Habíamos quedado al amanecer, y las chicas ya comenzaban a aparecer. 

-¿Que decías que le pasaba a Johnson? -le pregunté a Ben. -Según él nada, pero Abe y yo le hemos obligado a quedarse en la cama. No se encontraba muy bien esta mañana, de seguro fueron sus asquerosos champiñones..

-Habremos de prescindir de nuestro chófer. ¿Te ves capaz de sustituirle?

-Estás hablando con el rey al volante. De todas formas hemos hecho tantas veces el mismo trayecto que no tiene pérdida.

-Ok. Salgamos tan pronto como podamos.

Anna llegó corriendo.

-¡ Siento el retraso ! No me acordé de revisar las armas ayer.

-No llegas tarde, pero nos convendría darnos algo deprisa.

Las chicas acabaron de llegar. Los uniformes les apretaban un poco pero les estaban bien, y desde luego sin ningún matiz rojizo. Se notaba que eran nuevos.

-Dejad las armas en el suelo del furgón y subid todas. Ben y yo iremos delante, distraeros como podáis durante el viaje.

 

 

El pueblo de Reein, si es que esto llegaba a pueblo, seguía tan afectado por el paso de los años como siempre.  Torres altas de las que colgaban cables rotos, seguramente de comienzos del sistema de construcción controlado por inteligencia artificial, y calles estrechas donde los escombros adornaban todo como un cuadro macabramente abstracto era el paisaje que siempre había tenido. Nunca supe cuál era la función de este pueblo, aunque intuíamos que era una especie de enlace financiero entre la zona de explotaciones mineras cercanas y la zona urbana de las llanuras que había a varios quilómetros. De todas formas no contaba con demasiados edificios.

Ben detuvo en el vehículo al principio de la vía principal de entrada. Bajamos los dos, no haría falta que nadie se quedase en el vehículo, de momento. Anna y las chicas ya estaban fuera y repartiendo el equipo: todas llevaban enfundada una pistola de calibre ligero a un costado de la cadera, aunque por experiencia sabía que sólo era eficaz si el tiro acertaba por encima de la línea de los ojos. La única utilidad que tenía era la poca seguridad que ella te daba.

En cuanto a armamento, Sonia y una chica que no rondaría más allá de los 19, llevaban colgada a la espalda una especie de vara afilada por ambos extremos, la que parecía la tía dura del grupo una espada de un sólo filo y el resto dos cuchillas cortas al estilo de Anna, pero de un aspecto menos oriental. Desconocía que tuviéramos todo esto en Nordway, o al menos no recordaba haberlo adquirido. Daba igual.

-Tened en mente que hemos venido sólo para ver como están las cosas y que podáis explayaros, fundamentalmente, no esperéis llevaros gran cosa.  Hay un par de asuntos más que hemos de mirar pero de esto ya nos encargaremos Ben, Anna y yo. Nos dividiremos en tres grupos: vosotras dos, id con Ben a comprobar la señal de radio a la estación de radio, él ya os explicará, pero no es nada del otro mundo. Las tres que os encontréis más animadas id con Anna a limpiar la zona y el resto venid conmigo. Aunque no debería haber ningún jodido muerto por aquí no dejéis de mirar a vuestras espaldas, para cualquier cosa estaremos en contacto por radio.

-Acuérdate de barrer un poco y esas cosas, hombretón -a Anna le hizo gracia su comentario.

-Nos vemos en unas horas.. -se despidió Ben.

Las dos más jóvenes se fueron con él, mientras Anna se iba con las tres que tendrían más ganas de hacer ejercicio, o las únicas que no sabían lo que les tocaba. Al final me quedé con Sonia y Alice, la chica de los ojos violetas. Eran extraños, no recordaba haber visto ningunos ojos antes de este color tan antinatural. Que yo recuerde, sólo los poseían individuos albinos que habían nacido con los ojos azulados, pero que al crecer nos se habían vuelto del todo rojizos por la escasez de la melanina, dando este aspecto tan extraño. Su pelo era corto y negro, y lo llevaba bastante despeinado.

 

-¿Esperamos a alguien? – dijo la misma balanceando su espada.

Sonreí.

-Tenemos tiempo de sobra esta vez,  pero tienes razón, vámonos. Puedes guardar el arma, no nos encontraremos demasiados problemas por hoy.

-¿Adónde nos dirigimos? -preguntó Sonia haciendo inútiles esfuerzos en ahuecarse el traje a la altura del pecho, (el cual le quedaba bastante justo)  y mirando hacia lo alto de las torres. Sonia era una mujer bastante sencilla, nunca había tenido la oportunidad de entablar muchas palabras con ella, aunque siempre parecía estar de buen humor. Se encargaba de cuidar la pequeña granja que teníamos junto con Jessica y Cameron. Su pelo era castaño claro y bastante largo, tres palmos por encima de la cintura, y sus ojos de color verde hoja.

-Vamos al refugio que tenemos aquí en Reein. Es una especie de base avanzada fuera de nuestro pueblo, donde a veces pasamos la noche al volver de trayectos largos o que usamos como almacén provisional y que a lo largo de este tiempo lo hemos llegado a hacer bastante habitable. Lo encontramos cuando llevábamos ya tiempo saqueando este sitio y apenas quedaban infectados. Tuvimos suerte también, parece que cuando durante la epidemia toda la poca población que pudiese haber trabajando aquí abandonó sus puestos de trabajo hacia sus viviendas en las áreas urbanas. Está debajo del antiguo centro de control de este sitio, antes una zona bastante peligrosa, donde algunos ejecutivos que aquí quedaban vivos se refugiaron de los muertos.

-Y.. ¿ seguirían ahí dentro, no? Cuando entrasteis quiero decir.

-Sí, pero no salieron a recibirnos. Aunque aún les quedaba alimento y se refugiaron antes de contraer la infección, encontramos varios cadáveres con heridas graves, y uno con un cuchillo entre las descompuestas costillas. Creedme, no queréis saber más. En estos casos la locura es más peligrosa que el hambre. Los instintos humanos más básicos son los que más placer nos reportan, pero también los que más nos hacen sufrir.

No dijimos nada más y nos concentramos en avanzar discretamente por las calles. La nieve, aunque ahora bastante poca, dificultaba algo nuestros pasos. La brisa que atravesaba el valle acariciaba nuestros oídos.

 

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Ben andaba maldiciendo su suerte al haberse tropezado delante de sus dos nuevas compañeras, provocando risitas en ellas.

-¿Qué os hace tanta gracia? Ni que no os hubiera pasado nunca..

‘Perfecto, esto es un buen comienzo’ pensó, ‘yo les daba dos días en caer rendidas a mis pies suplicando que las protegiese’.

-Vamos, hemos de hacer un montón de cosas al llegar -su voz denotaba cierta conformidad.

Al poco de empezar a andar, Sally, la rubia diecinueveañera, pegó un pequeño grito. Al girarse, Ben contempló cómo un cadáver de medio cuerpo con los ojos vidriosos, y abiertos de par en par, que agarraba la pierna de ésta, saliendo de debajo de un coche. El frío lo paralizó, dejándolo el una posición estática. Con un suspiro, Ben partió su cráneo con la punta de su bota.

-Esa cosa.. esa cosa me ha cogido.. – Sally parecía momentáneamente paralizada.

Lucie, su inseparable compañera ( durante años andaban siempre juntas, no recordaba haberlas visto separadas en ningún momento) de pelo negro y lacio la miraba curiosa.

-Puede que haya más, estad atentas. Ya sabéis como usar vuestras armas, así que no podéis vacilar.

Continuaron andando un poco más. Un escaparate destrozado mostraba maníquíes corroídos por el paso del tiempo, en una pose orgullosa y vistiendo aún antiguos atuendos. Era una cruel sátira del tiempo en el que una vez existieron. A ésta le sucedieron algunos comercios más, en lo que parecía ser la pequeña calle comercial de la zona, donde ya apenas quedaba nada aprovechable.  Un ruido de pasos salió de dentro de una papelería, según el letrero. Un grupo de tres infectados, con las caras congeladas, salieron del interior levantando débilmente los brazos. Las chicas sacaron torpemente sus armas, mientras miraban horrorizadas a aquellos dos seres.

-Ah, ya no me acordaba. -Ben se dirigió al interior de la tienda, empujando con cada brazo a los dos infectados hacia atrás, donde se encontraban sus compañeras, y clavando un cuchillo en la sien del tercero mientras avanzaba. Cuando salió, estaba encendiendo un cigarrillo del paquete que llevaba en las manos, protegiéndolo del viento con las manos.

-Ah, menos mal que todavía quedan de éstos.

Las dos chicas lo miraron incrédulas, sujetando temblorosamente unas cuchillas recién manchadas de sangre. De no haberlas tenido acopladas a los brazos las habrían dejado caer.

-¿Qué pasa?                                          

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 Anna contemplaba como sus chicas derribaban a patadas la puerta de una vivienda, en el tercer piso de una de las torres. La luz que se filtraba entre la ventanas tapiadas del interior del piso dejaba ver como dos niños a los que les fataban batante carne en los brazos salían del interior. Mientras Anna se quedaba afuera, el resto entraron a abatirlos.

Cuando acabaron, Anna entró.

-Buen trabajo, pero la próxima vez intentad que los cortes en el cuello sean un poco más arriba, cerca de la cabeza. Ahí se desangran más rápido y la carne cede mejor. Buscad si queréis algo de utilidad y marchémonos.

Las demás se dirigieron al interior. Un grito de sorpresa, acompañado de un gemido, salió del fondo. Inmediatamente se oyó el carectirístico sonido del metal rasgando piel humana. (Bueno, supongo que no es tan característico, pero con el tiempo te llegas a acostumbrar e incluso alcanzar a estimar el grado de descomposicón de la carne según el sonido)

Anna entró en la habitación que tenía más cercana, que parecía una pequeña salita de estar. Varias fotografías, cubiertas por el polvo, se alineaban en la mesa. Cogió una que estaba caída, pasó la mano por encima de una de ellas, dejando ver las dos caras sonrientes de un matrimonio joven. Parecían felices, seguramente se acabarían de casar y comprar su pequeño pisito aquí, buscando un poco de tranquilidad y un lugar para vivir su amor. Esos tiempos jamás volverían y sus propias ilusiones sobre cómo sería el día de su boda, probarse el vestido y hacer la lista de invitados  pensó Anna, siempre serían eso, meras ilusiones. Dejó la fotografía bien colocada, y tras cerrar la puerta salió de la habitación.

 

 

¿Porqué, aunque añoramos el sitio donde nacimos, nunca volveríamos a vivir en él? Sólo vivimos de los recuerdos cuando és lo único que nos queda.

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Salí de casa mientras estaba amaneciendo. Uno de los grandes cambios  en tu vida cuando no dispones de toda la electricidad que desees, es que tu horario se reduce radicalmente a las horas de luz, ya que aunque puedas encender velas o pequeñas lámparas LED, poco hay que puedas hacer. Antes de la epidemia, quedarte sin luz o sin algo que hacer, hubiera sido una pesadilla, pero aquí todo el mundo se encontraba en la misma situación que tú.

Esta mañana había mucha menos nieve que hace unas semanas. Nevaría un par de veces más, pero era innegable que el calor estaba volviendo ya, para bien y para mal. Exceptuando restos de sangre, no quedaba ningún cuerpo en el interior del pueblo. Las chicas habían hecho bien su trabajo. No había nadie fuera de sus casas tampoco, así que me senté en uno de los bancos de la pequeña plaza y me puse a esperar, mientras contemplaba el sol salir a lo lejos. El mero hecho de ver salir el sol otra vez más significaba un día más que había logrado sobrevivir, un día más que había vivido como un intruso en un mundo que ya no me pertenecía. Al menos no mientras estuviese vivo.

Oí unos pies arrastrándose en la nieve, y sin verlo pude adivinar que se trataba de Sam.

-Buenos días.

-Qué tal. ¿Sigues echando de menos Cuba?

-Sí, es un mal hábito que tengo la manía de mantener. Y tú, ¿sigues siendo fan de los Lakers?

-Hasta la muerte.

-Ja. Bueno dime, ¿le comentaste a Anna como lo haríamos?

-Si, a ella también le parece bien. No sé como va a salir ésto, pero espero que al menos alguna de las chicas sea tan buena como ella. Mira, por ahí viene.

Después de ella no tardaron en aparecer las demás chicas y mujeres. El resto de personas también empezaba a salir de sus casas para dirigirse a sus tareas.

Cuando ya estuvieron todas, Sam comenzó a hablar:

-Supongo que nadie se ha equivocado y sabéis a lo que venís. Si queréis formar parte del equipo de asalto, tendréis que dedicaros a salir ahí fuera y saquear los desechos de lo que antaño fue nuestra civilización, por el bien del resto del pueblo. Lo que hay ahí fuera no es ningún secreto, todos los que llegamos hasta aquí hemos vivido para contarlo, o al menos los pocos que quedamos. No se tratará sólo de bajar, cargar todo lo que se pueda y salir cagando leches antes de que aparezca ningún infectado. No. Los centros de las grandes ciudades y comunidades están a rebosar de infectados que se reaniman en cuanto aparece algún rastro de vida. Deberéis infiltraros de noche en antiguos hogares, a veces con la única ayuda de una linterna y vuestro cuchillo sólo para salir con las manos vacías o una bombilla en el mejor de los casos. Deberéis ser capaces de pasar corriendo entre una marea de cientos de muertos vivientes para poder huir, y lograr contener a varios de ellos vosotras solas.  El consuelo es que puede que no viváis mucho para tener que aguantarlo. Ahora, si de verdad estáis dispuestas, nosotros os enseñaremos todo lo que necesitaréis. ¿Conformes?

Nadie puso ninguna objección. Me fijé un poco más en ellas: no eran las típicas amas de casa de antaño, cuya máxima aspiración en la vida era tener algún cotilleo que contar por teléfono a sus amigas. Éstas, algunas demasiado jóvenes para haberse sacado hace tiempo la licencia de conducción o saber crear una puerta lógica, inspiraban seriedad y el rostro de seguridad en si mismas, pese a sus cortos años. Sus curvas reflejaban la esbeltez curtida por su trabajo en Nordway de los últimos años, y aunque su sonrisa era habitual, la profundidad de sus ojos no conseguía engañar la inocencia que intentaban transmitir.

-Bien. Sois siete, así que no vamos a tener problemas de número.. divideremos el entrenamiento en tres partes.  Erik y Anna se encargarán de la más importante, vuestra preparación física. Erik en la especialidad del cuerpo a cuerpo y Anna a distancia, para la que si no conseguimos municiones pronto no os hará falta practicar demasiado. Es obvio que tardaréis varios meses en alcanzar el máximo rendimiento, pués debereis entrenar vuestros cuerpos para ganar masa muscular. Por mi parte haré que os aprendáis de memoria la geografía de caminos, núcleos de población de la zona y principales sectores de suministros, así como dónde hemos establecido pequeñas bases para pernoctar y en caso de emergencia, de ello depende vuestro descanso y vuestro refugio.

Hizo una pausa y nos miró.

-Todas vuestras. Nos veremos por la tarde.

Después de las explicaciones pertinentes (ya estaban siendo demasiadas, según mi opinión)  y adquirir la equipación deseada, partimos al bosque de la zona norte de la antigua reserva y expliqué sobre los ejercicios, movimientos básicos y utilidades de cada arma. Por ahora dejaría que se familiarizasen un poco con todas, antes de que cada una eligiese la que le fuese mejor, o simplemente le gustase más. Por supuesto también se tenían que adaptar al físico de cada una, que por supuesto también se había de mejorar, en cuanto a fuerza física claro. Practicaríamos también algo de puntería lejos de aquí, seguramente los bosques fueran la mejor opción, ahí es donde se amortigua mejor el sonido. Dentro de un tiempo, cuando estuviesemos más preparados saldríamos a Reein y combatirían con  los infectados congelados que aún quedasen tirados por ahí, ya tendrían tiempo de sobras para practicar. Ahora era problema suyo y por mucha cara bonita que tuvieran no iban a darme ninguna pena.

 

-Bonita decoración – Anna se quedó en la puerta mientras iba hacia la estantería a buscar el archivo con información médica que me prestó.

-Pasa si quieres, pero cierra la puerta. Si no esto se quedará frío hasta la noche.

Se sacudió la nieve del abrigo y entró. Parecía seguir impresionada por las armas y cuadros que sencillamente decoraban las paredes, pero rápidamente desvió su mirada hacia la estantería.

-¡Vaya! Nunca pensé que tendrías tantos libros, hacía años que no veía tantos juntos.. debes de acumular aquí la casi todos los que hay en Nordway. ¿ los trajiste todos de las incursiones?

No le respondí. Recordé las sensaciones que tenía al buscarlos, y cuando por fin encontraba uno la emoción que sentía al comprobar que sus páginas eran todavía legibles.

-Hace años del último que leí.. ¿me prestas alguno?

-Claro. Elige el que quieras, tómate tu tiempo.

Dejé encima de la mesa la equipación que había estado usando esta mañana, y abrí la puerta para salir.

-Me voy a casa de Ben, hace un rato que me están esperando y no quiero que se les enfríe la comida por mi culpa.

-De acuerdo. ¡Pero recomiéndame alguno antes de irte!

La pregunta me pilló por sorpresa por lo evidente que era para mí.

-Lo siento, pero no he leído ninguno.

 

 

-¡Buen provecho, señores!

Abraham empezó a dar buena cuenta de su ración. Según veía la caza en el bosque había sido un éxito, y hoy había conejo para comer.

-Mmm.. no está nada mal Johnson, he de reconocer que hoy es más que comestible.

Johnson frunció el ceño de forma sarcástica. Ya que a nadie nos gustaba, organizábamos turnos para cocinar, pero nuestros gustos eran bastante distintos, y cuando digo bastante es bastante.

-Ya te dije que secar las setas para el invierno era buena idea, pero como no parabas de  quejarte no te enteraste. Esta variedad es muy difícil de encontrar y..

-Bueno, bueno, ya lo he entendido. 

-¡Ah! Ahora que me acabo de acordar -interrumpió Ben, -Abe, cuéntale a Erik lo que vimos esta mañana en el bosque.

Abraham sonrió.

-Es verdad. ¡Una caseta de árbol! Colgada de una rama, y pintada de colores, -Jonhson puso una expresión como pidiendo paciencia, -creo que intentando dibujar alguna bandera, quizás Australiana. Había una especie de pájaro raro cerca, con muchos colores, que quizás se hubiese metido o le hubiese podido disparar para la cena de no haberlo auyentado ese disparo vuestro.

Ben saltó  y comenzó a discutir con Abraham acerca de la nacionalidad de la bandera. Me había sorprendido el hecho de que hubiesen podido ver un ave tropical en estos bosques ( el virus había tenido un efecto letal para la mayoría de ellas, así como de otras muchas otras especies de animales que misteriosamente ya habíamos dejado de ver, o habían cambiado demasiado para reconocerlas). Realmente, la fauna de este planeta, se había transformado mucho, y después de tanto tiempo aquí no podríamos saber cuánto.

-Abraham – comentó Jonhson mientras masticaba – hacía tiempo ya que habían dejado de practicar, lo asustaste tú sólo cuando te acercaste corriendo y resoplando.

Se quedó callado un momento, con lo que Ben aprovechó para reivindicar que además de ciego, sordo y gordo. La probabilidad de que hubiese sido un disparo que no fuera nuestro era cero, me inclinaba más por la teoría de Jonhson.  La especie humana como la conocimos dejó de existir hace mucho.

A veces, soñaba que todo había sido una larga pesadilla y que despertaba en mi antigua casa, en mi piso de la infancia. Derrepente me encontraba en mitad de la calle que siempre recorría para ir al colegio. Todo seguía como hacía años, la misma gente en los mismos sitios, la misma gente haciendo la misma ruta que yo como cada mañana. Pero nadie hablaba, todo estaba en silencio. Era un mundo gris, un mundo donde no había nada que decir ni nada que hacer, donde todo era como un bucle que se repetía infinitamente. Yo no pintaba nada ahí, y cuando intentaba mirar a alguien a la cara sentía un extraño sentimiento en mi interior, un sentimiento que me decía: ‘ ¿Qué haces aquí? Este mundo pertenece ya al olvido, y en el olvido se ha de quedar. Ahora que has llegado, permanecerás en este lugar para siempre, pues no existe salida alguna’

Cuando me despertaba, con un terror incomprensible, lo recordaba todo muy vagamente, como si hiciera años que hubiese transcurrido pero en verdad hubiese sucedido.

 Aún siendo conscientes de nuestra propia locura, nos podemos llegar a convencer a nosotros mismos de la veracidad de algo que realmente no lo es, hasta el punto de creérnoslo e incluso de llegar a tener una imagen clara en la mente de dicho recuerdo, como una adolescente se llega a creer que es correspondida por el chico mas popular de su clase, quien no sabe ni siquiera su nombre. No es un comportamiento lógico, pero la mente humana tiene estas vías de escape para poder ser feliz, y es realmente útil. Sin nada que desear ni nada a lo que aspirar, ni nada a lo que temer, la vida no tiene demasiado sentido.

 

    Infestación

 

 

Hasta más leer. 

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