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8 Tanto por hacer

En el centro de la antigua reserva, rodeada por una pequeña valla de madera, se hallaba la Casa Principal, algo así como el gobierno de nuestra pequeña comunidad. Con sus tres pisos de altura, hace años, antes de la epidemia, cumplía las funciones de centro educativo y cultural de la reserva, donde familias subían con los niños los fines de semana o donde en fechas cercanas al verano se abarrotaba de visitas escolares, donde los niños hacían talleres y juegos sobre la naturaleza. Hoy en día cumplía funciones bien distintas, como la de almacén principal del pueblo tanto de víveres como de armas, centro de reuniones, dormitorio común, e incluso una pequeña biblioteca, antes sala de actividades infantiles, donde ahora se hayaban un gran número de ordenadores y libros útiles en materia de agricultura, informática, medicina y otras disciplinas que cualquiera al que le sobrase un poco de tiempo podía entretenerse en hojear.  Yo, junto con el resto de mi equipo,  había colaborado en la adquisición de la mayoría donde la mayor parte eran provinientes de Reein, el pueblo abandonado más próximo.

Al llegar abrí el grueso portón, y accedí al vestíbulo, donde una reproducción a tamaño real de un grizzlie daba la bienvenida (estaba bastante bien conseguida, se debe aclarar, casí parecía uno disecado, pero hubiese quedado bastante mal en un sitio donde se protegía a los mismos). Pese a que ocupaba bastante espacio, a todos nos había parecido gracioso conservarla. Oí un ruido a mi izquierda, y la puerta de un pequeño salón de reuniones  de donde salía cierta algarabía femenina se abrió dejando pasar a Jessica. Vestía una jersey de lana verde dos tallas más pequeño y unos jeans, y como siempre llevaba un peinado impeclabe, que favorecía sus redondeados rasgos faciales. Aparte de esto, disponía de dos buenas y grandes razones por las que esta enfermera tuvo que haber sido protagonista en muchas fantasías de sus pacientes. Sin lugar a dudas, era la mujer más atractiva de todo el pueblo, y con toda seguridad del país.

-Oh! Hola Erik! No sabía que ya te habías despertado. ¿Qué tal has dormido?

-Bien, gracias. La verdad es que me hacía bastante falta, ayer fué mucho más duro de lo habitual.

-Sí, algo he oído…

Intenté desviar la conversación hacia otro lado.

-No pasa nada. Dime, ¿ cómo sigue el establo?

Jessica, junto con Sonia, Cameron, Evelyn y muchas otras se encargaban de cuidar los animales de un pequeño establo cerca de la verja norte, junto a los bosques y algunos cultivos, pero dentro del pueblo. Tan sólo disponíamos de cinco ovejas,bastantes pavos y un par de caballos en los que llegaron dos spervivientes, lo cual era toda una suerte, ya que la mayor parte de animales en cautividad murieron durante la epidemia al no haber nadie que pudiese alimentarlos y costaban bastante de encontrar, por no hablar de que a estas latitudes no era nada fácil criarlos.

– Tan mal como esperábamos. El frío afecta mucho a los animales, ya hemos perdido bastantes por su culpa. La poca constancia en el suministro debilita las estufas que tenemos colocadas.

-Si es sólo eso, no te preocupes. Ahora mismo andamos bastante bien de material y estamos acabando otro generador eólico. Si nos damos prisa en unos días estará acabado, pero acuérdate de instalar las baterías necesarias.

-Oh, ¡gracias! Las chicas se alegrarán de saberlo.

-No hay de qué. Luego nos vemos, tendría que estar arriba hace cinco minutos.

Empecé a subir la escalera hacia el piso superior, donde estaba el despacho de Wilson, pero inesperadamente Jessica me cogió del brazo y lo abrazó contra sus blandos y enormes pechos. Esta situación me agradó y me desconcertó al mismo tiempo..

-Oye! Quería preguntarte, si te gustaría que fuera esta noche a hacerte algo de cenar.. tengo huevos frescos de hoy y un poco de queso que no me voy a comer, y sería una pena desperdiciarlos. ¿Qué te parece? Haces mucho por todos nosotros y necesitas alimentarte bien.

Era increíble como se notaba el repentino descenso del número de hombres en esta pequeña sociedad. Pero no pude hacer nada por resistirme, más aún ante la cara que me ponía.

-Ah! Gracias, la verdad es que no tenía nada. Ven cuando oscurezca o cuando quieras..

-¡Me encantará hacerlo!  -dicho lo cual me besó en la cara, cerca del cuello, pero pude notar su suave lengua en él.

Mierda, no sé a que estaba jugando, pero había conseguido atraparme. Intenté apartar los pensamientos que venían a mi cabeza sobre esta noche  pensando en cualquier otra cosa.

En cuanto a la economía de nuestro asentamiento, era en su mayor parte socialista, si es que se le puede llamar así a una economía de menos de cien habitantes. Antiguamente, las pequeñas comunidades aisladas como en china, seguían una economía comunista, en el que todo el mundo trabajaba por todos y para todos, y con pocos o ningún incentivo personal. Durante el pasado ya aprendimos que la mayoría de gobiernos comunistas acaban fracasando, y que para que la sociedad y la tecnología progrese hace falta siempre un incentivo personal, materialista, de mérito o como se quiera ver, pero sin este incentivo nadie trabajará ni una hora más por alguien que no conoce. Mal que nos pese, está en la nuestra naturaleza.

Por eso cada uno vendíamos nuestros servicios o víveres que producíamos a los demás, a cambio de comida, ropa, etc. En mi caso, mi trabajo era  proteger el pueblo y acompañar o ir yo mismo en misiones de búsqueda de objetos y materiales de todo tipo que el pueblo necesitaba, además de algunos trabajos en el taller que teníamos pero que eran en su mayoría particulares. De todas formas, nunca llevábamos un control ni ningún número de lo que hacíamos. El almacén de víveres, armas y medicamentos siempre estaba abierto, así que todas estas medidas eran mas que nada para guiarnos un poco y mantener las formas.

 

Al llegar arriba me encontré a Wilson sentado en su mesa, con un mapa extendido en la mesa, muy similar a los que tenía atrás de la misma, la mayor parte de los alrededores, y comentando cosas con Brian. Johnson, Anna, Sam y Ben estaban de pie en una esquina comentando cuánto añoraban los partidos de baloncesto.

Wilson levantó la cabeza y me vió.

-Un poco tarde, Erik.. pero ya estamos todos. Quiero el informe de ayer, y no tengo prisa.

Aunque ya tenía algo de idea,  explicamos como hacíamos frecuentemente después de cada salida importante todo lo que habíamos llevado a cabo, así como nuestras experiencias en combate, el estado de las construcciones, el compotamiento de los infectados y demás.  De vez en cuando, nos acompañaba en nuestras expediciones rutinarias al exterior y tomaba fotografías. Al acabar, se quedó un momento pensativo.

-Es evidente que estamos ahora ante un problema.. hemos perdido muchos hombres en los últimos meses, y tanto el número como la experiencia de los mismos se ha visto muy reducida. Va a ser necesario reclutar más miembros, y encesitamos municiones pronto, ya que en un par de semanas, empezará a hacer calor y los infectados no se verán ralentizados por el frío. Será imposible salir de los límites habituales que fijamos en verano, y los principales polígonos industriales se encuentran ahí. Como veis, problemas ahora no nos sobran.

Habíamos perdido mucha gente, bastante. Pero era vital salir fuera de Nordway, de otra manera hubiésemos muerto todos por falta de medicamentos, alimentos, armas y equipamiento, ropa o materiales para nuestras viviendas. Pero sobretodo, habíamos perdido demasiados hombres.

Sólo quedábamos los cinco del equipo de asalto, Carl, Wilson y Abraham, quien vivía en la cabaña de Johnson y Ben, y pocos más sin ninguna labor especialmente destacable en cuanto a la dirección, como el cocinero o algunos que se dedicaban a la recolección de alimentos y construcción.

-Por lo tanto, -prosiguió Wilson, – no queda más remedio de incluir mujeres en el equipo. Esta noche rendiremos homenaje a nuestros compañeros, así que no es conveniente hacerlo hoy, pero mañana tendremos que difundir la noticia. Brian, Sam y Erik, confío en vosotros para el entrenamiento básico de los nuevos miembros y las explicaciones que hagan falta, a partir de mañana por la tarde. Necesitamos estar listos en una semana como máximo. Ben, encárgate de que se confeccionen los uniformes y que toda la equipación esté lista. No me importa quien lo haga, pero tiene que estar listo para dentro de unos días.

Perfecto, más trabajo, justo lo que me hacía falta. Al menos iba en la línea de lo que me gustaba hacer, pero nunca antes me hubiese imaginado que me tocaría hacer de instructor militar de un regimiento femenino..

Asentimos.  Discutimos un par de temas cotidianos más, como el almacenamiento de información en la biblioteca, donde Ben expuso sus ideas de crear una especie de enciclopedia técnica con un sencillo programa y quién sería el jurado en el concurso de pasteles de dentro de unos días, donde por unanimidad y para su disgusto, salió elegido Brian.

Cuando me cansé, ya que tenía cosas que hacer, salí de ahí y me puse en camino del taller.  Al salir al exterior, Anna me alcanzó, y como su vivienda estaba en el mismo camino que el mío me acompañó un trecho.

-¿Sabes? Llevo echando mucho de menos un baño caliente. Ese tipo de tardes en que no tenía nada que hacer, y me pasaba horas en la bañera con Bach y un libro. Me pasaba el tiempo demasiado rápido, al final cuando salía del baño siempre era de noche,  pero no me sentía mal por haber perdido el tiempo. Tán sólo lamentaba que nadie me hubiese llamado al teléfono y me tuviese que levantar a por él. ¿ Crees que algún día esos tiempos volverán?

Pensé la respuesta, aunque era obvio que ella ya la conocía.

– Creo que nunca  el mundo volverá a ser como antes. Este planeta ya no es nuestro, no sé si la infección fué un castigo por nuestros malos actos o no, pero espero que si en algún lejano futuro los vivos vuelven a poblar las ruinas de nuestra antigua sociedad, no nos convirtamos en lo que éramos antes. Quizás el virus nos hizo un favor, no quedaba mucho para que todo se desmoronase y hubiese sido mucho peor ver como capitales enteras son abandonadas a su suerte por falta de suministros y dinero, como países enteros se ven sumidos en la anarquía y el caos, mientras el gobierno se ha dado a la fuga y el resto de países luchan nuclearmente por el petróleo y recursos.

– y si.. y ¿si hubiésemos sido elegidos por ser diferentes? ¿ Y si la razón no es simple genética? Imagina que hubiésemos sido elegidos por algún dios o por el mismo destino, parecido a la historia del Arca de Noé, o que hubiésemos sido salvados por nuestros buenos actos. ¿No te sentirías orgulloso? 

Me hizo gracia aquello.

-Rezo por que nunca me crea tan prepotente.

Le pareció suficiente mi respuesta.

 -Te veo dentro de un rato. ¿Vendrás esta noche a la plaza?

-Me pasaré, pero no me quedaré mucho rato. Tengo ganas de un rato de esos en que me daría un baño caliente, supongo que me dedicaré a imaginarlo mientras trato de calentarme junto al fuego.

Le sonreí.

-Cuídate.

 Hay cosas que no cambian nunca.

 

Un poco más de la historia.

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7 Nordway

Después de haber dormido un par de horas más, me desperté  completamente despejado. Encendí la luz de la lamparita de mi mesa, me puse unos tejanos, mi camiseta preferida de los AC Metal y un chaqueta del ropero y subí al piso de arriba. La luz del sol, de mediodía aproximadamente, se filtraba por las ventanas, por lo que que quería decir que había dormido más de lo debido. Hoy haría un buen día, aunque era raro que el cielo no estuviera completamente cubierto, lo dejaríamos en que había sido un regalo de la naturaleza. 

Tenía hambre, pero como no me apetecía moverme de casa di buena cuenta de las galletas que preparamos la semana pasada y varias almendras de un saco que en su momento coloqué en una esquina para casos como éste ( ahora me daba cuenta que sin la agricultura transgénica, nunca habría sido posible cultivar nada de esto en este clima). Mientras devorava mis provisones desde el sofá, cotemplé mi salón. Había bastantes muebles que había construído yo mismo: Una pequeña estantería, con varios libros sobre diversos temas, desde cocina a mecánica, pasando por varias novelas, se hayaba en la parte central de la pared. Varios armarios, (de los que tenía que revisar las bisagras, no se me daba demasiado bien esta parte de la fabricación de muebles) se disponían a los lados, los cuales contenían diversas herramientas y víveres para pasar el invierno, así como diversas cosas de antes de la epidemia que había ido recogiendo en las salidas que hacía.

Y, como no podía faltar, mi equipo de combate, armas y munición tenían un lugar destacado en mi estancia.  Dado el uso que le daba, mi chaleco de protección, el cual tendría que reparar o cambiar de esta última salida, colgaba de la pared,  y encima de él una balda con todo tipo de machetes y armas blancas mostraba mis preferencias a la hora de destrozar infectados. Encima de éstas, mi espada estaba sujeta a la pared como si de exposición sirviese ( ahora mismo su aspecto lo era todo menos impecable y limpia, pero de eso ya me ocuparía más tarde).  Una cómoda al lado de esto contenía un par de pistolas, una escopeta y un rifle automatico, con escasa munición, además de un par de explosivos.  Habiendo millones de zombies vagando por la tierra, dormía bastante más seguro de esta manera. Aunque estuviese tan bien ‘decorada’, apenas pasaba tiempo durante el día aquí. Siempre acababa comiendo en casa de Ben y Jonhson o en el pequeña taberna-comedor que disponíamos en el pueblo, pero hasta esta vivienda me arrastró el destino hace algún tiempo…

 Hoy, después de los sucesos de ayer, no realizaríamos ninuna misión fuera de los límites de la valla, por lo que me intención era dedicarme, junto con Ben, a continuar trabajando en el motor de energía oscura que estábamos montando. A finales del siglo XX, se descubrió que más del 95% de la materia del universo estaba formada por energía y materia oscura, que tendía inevitablemente a la expansión y homogeneización en el universo, al tener una presión negativa sobre el resto de la materia. Durante la crisis energética, un gupo de científicos descubrió como producir materia oscura mediante la materia normal, condensando pequeñas cantidades de energía sobre una ínfima parte de materia cualquiera, y cómo al condensarla se alcanzaban densidades energéticas increíbles. El inconveniente, era su alto coste de producción y su poco interés comercial, por lo que este suceso pasó totalmente desapercibido para el mercado. Este motor ( o conversor de energía oscura) tenía algunas piezas rotas, pero si lográbamos arreglarlo (su funcionamiento era bstante sencillo, el inconveniente era la parte mecánica) y montarlo en uno de los vehículos que disponíamos en el taller, dispondríamos de una autosuficiencia para nuestras salidas bastante ventajosa. De esta manera, evitaríamos tener que depender de los restos de gasolina que quedaban por los vehículos abandonados de pueblos y núcleos urbanos, nuestra principal fuente de energía. Para salir de esta miseria tecnológica, no podíamos estar siempre saqueando los recursos sobre los que estaba construida nuestra antigua civilización.

Después de encontrarme satisfecho, me dirigía a salir, cuando derrepente llamaron a la puerta.

-Está abierto. -Carl entró a la habitación. Llevaba puesta su chaqueta de tela preferida y su eterna gorra. Su barba daba el toque de estilo perfecto que le habría hecho pasar por un habitante propio de la región tiempo atrás.

-Buenos días, Erik. Me alegro de que hayáis vuelto enteros. No conozco los detalles, pero ya estoy más o menos al corriente.

-Nos espera una epoca dificil..

En ese momento caí de la responsabilidad que tenía en mis manos. Ahora que sólo quedabamos nosotros en el equipo, toda la labor de mantener nuestro pequeño pueblo y de protegerlo caía en nosotros. No nos podíamos permitir el largo descanso de la muerte, en ningún caso.

– Sabes que estoy siempre disponible. Todos lo estamos. Además, de vez en cuando aún siento nostalgia del exterior, hace ya mucho tiempo que no salgo de aquí, sabes?

– De eso nada, tienes ahora una hija que cuidar y no voy a permitir que te pongas el uniforme. Ya te puedes ir haciendo a la idea, – le dije sonriendo.

Carl puso una mirada de agradecimiento.

– Oye, Wilson te estaba esperando. Van a estar todo el resto del equipo de asalto en diez minutos, y me pidió que te avisara. Supongo que será algo más del informe habitual, dados los últimos acontecimientos. Y Brian no ha debido de pegar ojo, porque está tan al humor como de costumbre, o peor.  No llegues tarde.

-Gracias. Nos vemos luego.

Tras arreglar un par de cosas, salí fuera. El aire frío de montaña llenó mis pulmones, a la vez que contemplaba el blanco paisaje nevado. Nunca me hubiese imaginado nunca que una antigua reserva de grizzlies se acabaría convirtiendo en lo que hoy es mi hogar. Antes de la epidemia, sólo existía lo que hoy es la casa principal, donde Wilson, el guarda forestal de la zona, vivía, algunas cabañas de madera viejas y tétricas para algún tipo de campamento veraniego y una débil valla que rodeaba toda la zona y nos protegía de los infectados. Ahora, varias casitas, cultivos y establos eran el único asentamiento con gente viva que había visto en años. El perímetro que comprendía era bastante extenso, la mayoría con una vegetación frondosa que nos cubría de miradas ajenas, a excepción de  la parte central de viviendas y pequeñas zonas, así como algunos caminos. Rodeando la reserva, una sólida verja metálica nos protegía, y en algunos tramos la habíamos ido sustituyendo por empalizadas de madera (también cada poco había pequeñas atalayas ), aunque era una labor bastante costosa. Algunos cultivos se hallaban en el interior, pero buena parte de ellos también se encontraban fuera, tiempo tenímos mucho, pero no pasaba lo mismo con el alimento. Los muertos habían reclamado el resto del mundo, pero nunca lograrían entrar aquí mientras siguiera con vida.

En cuanto a cómo logré encontrar este lugar, no hay mucho que contar. Bueno, de hecho se podrían escribir varios libros, pero no es nada que merezca la pena escuchar. Como el resto de las personas que aquí vivíamos, un día, encerrado en un viejo hotel de carretera, cuando creía estar solo en el mundo, escuché en mi radio una señal de baja frecuencia donde una grabación con la voz de Wilson  informaba de la existencia de un lugar donde poder ir, y donde no estarías solo. Todos estaríamos siempre agradecidos por el día en que nos dió a bienvenida al recién bautizado Nordway, donde encontramos una cama, comida, y la única compañía humana que habíamos visto en meses. A medida que empezó a llegar gente, Wilson se convirtió casi sin darnos cuenta en la principal autoridad de nuestro pueblo, pese a que él siempre insistió en votar al gobernador del pueblo, por llamarlo de alguna manera, ya que nuestro pueblo parecía un antiguo asentamiento de colonos norteamericanos. Tantos años y la arquitectura seguía siendo la misma que hace cinco siglos. Pero me gustaba.

Me puse en camino de la antigua casa del guardabosques, mientas intentaba recordar y silbar una de esas canciones que aprendí en mi infancia y hacía mucho tiempo que  había olvidado.

 

Empezaremos a retomar el ritmo de escritura de al menos una vez a la semana después de estas vacaciones. Parece increíble lo bien que sienta desconectar unos días de la rutina de siempre.

6 Camino de vuelta

Los infectados cada vez estaban más cerca. No podía dejar que entraran en la estancia en la que estábamos, sería imposible hacerles frente. Me interné, entonces, en el pasillo, decidido a no dejar pasar ninguno, claro que decirlo era mucho más fácil que hacerlo. Los malditos estaban hambrientos, y venían a por mí a una velocidad increíble. Del primero,un doctor con  bata blanca harapienta, me deshice sin problemas. Su cabeza  rodó por debajo de mis piernas, mientras su cuerpo se desplomaba y un chorr de sangre manaba a través de su cuello. Pero no llegó a tocar el suelo, una avalancha de no- muertos que empujaban lo llevó hacia mí. Tuve que retroceder para que no se me echaran encima.

Este era un mal método. Intentaba contenerlos a golpes, pero eran demasiados. Los de detrás empujaban a los de delante, y la presión era demasiada para soportarla yo sólo. Intentando contener los cuerpos, sentí una fuerte presión en mi antebrazo inquierdo. Un asqueroso de esos me estaba mordiendo! Tiré pero me tenía bien sujeto, y los brazos del resto ya estaban justo al lado de mi cabeza. Soltando mi espada, saqué el cuchillo y dándome media vuelta se lo hundí en la cabeza, con lo que la presión cedió al instante, pero perdí el cuchillo para siempre.

-Más vale que os déis prisa por ahí detrás! No podré contenerlos mucho más!- había llegado a un punto en que pegaba golpes a la fila de esos monstruos que avanzaban sin preocuparme siquiera en apuntar, sólo con la determinación que no pasaran. Pero cada vez retrocedía más, y físicamente había llegado a mi límite. Derrepente las luces del techo empezaron a parpadear.

-Ya está! -gritó Ben mirando su PDA. -Disponemos de poco más de un minuto hasta que se colapse el sistema!

Un minuto. Si no conseguíamos subir a la superficie en ese tiempo, todo estaría perdido. Si no conseguía acabar con esos monstruos, no conseguiríamos subir al ascensor, no nos dejarían. Había retrocedido ya hasta el cuarto donde estaban mis compañeros. Era el fin, no conseguiríamos salir de ahí a tiempo. 

-Preparaos a pasar un poco de calor.

-Sam, qué coño…

Vi como con los dientes quitaba la anilla a la única granada que nos quedaba, y la lanzó al final del pasillo.

-Todos al suelo!

Tan sólo una fracción de segundo, escuché una fuerte explosión. Después sólo oí un pitido agudo, mientras desde el suelo veía como una nube de fuego azul se comía a todos los infectados, haciéndolos desaparecer en su interior, mientras el techo del pasillo se desplomaba. El calor llegó hasta nosotros, y sentí como la cara y las partes descubiertas de mi cuerpo me escocían hasta el límite. Ví a Sam levantarse, mover los labio diciéndonos algo, aunque no lo podía oír, y dirigirse hacia el ascensor que nos conduciría a la salida.

Mientras subíamos, y recuperábamos nuestro sentido del oído, oíamos como la habitación en la que estábamos unos segundos antes se derrumbaba, a la vez que la luz del ascensor empezababa a parpadear. Después de unos segundos, la intensidad de la luz empezó a aumentar progresivamente, hasta que finalmente la bombilla estalló, dejándonos en la más completa oscuridad, a la vez que el ascensor se detenía. Se oyeron más explosiones provenientes de abajo, al saltar el sistema elétrico. Dado que la mayoría de vigas y mobiliario eran de madera, pronto toda la instalación sería pasto de las llamas. Tristemente jamás volveríamos a ver a nuestros compañeros, este búnker maldito sería su tumba.

-Parece que el sistema se ha sobrealimentado antes de lo previsto – comentó Ben.  -No nos queda más remedio que subir el tramo que nos quede por nosotros mismos.

Dicho esto, empujó el techo del ascensor para arriba, y movió la cubierta a un lado. En la mayotía de ascensores siempre se pudo hacer esto. Se aferró al borde y se impulsó a la cubierta del ascensor. Fuera, una escalera de mano se perdía en lo alto.

-No nos queda mucho para llegar arriba. Si aún tenéis fuerzas para trepar…

                                                                                       ____________________

Después de subir por la escalera, y abrir fácilmente la puerta de salida ya que no había electricidad (después de lo anterior, ésto era como ir a comprar el pan), aparecimos en el sótano de un lujoso edificio. Apenas unos pocos infectados nos opusieron resistencia hacia el exterior. Dejé que Ben se ocupara de todo el trabajo, por hoy ya había hecho suficiente, y mis brazos no podían hacer nada más.

En el exterior había dejado de nevar, y el sol asomaba ya por el horizonte. Tras mirar alrededor, vimos que no estábamos muy lejos del almacén donde Anna nos esperaba guarecida. Al mirar hacia la derecha, vimos como una horda de infectados al final de la calle se dirigían hacia nosotros, sorteando los vehículos accidentados.

Sam habló a través de la radio de su muñeca:

 -Brian, sacadnos de aquí, ya.

Corrimos hasta el almacén, donde algunos mordedores se habían empezado a acercar lentamente, y Anna se estaba ocupando de ellos silenciosamente. Parecía estar al límite de sus fuerzas. Al oírnos llegar corriendo, sus ojos azules se giraron rápidamente hasta donde estábamos, a la vez que ponía sus armas entre ella y nosotros. Cuando vio quiénes éramos se relajó y dijo:

 -Cómo habéis..?

-Las explicaciones en un momento- el vehículo blindado acababa de llegar, sonando el ruido del motor como un estruendo en mitad del publo vacío y un rostro negro se asomó desde la parte delantera.

-Vamos! No quiero tener aquí a todos los jodidos muertos de este pueblo antes de que podamos salir.

Los infectados que nos seguían estaban ya a sólo dos metros de la parte delante delantera del vehículo. Sin pensárnoslo, subimos adentro con nuestros últimos esfuerzos, y en cuanto lo hubimos hecho, Jonshon arrancó y salimos para siempre de este pueblo maldito donde ya no quedaba nada excepto muerte y desolación.

En cuanto recuperamos el aliento, Sam procedió a relatar lo que habíamos visto en el antiguo búnker, y el destino del resto . Cuando acabó, Brian se quedó pensativo.

-Bien, parece que ahora somos todo lo que queda del equipo de asalto. Por ahora descansad, pero necesitaremos encontrar municiones antes de que pase el invierno. Si no, estaremos jodidos. -dicho esto volvió a la parte delantera del vehículo, sin nada más que añadir. Sam y Ben se recostaron para poder dormir el resto del trayecto.

Cuando se fijó en el desgarro de la chaqueta de mi antebrazo, Anna procedió a examinármelo, y rápidamente me hizo arremangarme. Me examinó la piel: por suerte la mordedura no había traspasado la ropa.

-Has tenido mucha suerte.. habéis tenido mucha suerte todos…

-La suerte no es una casualidad, forma parte de la habilidad de cada uno.  -repliqué.

-No podrías al menos alegrarte un poco, eh.

Ninguno volvimos a mencionar habitualmente a Matt ni a los demás. Todos los que estábamos aquí perdimos a todos nuestros seres queridos durante la epidemia. Todos habíamos visto morir y habríamos matado. Altos rascacielos y rotos carteles luminosos eran testigos de cientos de masacres, del horror de los suicidios colectivos y lo que puede llegar a hacer la gente por sobrevivir. La muerte formaba parte de ya de nuestras mentes, habíamos vivido en una era en donde la vida humana valía menos que un arma de fuego o una simple lata de conservas.

-Tenemos mucho trabajo por hacer ahora, -dije.

-Pero todavía puede esperar. -Anna se acercó y se echó a dormir a mi lado, usando mi mochila en el suelo como almohada.  No tardé mucho en acompañarla.

 

Relaja bastante olvidarse de todo el trabajo y escribir algo para tí. Una vía como cualquier otra para no aburrirse con la rutina. Por mucho que te apasione en lo que estás trabajando, siempre está bien imaginarse una vida distinta.

 

Mientras Sam hojeaba un viejo archivador y Ben se dedicaba a comprobar el ordenador del mostrador, me quedé contemplando el mapa de la instalación que había en la pared. Eran unas instalaciones bastante  grandes, demasiado para unos simples almacenes subterráneos. Parecía haber dos entradas desde el exterior, una para mercancías, por donde habíamos bajado, y lo que suponía unos pequeños ascensores al otro extremo del complejo. Varios pasillos, con varias aulas a los lados se distribuían por el centro del mismo, y unas más grandes a los extremos, cerca de donde nos encontrábamos, probablemente almacenes donde descargar provisionalmente materiales y demás.

-Deberíais ver esto,  – nos recomendó Ben enfrente de la pantalla del ordenador – poco antes de la última fecha en que se manipuló este equipo, hay registrados varios envíos y salidas de cargamentos de armas.. pero no precisamente domésticas. Fusiles de asalto de finales del siglo 21, gatlins, granadas y una gran cantidad de explosivos. Parece que el gobierno tenía aqui un pequeño arsenal..

Sam se quedó pensativo.

-Ahora entiendo porqué se adentó tanto aquí dentro el resto del equipo:  Incorporar parte de estas armas y municiones al almacén de Nordway hubiese sido todo un lujo, así que no me extrañaría nada que se hubiesen intentado llevar todo lo posible. Erik, registra el cadáver de Matt, debe de llegar aún encima el pase de la puerta.  Ya sabes lo que debemos hacer…

Me dirigí hacia el cuerpo sin vida de mi antiguo amigo, y aguantándome la angustia, rebusqué en sus bolsillos. Perfecto, un pase con una banda magética aun intacta reposaba en el bolsillo de su chaleco, probablemente la arrancarían del cadáver de algún infectado.

-Bingo, aquí está. Vayamos enseguida.

Salimos al pasillo, el cual permanecía aún iluminado por la luz de los tubos de neón. Mientras Sam y Ben desenfundaban sus armas, procedí a pasar la tarjeta de seguridad. Una luz verde en el lector indicó que era correcta. La puerta se abrió lentamente entonces, dejando ver una gran sala parecida a la de arriba, pero con varias cajas de madera vacías y mesas con ordenadores, así como varios tipos de aparatos electrónicos bastante antiguos, usados para evaluar la calidad de la mercancía acabada de llegar.  A los lados había varias puertas, que darían a más salas, y al fondo del todo, una puerta abierta dejaba ver un largo pasillo oscuro, en el que las luces haría tiempo que se habían fundido. Todo esto se parecía a uno de los búnkeres que el gobierno empezó a construir durante la guerra fría,  por miedo a un ataque nuclear. Teóricamente había espacio de sobra para unos cuantos puestos importantes dentro del ejército… pero que más daba ya.

-Atentos a cualquier cosa. Registrad esas cajas, puede que aún quede algo que podamos llevarnos.

-Aquí ya no queda nada, Sam, -dijo Ben después de registrar todas, – volaron de aquí todas las municiones durante la epidemia. No tiene sentido continuar más adelante, debe de estar a rebosar de mordedores ahí dentro, esperando, si es que no están viniendo hacia aquí ya. Lo más prudente sería volver ahora que podemos, en cualquier lugar que se hubiesen atrincherado de aquí dentro  no habrían resistido más de unas pocas horas, y lo sabéis tan bien como yo.

Sam se quedó pensativo un momento, y,  justo cuando iba a decir algo, una expresión de sorpresa apareció en su cara.

-Esperad! No oís eso? -dijo en voz baja.

Intenté escuchar.

-Yo no.. -empezó a decir Ben.

Pero pronto lo oímos. A lo lejos, de las profundidades del oscuro pasillo, llegaba el eco de un metal rascando una superficie, bastante pesado, y cada vez más fuerte. Desenvainé mi espada.  Justo después, lo que había sido un hombre de avanzada edad, irrumpió torpemente en la sala arrastrando un hacha de seguridad con su mano, roja en los extremos. 

-Yo me encargo.

Avancé hacia él, cuando detrás suyo, por el pasillo, aparecieró avanzando rápidamente una masa de infectados hambrientos, entre ellos unos cuantos con el mismo chaleco que nosotros tres, uno de los cuales presentaba el costado devorado en su totalidad. Eran demasiados.

-Retrocedamos! -gritó Sam, corriendo hacia la puerta. -Subid rápido al montacargas!

No hacía falta que lo dijera. Atravesamos la puerta de acceso, sin ni siquera cerrarla, y corrimos rápido hacia nuestra salvación. Una vez dentro, Sam apretó el botón de subida, las rejas comenzaron a cerrarse, y al terminar de hacerlo el elevador empezó a ascender. Derrepente, un ruido de chispas sonó encima nuestro, el montacargas paró en seco, y las luces se apagaron completamente.

-Mierda!! -gritó Ben esta vez, – el mal estado de la instalación debe de haber causado un cortocircuito. Estamos jodidos!!

No lo estábamos.

-Apartad! -les dije, y de dos golpes de espada hice una V en la reja, de forma que doblándola podíamos pasar.

-Pasad! Intentaremos llegar hasta el cuarto de recepción.

Después de que ellos pasaran, pasé de un empujón, y los seguí corriendo hacia el final, guiándome con la luz de mi linterna. Unos cuantos zombies habían atravesado la puerta grande de acceso, y nos impedían el paso. Sam sacó su MA16 y avanzó corriendo hacia ellos, al tiempo que hacía saltar pedazos de sus cuerpos podridos por los aires. Logramos entrar en la recepción justo cuando los que venían detrás ya nos alcanzaban. Cerramos la puerta, y no tardamos en verla golpeada por los infectados detrás. No aguantaría mucho.

-Y ahora qué?- preguntó Ben.

Sólo había una opción. Los túneles y todos los lugares subterráneos, como las minas, tienen como principal inconveniente la ventilación y renovación del aire. Por eso en todas las salas debía haber un conducto de ventilación. Y ahí estaba, después de echar un vistazo, divisé unas rejillas encima de la máquina de café. Era nuestra única salida.

-Ahí, encima de la máquina de café, los conductos de ventilación son nuestra única salida!

Sam volcó un viejo archivador metálico, y subiéndose a él, logró alcanzar la parte de arribade la máquina. Golpeó consecutivamente las rejillas, pero estaban bien sujetas, así que apuntó a ellas con su arma, y disparó. Inmediatamente saltaron por los aires.

-Vamos! La puerta no aguantará mucho.

Y era verdad. Las bisagras ya se estaban empezando a soltar, a la vez que un hacha estaba haciendo saltar astillas de la misma, y por los boquetes que iba dejando se iban asomando brazos sangrientos que intentaban agarrar algo desesperadamente. Sam se agachó, y a duras penas pudo pasar arrastrándose por el conducto. Poco después suyo, Ben  pasó ágilmente por el mismo agujero, sujetando su linterna con los dientes. Antes de pasar yo, esperé un poco , si íbamos los tres juntos probablemente el conducto no aguantaría por el peso. Cuando cedió la puerta y una horda de zombies hambrientos se dirigía hacia mí, no me quedó mas remedio que darme prisa, y de un impulso logré alcanzar la parte superior de la máquina de café, tras lo que me deslicé dentro del conducto, por el cual pasaba una corriente de aire bastante fría, dejando atrás los gemidos de esos seres. El conducto era ancho, mucho más que alto, pero aún así me iba a costar arrastrarme por él con mi espada a la espalda, pero no podía dejarla atrás, si no estaría completamente desarmado.

Delante mío podía ver la luz de la linterna de mi compañero, que avanzaba lenta pero constantemente. Miró atrás para ver si le seguía,

-Sigue adelante! Tenemos que llegar al otro extremo de las instalaciones, allí está nuestra única salida. Seguid recto todo lo que podáis! 

-Ok!

Mientas íbamos avanzando, podía ir viendo debajo mío las salas por las que pasábamos a través de las rejillas, con la débil luz de mi linterna. La primera parecía ser un centro de comunicaciones, con varias pantallas de ordenadores y de comunicación en las paredes, así como larga mesa rodeada de sillas. Las restantes, como lo que parecía ser un almacén de víveres, y unos cuantos laboratorios, estaban llenas de infectados.

Finalmente alcanzamos el extremo del conducto. A la izquierda, unas aspas de ventilador gigantes, ahora paradas, distribuirían el aire por todo el complejo, y a la derecha estaba lo que debía ser la salida del conducto. Ahora sí, la rejilla saltó de una fuerte patada, resonando por todo el espacio.

Vi la cara de Sam que se giraba hacia nosotros: -Aunque no tengamos muchas más opciones, hemos de bajar. Iré primero.

Vimos desaparecer a nuestro amigo hacia la habitación que tenía debajo. Después de un débil sonido a tendones partiéndose, oímos a Sam dándonos vía libre, y  bajamos a la estancia que teníamos debajo. Aparte de un zombie con  la cabeza retorcia y las puertas de unos ascensores, no había nada más. La única salida era un pasillo el cual acababa en giro hacia la izquierda, que probablemente conduciría hasta las instalaciones de antes.

-Estos ascensores han de ser nuestra salida, -dijo Sam. -La mierda es que no funciona la puta corriente! Ben, puedes hacer algo?

-Creo que sí.. esta parte de las instalaciones es más moderna que el resto, probablemente por ser la parte de entrada de la gente digamos importante.. como era común antes de la epidemia, el sistema eléctrico estaba controlado por ordenador, de manera que una carga excesiva de tensión en la red, como la que ha ocurrido antes, desconectaba automáticamente todos los sistemas eléctricos para evitar daños. Puedo intentar acceder al sistema informático y volver a reanudar la alimentación, pero esto sobrecargaría de forma excesiva la red de las instalaciones y no se si duraría mucho…

-Hazlo, y más vale que te des prisa.. -probablemente, diciéndolo de forma irónica, Sam se refería a los infectados que comenzaban a aparecer por el pasillo avanzando hacia nosotros. Asintiendo y sin decir palabra, Ben destapó una placa metálica entre los dos ascensores colocada en la parte baja de la pared, sacó su PDA avanzada, , y conectó la misma a los terminales que quedaron al descubierto en la pared.

Sabiendo cuál era mi papel, coloqué mi arma entre los infectados y yo, y me dispuse a hacer pedazos a esos cabrones.

 

¿Alguien se acuerda del género ciberpunk surgido a finales del siglo XX? Todas las metrópolis fascinan y agobian al mismo tiempo.

4 Bajo tierra

Al llegar al final del pasillo una puerta nos bloqueaba el camino, ‘Sólo personal autorizado’, ponía en un cartel a la entrada. Parecía sólida y fuertemente cerrada, por lo que sólo podríamos abrirla con el pase de seguridad apropiado, el cual por supuesto no teníamos. Un cartel grande de zona peligrosa dejaba bien claro que no ibamos a entrar a un museo, pero ni idea que hacía un sitio como éste bajo tierra y en un pueblo perdido en las montañas. A la izquierda, había una puerta de madera cerrada, seguramente un guardarropa. Antes de entrar a zonas especiales, era común que antes hubiera salas donde poder dejar ropa u enseres personales, para poderlos recoger a la vuelta.

-Entremos ahí, quizás haya algo que nos pueda servir.

Giré la manivela, ya que la puerta carecía de llave. Pero aunque la podía girar perfectamente, no se abría. Parecía que algo obstaculizaba el movimiento de la puerta, como algo bloqueándola, pero que dejaba cierta holgura al empujarla.

-Hay algo dentro que no me deja abrirla. Lo malo es que es imposible hacerlo desde este lado y los guardarropas normalmente sólo tienen una entrada y salida. No creo que sea prudente abrirla.

-No tenemos otra opción – puntualizó Sam. -Es esto o dar media vuelta.

 Sacó una granada,que pendía de su cinturón y se la tendió a Ben. Si mal no recordaba, pertenecía a la época anterior, uno de los frutos de la alta tecnología alcanzada. Esta granada contenía en su interior una microscópica partícula de antimateria, sostenida por un campo magnético en un pequeño vacío. En el momento que este campo magnético desaparecía, activado por el detonador, liberaba toda la energía concentrada alcanzando miles de grados en su interior.

-No pensarás…

-Tú aguántala.Nos puede hacer falta según lo que haya detrás.

Tomó algo de carrerilla, y sus más de noventa quilos se lanzaron con el hombro por delante contra la puerta. Esta cedió al instante, y oímos el ruido sordo de un tablón al caer al suelo. Rápidamente Sam se apartó, apuntó con su arma a la oscuridad y esperó.

-Nada. Seguidme.

Pasó dentro y encendió la luz de la habitación. Nos encontrábamos en una vieja estancia, llena de archivadores, y como había supuesto, un mostrador, tras el cual varios tipos de uniformes descansaban en las estanterías. Un plano enorme, de lo que parecía el complejo, cubría la pared principal, y debajo se disponían varias butacas y una máquina de cafés. Lo que hubiese dado por una bebida caliente en ese momento… pero lo que me llamó la atención no fué eso.

-Matt..

Uno de los componentes del Equipo de Asalto yacía recostado contra una esquina, apoyado en un sofá.

Rápidamente corrí hacia donde se encontraba Matt. Sam y Ben me siguieron. Su arma, vacía,  se encontraba a su lado como un objeto inútil, probablemente gastó todas sus municiones. Al acercarme más, pude comprobar, con horror, que donde tendría que haber estado su mano ahora no había más que un muñón con sangre ya reseca.

Nosotros, los últimos habitantes de la tierra, somos inmunes al virus en sus métodos de transmisión más simples, tales como por aire o por el agua, pero una mordedura de un ifectado es una dosis letal. En pocos minutos la víctima es uno de ellos, a no ser, que se ampute rápidamente la zona mordida. Si lo piensas unos segundos de más, ya da igual, el virus se ha extendido por la corriente sanguínea a todo el cuerpo y tu muerte, para luego volver a levantarte como un muerto viviente, es cuestión de minutos.  A juzgar por el estado de Matt, éste tuvo el valor suficiente, aunque no creo que le hubiese servido de mucho. Carecía de pulso, estaba muerto desde hace ya uno o dos días, pero no estaba infectado.

Menos de una de cada de diez mil personas durante la Era Informática poseyó las características biológicas necesarias para ser inmunes al virus. Los científicos creyeron que los pocos ‘elegidos’ poseían algo en su grupo sangíneo que impedía al virus infectar sus células, pero nunca pudieron probarlo. A la mayoría de ellos sólo les interesó mas tarde la carne humana.

Sea como sea, Matt estaba muerto, y nada podíamos hacer por evitarlo.

-Debe llevar muerto unos dos días, a juzgar por su estado.. probablemente se atrincheró en este cuarto esperando nuestra ayuda. Eso significa que el resto del equipo puede estar aún en el resto de las instalaciones, -dijo Sam. -Moveos, tal vez encontremos algo de información útil en esta habitación.

 

  

A veces los clichés pueden llegar a aguarte bastante la fiesta, por decirlo de algún modo. Quizás por eso los niños puedan ser más felices con menos.

3 Almacenes subterráneos

 Volví sobre mis pasos. Cuando el haz de la linterna pasó por la cara de mi compañera, pude ver en ella una expresión de angustia.

-Qué..?

-Corre! El pasillo está lleno de ellos, tenemos que salir de aquí y rápido!

Sólo teníamos una opción y era bajar al piso de abajo, si subíamos por las escaleras estaríamos atrapados como en una ratonera. Sus gemidos ya resonaban cerca. Bajamos con velocidad y salimos a la gran sala de las mantas: la débil luz de la luna se filtraba por las escasas vidrieras, al menos podíamos ver. Corrimos a la puerta del fondo: Una gran tablón de madera clavado toscamente la cerraba de lado a lado, por no decir que el grueso manillar no giraba, ya que estaría la llave echada. No habría forma de abrirla.

-Mierda..! Joder!! Joder!!!-Anna parecía realmente nerviosa.

Los infectados ya empezaban a entrar, ávidos de carne humana. Avanzaban torpemente, a espasmos, lenta pero inexorablemente. Bastaba un vistazo a la gimiente masa para saber que la vida hacía tiempo que había abandonado totalmente esos cuerpos, y solo la ira y el hambre los movía.

 Dí un paso adelante y saqué mi ancha espada.

 -No nos uniremos a ellos tan fácilmente.

Típica frase, pero me gustaba como quedaba.

Mi rubia amiga se quedó contemplándome un segundo, tras lo cual guardó su rifle de asalto  y desenfundó sus dos wakizashis, con las que tenía una considerable destreza.

– Hagámoslos pedazos, -determinó.

Avanzamos hacia ellos, dejar que nos rodearan no era una opción, hacía tiempo que lo habíamos aprendido costándonos algunas bajas.  Me lancé hacia el grupo, cortando de un golpe el cuello de lo que antes había sido una mujer bastante joven y con innumerables joyas encima. Rápidamente ocuparon su puesto tres de esos seres, con los brazos exendidos y las bocas sangrantes. Me agaché, y dando una vuelta sobre mi mismo di una patada a los pies de uno de los zombies, cosa que le hizo caer hacia atrás. Antes de que tocara el suelo, mi espada describió un arco hacia el techo, cortando la cabeza de aquel ser a la vez que caía. Rápidamente me ocupé de los otros dos que tenía cerca. Cuatro más ocuparon su puesto abalanzándose sobre mí.

Mientras, mi compañera, luchaba a mi lado, salpicada de sangre, contra varios de esos seres.

-Son demasiados! No vamos a conseguirlo!

No pude contestarle; tenía razón, pero por alguna extraña razón no me importaba demasiado. ¿Tanto me había acostumbrado a esto?

 Nos tenían arrinconados contra la pared, era cuestión de segundos que nos alcanzaran. Anna había sacado ya su MA16 y comenzado a disparar. Al echarme hacia atrás, choqué con un viejo candelabro que antiguamente serviría para iluminar la estancia. Viendo la vidriera de encima nuestro, supe que no estaba todo perdido.  Mientras Anna agotaba sus últimas municiones, até mi cuerda al cadelabro, y con toda la fuerza que disponía lo lancé a través de los coloreados vidrios, cayendo varios sobre nosotros, como una lluvia infernal.

En cuanto los atravesó, tiré fuerte de la cuerda. Por ser más largo que el ancho del ventanal, se quedó atascado.

-No quiero ser descortés -dije, señalando la cuerda que colgaba. Anna me miró como si no me hubiera visto en mi vida, mientras la sangre resbalaba por su cara. Sin decir palabra,  subió a ella de un salto y empezó a trepar. Ya podía apresurarme, por que los zombies estaban tan sólo a un metro mío.  Corté de un tajo la cabeza de dos que estaban peligrosamente cerca, lancé de una patada sus cadáveres a la masa de cuerpos y empecé a trepar como si me fuera la vida en ello. Bueno, de hecho me iba.

Derrepente, un par de brazos agarraron fuerte mi pierna! Itenté soltarme, pero era en vano, me tenían bien sujeto. Miré hacia abajo: todos esos seres se agolpaban justo debajo mío. Varios brazos más se sumaron a los anteriores, estirando hacia ellos. No aguantaría mucho más. Con mis últimas fuerzas, saqué mi espada y segué de un fuerte golpe los brazos que me tenían atrapado, con lo que la fuerza que me estiraba cesó, a la vez que mis músculos sangraban de dolor.  Rápidamente me puse fuera del alcance de aquellos seres. Arriba, antes de saltar al exterior, dirigí una última mirada hacia abajo. Los malditos se amontonaban a cientos debajo de la cuerda. Aparté la vista y salté al exterior.

 

Caímos pesadamente en la nieve uno sobre el otro. Fuera había la misma niebla que antes, como si nada hubiese pasado. No se oía ningún ruido saliendo del interior del edificio.

-Estás bien?- pregunté.

-He estado mejor, pero gracias…

-Lo importante es que ahora estamos a salvo. Vamos, Sam y Ben ya deben de estar cerca.- la ayudé a incorporarse -Dirijámonos a los almacenes y salgamos de este maldito pueblo cuanto antes.

Oí un pequeño silbido entre el viento. Distinguí las figuras de Ben y Sam, haciendonos señas desde una esquina más adelante, mientras avanzaban hasta donde nos encontrábamos.

-Erik…

Giré la cabeza hacia la chica llena de sangre que tenía a mi lado.

-Sí?

-Nada… solo quería decirte.. que gracias.

-No hay nada que agradecer.

 Y era verdad. La vida no vale gran cosa.

Después de sacudirnos la nieve de encima, indiqué a nuestros compañeros la situación exacta de los almacenes, y lo que nos encontraríamos al llegar. Dimos también  a Brian su localización exacta, quien nos recordó que no estábamos aquí para tonterías, que nos diésemos prisa y esas cosas… como si no lo conociera.

Después de unos minutos, empezamos a llegar a la zona donde estaba aparcado el furgón de nuestro equipo. Varios infectados, al vernos, empezaron a venir hacia nosotros. Estaba claro que hoy no sería un dían tranquilo.

-Erik y yo nos ocupamos, verdad tío? -comentó Ben con entusiasmo -Ya me estaba empezando a oxidar, tío. Necesitaba un poco de acción!

No esperó a que yo sacara mi arma, y retirando la suya de su espalda se lanzó a saludar a los cuerpos que senos acercaban. Tenían pinta de antiguos agentes de seguridad locales. Probablemente, estos habrían sido de los pocos que intentaron hacer su trabajo, la mayoría permanecieron con sus familias o estaban demasiado ocupados saqueando ellos mismos los comercios locales.

Mientras pensaba esto, mi compañero de asalto cortaba de un golpe los tendones de encima de la rodilla de un antiguo comisario. Éste cayó torpemente al suelo incapaz de levantarse, intentándolo inutilmente. Era una manera como cualquier otra de deshacerse de ellos.

Se acercaron unos cuantos hacia mí. Me quedé esperándoles, y cuando se pusieron a mi alcance les ataqué con golpes certeros. Pero, lo que parecía un motorista, al cual le habían devorado gran parte del vientre, se acercó demasiado rápido, y apenas me dio tiempo de clavarle mi espada en su pecho. El maldito, siguió avanzando aún con la espada atravesada hacia mí, y yo tenía dos, bueno ahora tres podridos problemas de los que ocuparme. Cuando estaba a punto de soltar la espada, un cráter sangriento apareció en la sien del mordedor.

-Procura ahorrarnos munición! -Sam me sonreía a poca desitancia, mientras la punta del silenciador de su MA16 humeaba. 

-Lo tendré en cuenta.

En pocos minutos acabamos con todos los infectados cercanos. No fue una tarea difícil con nuestro número y equipación actual. En otros lugares había sido imposible presentar batalla, pero en este lugar apenas había grupos de más de veinte dispersos por las calles.

Una vez nos aproximamos más, comprobamos los restos de lo que había sido el furgón. Parte de la carrocería permanecía intacta, pero en su interior no quedaba nada aprovechable. Parecía como si una fuerte explosión la hubiese destrozado desde dentro.

Nos alejamos de los restos y nos dirigimos al interior del edificio. Nos encontrábamos en una gran sala, donde varias cajas y mercancías se apilaban en hileras. Unos cuantos muertos, al vernos, se dirigieron hacia nosotros. Dejé que mis compañeros se encargaran de ellos mientras observaba mi entorno. Arriba se encontraban lo que parecían ser unos pequeños despachos, que tras un examen rápido, vimos que sólo contenían informes de entradas y salidas de productos al almacén, el único camino posible era un montacargas que conduciría al piso inferior.

-Parece que no tenemos otra opción, -puntualizó Sam. -No nos queda más remedio que descender ahí abajo.

-Habrá que activar la luz del edificio,- contestó Ben. -Todos los almacenes de este tipo cuentan con su propio generador de emergencia. Juraría que está en ese pequeño cuarto de al lado, -dijo señalando con su arma una pequeña puerta metálica.

-Ok, Erik, ves con él, aunque no creo que haya más sorpresas.

Entramos, y al fondo a la izquierda, junto a varios bidones de cobustible, había un pequeño generador. Tras recargarlo,  Ben lo conectó enseguida, y la luz inundó nuestra habitación, a la vez que un ruido constante salía del aparato.

-Bien, tenemos como para una hora, con esta cantidad…- aproximó Ben. -Creo que será suficiente. Ahora en teoría  el montacargas debería funcionar.

-Bien hecho, -dijo Sam cuando salimos. -Haré los honores.

Sam pulsó el botón verde junto a las puertas negras del elevador. Se oyó un ruido de motor, tras diez segundos, las puertas negras se abieron.. una plataforma metálica rodeada de rejas se presentó ante nosotros, como una cárcel.

-Ehhh… es necesario bajar ahí? -Anna no parecía muy convencida.

-No tenemos otra opción,- puntualizó Sam. -Jack, Anderson y el resto pueden estar ahí abajo esperándonos, no podemos dejarles tirados. De todas formas, espera aquí, Anna. Si tenemos algun problema y tenemos que avisar a Jonhson, la señal de nuestras radios no llegará desde abajo y te necesitaremos. Si en diez minutos no damos señales de vida, regresad.

-No creo que…

-Ya me has oído, y sabes que tengo razón.

Entramos los tres hombres en el interior, y mientras las puertas se cerraban para bajar, pude ver la expresión afligida de Anna. Mientras descendíamos, Sam sacó su arma, quitó el seguro, y apuntó hacia las rejas de la puerta.

-Si hay una marea de esos seres cuando se abran las puertas, no tendremos mucho tiempo antes de que reaccionen. Preparaos para pulsar el botón de ascenso.

-Por lo menos estamos anchos! -dijo Ben.

Era verdad. Más que un montacargas, parecía una plataforma continental, mediría unos seis metros de ancho y unos cinco de profundo. Como en tu casa, vamos.

Finalmente, vimos como el hueco del final iba apareciendo bajo nuestros pies. Los tres nos pusimos en máxima tensión: pero un pasillo vacío, iluminado por neones, era lo único que nos esperaba. Avanzamos sin hacer ruido…

2 Espacios cerrados

 Tras un par de minutos, alcanzamos los restos de una vieja calle, donde vehículos destrozados y polvo se amontonaban. No se veía a nadie de momento. El silencio y la niebla, nuestra aliada, continuaban presentes. 

-Joder, este puto sitio da escalofríos- se quejó Ben. -No es el mejor lugar para ponerse a hacer turismo. Además, a saber cuántos tóxicos diferentes estamos respirando a cada segundo. Por nada del mundo hubiese vivido aquí.

-Oh, vamos, si lo estabas deseando -me reí- no son las vacaciones soñadas en el Caribe que deseabas, pero no me digas que no se parecen.

-Oh sí, igualito.

 -Basta! Habría que apresurarse, -sentenció Sam. -creo que lo mejor será dividirnos, tendremos más radio de búsqueda – aconsejó- Erik, Anna, creo que lo mejor sería intentar llegar hasta aquel antiguo templo- señaló un alto campanario que destacaba entre el resto de los edificios- y echar un vistazo, la zona no es muy extensa. Cualquier cosa que veáis comunicádnosla. Ben y yo buscaremos cualquier rastro de la expedición por los alrededores. 

 -Ok. Tan pronto hayamos subido, nos reuniremos con vosotros. – Anna se puso en camino, y cuando me disponía a seguirla, Sam me llamó y me di la vuelta.

-Cuida de ella, chico. 

Giré la cabeza y continué caminando.

Nos adentramos en las profundidades del pueblo.  Estábamos en tensión, en cualquier momento algún infectado podía saltar de cualquier edificio o estar esperando detrás de la siguiente esquina. Dado que yo estaba más especializado en el cuerpo a cuerpo, debía ir delante, pero más preparado que para la lucha debíamos estar para la huída.

– Es raro que no nos hayamos encontrado todavía con ningún infectado. Normalmente es poner un pie en tierra y ya los atraemos…

 -Mejor así, este sitio no me inspira muchos ánimos para combatir. De todas formas en esta época del año estarán como carámbanos helados la mayoría, y con estas temperaturas tan extremas no es de extrañar.

-Tienes razón, -suspiré.

Enseguida llegamos a la calle de la iglesia: era un callejón un poco más ancho que el resto, pero en el mismo mal estado. El portón principal era alto y de hierro, imposible de echar abajo o derribarlo. Mientras Anna me cubría, empujé fuerte.

-Nada.  Estará cerrado desde dentro, deberíamos encontrar otra forma de entrar.

-Imposible… parece que ésta es  la única entrada. No veo cómo lo podemos hacer.

Me quedé observando la fachada. El edificio era bastante grande y bien conservado a pesar del tiempo. A pesar de que este culto estaba ya casi extinguido, aún habían regiones del país donde se practicaba, y este centro de población parecía ser uno de ellos.

  Sin contar el campanario, mediría como unos tres pisos de alto. La parte de atrás parecía contener antiguas dependencias y habitaciones, y observé un pequeño balcón , próximo, y por debajo de un edificio contiguo al templo. No costaría mucho saltar desde la azotea del mismo hasta el balcón, y ya estaríamos dentro. Para bajar tan solo habríamos de deslizarnos desde la fachada hasta el suelo. Anna también se dio cuenta, así un simple gesto de asentimiento bastó para entendernos.

 

El edificio adyacente era un antiguo bloque de pisos aproximadamente de los siglos XX o XXI de la Edad pasada, nada raro dado el abandono que sufría este lugar por su elevada toxicidad. La puerta del portal estaba rota y dejaba ver el interior: dentro reinaba la oscuridad total, apenas se divisaban las escaleras que conducían a los pisos superiores y lo que parecían viejos periódicos estaban dispersados por el suelo. Guardé mi arma, ya que las estrechas paredes no dejaban mucha capacidad de maniobra, y  aparte de la linterna, saqué un pequeño cuchillo de caza que llevaba siempre en un costado de mi anorak. Aunque afuera la noche no era muy acogedora, no me gustaba mucho la idea de permanecer ahí dentro mucho rato.

-Será mejor que vayas delante,… -dijo Anna apuntando a las escaleras.

Comencé a subir lentamente. Las puertas de los pisos estaban cerradas. Ambos sabíamos que en su interior aún seguirían los antiguos inquilinos, poseídos hace ya tiempo por el virus.

 Cuando todo empezó, como es lógico la mayoría de la población decidió refugiarse en sus hogares,  estando ya infectada o haciéndolo más tarde, y contagiando de esta manera al resto de sus familiares. Dado que practicamente la totalidad sellaron las entradas, los antiguos inquilinos estaban condenados a vagar por las estancias pasar el resto de sus  no-vidas, por decir de alguna manera.

Llegamos, después de subir tres pisos, a la puerta que conducía a la azotea. Gracias a su mal estado, cedió al instante con un golpe de hombro. Mientras el viento hacía ondular su liso cabello, Anna me indicó donde estaba el balcón.

-Las damas primero.

No se lo pensó  dos veces, y de un grácil salto aterrizó en él sin demasiadas complicaciones. No tardé en seguirla.

Miré atrás, era imposible volver a alcanzar la azotea donde estábamos antes, quedaba muy por encima de nosotros, de manera que para volver habríamos de encontrar otro camino.

-Vamos. -la puerta de cristal que daba al interior estaba cerrada, pero bastó un empujón para abrirla. La habitación de dentro parecía tratarse de los antiguos aposentos de un clérigo. Una cama con dosel, hecha, se hallaba en una esquina, y aparte de numerosas imágenes religiosas no había mucho más en la habitación, exceptuando también las numerosas grietas que surcaban las paredes.

 -Busquemos el acceso al campanario, y después de echar un vistazo, salgamos rápido de aquí.

Derrepente oímos un ruido. Eran pasos, lentos pero constantes, alguien se estaba acercando por el pasillo que daba a la estancia. Anna quitó el seguro de su MA16, y yo me preparé para embestir a quienquiera que entrase.

La puerta se abrió lentamente, y una figura humana entró en la habitación. La oscuridad apenas dejaba ver su relieve. Apunté con mi linterna a su cara:  Tenía el aspecto de un hombre de avanzada edad; de un espeso pelo blanco. Carecía casi por completo de piel y carne en la cara dejando ver la diabólica sonrisa de un cráneo desnudo. Probablemente sería el antiguo dueño de las habitaciones, a juzgar por su vestimenta.

Se mantuvo quieto unos instantes mirando a través de mí con sus blancos ojos , y se abalanzó dispuesto a alimentarse. Antes de que me alcanzase le hundí el cuchillo de un golpe en la sien cosa que lo hizo parar en seco y desplomarse al suelo, no sin antes levantar débilmente su brazo hacia mí. 

 -Puede haber más, así que estate preparada.

-Ok. Como si no lo supiera…

Salimos al pasillo: el polvo, así como las tinieblas, cubrían todo por completo. El pasillo parecía continuar a derecha e izquierda, y como el campanario quedaba a la derecha ( dato conocido gracias al gran sentido masculino de la orientación ) cogimos ese camino. Al caminar, la madera crujía bajo nuestros pies pero parecía que el suelo iba a resistir.

Al girar una esquina, se presentaron ante nosotros unas escaleras de caracol y un acceso a lo que parecía ser el coro del edificio, que dominaba la parte superior de la estancia del templo.

-Ven, quiero ver esto un momento… – me pidió Anna, y la seguí a través del marco de la puerta. Desde aquí se podía ver toda la sala principal! Un viejo órgano yacía en la parte izquierda, también, testigo quizás del culto que hace años aquí se practicaba. Enfoqué al techo, formado por los característicos arcos, con la linterna. Recuerdo en mi infancia haber estudiado de que estilo serían estos arcos, dando así una fecha de construcción al edificio pero ya no me acordaba y este conocimiento poco importaba ahora.  Mediría unos treinta metros de altura, si no me equivocaba. Derrepente, mi compañera me sujetó del brazo.

-Erik, mira abajo!

Lo que ví me impresionó bastante: todo el suelo, donde tendría que haber estado la zona de bancos estaba cubierto por incontables mantas y sacos de dormir, donde junto a la gran mayoría había sacos y paquetes de diversos tamaños, probablemente enseres personales.

-Debieron de refugiarse aquí cuando ocurrió todo.

-Eso parece, -contesté.

Un sentimiento de terror me hizo estremecer cuando entendí lo que representaba cada una de esas ‘camas’.

-Sabes lo que esto siginifica..? -pregunté a mi compañera mientras observaba los cientos de mantas.

Anna comprendió lo que quería decirle. Las puertas, desde que las sellaron, jamás se habían abierto, y ella lo sabía.

No estábamos solos.

 

-Más vale darse prisa. -asintió.

 

Salimos de ahí y subimos las escaleras con rapidez. Cada vez ascendíamos más  hasta que una corriente de aire frío me indicó que ya estábamos llegando al final. Despúes de levantar la trampilla, nos encontramos en lo alto de la torre: desde aquí contemplábamos todo el lugar, varios cientos de metros a la redonda. Saqué por tanto mis prismáticos y comencé a observar: La mayoría de los edificios estaban en bastante mal estado, con las ventanas o las puertas hechas pedazos. Cientos de coches estaban atascados o accidentados en las calles pricipales, pero esto no era ninguna novedad. Todas las ciudades del planeta estaban apuntadas a la misma moda… la situación se descontroló muy rápido durante el maldito fin del mundo. Algunos componentes de la fuerzas de seguridad locales intentamos mantener el orden en las calles: eran frecuentes los disturbios noturnos,al principio, en el que una hambrienta población intentaba encontrar algo que llevarse a la boca en los comercios locales o ya de paso algún caro y lujuso electrodoméstico para su hogar. Pero cuando la epidemia se descontroló, la mayoría de policías y funcionarios dejaron de ir a sus puestos de trabajo con lo que la sociedad como la conocemos tocó a su fin. Los camiones que se encargaban de suministrar alimentos, combustible y productos a las ciudades dejaron de poder circular, y la electricidad dejó de llegar a los hogares. Las carreteras estaban colapsadas, llenas de coches vacíos, al igual que las calles. Las ciudades donde el virus se había extendido se convirtieron literalmente en mataderos, mataderos de personas, millones de ellas. De noche el único ruido que oía la gente refugiada en sus casas, aparte de algún grito en la oscuridad proveniente de muy lejos, eran pies arrastrándose. Miles de muertos vivientes reclamaban las calles y la carne de cualquier persona viva que aún pudiese quedar.

En cuanto a esta población local que podía divisar desde aquí, algunos pocos infectados estaban dispersos por las calles, aparentemente sin nada que hacer aparte de vagar… pero más adelante, a unos doscientos metros del lugar por donde habíamos entrado al pueblo, parecía que estaban celebrando algun tipo de fiesta, y de las grandes. Decenas de ellos se agolpaban fuera de lo que parecían ser unas naves industriales… y fuera, rodeado de un pequeño cráter, yacían dispersos los restos de lo que parecía un furgón. Quizas fuese uno de los dos que disponíamos en Nordway, aunque eso significaban bastante malas noticias. Le pasé los prismáticos a Anna y le indiqué donde mirar, mientras hablaba por la radio atada a mi muñeca.

-¡Dime, figura! -respodió Ben.

 -Ben, acercaos por aquí ahora mismo. He localizado donde puede estar el resto del equipo.

-Perfecto, tío! A Brian le gustará saberlo. Sam y yo vamos para allá, las cosas se están poniendo feas conforme nos adentramos en este sitio y francamente no me hace ninguna gracia.

Sin mucho que decir, bajamos rápido las escaleras, sacamos nuestras linternas y nos pusimos a avanzar hacia la habitación por la que habíamos entrado a este lugar. Avanzamos despacio, preparados para encontrarnos cualquier cosa. Derrepente, mi compañera me cogió del hombro.

-Espera! No oyes eso…?

Escuché detenidamente. Un ruido lejano parecía venir del fondo. Ahora se oía mejor, si, ¡eran sonidos de pasos! Cientos de pasos.

-Espera aquí!- susurré. Giré la esquina, preparado para lo peor. Enfoqué al suelo y fui subiendo el haz de luz. Varios infectados, muy descompuestos, avanzaban lentamente hacia donde nos encontrábamos. Casi podía ver la sonrisa en sus caras.

 

 

No poder escapar de donde me encuentro ha sido siempre parte de mis pesadillas, más que cualquier otra cosa. Quizás sea algún tipo de instinto.

Hasta más leer.