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Posts Tagged ‘apocalipsis’

12 Reein I

El taller se hayaba cerca de la entrada delantera de Nordway, un gran cobertizo en donde guardábamos nuestros vehículos y herramientas. Ahora un único furgón blindado estaba disponible, así que no nos lo podíamos permitir perder. Esta mañana bajaríamos a Reein en busca de algunos analgésicos y material médico, y así las chicas podrían practicar lo básico que habían aprendido durante estos días. Según creo, Sam y Ben les dieron nuevas radios para comunicarse y les explicaron el procedimiento habitual que seguíamos para encontrar suministros. Hacía dos días que habíamos celebrado la Navidad, por supuesto puramente pagana. Podía parecer extraño, pero no podíamos deshacernos de esta costumbre, y yo por mi parte necesitaba unos días así al año, en los que poder olvidar todas las preocupaciones que me ataban al mundo real. El tiempo de descanso habían pasado, y tocaba ponerse otra vez en marcha. Ahora el tiempo tendería hacia el calor, y mi parte más humana deseaba que llegase rápido, aunque mi parte más racional viviría siempre en estos meses del año.

Habíamos quedado al amanecer, y las chicas ya comenzaban a aparecer. 

-¿Que decías que le pasaba a Johnson? -le pregunté a Ben. -Según él nada, pero Abe y yo le hemos obligado a quedarse en la cama. No se encontraba muy bien esta mañana, de seguro fueron sus asquerosos champiñones..

-Habremos de prescindir de nuestro chófer. ¿Te ves capaz de sustituirle?

-Estás hablando con el rey al volante. De todas formas hemos hecho tantas veces el mismo trayecto que no tiene pérdida.

-Ok. Salgamos tan pronto como podamos.

Anna llegó corriendo.

-¡ Siento el retraso ! No me acordé de revisar las armas ayer.

-No llegas tarde, pero nos convendría darnos algo deprisa.

Las chicas acabaron de llegar. Los uniformes les apretaban un poco pero les estaban bien, y desde luego sin ningún matiz rojizo. Se notaba que eran nuevos.

-Dejad las armas en el suelo del furgón y subid todas. Ben y yo iremos delante, distraeros como podáis durante el viaje.

 

 

El pueblo de Reein, si es que esto llegaba a pueblo, seguía tan afectado por el paso de los años como siempre.  Torres altas de las que colgaban cables rotos, seguramente de comienzos del sistema de construcción controlado por inteligencia artificial, y calles estrechas donde los escombros adornaban todo como un cuadro macabramente abstracto era el paisaje que siempre había tenido. Nunca supe cuál era la función de este pueblo, aunque intuíamos que era una especie de enlace financiero entre la zona de explotaciones mineras cercanas y la zona urbana de las llanuras que había a varios quilómetros. De todas formas no contaba con demasiados edificios.

Ben detuvo en el vehículo al principio de la vía principal de entrada. Bajamos los dos, no haría falta que nadie se quedase en el vehículo, de momento. Anna y las chicas ya estaban fuera y repartiendo el equipo: todas llevaban enfundada una pistola de calibre ligero a un costado de la cadera, aunque por experiencia sabía que sólo era eficaz si el tiro acertaba por encima de la línea de los ojos. La única utilidad que tenía era la poca seguridad que ella te daba.

En cuanto a armamento, Sonia y una chica que no rondaría más allá de los 19, llevaban colgada a la espalda una especie de vara afilada por ambos extremos, la que parecía la tía dura del grupo una espada de un sólo filo y el resto dos cuchillas cortas al estilo de Anna, pero de un aspecto menos oriental. Desconocía que tuviéramos todo esto en Nordway, o al menos no recordaba haberlo adquirido. Daba igual.

-Tened en mente que hemos venido sólo para ver como están las cosas y que podáis explayaros, fundamentalmente, no esperéis llevaros gran cosa.  Hay un par de asuntos más que hemos de mirar pero de esto ya nos encargaremos Ben, Anna y yo. Nos dividiremos en tres grupos: vosotras dos, id con Ben a comprobar la señal de radio a la estación de radio, él ya os explicará, pero no es nada del otro mundo. Las tres que os encontréis más animadas id con Anna a limpiar la zona y el resto venid conmigo. Aunque no debería haber ningún jodido muerto por aquí no dejéis de mirar a vuestras espaldas, para cualquier cosa estaremos en contacto por radio.

-Acuérdate de barrer un poco y esas cosas, hombretón -a Anna le hizo gracia su comentario.

-Nos vemos en unas horas.. -se despidió Ben.

Las dos más jóvenes se fueron con él, mientras Anna se iba con las tres que tendrían más ganas de hacer ejercicio, o las únicas que no sabían lo que les tocaba. Al final me quedé con Sonia y Alice, la chica de los ojos violetas. Eran extraños, no recordaba haber visto ningunos ojos antes de este color tan antinatural. Que yo recuerde, sólo los poseían individuos albinos que habían nacido con los ojos azulados, pero que al crecer nos se habían vuelto del todo rojizos por la escasez de la melanina, dando este aspecto tan extraño. Su pelo era corto y negro, y lo llevaba bastante despeinado.

 

-¿Esperamos a alguien? – dijo la misma balanceando su espada.

Sonreí.

-Tenemos tiempo de sobra esta vez,  pero tienes razón, vámonos. Puedes guardar el arma, no nos encontraremos demasiados problemas por hoy.

-¿Adónde nos dirigimos? -preguntó Sonia haciendo inútiles esfuerzos en ahuecarse el traje a la altura del pecho, (el cual le quedaba bastante justo)  y mirando hacia lo alto de las torres. Sonia era una mujer bastante sencilla, nunca había tenido la oportunidad de entablar muchas palabras con ella, aunque siempre parecía estar de buen humor. Se encargaba de cuidar la pequeña granja que teníamos junto con Jessica y Cameron. Su pelo era castaño claro y bastante largo, tres palmos por encima de la cintura, y sus ojos de color verde hoja.

-Vamos al refugio que tenemos aquí en Reein. Es una especie de base avanzada fuera de nuestro pueblo, donde a veces pasamos la noche al volver de trayectos largos o que usamos como almacén provisional y que a lo largo de este tiempo lo hemos llegado a hacer bastante habitable. Lo encontramos cuando llevábamos ya tiempo saqueando este sitio y apenas quedaban infectados. Tuvimos suerte también, parece que cuando durante la epidemia toda la poca población que pudiese haber trabajando aquí abandonó sus puestos de trabajo hacia sus viviendas en las áreas urbanas. Está debajo del antiguo centro de control de este sitio, antes una zona bastante peligrosa, donde algunos ejecutivos que aquí quedaban vivos se refugiaron de los muertos.

-Y.. ¿ seguirían ahí dentro, no? Cuando entrasteis quiero decir.

-Sí, pero no salieron a recibirnos. Aunque aún les quedaba alimento y se refugiaron antes de contraer la infección, encontramos varios cadáveres con heridas graves, y uno con un cuchillo entre las descompuestas costillas. Creedme, no queréis saber más. En estos casos la locura es más peligrosa que el hambre. Los instintos humanos más básicos son los que más placer nos reportan, pero también los que más nos hacen sufrir.

No dijimos nada más y nos concentramos en avanzar discretamente por las calles. La nieve, aunque ahora bastante poca, dificultaba algo nuestros pasos. La brisa que atravesaba el valle acariciaba nuestros oídos.

 

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Ben andaba maldiciendo su suerte al haberse tropezado delante de sus dos nuevas compañeras, provocando risitas en ellas.

-¿Qué os hace tanta gracia? Ni que no os hubiera pasado nunca..

‘Perfecto, esto es un buen comienzo’ pensó, ‘yo les daba dos días en caer rendidas a mis pies suplicando que las protegiese’.

-Vamos, hemos de hacer un montón de cosas al llegar -su voz denotaba cierta conformidad.

Al poco de empezar a andar, Sally, la rubia diecinueveañera, pegó un pequeño grito. Al girarse, Ben contempló cómo un cadáver de medio cuerpo con los ojos vidriosos, y abiertos de par en par, que agarraba la pierna de ésta, saliendo de debajo de un coche. El frío lo paralizó, dejándolo el una posición estática. Con un suspiro, Ben partió su cráneo con la punta de su bota.

-Esa cosa.. esa cosa me ha cogido.. – Sally parecía momentáneamente paralizada.

Lucie, su inseparable compañera ( durante años andaban siempre juntas, no recordaba haberlas visto separadas en ningún momento) de pelo negro y lacio la miraba curiosa.

-Puede que haya más, estad atentas. Ya sabéis como usar vuestras armas, así que no podéis vacilar.

Continuaron andando un poco más. Un escaparate destrozado mostraba maníquíes corroídos por el paso del tiempo, en una pose orgullosa y vistiendo aún antiguos atuendos. Era una cruel sátira del tiempo en el que una vez existieron. A ésta le sucedieron algunos comercios más, en lo que parecía ser la pequeña calle comercial de la zona, donde ya apenas quedaba nada aprovechable.  Un ruido de pasos salió de dentro de una papelería, según el letrero. Un grupo de tres infectados, con las caras congeladas, salieron del interior levantando débilmente los brazos. Las chicas sacaron torpemente sus armas, mientras miraban horrorizadas a aquellos dos seres.

-Ah, ya no me acordaba. -Ben se dirigió al interior de la tienda, empujando con cada brazo a los dos infectados hacia atrás, donde se encontraban sus compañeras, y clavando un cuchillo en la sien del tercero mientras avanzaba. Cuando salió, estaba encendiendo un cigarrillo del paquete que llevaba en las manos, protegiéndolo del viento con las manos.

-Ah, menos mal que todavía quedan de éstos.

Las dos chicas lo miraron incrédulas, sujetando temblorosamente unas cuchillas recién manchadas de sangre. De no haberlas tenido acopladas a los brazos las habrían dejado caer.

-¿Qué pasa?                                          

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 Anna contemplaba como sus chicas derribaban a patadas la puerta de una vivienda, en el tercer piso de una de las torres. La luz que se filtraba entre la ventanas tapiadas del interior del piso dejaba ver como dos niños a los que les fataban batante carne en los brazos salían del interior. Mientras Anna se quedaba afuera, el resto entraron a abatirlos.

Cuando acabaron, Anna entró.

-Buen trabajo, pero la próxima vez intentad que los cortes en el cuello sean un poco más arriba, cerca de la cabeza. Ahí se desangran más rápido y la carne cede mejor. Buscad si queréis algo de utilidad y marchémonos.

Las demás se dirigieron al interior. Un grito de sorpresa, acompañado de un gemido, salió del fondo. Inmediatamente se oyó el carectirístico sonido del metal rasgando piel humana. (Bueno, supongo que no es tan característico, pero con el tiempo te llegas a acostumbrar e incluso alcanzar a estimar el grado de descomposicón de la carne según el sonido)

Anna entró en la habitación que tenía más cercana, que parecía una pequeña salita de estar. Varias fotografías, cubiertas por el polvo, se alineaban en la mesa. Cogió una que estaba caída, pasó la mano por encima de una de ellas, dejando ver las dos caras sonrientes de un matrimonio joven. Parecían felices, seguramente se acabarían de casar y comprar su pequeño pisito aquí, buscando un poco de tranquilidad y un lugar para vivir su amor. Esos tiempos jamás volverían y sus propias ilusiones sobre cómo sería el día de su boda, probarse el vestido y hacer la lista de invitados  pensó Anna, siempre serían eso, meras ilusiones. Dejó la fotografía bien colocada, y tras cerrar la puerta salió de la habitación.

 

 

¿Porqué, aunque añoramos el sitio donde nacimos, nunca volveríamos a vivir en él? Sólo vivimos de los recuerdos cuando és lo único que nos queda.

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Salí de casa mientras estaba amaneciendo. Uno de los grandes cambios  en tu vida cuando no dispones de toda la electricidad que desees, es que tu horario se reduce radicalmente a las horas de luz, ya que aunque puedas encender velas o pequeñas lámparas LED, poco hay que puedas hacer. Antes de la epidemia, quedarte sin luz o sin algo que hacer, hubiera sido una pesadilla, pero aquí todo el mundo se encontraba en la misma situación que tú.

Esta mañana había mucha menos nieve que hace unas semanas. Nevaría un par de veces más, pero era innegable que el calor estaba volviendo ya, para bien y para mal. Exceptuando restos de sangre, no quedaba ningún cuerpo en el interior del pueblo. Las chicas habían hecho bien su trabajo. No había nadie fuera de sus casas tampoco, así que me senté en uno de los bancos de la pequeña plaza y me puse a esperar, mientras contemplaba el sol salir a lo lejos. El mero hecho de ver salir el sol otra vez más significaba un día más que había logrado sobrevivir, un día más que había vivido como un intruso en un mundo que ya no me pertenecía. Al menos no mientras estuviese vivo.

Oí unos pies arrastrándose en la nieve, y sin verlo pude adivinar que se trataba de Sam.

-Buenos días.

-Qué tal. ¿Sigues echando de menos Cuba?

-Sí, es un mal hábito que tengo la manía de mantener. Y tú, ¿sigues siendo fan de los Lakers?

-Hasta la muerte.

-Ja. Bueno dime, ¿le comentaste a Anna como lo haríamos?

-Si, a ella también le parece bien. No sé como va a salir ésto, pero espero que al menos alguna de las chicas sea tan buena como ella. Mira, por ahí viene.

Después de ella no tardaron en aparecer las demás chicas y mujeres. El resto de personas también empezaba a salir de sus casas para dirigirse a sus tareas.

Cuando ya estuvieron todas, Sam comenzó a hablar:

-Supongo que nadie se ha equivocado y sabéis a lo que venís. Si queréis formar parte del equipo de asalto, tendréis que dedicaros a salir ahí fuera y saquear los desechos de lo que antaño fue nuestra civilización, por el bien del resto del pueblo. Lo que hay ahí fuera no es ningún secreto, todos los que llegamos hasta aquí hemos vivido para contarlo, o al menos los pocos que quedamos. No se tratará sólo de bajar, cargar todo lo que se pueda y salir cagando leches antes de que aparezca ningún infectado. No. Los centros de las grandes ciudades y comunidades están a rebosar de infectados que se reaniman en cuanto aparece algún rastro de vida. Deberéis infiltraros de noche en antiguos hogares, a veces con la única ayuda de una linterna y vuestro cuchillo sólo para salir con las manos vacías o una bombilla en el mejor de los casos. Deberéis ser capaces de pasar corriendo entre una marea de cientos de muertos vivientes para poder huir, y lograr contener a varios de ellos vosotras solas.  El consuelo es que puede que no viváis mucho para tener que aguantarlo. Ahora, si de verdad estáis dispuestas, nosotros os enseñaremos todo lo que necesitaréis. ¿Conformes?

Nadie puso ninguna objección. Me fijé un poco más en ellas: no eran las típicas amas de casa de antaño, cuya máxima aspiración en la vida era tener algún cotilleo que contar por teléfono a sus amigas. Éstas, algunas demasiado jóvenes para haberse sacado hace tiempo la licencia de conducción o saber crear una puerta lógica, inspiraban seriedad y el rostro de seguridad en si mismas, pese a sus cortos años. Sus curvas reflejaban la esbeltez curtida por su trabajo en Nordway de los últimos años, y aunque su sonrisa era habitual, la profundidad de sus ojos no conseguía engañar la inocencia que intentaban transmitir.

-Bien. Sois siete, así que no vamos a tener problemas de número.. divideremos el entrenamiento en tres partes.  Erik y Anna se encargarán de la más importante, vuestra preparación física. Erik en la especialidad del cuerpo a cuerpo y Anna a distancia, para la que si no conseguimos municiones pronto no os hará falta practicar demasiado. Es obvio que tardaréis varios meses en alcanzar el máximo rendimiento, pués debereis entrenar vuestros cuerpos para ganar masa muscular. Por mi parte haré que os aprendáis de memoria la geografía de caminos, núcleos de población de la zona y principales sectores de suministros, así como dónde hemos establecido pequeñas bases para pernoctar y en caso de emergencia, de ello depende vuestro descanso y vuestro refugio.

Hizo una pausa y nos miró.

-Todas vuestras. Nos veremos por la tarde.

Después de las explicaciones pertinentes (ya estaban siendo demasiadas, según mi opinión)  y adquirir la equipación deseada, partimos al bosque de la zona norte de la antigua reserva y expliqué sobre los ejercicios, movimientos básicos y utilidades de cada arma. Por ahora dejaría que se familiarizasen un poco con todas, antes de que cada una eligiese la que le fuese mejor, o simplemente le gustase más. Por supuesto también se tenían que adaptar al físico de cada una, que por supuesto también se había de mejorar, en cuanto a fuerza física claro. Practicaríamos también algo de puntería lejos de aquí, seguramente los bosques fueran la mejor opción, ahí es donde se amortigua mejor el sonido. Dentro de un tiempo, cuando estuviesemos más preparados saldríamos a Reein y combatirían con  los infectados congelados que aún quedasen tirados por ahí, ya tendrían tiempo de sobras para practicar. Ahora era problema suyo y por mucha cara bonita que tuvieran no iban a darme ninguna pena.

 

-Bonita decoración – Anna se quedó en la puerta mientras iba hacia la estantería a buscar el archivo con información médica que me prestó.

-Pasa si quieres, pero cierra la puerta. Si no esto se quedará frío hasta la noche.

Se sacudió la nieve del abrigo y entró. Parecía seguir impresionada por las armas y cuadros que sencillamente decoraban las paredes, pero rápidamente desvió su mirada hacia la estantería.

-¡Vaya! Nunca pensé que tendrías tantos libros, hacía años que no veía tantos juntos.. debes de acumular aquí la casi todos los que hay en Nordway. ¿ los trajiste todos de las incursiones?

No le respondí. Recordé las sensaciones que tenía al buscarlos, y cuando por fin encontraba uno la emoción que sentía al comprobar que sus páginas eran todavía legibles.

-Hace años del último que leí.. ¿me prestas alguno?

-Claro. Elige el que quieras, tómate tu tiempo.

Dejé encima de la mesa la equipación que había estado usando esta mañana, y abrí la puerta para salir.

-Me voy a casa de Ben, hace un rato que me están esperando y no quiero que se les enfríe la comida por mi culpa.

-De acuerdo. ¡Pero recomiéndame alguno antes de irte!

La pregunta me pilló por sorpresa por lo evidente que era para mí.

-Lo siento, pero no he leído ninguno.

 

 

-¡Buen provecho, señores!

Abraham empezó a dar buena cuenta de su ración. Según veía la caza en el bosque había sido un éxito, y hoy había conejo para comer.

-Mmm.. no está nada mal Johnson, he de reconocer que hoy es más que comestible.

Johnson frunció el ceño de forma sarcástica. Ya que a nadie nos gustaba, organizábamos turnos para cocinar, pero nuestros gustos eran bastante distintos, y cuando digo bastante es bastante.

-Ya te dije que secar las setas para el invierno era buena idea, pero como no parabas de  quejarte no te enteraste. Esta variedad es muy difícil de encontrar y..

-Bueno, bueno, ya lo he entendido. 

-¡Ah! Ahora que me acabo de acordar -interrumpió Ben, -Abe, cuéntale a Erik lo que vimos esta mañana en el bosque.

Abraham sonrió.

-Es verdad. ¡Una caseta de árbol! Colgada de una rama, y pintada de colores, -Jonhson puso una expresión como pidiendo paciencia, -creo que intentando dibujar alguna bandera, quizás Australiana. Había una especie de pájaro raro cerca, con muchos colores, que quizás se hubiese metido o le hubiese podido disparar para la cena de no haberlo auyentado ese disparo vuestro.

Ben saltó  y comenzó a discutir con Abraham acerca de la nacionalidad de la bandera. Me había sorprendido el hecho de que hubiesen podido ver un ave tropical en estos bosques ( el virus había tenido un efecto letal para la mayoría de ellas, así como de otras muchas otras especies de animales que misteriosamente ya habíamos dejado de ver, o habían cambiado demasiado para reconocerlas). Realmente, la fauna de este planeta, se había transformado mucho, y después de tanto tiempo aquí no podríamos saber cuánto.

-Abraham – comentó Jonhson mientras masticaba – hacía tiempo ya que habían dejado de practicar, lo asustaste tú sólo cuando te acercaste corriendo y resoplando.

Se quedó callado un momento, con lo que Ben aprovechó para reivindicar que además de ciego, sordo y gordo. La probabilidad de que hubiese sido un disparo que no fuera nuestro era cero, me inclinaba más por la teoría de Jonhson.  La especie humana como la conocimos dejó de existir hace mucho.

A veces, soñaba que todo había sido una larga pesadilla y que despertaba en mi antigua casa, en mi piso de la infancia. Derrepente me encontraba en mitad de la calle que siempre recorría para ir al colegio. Todo seguía como hacía años, la misma gente en los mismos sitios, la misma gente haciendo la misma ruta que yo como cada mañana. Pero nadie hablaba, todo estaba en silencio. Era un mundo gris, un mundo donde no había nada que decir ni nada que hacer, donde todo era como un bucle que se repetía infinitamente. Yo no pintaba nada ahí, y cuando intentaba mirar a alguien a la cara sentía un extraño sentimiento en mi interior, un sentimiento que me decía: ‘ ¿Qué haces aquí? Este mundo pertenece ya al olvido, y en el olvido se ha de quedar. Ahora que has llegado, permanecerás en este lugar para siempre, pues no existe salida alguna’

Cuando me despertaba, con un terror incomprensible, lo recordaba todo muy vagamente, como si hiciera años que hubiese transcurrido pero en verdad hubiese sucedido.

 Aún siendo conscientes de nuestra propia locura, nos podemos llegar a convencer a nosotros mismos de la veracidad de algo que realmente no lo es, hasta el punto de creérnoslo e incluso de llegar a tener una imagen clara en la mente de dicho recuerdo, como una adolescente se llega a creer que es correspondida por el chico mas popular de su clase, quien no sabe ni siquiera su nombre. No es un comportamiento lógico, pero la mente humana tiene estas vías de escape para poder ser feliz, y es realmente útil. Sin nada que desear ni nada a lo que aspirar, ni nada a lo que temer, la vida no tiene demasiado sentido.

 

    Infestación

 

 

Hasta más leer. 

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Cuando llegué a casa ya empezaba a oscurecer. Había pasado un rato con Ben en el taller, pero me había acabado quedando más de lo previsto, cuando estás entretenido el tiempo pasa mucho más rápido… ninguno de los dos habíamos trabajado en uno antes en nuestras anteriores vidas, pero nos las arreglábamos bastante bien con un par de manuales y archivos electrónicos de un taller de Reein, propiedad de un tal Charlie al que por supuesto le estábamos muy agradecidos. Se aprende mucho más rápido por necesidad y por interés que por obligación o deber.

No era cuestión de malgastar las baterías si luego quería algo de luz, así que cuando cerré la puerta encendí un par de velas y me puse algo de ropa un poco menos sucia  para la reunión de esta noche en el centro del pueblo. En cuanto estuve listo, salí afuera, (donde ya empezaba a refrescar seriamente por haberse ido el sol) y me dirigí a casa de Ben, Abraham y Jonhson. Mi sitio preferido para pasar largas veladas nocturnas jugando al póker y discutiendo que tía del pueblo era  la que se llevaría más puntos este verano. La verdad es que físicamente todas compartían rasgos femeninos bastante parecidos, era un tema bastante complicado y trascendental.

Al llamar a la puerta abrió Ben, como siempre.

-Nos estábamos empezando a aburrir. Espera, que ahora vienen los demás.

-Que se lo tomen con calma. No seremos los últimos. A propósito, ¿te quedan un par de cervezas?

-Sí claro, cógelas cuando quieras, ya sabes donde están. ¡Pero aprovéchalas bien!  Puede que sean las últimas que pruebes.

Cada vez el sabor era más horrible. Hacía tiempo que había pasado la fecha de caducidad del último lote que se fabricó, y se empezaba a notar en el sabor, que las volvía más amargas de lo que ya eran. Sólo gracias al frío se habían mantenido decentemente bien.

-Habla por tí, chico, -una voz anormalmente grave sonó mientras se cerraba la puerta de entrada – yo por mi parte no pienso darme por vencido. Pienso poner a trabajar a esos malditos muertos en una destilería se hace falta.

Me hacían bastante gracia los comentarios de Abraham. Era un hombre físicamente grueso que vestía siempre la típica chaqueta a cuadros que todo camionero que se precie tenía, y de personalidad bastante sencilla. Anteriormente poseedor de un rancho a pocos quilómetros de aquí, ahora se dedicaba a dirigir la agricultura del pueblo. Fué de los primeros en establecerse en Nordway, y gracias a él tenemos una agricultura y ganadería más o menos decente.

-Ah, si hay algo que hecho de menos, es la buena comida. Un hombre como yo es incapaz de vivir a base de avena, almendras y verduras. Mataría por un buen estofado de mi buena esposa, que en paz descanse. Ah, aún puedo recordar su irresistible olor a carne y especias.

-Ja ja ja, creo que hay buena gente de ahí afuera comparte tus gustos a la perfección. Sal un rato con ellos y charlad tranquilos sobre temas gastronómicos, prometo no molestar.

 No me hacían maldita gracia este tipo de bromas.

-Alguien como tú no sabe apreciar la buena cocina, -respondió Abraham, -más te valdría cerrar la boca.

-Dejadlo ya, -dije mientras acababa de salir el resto, – o llegaremos los últimos, y tenemos una cierta imagen que mantener. 

home, sweet home

En el centro del asentamiento, justo delante de la plaza principal, se hayaba nuestra pequeña plaza de reuniones, donde en el centro de la misma se hayaban dos grandes abetos ahora nevados y la cual estaba rodeada por pequeñas casitas de madera, las primeras que edificamos. Diversos bancos y porches cubiertos se hayaban pegados a las mismas, de manera que cuando hacia buen tiempo, o no tanto, siempre podías encontrar compañía con la que descansar. Para funciones de taberna, uno de los almacenes hacía funciones de la misma, que disponía de pequñas mesas y asientos de madera ( todo confeccionado por nosotros mismos )  pero cuyo aforo era bastante limitado.

Estaba oscureciendo, así que algunas antorchas estaban colocadas iluminando el espacio. No podíamos permitirnos más luz, cualquier infectado podría verla en la oscuridad de la noche y arrastrar detrás de sí cientos de ellos. Por el mismo motivo sólo podíamos encender fuego durante la noche, y siempre a resguardo dentro de nuestras casas, el humo en el cielo se veía bastante durante el día.

La mayoría de los que ahora éramos nos encontrábamos ahí, dispersos en pequeños grupos.  Al verme, Jessica vino y la efusividad con la que me saludó me dejó bastante sorprendido, provocando las risas y comentarios de mis compañeros al volver despues con sus amigas. Cuando por fin llegó Wilson, acompañado de Brian y sujetando un papel que había estado confeccionando apoyado en una lámina de madera (quedaba bastante ridículo, pero daba un ambiente más distendido ), puso al corriente al resto de la gente de las tareas que había que realizar. A segurar la verja norte, muy debilitada últimamente y  la necesidad de conseguir municiones , medicamentos y demás, eran las actividades con más urgencia. Mientras hablaba oí un ruido extraño proviniente de la verja relativamente más cercana, aunque se encontraba algo lejos. Probablemente los infectados, al sentir la carne, sentirían mas ira que nunca. Cesó derepente, así que no le di más importancia.

-..así que necesitamos más gente para este equipo. Disponemos de suficiente alimento, la caza de las últimas semanas no ha ido mal, pero urge encontrar municiones y personal con habilidades de combate y que se dedique a traer suministros desde el exterior. Las voluntarias que se presenten, serán puestas al día en tema de armamento, combate y conducción, así como lo básico para guiarse y el emplazamiento de nuestros refugios fuera de aquí, por parte de los miembros originales del equipo. El entrenamiento comienza mañana.

Tres chicas jóvenes, de las que formaban parte la mayoría del grupo que se encargaba los cultivos de la zona, ahora sin apenas trabajo, se presentaron voluntarias. No me sorprendió que las tres aún llevaran su anillo de compromiso puesto, cuando no tienes nada que perder el miedo a la muerte desaparece por completo, así como otras necesidades que en otros tiempos creías básicas.

 Como parte de su trabajo lo hacían fuera de las verjas de la reserva, en los cultivos exteriores, conocían minímamente algo de defensa y vigilancia, así que no sería un problema lidiar con algo más avanzado, no me llebaba nada mal con ellas además. Segundos después, Sonia, seguida de una bastante joven ¿tendría la mayoría de edad ya? y otra de aspecto neo-punk (Alice se llamaba), de extraños ojos morados mostraron su deseo de apuntarse o alistarse,como se quiera ver, cualquier palabra sirve. Wilson respondió unas cuantas preguntas más y las siete se fueron con Anna a enterarse de todo lo que deberían de traer mañana, en que consitiría y demás, aunque no era nada que no supieran.

 Derrepente, divisé una figura a lo lejos, entre la maleza, caminando hacia aquí torpemente. Por la falta de carne en su cara y las manchas de sangre en su ropa, supe inmediatamente que no era uno de nosotros. Cuando ví que varios infectados más le seguían, supe que la verja había caído. Un pequeño punto de adrenalina apareció en mi cuerpo, así como un esbozo de sonrisa.

 

Hasta más leer.

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Después de haber dormido un par de horas más, me desperté  completamente despejado. Encendí la luz de la lamparita de mi mesa, me puse unos tejanos, mi camiseta preferida de los AC Metal y un chaqueta del ropero y subí al piso de arriba. La luz del sol, de mediodía aproximadamente, se filtraba por las ventanas, por lo que que quería decir que había dormido más de lo debido. Hoy haría un buen día, aunque era raro que el cielo no estuviera completamente cubierto, lo dejaríamos en que había sido un regalo de la naturaleza. 

Tenía hambre, pero como no me apetecía moverme de casa di buena cuenta de las galletas que preparamos la semana pasada y varias almendras de un saco que en su momento coloqué en una esquina para casos como éste ( ahora me daba cuenta que sin la agricultura transgénica, nunca habría sido posible cultivar nada de esto en este clima). Mientras devorava mis provisones desde el sofá, cotemplé mi salón. Había bastantes muebles que había construído yo mismo: Una pequeña estantería, con varios libros sobre diversos temas, desde cocina a mecánica, pasando por varias novelas, se hayaba en la parte central de la pared. Varios armarios, (de los que tenía que revisar las bisagras, no se me daba demasiado bien esta parte de la fabricación de muebles) se disponían a los lados, los cuales contenían diversas herramientas y víveres para pasar el invierno, así como diversas cosas de antes de la epidemia que había ido recogiendo en las salidas que hacía.

Y, como no podía faltar, mi equipo de combate, armas y munición tenían un lugar destacado en mi estancia.  Dado el uso que le daba, mi chaleco de protección, el cual tendría que reparar o cambiar de esta última salida, colgaba de la pared,  y encima de él una balda con todo tipo de machetes y armas blancas mostraba mis preferencias a la hora de destrozar infectados. Encima de éstas, mi espada estaba sujeta a la pared como si de exposición sirviese ( ahora mismo su aspecto lo era todo menos impecable y limpia, pero de eso ya me ocuparía más tarde).  Una cómoda al lado de esto contenía un par de pistolas, una escopeta y un rifle automatico, con escasa munición, además de un par de explosivos.  Habiendo millones de zombies vagando por la tierra, dormía bastante más seguro de esta manera. Aunque estuviese tan bien ‘decorada’, apenas pasaba tiempo durante el día aquí. Siempre acababa comiendo en casa de Ben y Jonhson o en el pequeña taberna-comedor que disponíamos en el pueblo, pero hasta esta vivienda me arrastró el destino hace algún tiempo…

 Hoy, después de los sucesos de ayer, no realizaríamos ninuna misión fuera de los límites de la valla, por lo que me intención era dedicarme, junto con Ben, a continuar trabajando en el motor de energía oscura que estábamos montando. A finales del siglo XX, se descubrió que más del 95% de la materia del universo estaba formada por energía y materia oscura, que tendía inevitablemente a la expansión y homogeneización en el universo, al tener una presión negativa sobre el resto de la materia. Durante la crisis energética, un gupo de científicos descubrió como producir materia oscura mediante la materia normal, condensando pequeñas cantidades de energía sobre una ínfima parte de materia cualquiera, y cómo al condensarla se alcanzaban densidades energéticas increíbles. El inconveniente, era su alto coste de producción y su poco interés comercial, por lo que este suceso pasó totalmente desapercibido para el mercado. Este motor ( o conversor de energía oscura) tenía algunas piezas rotas, pero si lográbamos arreglarlo (su funcionamiento era bstante sencillo, el inconveniente era la parte mecánica) y montarlo en uno de los vehículos que disponíamos en el taller, dispondríamos de una autosuficiencia para nuestras salidas bastante ventajosa. De esta manera, evitaríamos tener que depender de los restos de gasolina que quedaban por los vehículos abandonados de pueblos y núcleos urbanos, nuestra principal fuente de energía. Para salir de esta miseria tecnológica, no podíamos estar siempre saqueando los recursos sobre los que estaba construida nuestra antigua civilización.

Después de encontrarme satisfecho, me dirigía a salir, cuando derrepente llamaron a la puerta.

-Está abierto. -Carl entró a la habitación. Llevaba puesta su chaqueta de tela preferida y su eterna gorra. Su barba daba el toque de estilo perfecto que le habría hecho pasar por un habitante propio de la región tiempo atrás.

-Buenos días, Erik. Me alegro de que hayáis vuelto enteros. No conozco los detalles, pero ya estoy más o menos al corriente.

-Nos espera una epoca dificil..

En ese momento caí de la responsabilidad que tenía en mis manos. Ahora que sólo quedabamos nosotros en el equipo, toda la labor de mantener nuestro pequeño pueblo y de protegerlo caía en nosotros. No nos podíamos permitir el largo descanso de la muerte, en ningún caso.

– Sabes que estoy siempre disponible. Todos lo estamos. Además, de vez en cuando aún siento nostalgia del exterior, hace ya mucho tiempo que no salgo de aquí, sabes?

– De eso nada, tienes ahora una hija que cuidar y no voy a permitir que te pongas el uniforme. Ya te puedes ir haciendo a la idea, – le dije sonriendo.

Carl puso una mirada de agradecimiento.

– Oye, Wilson te estaba esperando. Van a estar todo el resto del equipo de asalto en diez minutos, y me pidió que te avisara. Supongo que será algo más del informe habitual, dados los últimos acontecimientos. Y Brian no ha debido de pegar ojo, porque está tan al humor como de costumbre, o peor.  No llegues tarde.

-Gracias. Nos vemos luego.

Tras arreglar un par de cosas, salí fuera. El aire frío de montaña llenó mis pulmones, a la vez que contemplaba el blanco paisaje nevado. Nunca me hubiese imaginado nunca que una antigua reserva de grizzlies se acabaría convirtiendo en lo que hoy es mi hogar. Antes de la epidemia, sólo existía lo que hoy es la casa principal, donde Wilson, el guarda forestal de la zona, vivía, algunas cabañas de madera viejas y tétricas para algún tipo de campamento veraniego y una débil valla que rodeaba toda la zona y nos protegía de los infectados. Ahora, varias casitas, cultivos y establos eran el único asentamiento con gente viva que había visto en años. El perímetro que comprendía era bastante extenso, la mayoría con una vegetación frondosa que nos cubría de miradas ajenas, a excepción de  la parte central de viviendas y pequeñas zonas, así como algunos caminos. Rodeando la reserva, una sólida verja metálica nos protegía, y en algunos tramos la habíamos ido sustituyendo por empalizadas de madera (también cada poco había pequeñas atalayas ), aunque era una labor bastante costosa. Algunos cultivos se hallaban en el interior, pero buena parte de ellos también se encontraban fuera, tiempo tenímos mucho, pero no pasaba lo mismo con el alimento. Los muertos habían reclamado el resto del mundo, pero nunca lograrían entrar aquí mientras siguiera con vida.

En cuanto a cómo logré encontrar este lugar, no hay mucho que contar. Bueno, de hecho se podrían escribir varios libros, pero no es nada que merezca la pena escuchar. Como el resto de las personas que aquí vivíamos, un día, encerrado en un viejo hotel de carretera, cuando creía estar solo en el mundo, escuché en mi radio una señal de baja frecuencia donde una grabación con la voz de Wilson  informaba de la existencia de un lugar donde poder ir, y donde no estarías solo. Todos estaríamos siempre agradecidos por el día en que nos dió a bienvenida al recién bautizado Nordway, donde encontramos una cama, comida, y la única compañía humana que habíamos visto en meses. A medida que empezó a llegar gente, Wilson se convirtió casi sin darnos cuenta en la principal autoridad de nuestro pueblo, pese a que él siempre insistió en votar al gobernador del pueblo, por llamarlo de alguna manera, ya que nuestro pueblo parecía un antiguo asentamiento de colonos norteamericanos. Tantos años y la arquitectura seguía siendo la misma que hace cinco siglos. Pero me gustaba.

Me puse en camino de la antigua casa del guardabosques, mientas intentaba recordar y silbar una de esas canciones que aprendí en mi infancia y hacía mucho tiempo que  había olvidado.

 

Empezaremos a retomar el ritmo de escritura de al menos una vez a la semana después de estas vacaciones. Parece increíble lo bien que sienta desconectar unos días de la rutina de siempre.

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 Tras un par de minutos, alcanzamos los restos de una vieja calle, donde vehículos destrozados y polvo se amontonaban. No se veía a nadie de momento. El silencio y la niebla, nuestra aliada, continuaban presentes. 

-Joder, este puto sitio da escalofríos- se quejó Ben. -No es el mejor lugar para ponerse a hacer turismo. Además, a saber cuántos tóxicos diferentes estamos respirando a cada segundo. Por nada del mundo hubiese vivido aquí.

-Oh, vamos, si lo estabas deseando -me reí- no son las vacaciones soñadas en el Caribe que deseabas, pero no me digas que no se parecen.

-Oh sí, igualito.

 -Basta! Habría que apresurarse, -sentenció Sam. -creo que lo mejor será dividirnos, tendremos más radio de búsqueda – aconsejó- Erik, Anna, creo que lo mejor sería intentar llegar hasta aquel antiguo templo- señaló un alto campanario que destacaba entre el resto de los edificios- y echar un vistazo, la zona no es muy extensa. Cualquier cosa que veáis comunicádnosla. Ben y yo buscaremos cualquier rastro de la expedición por los alrededores. 

 -Ok. Tan pronto hayamos subido, nos reuniremos con vosotros. – Anna se puso en camino, y cuando me disponía a seguirla, Sam me llamó y me di la vuelta.

-Cuida de ella, chico. 

Giré la cabeza y continué caminando.

Nos adentramos en las profundidades del pueblo.  Estábamos en tensión, en cualquier momento algún infectado podía saltar de cualquier edificio o estar esperando detrás de la siguiente esquina. Dado que yo estaba más especializado en el cuerpo a cuerpo, debía ir delante, pero más preparado que para la lucha debíamos estar para la huída.

– Es raro que no nos hayamos encontrado todavía con ningún infectado. Normalmente es poner un pie en tierra y ya los atraemos…

 -Mejor así, este sitio no me inspira muchos ánimos para combatir. De todas formas en esta época del año estarán como carámbanos helados la mayoría, y con estas temperaturas tan extremas no es de extrañar.

-Tienes razón, -suspiré.

Enseguida llegamos a la calle de la iglesia: era un callejón un poco más ancho que el resto, pero en el mismo mal estado. El portón principal era alto y de hierro, imposible de echar abajo o derribarlo. Mientras Anna me cubría, empujé fuerte.

-Nada.  Estará cerrado desde dentro, deberíamos encontrar otra forma de entrar.

-Imposible… parece que ésta es  la única entrada. No veo cómo lo podemos hacer.

Me quedé observando la fachada. El edificio era bastante grande y bien conservado a pesar del tiempo. A pesar de que este culto estaba ya casi extinguido, aún habían regiones del país donde se practicaba, y este centro de población parecía ser uno de ellos.

  Sin contar el campanario, mediría como unos tres pisos de alto. La parte de atrás parecía contener antiguas dependencias y habitaciones, y observé un pequeño balcón , próximo, y por debajo de un edificio contiguo al templo. No costaría mucho saltar desde la azotea del mismo hasta el balcón, y ya estaríamos dentro. Para bajar tan solo habríamos de deslizarnos desde la fachada hasta el suelo. Anna también se dio cuenta, así un simple gesto de asentimiento bastó para entendernos.

 

El edificio adyacente era un antiguo bloque de pisos aproximadamente de los siglos XX o XXI de la Edad pasada, nada raro dado el abandono que sufría este lugar por su elevada toxicidad. La puerta del portal estaba rota y dejaba ver el interior: dentro reinaba la oscuridad total, apenas se divisaban las escaleras que conducían a los pisos superiores y lo que parecían viejos periódicos estaban dispersados por el suelo. Guardé mi arma, ya que las estrechas paredes no dejaban mucha capacidad de maniobra, y  aparte de la linterna, saqué un pequeño cuchillo de caza que llevaba siempre en un costado de mi anorak. Aunque afuera la noche no era muy acogedora, no me gustaba mucho la idea de permanecer ahí dentro mucho rato.

-Será mejor que vayas delante,… -dijo Anna apuntando a las escaleras.

Comencé a subir lentamente. Las puertas de los pisos estaban cerradas. Ambos sabíamos que en su interior aún seguirían los antiguos inquilinos, poseídos hace ya tiempo por el virus.

 Cuando todo empezó, como es lógico la mayoría de la población decidió refugiarse en sus hogares,  estando ya infectada o haciéndolo más tarde, y contagiando de esta manera al resto de sus familiares. Dado que practicamente la totalidad sellaron las entradas, los antiguos inquilinos estaban condenados a vagar por las estancias pasar el resto de sus  no-vidas, por decir de alguna manera.

Llegamos, después de subir tres pisos, a la puerta que conducía a la azotea. Gracias a su mal estado, cedió al instante con un golpe de hombro. Mientras el viento hacía ondular su liso cabello, Anna me indicó donde estaba el balcón.

-Las damas primero.

No se lo pensó  dos veces, y de un grácil salto aterrizó en él sin demasiadas complicaciones. No tardé en seguirla.

Miré atrás, era imposible volver a alcanzar la azotea donde estábamos antes, quedaba muy por encima de nosotros, de manera que para volver habríamos de encontrar otro camino.

-Vamos. -la puerta de cristal que daba al interior estaba cerrada, pero bastó un empujón para abrirla. La habitación de dentro parecía tratarse de los antiguos aposentos de un clérigo. Una cama con dosel, hecha, se hallaba en una esquina, y aparte de numerosas imágenes religiosas no había mucho más en la habitación, exceptuando también las numerosas grietas que surcaban las paredes.

 -Busquemos el acceso al campanario, y después de echar un vistazo, salgamos rápido de aquí.

Derrepente oímos un ruido. Eran pasos, lentos pero constantes, alguien se estaba acercando por el pasillo que daba a la estancia. Anna quitó el seguro de su MA16, y yo me preparé para embestir a quienquiera que entrase.

La puerta se abrió lentamente, y una figura humana entró en la habitación. La oscuridad apenas dejaba ver su relieve. Apunté con mi linterna a su cara:  Tenía el aspecto de un hombre de avanzada edad; de un espeso pelo blanco. Carecía casi por completo de piel y carne en la cara dejando ver la diabólica sonrisa de un cráneo desnudo. Probablemente sería el antiguo dueño de las habitaciones, a juzgar por su vestimenta.

Se mantuvo quieto unos instantes mirando a través de mí con sus blancos ojos , y se abalanzó dispuesto a alimentarse. Antes de que me alcanzase le hundí el cuchillo de un golpe en la sien cosa que lo hizo parar en seco y desplomarse al suelo, no sin antes levantar débilmente su brazo hacia mí. 

 -Puede haber más, así que estate preparada.

-Ok. Como si no lo supiera…

Salimos al pasillo: el polvo, así como las tinieblas, cubrían todo por completo. El pasillo parecía continuar a derecha e izquierda, y como el campanario quedaba a la derecha ( dato conocido gracias al gran sentido masculino de la orientación ) cogimos ese camino. Al caminar, la madera crujía bajo nuestros pies pero parecía que el suelo iba a resistir.

Al girar una esquina, se presentaron ante nosotros unas escaleras de caracol y un acceso a lo que parecía ser el coro del edificio, que dominaba la parte superior de la estancia del templo.

-Ven, quiero ver esto un momento… – me pidió Anna, y la seguí a través del marco de la puerta. Desde aquí se podía ver toda la sala principal! Un viejo órgano yacía en la parte izquierda, también, testigo quizás del culto que hace años aquí se practicaba. Enfoqué al techo, formado por los característicos arcos, con la linterna. Recuerdo en mi infancia haber estudiado de que estilo serían estos arcos, dando así una fecha de construcción al edificio pero ya no me acordaba y este conocimiento poco importaba ahora.  Mediría unos treinta metros de altura, si no me equivocaba. Derrepente, mi compañera me sujetó del brazo.

-Erik, mira abajo!

Lo que ví me impresionó bastante: todo el suelo, donde tendría que haber estado la zona de bancos estaba cubierto por incontables mantas y sacos de dormir, donde junto a la gran mayoría había sacos y paquetes de diversos tamaños, probablemente enseres personales.

-Debieron de refugiarse aquí cuando ocurrió todo.

-Eso parece, -contesté.

Un sentimiento de terror me hizo estremecer cuando entendí lo que representaba cada una de esas ‘camas’.

-Sabes lo que esto siginifica..? -pregunté a mi compañera mientras observaba los cientos de mantas.

Anna comprendió lo que quería decirle. Las puertas, desde que las sellaron, jamás se habían abierto, y ella lo sabía.

No estábamos solos.

 

-Más vale darse prisa. -asintió.

 

Salimos de ahí y subimos las escaleras con rapidez. Cada vez ascendíamos más  hasta que una corriente de aire frío me indicó que ya estábamos llegando al final. Despúes de levantar la trampilla, nos encontramos en lo alto de la torre: desde aquí contemplábamos todo el lugar, varios cientos de metros a la redonda. Saqué por tanto mis prismáticos y comencé a observar: La mayoría de los edificios estaban en bastante mal estado, con las ventanas o las puertas hechas pedazos. Cientos de coches estaban atascados o accidentados en las calles pricipales, pero esto no era ninguna novedad. Todas las ciudades del planeta estaban apuntadas a la misma moda… la situación se descontroló muy rápido durante el maldito fin del mundo. Algunos componentes de la fuerzas de seguridad locales intentamos mantener el orden en las calles: eran frecuentes los disturbios noturnos,al principio, en el que una hambrienta población intentaba encontrar algo que llevarse a la boca en los comercios locales o ya de paso algún caro y lujuso electrodoméstico para su hogar. Pero cuando la epidemia se descontroló, la mayoría de policías y funcionarios dejaron de ir a sus puestos de trabajo con lo que la sociedad como la conocemos tocó a su fin. Los camiones que se encargaban de suministrar alimentos, combustible y productos a las ciudades dejaron de poder circular, y la electricidad dejó de llegar a los hogares. Las carreteras estaban colapsadas, llenas de coches vacíos, al igual que las calles. Las ciudades donde el virus se había extendido se convirtieron literalmente en mataderos, mataderos de personas, millones de ellas. De noche el único ruido que oía la gente refugiada en sus casas, aparte de algún grito en la oscuridad proveniente de muy lejos, eran pies arrastrándose. Miles de muertos vivientes reclamaban las calles y la carne de cualquier persona viva que aún pudiese quedar.

En cuanto a esta población local que podía divisar desde aquí, algunos pocos infectados estaban dispersos por las calles, aparentemente sin nada que hacer aparte de vagar… pero más adelante, a unos doscientos metros del lugar por donde habíamos entrado al pueblo, parecía que estaban celebrando algun tipo de fiesta, y de las grandes. Decenas de ellos se agolpaban fuera de lo que parecían ser unas naves industriales… y fuera, rodeado de un pequeño cráter, yacían dispersos los restos de lo que parecía un furgón. Quizas fuese uno de los dos que disponíamos en Nordway, aunque eso significaban bastante malas noticias. Le pasé los prismáticos a Anna y le indiqué donde mirar, mientras hablaba por la radio atada a mi muñeca.

-¡Dime, figura! -respodió Ben.

 -Ben, acercaos por aquí ahora mismo. He localizado donde puede estar el resto del equipo.

-Perfecto, tío! A Brian le gustará saberlo. Sam y yo vamos para allá, las cosas se están poniendo feas conforme nos adentramos en este sitio y francamente no me hace ninguna gracia.

Sin mucho que decir, bajamos rápido las escaleras, sacamos nuestras linternas y nos pusimos a avanzar hacia la habitación por la que habíamos entrado a este lugar. Avanzamos despacio, preparados para encontrarnos cualquier cosa. Derrepente, mi compañera me cogió del hombro.

-Espera! No oyes eso…?

Escuché detenidamente. Un ruido lejano parecía venir del fondo. Ahora se oía mejor, si, ¡eran sonidos de pasos! Cientos de pasos.

-Espera aquí!- susurré. Giré la esquina, preparado para lo peor. Enfoqué al suelo y fui subiendo el haz de luz. Varios infectados, muy descompuestos, avanzaban lentamente hacia donde nos encontrábamos. Casi podía ver la sonrisa en sus caras.

 

 

No poder escapar de donde me encuentro ha sido siempre parte de mis pesadillas, más que cualquier otra cosa. Quizás sea algún tipo de instinto.

Hasta más leer.

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