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taza de téEra pronto cuando llegué al despacho de Wilson. Él y Brian se encontraban alrededor de su mesa, mirando y señalando rutas con el dedo de un gran mapa extendido sobre ella. Brian tomaba sorbos de una taza, que a juzgar por el olor sería el té que Johnson cultivaba. Desconozco donde y cuándo encontró las semillas,  sólo sé que cada vez tenía más adeptos a su ‘culto’ de tomar una taza de ese extraño líquido, ya fuera por placer o simplemente por no tener otra buena cosa que hacer. Era un buen sustituto del café, al que muchos echábamos en falta y que era imposible de cultivar aquí.

-Pasa – me dijo Wilson – hemos de atender unos asuntos esta mañana. ¿Tenías algo urgente que hacer?

-No especialmente.

-Perfecto, esto nos ocupará un rato, -comentó, a la vez que me tendía una taza de té recién hecho. Lo probé: no estaba del todo mal, tenía un sabor fuerte pero era cuestión de acostumbrarse, parecido a la primera vez que pruebas la cerveza.

-¿Cuál es el exactamente el motivo por el que estamos aquí? Imagino que tiene que ver con la transimisón que Ben captó.

-Exacto. Cuando ayer la trajisteis, nos sorprendió bastante. Dado el bajo porcentaje de personas inmunes al virus, la probabilidad de que hubiese algún asentamiento más es prácticamente nula, y más aún de la zona de donde provenía la señal. Los grandes modelos de ciudad construidos mediante programación robótica fueron verdaderas trampas mortales, al concentrar tal densidad de población, aunque fueran suficientemente independientes en cuestión de obtención de alimento.

-También he estado imaginándome que puede ser, pero mi teoría más plausible es que los infectados se deben de aburrir bastante y han montado un pequeño karaoke radiofónico.

En ese momento, Sam entró al despacho con una bandeja llena de bollos redondos, de aspecto bastante apetecible. Brian levantó la mirada y siguió escrutando el plano.

-Qué genial idea, has tenido Sam. No conocía yo esta faceta tuya tan amante de la cocina.

-Dale las gracias a mi mujer, que es quien ha insistido en este detalle. -no lo decía con mucho convencimiento.

-Mmm, además de serrar árboles veo que tampoco se le dá nada mal la cocina a Caroline. -dijo Wilson mordiendo uno – bueno, ahora que estamos todos pongámonos a lo que hemos venido a hacer. He decidido que estuviésemos sólo nosotros para agilizar el asunto, de otra forma tardaríamos demasiado. Como iba diciendo, las recientes noticias nos sorprendieron mucho a todos, tanto que me cuesta creer que fueran ciertas. Si la señal proviniese de algún área rural o de las extensiones agrícolas tendría sentido, y aún si habría muy pocas probabilidades, pero no donde se halla. Antes de que vinieseis, Brian y yo hemos estado averiguando las coordenadas, con un error considerablemente bajo para la calidad de la transmisión  -señaló con el bollo mordido un punto en el mapa que veíamos desplegado -la transmisión provenía de este área, cercana a la gran zona urbana junto al río. El mapa es algo antiguo, por lo que desconozco el nombre de la nueva ciudad y por lo que puede que la zona edificada sea mayor de lo esperado. Toda este gran área se encuentra al comienzo de las llanuras, exactamente a 510km de aquí. Hemos estado pensando como poder llegar, y sinceramente lo veo difícil, ya que habría que atravesar la zona radioactiva,  sin contar que los niveles de radiacción en el área urbana son ya de por sí elevados.

-Espera -le corté- ¿estás pensando seriamente en llegar hasta ahí? No estamos hablando de un viaje de un día o dos por caminos desérticos, estamos hablando de un viaje que nos duraría semanas si queremos dar rodeos, y eso contando con que podamos aprovisionarnos de suficientes víveres y combustible por el camino.

-Sí. Por eso os he hecho venir aquí a los dos – nos miró a Sam y a mí – es la única señal que hemos tenido en años y puede que sea el único y último rastro de vida humana que escucharemos fuera de Nordway, y sea quien sea puede que no tenga mucha esperanza de sobrevivir. Pero por supuesto, la decisión es vuestra.

– ¿No sería más sensato esperar unos meses a que mejore el tiempo? Los caminos estarían más transitables, y sería mucho más sencillo obtener alimento, por no hablar del mejor estado de salud personal.

-Podría ser, – comentó Brian esta vez- y ya lo hemos pensado, pero hay bastantes probabilidades de que sea un grupo nómada ( en caso de que realmente estemos hablando de que hay alguien con vida)  que haya decidido pasar la época fría en una zona más a resguardo y con más opciones de obtener alimento. En cuyo caso, si esperásemos un poco más los perderíamos para siempre, ya que no tardarían en marchar en los meses cálidos. Aunque haya ciertos niveles de radiacción en la zona, todos sabemos que no va a dejar de haber infectados por ella,  ya que sólo afecta a organismos vivos. Podrían pasarse años en el corazón de una central nuclear y continuar como el primer día, no sé como el gobierno no pudo no saberlo.

-Si eso fuera cierto, significaría que no habríamos de tardar en marchar.

Brian y Wilson se miraron.

-Antes de decidir cualquier cosa, habeis de saber que esto no es una misión suicida – Wilson se frotó las manos para quitarse las migas del bollo, y dirigió su mirada al plano – aunque hubieran llamado al móvil pidiendo ayuda inmediata, no nos moveríamos de aquí si no fuese seguro llegar. Como veis, el área urbana es atravesada completamente por el río Peace, el cual abastecía de agua la zona y donde más abajo eran vertidos los residuos industriales. El Peace es navegable, y con una pequeña embarcación, se podría seguir su curso hasta llegar a la ciudad que nos interesa, sin poner un pie en tierra en ningún momento, y el suministro de agua estaría garantizado en todo el camino. Y casualmente, el río de este valle es un afluente suyo. Únicamente habríamos de seguir su curso hasta su desembocadura, y ya estaríamos dentro del valle del Peace.

-¿Y la embarcación? -pregunté.

-Si mal no recuerdo, había un pequeño pueblo, Nelson Village, junto al Peace, a pocos quilómetros de la desembocadura del nuestro. Forzosamente ha de quedar ahí en pie alguna pequeña embarcación de recreo para turistas, o algún otro transporte. Su muelle era bastante grande, y dudo mucho que alguien robara una embarcación al comienzo de la epidemia para dirigirse directamente hacia el área radioactiva. Si nos pudiésemos hacer con uno, no tendríamos más que dejarnos arrastrar por la corriente, reservando el combustible para el viaje de vuelta.

-Parece un buen plan, -pensé en voz alta -pero nos veríamos obligados a dejar aparcado el furgón junto al río todo el tiempo que estuviésemos fuera. Hasta que regresáramos no lo podríamos tener en Nordway. Teóricamente hoy iba a probar junto con Ben el nuevo vehículo, pero aunque el motor está a punto aún falta blindar la carrocería y arreglar el interior, en una semana podría estar listo.

-No tenemos tanto tiempo -dijo Brian.

-¿Y cuándo teníais pensado que partiésemos?

Wilson esperó unos segundos antes de contestar.

-Pasado mañana.

Eso significaba preparar todo el equipo, provisiones e itinerario en dos días, además de tener listo el nuevo vehículo si los que se quedaban aquí querían poder traer suministros. De tiempo para hacerse a la idea de lo que suponía este viaje, además de las probabilidades de no regresar que teníamos, ya no hablábamos. Sam se rascaba su barba castaña.

-No veo ningún fallo en el plan. Me  ocuparé de poner a punto el blindado para pasado mañana. -con estas palabras daba mi conformidad y apoyo a la misión. Sam esperó un poco antes de dar su aprobación.

– Me ocuparé yo de tener a todo el equipo y las provisiones. -su rostro mostraba una sonrisa contenida. Le gustaba hacerse de rogar, pero en el fondo le gustaba organizar cosas.

-Partiremos, pues. Un último detalle: encontraréis bastante resistencia en los puebos donde paréis, aconsejo que seáis al menos cinco miembros en el equipo. Brian y yo nos ocuparemos de dirigir las misiones aquí el tiempo que estéis fuera. Cuento contigo, Erik,  para seleccionar a los que creas más capacitados y a poner a punto el blindado. Como es lógico, nadie que no quiera participará en esta misión, aunque no ha de haber ningún peligro, más allá de la desembocadura del río no tenéis porque viajar por tierra. Sam, Brian te ayudará a preparar víveres y equipo. Yo me dedicaré ahora a calcular la ruta y haceros una copia de cada uno de los mapas, los necesitaréis. -hizo una pausa para frotarse el brazo, mientras miraba pensativo hacia el suelo- Ah, y un pequeño detalle final. No hemos hablado del tiempo que estaréis fuera y es además el principal inconveniente de este viaje, pero dad por hecho que será más del que hayamos estado nunca fuera de aquí. No hay manera de comunicarnos, actualmente desde la estación de Reein no podemos captar más de un par de quilómetros a la redonda, por lo que perderemos pronto el contacto, así que tomaos el tiempo que necesitéis, pero antes del solsticio de verano. Ahora esto está en vuestras manos. Buena suerte.

Brian y Sam se dirigieron a evaluar los víveres disponibles y dar las instrucciones logísticas adecuadas.  Me dirigí al taller, donde de seguro Ben ya estaría, y por el camino fui pensando en quién escoger para el viaje. Tenía una cosa clara: Sam se quedaba aquí, quisiera o no, y yo lo iba a obligar. Era el único ingeniero que había en Nordway, y sus conocimientos eran demasiado valiosos para perderlos. Sin él, cualquier avería en los sistemas eléctricos o en los vehículos permanecería sin reparar eternamente, por no contar que tenía una mujer que cuidar, y Carol jamás nos perdonaría si le ocurriese algo, si es que le permitía ir. También tenía claro que necesitaba a Ben, sin su compañía no sé que haría, y lo necesitábamos para localizar a los supervivientes. De las chicas, tenía claro que la habilidad con las armas de Alice también la íbamos a necesitar. A Anna, aunque nos vendría muy bien que viniese, la intentaría convencer por todos los medios de que se quedase aquí. No obstante sería inútil, y era uno de los miembros más importantes, junto con Sam, Johnson, Brian, Ben y yo, por lo tanto podía sumar un miembro más.

Ahora que pensaba, a Johnson lo dejaría aquí, si no Abraham se encontraría demasiado aburrido y era imprescindible para realizar aquí las misiones, aparte de Brian había de permanecer alguien con algo más de experiencia. Faltaba alguien por escoger. Supongo que eligiría a alguien de las nuevas, esa tal Lucie parecía bastante sensata, aunque quizás necesitase a alguna de las sádicas amigas de Anna.

 

Cuando llegé al taller, Ben se encontraba en la parte trasera del furgón, remachando los laterales traseros. Al oirme entrar, se quitó las gafas de protección y me saludó.

-He decidido ir haciendo el interior mientras venías, pero ya está todo a punto para arrancarlo! He cargado ya el combustible de los depósitos de materia oscura. Aún queda para una carga más, pero tardaríamos unos cuantos meses en producir la cantidad suficiente para una nueva, si no conseguimos más generadores eólicos o solares. Bueno, cuéntame que habéis decidido.

Le detallé todas las conversaciones que habían tenido lugar minutos antes, incluyendo mis opiniones personales. No se asombró demasiado.

-Algo así me temía. Parece una tarea fácil, pero nos llevará su tiempo, y no nos queda otro remedio.. de todas formas, es una oportunidad que no podemos desaprovechar – no creo que nunca más tengamos una excusa para viajar tan lejos. Además -dió unos cuantos golpes a la carrocería del otrora furgón militar- estoy deseando provar todos los caballos que puede tener este trasto.

-Así me gusta oírte hablar. Voy a buscar a Anna, vuelvo enseguida y me pondré enseguida con las soldaduras exteriores, si es que queremos acabar a tiempo. ¿Hiciste los cáculos de la autonomía?

– No demasiado exhaustivos (seguro que sí lo había hecho) pero alrededor de los 2300 km en quinta marcha. Si buscas a las chicas del equipo, continuaban durmiendo hace poco, pero Anna seguro que ya está despierta.

                                                                                        _______________________________________

Cuando llamé a la puerta de su cabaña, abrió ella, con una taza humeante en la mano. Vestía un albornoz blanco que habitualmente debería usar para dormir.

-Buenos días.  Perdona que te moleste a esta hora, pero después no voy a tener tiempo. ¿Puedo pasar?

-Claro, eres bienvenido. Hasta que éstas no se levantan, me dedico aburrirme por las mañanas. -parte del grupo de construcción dormía plácidamente al fondo de la alargada cabaña, en unas literas de madera empotradas en la pared. Cuando no estaba con nosotros, Anna solía participar en sus tareas.

Nos sentamos en la mesa de la comida.

-¿Te puedo ofrecer algo?

-No gracias, ya he desayunado suficiente.

-Ok. ¿Y qué te trae por aquí tan temprano? Pensaba que eras de hábitos mas bien nocturnos. – alargó una mano y cogió de un estante de la pared sus dos pendientes grandes de aro, que empezó a ponerse.

-No es nada que no te imagines.

Minutos más tarde, Anna sonreía complacida.

-Así que el gran Erik Thopmson viene buscando ayuda… No te preocupes, lo hablaré con las chicas y organizaremos todo para el viaje, ya verás lo bien que lo pasaremos. Si hay algo más que pueda hacer por tí dímelo. ¿Seguro que no quieres un poco de caldo? Ha sobrado una termo entero y no creo que éstas lo prueben.

-Bueno, pasa una taza.. – Anna asintió y me sirvió.

-¿Preparo también las semiautomáticas? – se refería obviamente a los rifles MA16.

-No creo que las necesitemos, déjalas aquí. Pero carga al menos un contenedor de TNT. Y deberíamos llevarnos también un par de monopolis, con el poco interés que tendrá en viaje creo que dará tiempo para acabar varias partidas… – lo dije sin mucho convencimiento.

-Creo que te equivocas.

-¿Qué quieres decir?

Anna apoyó su barbilla sobre sus dos manos y puso una mirada interesante, a la vez que con una sonrisa miraba hacia ningún punto en concreto.

-Quiero decir que lo verdaderamente interesante está a punto de empezar.

 

Es inevitable que no paren de suceder acontecimientos en una historia. De hecho, cuando nada sucede no hay ninguna historia que contar, pero si suceden demasiados apenas puede entenderlos y acordarse de ellos el que los narra. La clave está en un bonito equilibrio, y para mantenerlo  tan sólo has de pensar lento y escribir rápido.

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Nos encontrábamos ya cerca de nuestro refugio de aquí, en Reein. Algunos cadáveres recientes quedaban atrás en nuestro camino. Siempre me sorprendía ver como seguían apareciendo más con cada visita, cómo era posible que los muertos caminasen tanto en busca de carne humana. Supongo que de no haber tenido este hambre insaciable el virus no se hubiese extendido tanto, al igual que si la humanidad no hubiese tenido ese insaciable deseo por el sexo no nos hubiésemos multiplicado tanto, aunque al final ese haya sido nuestro fin, y casi el de nuestro planeta.

Un camión volcado bloqueaba la calle, de manera que dejaba un espacio muy estrecho para pasar. Sonia se dispuso a cruzarlo, pero justo cuando estaba a la altura de la cabina, contemplando el cadáver del antiguo conductor (misteriosamente muerto de verdad) un fuerte golpe se olló en la puerta de su derecha y un podrido brazo surgió entre el agujero de la misma, rozando su cuello. Sonia ahogó un grito. Segundos después un segundo brazo salió de la destrozada puerta, que comenzó a ser sacudida por varios golpes.

-Ignoradlos, la puerta aguantará.

-Es increíble la facilidad con que nos han detectado.. parece como si desde un principio supiesen que estábamos aquí, -observó Alice.

-Siempre, siempre acaban dando contigo, y ellos nunca se cansan, ni pasan hambre ni frío, ni sienten dolor. Por eso no tengáis piedad de ellos, aunque parezcan humanos y podais sentir un poco de compasión pensad que no lo serán nunca más.

Los infectados continuaban gimiendo tras la desvencijada puerta. Logré atisbar un par de ojos blanquecinos tras una grieta de la puerta, y segundos después una boca derramando sangre y mostrando astillados dientes.

Aparté la vista y partí los brazos más próximos empujándolos con el pie, de manera que quedaron colgando e inservibles. Aunque quisieran ya no podrían agarrar nada nunca más.

Un momento después ya estábamos lejos de ahí.

 

-Siempre me he preguntado, -comentó Sonia, -¿ no se pudo diseñar ninguna cura? quiero decir, habría alguna opción de que volvieran a ser como antes?

-Eso es imposible. Casi la totalidad de sus órganos internos se hayan descompuestos, y todo el cerebro menos la parte relativa al movimiento y los instintos más básicos, como el de la alimentación,  está muerto. Si lográsemos destruir el virus de su cuerpo lo único que conseguríamos sería matarlos completamente, ya que es lo único que los mantiene en pie.

-Me alegro de ser inmune -dijo Alice.

 

Un minuto más tarde nos encontrábamos delante de un pequeño edificio, de no más de dos plantas, aparentemente una antigua subestación eléctrica. El tejado tenía forma de cuña, para poder dejar resbalar la nieve.

-Es aquí.

Junto a la entrada había un pequeño farolillo de cristal, el cual abrí y saqué una llave de su interior que usé para abrir la puerta.

-¿Es necesario cerrar? -preguntó Sonia.

Me reí.

-¿Te arriesgarías a que alguno por casualidad nos esperase dentro? No creo que nos recibiese con un beso y un ‘que tal te ha ido el trabajo cariño’.

 

El interior estaba bastante bien iluminado, dado que fuera aún había bastante luz, pero la luz solo provenía de pequeñas clarabollas en la pared tocando al techo, de tan solo un palmo de altas. Si el edificio hubiese tenido ventanas convencionales de cristal, sería casi como dejar la puerta abierta a visitantes indeseados. La sala que teníamos delante tenía varios monitores y servidores dispuestos en las paredes, armarios, algunos archivadores  y un par de mesas donde había desparramadas varias botellas de productos químicos y piezas de maquinaria diversas.

-Esta es la sala que más utilizamos durante las horas de luz. En los armarios hay armas y comida, serviros a vuestro antojo. Esa puerta de ahí da al sótano, donde pasamos la noche. Tenemos varias camas, velas y monitores de vigilancia del exterior. Esa otra puerta da al garaje, donde descargamos las mercancías, y esa otra da al piso de arriba pero aparte de polvo y máquinas viejas no esperéis encontrar nada en especial.

Mientras Alice inspeccionaba el armario de las armas, bajé con Sonia al sótano. Aquí no había luz por la ausencia de ventanas. Encendería un par de farolillos que teníamos en las paredes.. ¿ dónde dejé el mechero la última vez?

– Mmm.. ¿ está libre el colchón junto a la estufa?

-Creo que sí. Oye, ¿ no has visto un mechero por aquí ? Saca mejor la linterna..

-Vale, pues me la pido! Ah, no es eso de ahí?

Oí como Sonia caminaba por la habitación, porque verla no podía verla en absoluto. Segundos después se acercó y me tendió un pequeño objeto metálico.

-Gracias. Oye, cómo has podido verlo aquí abajo?

Cuando sus ojos verdes se encontraron con los míos, brillaron por un momento con un reflejo verde esmeralda, parecido al de los felinos.

-Ah.. siempre he podido ver en la oscuridad casi tan bien como a la luz del día. Lo sé desde los trece años, pero salvo para no tender que ir encendiendo luces por la casa cuando me levantaba al baño de noche, no me ha sido nunca de mucha utilidad.

-Me sorprendes.

La luz de las velas iluminó mejor la estancia.

-Todo sigue igual.. Ayúdame a sacudir un poco la humedad de los colchones y a bajar un poco de combustible al generador de aquí abajo. Pondremos en marcha la radio de aquí abajo e intentaremos ver si sigue funcionando, si no nos aburriremos un rato.

-¿Ya alcanza la señal desde aquí abajo?

-No, en realidad la antena está en el piso de arriba, creo.

-Os teníais bien callado lo del Lamborghini de arriba, eh? -gritó Alice desde lo alto de las escaleras.

-Ah..cosas de Ben.. Brian siempre se queja porque apenas deja espacio para el blindado..

A pocas mujeres les suelen gustar los coches y suelen entender de ellos, asi como también había pocas niñas a las que les gustara el fútbol y jugasen con los chicos en el patio. Todas las que conocí que lo hicieran, o bien su padre tenía un taller mecánico, o años más tarde se descubría su sorprendente orientación sexual. Esto daba que sospechar, pero el futuro lo diría.

                                                      

                                                           ________________________________________

 

Ben se detuvo delante de una pequeña estación de repetición de onda, antiguamente utilizada para amplificar la señal de las ondas de telefonía móvil y de las emisoras de radio nacionales. La estación en sí no era de gran altura, pero la antena se elevava un considerable número de metros, y todo ello construido sin apenas intervención humana.

Nada más llegar a la puerta, un par de infectados salieron de su interior. El primero, cuyas entrañas sobresalían de su destrozado vientre, avanzó hacia ellos con un lúgubre gemido, provocando que escupiera la poca sangre que le quedaba por la boca. Sally se encargó de él mientras su amiga atravesava la cabeza del otro a través de su blanco ojo.

-¿Primera planta, sector oeste? -afirmó más que preguntó Sally.

-Sí, correcto. ¿Ya te lo habían dicho?

-No, pero esos cables conectados a los paneles solares del techo, que entran chapuceramente  por la ventana del edificio no dejan mucho lugar a la imaginación. Nos vemos en un momento, creo que tengo prisa.

Sally trepó con su ligero cuerpo por el árbol cercano a la ventana, y de un salto de más de dos metros de distancia se coló en el interior del edificio, a la vez que de la puerta del edificio salían tambaleantes varios infectados, muy hambrientos por cierto.

-¿Pero qué..? -gritó Ben, a la vez que se le caía el cigarrilo de la boca.

Un infectado calvo cargó contra él, derribándolo, a la vez  que intentaba morderle el cuello. Tenía la piel tirante y le apretaba los huesos, como si le hubiesen puesto un vestido elástico y muy ajustado encima de una masa de huesos y músculos. Casi instintivamente, Ben giró su cabeza 180º, con lo que con un crujido se partió. Se apartó con un torpe movimiento torpe el ahora sí muerto de encima suyo.

-Perfecto, otro día entero con este asqueroso olor encima.

Mientras se levantava, vió cómo Lucie la intentaba a duras penas contener a los demás.

-Y también parece que voy a tener que trabajar -dijo sacando su arma.

 

Cuando subieron, Sally se encontraba consultando la pantalla de un ordenador.

-Así que tenéis programada una estructura de repetición en onda corta, y además en varias frecuencias… sólo una con un 25% o menos de energía.. el que ha montado todo esto es todo un crack.

-Muy bien, sabes leer basic. Ahora si tanto sabes, ponte a trabajar. Hemos de reprogramar el bucle para que funcione a una mayor intensidad, pero tan sólo dos horas al día.  Llevamos demasiados años sin recibir ninguna maldita transmisión, sólo ruido en todos los canales . Creo que ya no queda nadie ahí fuera. Sea como sea, quizás, si ampliamos el alcance de la señal, encontremos algo, pero el tiempo lo dirá. Gracias a este chisme – Ben descargó una pesada caja metálica de su mochila- podremos conseguirlo. Tuvimos que ir hasta una estación de radio a varios quilómetros de aquí para conseguir este descodificador, pero espero que merezca la pena.

-Vamos, hombre. Es imposible que nadie más al sur haya logrado sobrevivir todos estos años. Sólo a los imbéciles se les ocurriría perder el tiempo de esta manera.

-Si tan idiota te parece hacer esto, espéranos fuera en la calle. Tardaremos un par de horas, así que te puedes aburrir al principio, pero seguro que no tarda en aparecer alguna agradable compañía.

Pareció pensárselo.

-Ya me gustaría, pero he de vigilar que no la cagues.

-Ya te gustaría que lo hiciese. Ves haciendo esto, voy a comprobar las conexiones del piso de arriba y instalar el nuevo componente. Lucie se quedará contigo para evitar las visitas inesperadas que puedan aparecer. Recuerda que el canal principal no funciona aunque aparezca online.

-Ya voy yo arriba, tu quédate aquí y arregla ésto mejor. Como si aún fuese a la escuela…

-Como gustes, preciosidad.

 

                                                           ________________________________________

 

Oí que alguien abría la puerta de la sala principal donde me encontraba.  Dado que la capacidad de razonar de los infectados les daba como mucho para golpearla con un cuchillo, supuse que Anna estaba de vuelta. Sonia y Alice estaban descansando un rato en el piso de abajo (prefería pensar que estaban haciendo esto, y no ninguna otra actividad fuera de lo normal, con la asusencia de hombres en estos tiempos cualquier cosa podía ser), se habían pasado la mañana limpiando este seco refugio al que probablemente tardaríamos en volver y ayudándome a empaquetar diversas cosas que aún quedaban en el garaje, para llevarnos a Nordway a la vuelta.

-Os habéis cansado rápido, -dije mientras me quitaba las gafas de protección y me giraba para mirarla.

-¿Así que pasándotelo en grande, eh? -dijo mientras veía los cartuchos de dinamita que tenía en la mano, y la botella de nitroglicerina de encima de la mesa.

-No es que me entusiasme fabricar explosivos, pero algo tenía que hacer. Además son bastante útiles.

El resto del equipo entró y se sentó en un viejo sofá polvoriento, mientras dejaban sus armas encima de la mesa y se quitaban los chalecos.

-¿Algo interesante? -pregunté mientras Anna me ayudaba a limpiar la mesa.

-Nada que no hayas visto.. ah si, nos encontramos con una especie de trampa al entrar a una vivienda, por suerte la madera estaba tan podrida que no funcionó. ¿Tenemos algo para comer?

-Sí, aún queda bastante comida del invierno pasado, podemos comer y descansar un rato. Ben estará a punto de acabar, me imagino.

Miré un momento al resto de las chicas, que estaban entretenidas probándose varios pendientes y collares de oro que se habían encontrado.

-Miraré a ver que queda.

 

 

-.. y entonces, arranqué el coche atropellando a todos los que me venían por delante mientras todo explotaba a mi alrededor y..

-Sí, sí, y les hiciste así con el dedo por el retrovisor mientras los dejabas atrás.. dame un trago.

Sally y Lucie estaban terminando de comer, sentadas en el suelo y apoyadas contra un viejo servidor, mientras Ben bebía sorbos de una vieja lata, sentado en una vieja silla giratoria frente al monitor y comprobando la pantalla todo el rato, mientras por el altavoz salía el típico ruido de estática que indicaba vacío en la señal, al igual que al sintonizar ninguna emisora.

– ¿Le queda mucho?

-Básicamente ya está. Sólo quiero comprobar que capte bien la señal. Si detecta alguna onda entrante, quiero que la grabación que realice el programa se archive bien.

-Va, déjalo y vámonos, para lo que se va a escuchar.

-Créeme que con un poco de optimismo se vive mejor, pero tienes razón, es hora de marcharnos.

Ben se estiró en la silla y bostezó, tras lo que cogió su radio.

-¿Erik?

-Dime tío. ¿Salís ya?

-Sí, en diez minutos os esperamos en el coche. Ya está todo acabado. Corto.

Mientras Lucie y Sally se acababan de vestir, Ben se dispuso a apagar el monitor. Derrepente una anomalía en el ruido de la transmisión le hizo parar. Lo que parecían ser palabras de una voz humana se distinguían a través de la estática.

 

De noche nuestra concepción de lo que es seriedad varía mucho que la misma durante el día. Aún sin alcohol, nos podemos llegar a arrepentir de nuestros actos o nuestras palabras.

Hasta más leer.

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Los muertos avanzaban hacia nosotros. Un par de chicas, las que estaban más cerca de ellos, oyeron los inconfundibles gemidos y al verlos, empezaron a gritar y a empujar a las otras. Sam y Anna, entre la multitud, empezaron a dirigir a la gente hacia la casa principal, mientras echaban miradas hacia nosotros como pidiéndonos ayuda.

No había tiempo para prepararse, así que saqué el cuchillo que ya por costumbre llevaba siempre conmigo en un lado de mi cinturón y me preparé a hacerles frente. No había tiempo que perder, había que reparar la parte de la verja por donde habían entrado o pronto serían demasiados para hacerles frente. Parecía que en las últimas horas una gran horda había estado avanzando hacia Nordway y no nos habíamos dado cuenta, pero no era tiempo para ponerse a pensar.

Abraham, Ben, Jonhson y el resto de hombres empezaron a coger lanzas de madera que habíamos fabricado y dispuesto en una pared a mano, que normalmente usábamos como armas baratas para atravesar a los infectados que seacercaban demasiado a través de la verja, pero que por supuesto no eran eficaces para contener a varios de ellos en terreno abierto.

-¡Hemos de cerrar la verja antes de  que entren demasiados! Debe haberse caído mientras todos estábamos aquí, seguramente habrá sido la zona que estaba más débil.

-¿Alguna idea? – dijo Abaham mientras contemplaba como cada vez más infetados salían entre los árboles.

-Ben y Johnson id a por el blindado, salid del pueblo e id al otro lado de la verja, pero rápido! Intentad contenerlos. Abraham y yo nos ocuparemos de éstos y nos dirigiremos rápido hasta allí.

-Buena idea. ¡Vamos! -Ben y Johnson salieron corriendo en dirección contraria, ya que la única entrada del pueblo se hallaba en la verja sur. Tardarían en dar toda la vuelta, así que no podríamos esperar apoyo pesado hasta entonces. En ese instante, era el único perteneciente al equipo de asalto. Abraham  había participado en expediciones esporádicas, pero carecía de la habilidad suficiente en un asalto cuerpo a cuerpo tan directo, y más sin llevar ningún tipo de protección ni arma de fuego.

 -Nuestra única ventaja respecto a ellos es la velocidad,¡ hemos de aprovecharla para atacar primero!

Dicho esto salté hacia delante y de una patada le giré la cabeza al que se hayaba más cerca, y aunque no se inmutó y mientras seguía avanzando parecía como si se girase a mirar a sus ‘colegas’, me dió tiempo a hundirle el cuchillo en su podrida cabeza sin que viese lo que hacía. Uno menos, quedaban veinte. O más.

Pero estábamos en clara desventaja.

Abraham, movido gracias a mi acción, se lanzó a atacar. Perforó con su arma el estómago de una corpulenta mujer, pero esta siguió atravesándose en ella y anzando hacia él, a la vez le que escupió un torrente de sagre encima. De un golpe la rematé.

Se acercaban varios más. 

A los pocos segundos, empezamos a retroceder. Desde las ventanas de la casa principal, la antigua casa del guardabosques, varias mujeres nos contemplaban angustiadas. En ese momento, el grueso puño de Abraham liberaba de un puñetazo la mandíbula que mordía mi manga. Sin ayuda no íbamos a poder- ¿dónde estabas Sam?

-Creo que necesitarás esto -al girarme, vi a Anna llegar junto a Sam cargando llevando su MA16, y entregándome mi valiosa espada. Mi cara de felicidad fue evidente.

-En cuanto vimos a los primeros, corrimos a por las armas, -me comentó Sam, mientras disparaba-pensábamos que podíais retenerlos un minuto. ¿Dónde están J & B?

-Han cogido el blindado, en estos momentos estarán llegando al otro lado de la verja. ¡ Hemos de llegar y repararla tan pronto sea posible!

Mientras Sam recargaba, unos cuantos se acercaron demasiado. Me pilló por sorpresa, pero escuché el sonido de unos disparos familiar al tiempo que varias cabezas estallaron. Wilson sonreía desde su balcón con su viejo rifle de caza, de su época de guardabosques, a la que había incorporado una pequeña mira telescópica. Le agradecí la ayuda con un gesto.

Ocuparse del resto entre Abraham y yo fue relativamente fácil ahora, ya que se notaba bastante libertad de movimientos sin chaleco ni casco de combate.

-Aquí ya no queda ninguno. Vamos.

Atravesamos la pequeña zona de maleza que se interponía antes de la verja que rodeaba las construcciones enfocando con las linternas de los rifles de Anna y Sam. No quedaba ningún infectado más, Ben y Johnson habían hecho bien su trabajo manteniéndolos a raya.

 Nos esperaban al otro lado, con la parte frontal del blindado recubierta de una pasta rojiza, y varios cadáveres descuartizados en el suelo. Ben, asomando por la escotilla del techo superior del vehículo nos miraba complacido.

-Si que os lo habéis tomado con calma, nenazas.

Sam apretó un botón de su muñeca, y habló por ella.

-Wilson, la zona está asegurada al otro lado. De todas formas, sería mejor que rastrearais todo el perímetro de dentro y especialmente la zona por donde han aparecido, aunque no creo que quede ninguno más.

Habían aparecido relativamente cerca y no se podía haber escapado ninguno, así que podíamos estar tranquilos, dentro de lo que cabe.

 

Una vez llegamos al otro lado, nos acercamos todos a la valla, mientras Johnson permanecía vigilando. Por si algún rezagado todavía andaba por el exterior. Al examinar detenidamente la valla, pudimos observar cómo uno de los tubos metálicos que cada pocos metros sujetaban la rejilla y la sosteían, había cedido por la mitad de forma bastante limpia. Ben frunció el ceño. En la parte Norte de Nordway, la empalizada era de madera, hecha de largos troncos tallados, pero la parte sur y original de la reserva la mayorparte  continuaba siendo metálica en su mayoría. No es que no quisiéramos ver el paisaje exterior ni que la metálica no fuese resistente, simplemente preferíamos que nadie del exterior nos pudiese ver. Además, siempre existían pequeñas plataformas a las que nos podíamos subir y observar el exterior.

-Algo así me esperaba. Al ser de considerable altura y por ser más económico, estos soportes fueron fabricados a partir de dos mitades, soldando uno sobre e otro, mediante un arco eléctrico. El proceso es bastante seguro, ya que al ser templado la unión garantiza aún más dureza que el resto del soporte. Dicho de otra forma, se romperá por cualquier punto menos en la unión. Pero éste de aquí, no fué soldado correctamente, la separación es bastante limpia. Que Carol que traiga el equipo de soldadura, y en unos minutos estará perfectamente. Mañana revisaremos el resto de la valla, aunque no creo que tenga más fallos. De todas formas estaría bien que se quedase alguien de guardia esta noche, el resto dormiríamos mucho más tranquilos.

Durante la crisis económica antes de la epidemia, muchas empresas quebraron, y las que sobrevivieron, se vieron derrepente en un feliz monopolio. Por la falta de competencia , y gracias a que el gobierno cambió la legislación referente a los límites de emisiones contaminantes y las medidas de seguridad con el fin de hacer a las industrias económicamente rentables y hacer llegar al consumidor un producto más barato, la calidad de la producción bajó en picado, casi tanto como subió el índice de contaminación y el precio de los combustibles.

 

Minutos más tarde, nos encontrábamos delante de la antigua casa del guardabosques, mientras dos de las ayudantes de Carol hacían guardia cerca de la valla esta noche (nunca las hacíamos individuales, eran demasiado duras en cuanto a aburrimiento). Todos los cuerpos de los infectados, habían sido decapitados por precaución y siendo arrastrados por las chicas jóvenes a unas fosas que poseíamos a las afueras de Nordway, a pocos metros de la verja oeste y especialmente diseñados para estos casos, donde serían enterrados. Reconocía que no estábamos tan mal organizados. Wilson se dirigió a Anna, Abraham, Ben, Johnson y a mí, Sam y Brian se estaban ocupando de la limpieza de cadáveres de dentro de los límites:

-Buen trabajo. Mañana estará todo como siempre, o al menos eso espero, antes de cenar estará ya todo limpio y se habrán organizado los turnos. Hablando un poco más serios, esta situación a puesto más que en evidencia nuestra falta de personal entrenado. Anna y Erik, mañana habéis de empezar el entrenamiento sin falta. En cuanto al equipo para ellas, aún nos quedan un par de trajes de protección y varias radios de transmisión, pero hemos de arreglarlo. Estará para dentro de dos días, más o menos. Contamos con vosotros, ahora id a descansar tranquilos, los demás nos ocuparemos del resto ahora. Buenas noches.

Wilson se alejó hacia su casa.

-Nosotros nos vamos ya también, -dijo Ben -¿Vienes? -me preguntó al ver que no les seguía.

-He de acabar de hablar un par de cosas con Anna. Mañana nos vemos tío, estoy muerto.

Delante de Anna no quise explicar que venía Jessica a cenar esta noche. Aunque no había nada malo en ello,  me sentía un poco mal, pero no había otro remedio, así que comenté un rato con Anna el plan de entrenamiento a seguir para mañana. Ambos estábamos un poco ilusionados por la idea, y sabíamos también  la importancia que tenía este papel nuestro dentro de Nordway. Tardamos más de lo previsto, y ya empezaba a hacer verdadero frío, la luz se había ido hace ya rato y no quedaba ningún rastro del calor del sol.

-Así lo dejamos entonces. Creo que me voy ya, hasta mañana.

-Buenas noches.

De camino a casa, comencé a pensar las consecuencias y los posibles desanlaces de esta noche. No podía imaginarme el porqué, pero seguro que Jess acababaría teniendo calor al final de la velada, bastante tensa por mi parte por cierto. Me lo pensé mejor y tomé otra dirección.

-¿Si?

Cameron, una de las amigas de Jessica, abrió la puerta. La chica no estaba nada mal, pero comparada con su amiga era bastante mediocre.

-¡Ah, Erik!, pasa si quieres.

-En realidad venía a..

Jessica apareció por detrás.

-¡Hola, Erik! Ahora mismo iba a salir. Tienes.. ¿hambre? – puso su índice en la boca, mientras se mordía los labios y sonreía.

-No voy a poder, venía a decirte que entre los entrenamientos de mañana y lo de esta noche lo que necesito es dormir, lo siento.

No puso una cara agradable.

-Si, claro, es normal, estarás cansado… bueno, pues buenas noches.

-Buenas noches.

Cerró la puerta bastante más fuerte de lo normal.

Ya se le pasaría, cambiaba más rápido de humor que el tiempo ( en áreas no tan al norte como ésta). Mañana ya encontraría la forma de compensarla, si es que hacía falta. 

Lo que más tiempo cuesta no es escribir, si no acordarse de todo lo que ya se ha escrito antes, hacer que encaje la historia y reescribir párrafos enteros, si tienes claro lo que quieres contar.

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Los infectados cada vez estaban más cerca. No podía dejar que entraran en la estancia en la que estábamos, sería imposible hacerles frente. Me interné, entonces, en el pasillo, decidido a no dejar pasar ninguno, claro que decirlo era mucho más fácil que hacerlo. Los malditos estaban hambrientos, y venían a por mí a una velocidad increíble. Del primero,un doctor con  bata blanca harapienta, me deshice sin problemas. Su cabeza  rodó por debajo de mis piernas, mientras su cuerpo se desplomaba y un chorr de sangre manaba a través de su cuello. Pero no llegó a tocar el suelo, una avalancha de no- muertos que empujaban lo llevó hacia mí. Tuve que retroceder para que no se me echaran encima.

Este era un mal método. Intentaba contenerlos a golpes, pero eran demasiados. Los de detrás empujaban a los de delante, y la presión era demasiada para soportarla yo sólo. Intentando contener los cuerpos, sentí una fuerte presión en mi antebrazo inquierdo. Un asqueroso de esos me estaba mordiendo! Tiré pero me tenía bien sujeto, y los brazos del resto ya estaban justo al lado de mi cabeza. Soltando mi espada, saqué el cuchillo y dándome media vuelta se lo hundí en la cabeza, con lo que la presión cedió al instante, pero perdí el cuchillo para siempre.

-Más vale que os déis prisa por ahí detrás! No podré contenerlos mucho más!- había llegado a un punto en que pegaba golpes a la fila de esos monstruos que avanzaban sin preocuparme siquiera en apuntar, sólo con la determinación que no pasaran. Pero cada vez retrocedía más, y físicamente había llegado a mi límite. Derrepente las luces del techo empezaron a parpadear.

-Ya está! -gritó Ben mirando su PDA. -Disponemos de poco más de un minuto hasta que se colapse el sistema!

Un minuto. Si no conseguíamos subir a la superficie en ese tiempo, todo estaría perdido. Si no conseguía acabar con esos monstruos, no conseguiríamos subir al ascensor, no nos dejarían. Había retrocedido ya hasta el cuarto donde estaban mis compañeros. Era el fin, no conseguiríamos salir de ahí a tiempo. 

-Preparaos a pasar un poco de calor.

-Sam, qué coño…

Vi como con los dientes quitaba la anilla a la única granada que nos quedaba, y la lanzó al final del pasillo.

-Todos al suelo!

Tan sólo una fracción de segundo, escuché una fuerte explosión. Después sólo oí un pitido agudo, mientras desde el suelo veía como una nube de fuego azul se comía a todos los infectados, haciéndolos desaparecer en su interior, mientras el techo del pasillo se desplomaba. El calor llegó hasta nosotros, y sentí como la cara y las partes descubiertas de mi cuerpo me escocían hasta el límite. Ví a Sam levantarse, mover los labio diciéndonos algo, aunque no lo podía oír, y dirigirse hacia el ascensor que nos conduciría a la salida.

Mientras subíamos, y recuperábamos nuestro sentido del oído, oíamos como la habitación en la que estábamos unos segundos antes se derrumbaba, a la vez que la luz del ascensor empezababa a parpadear. Después de unos segundos, la intensidad de la luz empezó a aumentar progresivamente, hasta que finalmente la bombilla estalló, dejándonos en la más completa oscuridad, a la vez que el ascensor se detenía. Se oyeron más explosiones provenientes de abajo, al saltar el sistema elétrico. Dado que la mayoría de vigas y mobiliario eran de madera, pronto toda la instalación sería pasto de las llamas. Tristemente jamás volveríamos a ver a nuestros compañeros, este búnker maldito sería su tumba.

-Parece que el sistema se ha sobrealimentado antes de lo previsto – comentó Ben.  -No nos queda más remedio que subir el tramo que nos quede por nosotros mismos.

Dicho esto, empujó el techo del ascensor para arriba, y movió la cubierta a un lado. En la mayotía de ascensores siempre se pudo hacer esto. Se aferró al borde y se impulsó a la cubierta del ascensor. Fuera, una escalera de mano se perdía en lo alto.

-No nos queda mucho para llegar arriba. Si aún tenéis fuerzas para trepar…

                                                                                       ____________________

Después de subir por la escalera, y abrir fácilmente la puerta de salida ya que no había electricidad (después de lo anterior, ésto era como ir a comprar el pan), aparecimos en el sótano de un lujoso edificio. Apenas unos pocos infectados nos opusieron resistencia hacia el exterior. Dejé que Ben se ocupara de todo el trabajo, por hoy ya había hecho suficiente, y mis brazos no podían hacer nada más.

En el exterior había dejado de nevar, y el sol asomaba ya por el horizonte. Tras mirar alrededor, vimos que no estábamos muy lejos del almacén donde Anna nos esperaba guarecida. Al mirar hacia la derecha, vimos como una horda de infectados al final de la calle se dirigían hacia nosotros, sorteando los vehículos accidentados.

Sam habló a través de la radio de su muñeca:

 -Brian, sacadnos de aquí, ya.

Corrimos hasta el almacén, donde algunos mordedores se habían empezado a acercar lentamente, y Anna se estaba ocupando de ellos silenciosamente. Parecía estar al límite de sus fuerzas. Al oírnos llegar corriendo, sus ojos azules se giraron rápidamente hasta donde estábamos, a la vez que ponía sus armas entre ella y nosotros. Cuando vio quiénes éramos se relajó y dijo:

 -Cómo habéis..?

-Las explicaciones en un momento- el vehículo blindado acababa de llegar, sonando el ruido del motor como un estruendo en mitad del publo vacío y un rostro negro se asomó desde la parte delantera.

-Vamos! No quiero tener aquí a todos los jodidos muertos de este pueblo antes de que podamos salir.

Los infectados que nos seguían estaban ya a sólo dos metros de la parte delante delantera del vehículo. Sin pensárnoslo, subimos adentro con nuestros últimos esfuerzos, y en cuanto lo hubimos hecho, Jonshon arrancó y salimos para siempre de este pueblo maldito donde ya no quedaba nada excepto muerte y desolación.

En cuanto recuperamos el aliento, Sam procedió a relatar lo que habíamos visto en el antiguo búnker, y el destino del resto . Cuando acabó, Brian se quedó pensativo.

-Bien, parece que ahora somos todo lo que queda del equipo de asalto. Por ahora descansad, pero necesitaremos encontrar municiones antes de que pase el invierno. Si no, estaremos jodidos. -dicho esto volvió a la parte delantera del vehículo, sin nada más que añadir. Sam y Ben se recostaron para poder dormir el resto del trayecto.

Cuando se fijó en el desgarro de la chaqueta de mi antebrazo, Anna procedió a examinármelo, y rápidamente me hizo arremangarme. Me examinó la piel: por suerte la mordedura no había traspasado la ropa.

-Has tenido mucha suerte.. habéis tenido mucha suerte todos…

-La suerte no es una casualidad, forma parte de la habilidad de cada uno.  -repliqué.

-No podrías al menos alegrarte un poco, eh.

Ninguno volvimos a mencionar habitualmente a Matt ni a los demás. Todos los que estábamos aquí perdimos a todos nuestros seres queridos durante la epidemia. Todos habíamos visto morir y habríamos matado. Altos rascacielos y rotos carteles luminosos eran testigos de cientos de masacres, del horror de los suicidios colectivos y lo que puede llegar a hacer la gente por sobrevivir. La muerte formaba parte de ya de nuestras mentes, habíamos vivido en una era en donde la vida humana valía menos que un arma de fuego o una simple lata de conservas.

-Tenemos mucho trabajo por hacer ahora, -dije.

-Pero todavía puede esperar. -Anna se acercó y se echó a dormir a mi lado, usando mi mochila en el suelo como almohada.  No tardé mucho en acompañarla.

 

Relaja bastante olvidarse de todo el trabajo y escribir algo para tí. Una vía como cualquier otra para no aburrirse con la rutina. Por mucho que te apasione en lo que estás trabajando, siempre está bien imaginarse una vida distinta.

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Mientras Sam hojeaba un viejo archivador y Ben se dedicaba a comprobar el ordenador del mostrador, me quedé contemplando el mapa de la instalación que había en la pared. Eran unas instalaciones bastante  grandes, demasiado para unos simples almacenes subterráneos. Parecía haber dos entradas desde el exterior, una para mercancías, por donde habíamos bajado, y lo que suponía unos pequeños ascensores al otro extremo del complejo. Varios pasillos, con varias aulas a los lados se distribuían por el centro del mismo, y unas más grandes a los extremos, cerca de donde nos encontrábamos, probablemente almacenes donde descargar provisionalmente materiales y demás.

-Deberíais ver esto,  – nos recomendó Ben enfrente de la pantalla del ordenador – poco antes de la última fecha en que se manipuló este equipo, hay registrados varios envíos y salidas de cargamentos de armas.. pero no precisamente domésticas. Fusiles de asalto de finales del siglo 21, gatlins, granadas y una gran cantidad de explosivos. Parece que el gobierno tenía aqui un pequeño arsenal..

Sam se quedó pensativo.

-Ahora entiendo porqué se adentó tanto aquí dentro el resto del equipo:  Incorporar parte de estas armas y municiones al almacén de Nordway hubiese sido todo un lujo, así que no me extrañaría nada que se hubiesen intentado llevar todo lo posible. Erik, registra el cadáver de Matt, debe de llegar aún encima el pase de la puerta.  Ya sabes lo que debemos hacer…

Me dirigí hacia el cuerpo sin vida de mi antiguo amigo, y aguantándome la angustia, rebusqué en sus bolsillos. Perfecto, un pase con una banda magética aun intacta reposaba en el bolsillo de su chaleco, probablemente la arrancarían del cadáver de algún infectado.

-Bingo, aquí está. Vayamos enseguida.

Salimos al pasillo, el cual permanecía aún iluminado por la luz de los tubos de neón. Mientras Sam y Ben desenfundaban sus armas, procedí a pasar la tarjeta de seguridad. Una luz verde en el lector indicó que era correcta. La puerta se abrió lentamente entonces, dejando ver una gran sala parecida a la de arriba, pero con varias cajas de madera vacías y mesas con ordenadores, así como varios tipos de aparatos electrónicos bastante antiguos, usados para evaluar la calidad de la mercancía acabada de llegar.  A los lados había varias puertas, que darían a más salas, y al fondo del todo, una puerta abierta dejaba ver un largo pasillo oscuro, en el que las luces haría tiempo que se habían fundido. Todo esto se parecía a uno de los búnkeres que el gobierno empezó a construir durante la guerra fría,  por miedo a un ataque nuclear. Teóricamente había espacio de sobra para unos cuantos puestos importantes dentro del ejército… pero que más daba ya.

-Atentos a cualquier cosa. Registrad esas cajas, puede que aún quede algo que podamos llevarnos.

-Aquí ya no queda nada, Sam, -dijo Ben después de registrar todas, – volaron de aquí todas las municiones durante la epidemia. No tiene sentido continuar más adelante, debe de estar a rebosar de mordedores ahí dentro, esperando, si es que no están viniendo hacia aquí ya. Lo más prudente sería volver ahora que podemos, en cualquier lugar que se hubiesen atrincherado de aquí dentro  no habrían resistido más de unas pocas horas, y lo sabéis tan bien como yo.

Sam se quedó pensativo un momento, y,  justo cuando iba a decir algo, una expresión de sorpresa apareció en su cara.

-Esperad! No oís eso? -dijo en voz baja.

Intenté escuchar.

-Yo no.. -empezó a decir Ben.

Pero pronto lo oímos. A lo lejos, de las profundidades del oscuro pasillo, llegaba el eco de un metal rascando una superficie, bastante pesado, y cada vez más fuerte. Desenvainé mi espada.  Justo después, lo que había sido un hombre de avanzada edad, irrumpió torpemente en la sala arrastrando un hacha de seguridad con su mano, roja en los extremos. 

-Yo me encargo.

Avancé hacia él, cuando detrás suyo, por el pasillo, aparecieró avanzando rápidamente una masa de infectados hambrientos, entre ellos unos cuantos con el mismo chaleco que nosotros tres, uno de los cuales presentaba el costado devorado en su totalidad. Eran demasiados.

-Retrocedamos! -gritó Sam, corriendo hacia la puerta. -Subid rápido al montacargas!

No hacía falta que lo dijera. Atravesamos la puerta de acceso, sin ni siquera cerrarla, y corrimos rápido hacia nuestra salvación. Una vez dentro, Sam apretó el botón de subida, las rejas comenzaron a cerrarse, y al terminar de hacerlo el elevador empezó a ascender. Derrepente, un ruido de chispas sonó encima nuestro, el montacargas paró en seco, y las luces se apagaron completamente.

-Mierda!! -gritó Ben esta vez, – el mal estado de la instalación debe de haber causado un cortocircuito. Estamos jodidos!!

No lo estábamos.

-Apartad! -les dije, y de dos golpes de espada hice una V en la reja, de forma que doblándola podíamos pasar.

-Pasad! Intentaremos llegar hasta el cuarto de recepción.

Después de que ellos pasaran, pasé de un empujón, y los seguí corriendo hacia el final, guiándome con la luz de mi linterna. Unos cuantos zombies habían atravesado la puerta grande de acceso, y nos impedían el paso. Sam sacó su MA16 y avanzó corriendo hacia ellos, al tiempo que hacía saltar pedazos de sus cuerpos podridos por los aires. Logramos entrar en la recepción justo cuando los que venían detrás ya nos alcanzaban. Cerramos la puerta, y no tardamos en verla golpeada por los infectados detrás. No aguantaría mucho.

-Y ahora qué?- preguntó Ben.

Sólo había una opción. Los túneles y todos los lugares subterráneos, como las minas, tienen como principal inconveniente la ventilación y renovación del aire. Por eso en todas las salas debía haber un conducto de ventilación. Y ahí estaba, después de echar un vistazo, divisé unas rejillas encima de la máquina de café. Era nuestra única salida.

-Ahí, encima de la máquina de café, los conductos de ventilación son nuestra única salida!

Sam volcó un viejo archivador metálico, y subiéndose a él, logró alcanzar la parte de arribade la máquina. Golpeó consecutivamente las rejillas, pero estaban bien sujetas, así que apuntó a ellas con su arma, y disparó. Inmediatamente saltaron por los aires.

-Vamos! La puerta no aguantará mucho.

Y era verdad. Las bisagras ya se estaban empezando a soltar, a la vez que un hacha estaba haciendo saltar astillas de la misma, y por los boquetes que iba dejando se iban asomando brazos sangrientos que intentaban agarrar algo desesperadamente. Sam se agachó, y a duras penas pudo pasar arrastrándose por el conducto. Poco después suyo, Ben  pasó ágilmente por el mismo agujero, sujetando su linterna con los dientes. Antes de pasar yo, esperé un poco , si íbamos los tres juntos probablemente el conducto no aguantaría por el peso. Cuando cedió la puerta y una horda de zombies hambrientos se dirigía hacia mí, no me quedó mas remedio que darme prisa, y de un impulso logré alcanzar la parte superior de la máquina de café, tras lo que me deslicé dentro del conducto, por el cual pasaba una corriente de aire bastante fría, dejando atrás los gemidos de esos seres. El conducto era ancho, mucho más que alto, pero aún así me iba a costar arrastrarme por él con mi espada a la espalda, pero no podía dejarla atrás, si no estaría completamente desarmado.

Delante mío podía ver la luz de la linterna de mi compañero, que avanzaba lenta pero constantemente. Miró atrás para ver si le seguía,

-Sigue adelante! Tenemos que llegar al otro extremo de las instalaciones, allí está nuestra única salida. Seguid recto todo lo que podáis! 

-Ok!

Mientas íbamos avanzando, podía ir viendo debajo mío las salas por las que pasábamos a través de las rejillas, con la débil luz de mi linterna. La primera parecía ser un centro de comunicaciones, con varias pantallas de ordenadores y de comunicación en las paredes, así como larga mesa rodeada de sillas. Las restantes, como lo que parecía ser un almacén de víveres, y unos cuantos laboratorios, estaban llenas de infectados.

Finalmente alcanzamos el extremo del conducto. A la izquierda, unas aspas de ventilador gigantes, ahora paradas, distribuirían el aire por todo el complejo, y a la derecha estaba lo que debía ser la salida del conducto. Ahora sí, la rejilla saltó de una fuerte patada, resonando por todo el espacio.

Vi la cara de Sam que se giraba hacia nosotros: -Aunque no tengamos muchas más opciones, hemos de bajar. Iré primero.

Vimos desaparecer a nuestro amigo hacia la habitación que tenía debajo. Después de un débil sonido a tendones partiéndose, oímos a Sam dándonos vía libre, y  bajamos a la estancia que teníamos debajo. Aparte de un zombie con  la cabeza retorcia y las puertas de unos ascensores, no había nada más. La única salida era un pasillo el cual acababa en giro hacia la izquierda, que probablemente conduciría hasta las instalaciones de antes.

-Estos ascensores han de ser nuestra salida, -dijo Sam. -La mierda es que no funciona la puta corriente! Ben, puedes hacer algo?

-Creo que sí.. esta parte de las instalaciones es más moderna que el resto, probablemente por ser la parte de entrada de la gente digamos importante.. como era común antes de la epidemia, el sistema eléctrico estaba controlado por ordenador, de manera que una carga excesiva de tensión en la red, como la que ha ocurrido antes, desconectaba automáticamente todos los sistemas eléctricos para evitar daños. Puedo intentar acceder al sistema informático y volver a reanudar la alimentación, pero esto sobrecargaría de forma excesiva la red de las instalaciones y no se si duraría mucho…

-Hazlo, y más vale que te des prisa.. -probablemente, diciéndolo de forma irónica, Sam se refería a los infectados que comenzaban a aparecer por el pasillo avanzando hacia nosotros. Asintiendo y sin decir palabra, Ben destapó una placa metálica entre los dos ascensores colocada en la parte baja de la pared, sacó su PDA avanzada, , y conectó la misma a los terminales que quedaron al descubierto en la pared.

Sabiendo cuál era mi papel, coloqué mi arma entre los infectados y yo, y me dispuse a hacer pedazos a esos cabrones.

 

¿Alguien se acuerda del género ciberpunk surgido a finales del siglo XX? Todas las metrópolis fascinan y agobian al mismo tiempo.

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4 Bajo tierra

Al llegar al final del pasillo una puerta nos bloqueaba el camino, ‘Sólo personal autorizado’, ponía en un cartel a la entrada. Parecía sólida y fuertemente cerrada, por lo que sólo podríamos abrirla con el pase de seguridad apropiado, el cual por supuesto no teníamos. Un cartel grande de zona peligrosa dejaba bien claro que no ibamos a entrar a un museo, pero ni idea que hacía un sitio como éste bajo tierra y en un pueblo perdido en las montañas. A la izquierda, había una puerta de madera cerrada, seguramente un guardarropa. Antes de entrar a zonas especiales, era común que antes hubiera salas donde poder dejar ropa u enseres personales, para poderlos recoger a la vuelta.

-Entremos ahí, quizás haya algo que nos pueda servir.

Giré la manivela, ya que la puerta carecía de llave. Pero aunque la podía girar perfectamente, no se abría. Parecía que algo obstaculizaba el movimiento de la puerta, como algo bloqueándola, pero que dejaba cierta holgura al empujarla.

-Hay algo dentro que no me deja abrirla. Lo malo es que es imposible hacerlo desde este lado y los guardarropas normalmente sólo tienen una entrada y salida. No creo que sea prudente abrirla.

-No tenemos otra opción – puntualizó Sam. -Es esto o dar media vuelta.

 Sacó una granada,que pendía de su cinturón y se la tendió a Ben. Si mal no recordaba, pertenecía a la época anterior, uno de los frutos de la alta tecnología alcanzada. Esta granada contenía en su interior una microscópica partícula de antimateria, sostenida por un campo magnético en un pequeño vacío. En el momento que este campo magnético desaparecía, activado por el detonador, liberaba toda la energía concentrada alcanzando miles de grados en su interior.

-No pensarás…

-Tú aguántala.Nos puede hacer falta según lo que haya detrás.

Tomó algo de carrerilla, y sus más de noventa quilos se lanzaron con el hombro por delante contra la puerta. Esta cedió al instante, y oímos el ruido sordo de un tablón al caer al suelo. Rápidamente Sam se apartó, apuntó con su arma a la oscuridad y esperó.

-Nada. Seguidme.

Pasó dentro y encendió la luz de la habitación. Nos encontrábamos en una vieja estancia, llena de archivadores, y como había supuesto, un mostrador, tras el cual varios tipos de uniformes descansaban en las estanterías. Un plano enorme, de lo que parecía el complejo, cubría la pared principal, y debajo se disponían varias butacas y una máquina de cafés. Lo que hubiese dado por una bebida caliente en ese momento… pero lo que me llamó la atención no fué eso.

-Matt..

Uno de los componentes del Equipo de Asalto yacía recostado contra una esquina, apoyado en un sofá.

Rápidamente corrí hacia donde se encontraba Matt. Sam y Ben me siguieron. Su arma, vacía,  se encontraba a su lado como un objeto inútil, probablemente gastó todas sus municiones. Al acercarme más, pude comprobar, con horror, que donde tendría que haber estado su mano ahora no había más que un muñón con sangre ya reseca.

Nosotros, los últimos habitantes de la tierra, somos inmunes al virus en sus métodos de transmisión más simples, tales como por aire o por el agua, pero una mordedura de un ifectado es una dosis letal. En pocos minutos la víctima es uno de ellos, a no ser, que se ampute rápidamente la zona mordida. Si lo piensas unos segundos de más, ya da igual, el virus se ha extendido por la corriente sanguínea a todo el cuerpo y tu muerte, para luego volver a levantarte como un muerto viviente, es cuestión de minutos.  A juzgar por el estado de Matt, éste tuvo el valor suficiente, aunque no creo que le hubiese servido de mucho. Carecía de pulso, estaba muerto desde hace ya uno o dos días, pero no estaba infectado.

Menos de una de cada de diez mil personas durante la Era Informática poseyó las características biológicas necesarias para ser inmunes al virus. Los científicos creyeron que los pocos ‘elegidos’ poseían algo en su grupo sangíneo que impedía al virus infectar sus células, pero nunca pudieron probarlo. A la mayoría de ellos sólo les interesó mas tarde la carne humana.

Sea como sea, Matt estaba muerto, y nada podíamos hacer por evitarlo.

-Debe llevar muerto unos dos días, a juzgar por su estado.. probablemente se atrincheró en este cuarto esperando nuestra ayuda. Eso significa que el resto del equipo puede estar aún en el resto de las instalaciones, -dijo Sam. -Moveos, tal vez encontremos algo de información útil en esta habitación.

 

  

A veces los clichés pueden llegar a aguarte bastante la fiesta, por decirlo de algún modo. Quizás por eso los niños puedan ser más felices con menos.

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 Tras un par de minutos, alcanzamos los restos de una vieja calle, donde vehículos destrozados y polvo se amontonaban. No se veía a nadie de momento. El silencio y la niebla, nuestra aliada, continuaban presentes. 

-Joder, este puto sitio da escalofríos- se quejó Ben. -No es el mejor lugar para ponerse a hacer turismo. Además, a saber cuántos tóxicos diferentes estamos respirando a cada segundo. Por nada del mundo hubiese vivido aquí.

-Oh, vamos, si lo estabas deseando -me reí- no son las vacaciones soñadas en el Caribe que deseabas, pero no me digas que no se parecen.

-Oh sí, igualito.

 -Basta! Habría que apresurarse, -sentenció Sam. -creo que lo mejor será dividirnos, tendremos más radio de búsqueda – aconsejó- Erik, Anna, creo que lo mejor sería intentar llegar hasta aquel antiguo templo- señaló un alto campanario que destacaba entre el resto de los edificios- y echar un vistazo, la zona no es muy extensa. Cualquier cosa que veáis comunicádnosla. Ben y yo buscaremos cualquier rastro de la expedición por los alrededores. 

 -Ok. Tan pronto hayamos subido, nos reuniremos con vosotros. – Anna se puso en camino, y cuando me disponía a seguirla, Sam me llamó y me di la vuelta.

-Cuida de ella, chico. 

Giré la cabeza y continué caminando.

Nos adentramos en las profundidades del pueblo.  Estábamos en tensión, en cualquier momento algún infectado podía saltar de cualquier edificio o estar esperando detrás de la siguiente esquina. Dado que yo estaba más especializado en el cuerpo a cuerpo, debía ir delante, pero más preparado que para la lucha debíamos estar para la huída.

– Es raro que no nos hayamos encontrado todavía con ningún infectado. Normalmente es poner un pie en tierra y ya los atraemos…

 -Mejor así, este sitio no me inspira muchos ánimos para combatir. De todas formas en esta época del año estarán como carámbanos helados la mayoría, y con estas temperaturas tan extremas no es de extrañar.

-Tienes razón, -suspiré.

Enseguida llegamos a la calle de la iglesia: era un callejón un poco más ancho que el resto, pero en el mismo mal estado. El portón principal era alto y de hierro, imposible de echar abajo o derribarlo. Mientras Anna me cubría, empujé fuerte.

-Nada.  Estará cerrado desde dentro, deberíamos encontrar otra forma de entrar.

-Imposible… parece que ésta es  la única entrada. No veo cómo lo podemos hacer.

Me quedé observando la fachada. El edificio era bastante grande y bien conservado a pesar del tiempo. A pesar de que este culto estaba ya casi extinguido, aún habían regiones del país donde se practicaba, y este centro de población parecía ser uno de ellos.

  Sin contar el campanario, mediría como unos tres pisos de alto. La parte de atrás parecía contener antiguas dependencias y habitaciones, y observé un pequeño balcón , próximo, y por debajo de un edificio contiguo al templo. No costaría mucho saltar desde la azotea del mismo hasta el balcón, y ya estaríamos dentro. Para bajar tan solo habríamos de deslizarnos desde la fachada hasta el suelo. Anna también se dio cuenta, así un simple gesto de asentimiento bastó para entendernos.

 

El edificio adyacente era un antiguo bloque de pisos aproximadamente de los siglos XX o XXI de la Edad pasada, nada raro dado el abandono que sufría este lugar por su elevada toxicidad. La puerta del portal estaba rota y dejaba ver el interior: dentro reinaba la oscuridad total, apenas se divisaban las escaleras que conducían a los pisos superiores y lo que parecían viejos periódicos estaban dispersados por el suelo. Guardé mi arma, ya que las estrechas paredes no dejaban mucha capacidad de maniobra, y  aparte de la linterna, saqué un pequeño cuchillo de caza que llevaba siempre en un costado de mi anorak. Aunque afuera la noche no era muy acogedora, no me gustaba mucho la idea de permanecer ahí dentro mucho rato.

-Será mejor que vayas delante,… -dijo Anna apuntando a las escaleras.

Comencé a subir lentamente. Las puertas de los pisos estaban cerradas. Ambos sabíamos que en su interior aún seguirían los antiguos inquilinos, poseídos hace ya tiempo por el virus.

 Cuando todo empezó, como es lógico la mayoría de la población decidió refugiarse en sus hogares,  estando ya infectada o haciéndolo más tarde, y contagiando de esta manera al resto de sus familiares. Dado que practicamente la totalidad sellaron las entradas, los antiguos inquilinos estaban condenados a vagar por las estancias pasar el resto de sus  no-vidas, por decir de alguna manera.

Llegamos, después de subir tres pisos, a la puerta que conducía a la azotea. Gracias a su mal estado, cedió al instante con un golpe de hombro. Mientras el viento hacía ondular su liso cabello, Anna me indicó donde estaba el balcón.

-Las damas primero.

No se lo pensó  dos veces, y de un grácil salto aterrizó en él sin demasiadas complicaciones. No tardé en seguirla.

Miré atrás, era imposible volver a alcanzar la azotea donde estábamos antes, quedaba muy por encima de nosotros, de manera que para volver habríamos de encontrar otro camino.

-Vamos. -la puerta de cristal que daba al interior estaba cerrada, pero bastó un empujón para abrirla. La habitación de dentro parecía tratarse de los antiguos aposentos de un clérigo. Una cama con dosel, hecha, se hallaba en una esquina, y aparte de numerosas imágenes religiosas no había mucho más en la habitación, exceptuando también las numerosas grietas que surcaban las paredes.

 -Busquemos el acceso al campanario, y después de echar un vistazo, salgamos rápido de aquí.

Derrepente oímos un ruido. Eran pasos, lentos pero constantes, alguien se estaba acercando por el pasillo que daba a la estancia. Anna quitó el seguro de su MA16, y yo me preparé para embestir a quienquiera que entrase.

La puerta se abrió lentamente, y una figura humana entró en la habitación. La oscuridad apenas dejaba ver su relieve. Apunté con mi linterna a su cara:  Tenía el aspecto de un hombre de avanzada edad; de un espeso pelo blanco. Carecía casi por completo de piel y carne en la cara dejando ver la diabólica sonrisa de un cráneo desnudo. Probablemente sería el antiguo dueño de las habitaciones, a juzgar por su vestimenta.

Se mantuvo quieto unos instantes mirando a través de mí con sus blancos ojos , y se abalanzó dispuesto a alimentarse. Antes de que me alcanzase le hundí el cuchillo de un golpe en la sien cosa que lo hizo parar en seco y desplomarse al suelo, no sin antes levantar débilmente su brazo hacia mí. 

 -Puede haber más, así que estate preparada.

-Ok. Como si no lo supiera…

Salimos al pasillo: el polvo, así como las tinieblas, cubrían todo por completo. El pasillo parecía continuar a derecha e izquierda, y como el campanario quedaba a la derecha ( dato conocido gracias al gran sentido masculino de la orientación ) cogimos ese camino. Al caminar, la madera crujía bajo nuestros pies pero parecía que el suelo iba a resistir.

Al girar una esquina, se presentaron ante nosotros unas escaleras de caracol y un acceso a lo que parecía ser el coro del edificio, que dominaba la parte superior de la estancia del templo.

-Ven, quiero ver esto un momento… – me pidió Anna, y la seguí a través del marco de la puerta. Desde aquí se podía ver toda la sala principal! Un viejo órgano yacía en la parte izquierda, también, testigo quizás del culto que hace años aquí se practicaba. Enfoqué al techo, formado por los característicos arcos, con la linterna. Recuerdo en mi infancia haber estudiado de que estilo serían estos arcos, dando así una fecha de construcción al edificio pero ya no me acordaba y este conocimiento poco importaba ahora.  Mediría unos treinta metros de altura, si no me equivocaba. Derrepente, mi compañera me sujetó del brazo.

-Erik, mira abajo!

Lo que ví me impresionó bastante: todo el suelo, donde tendría que haber estado la zona de bancos estaba cubierto por incontables mantas y sacos de dormir, donde junto a la gran mayoría había sacos y paquetes de diversos tamaños, probablemente enseres personales.

-Debieron de refugiarse aquí cuando ocurrió todo.

-Eso parece, -contesté.

Un sentimiento de terror me hizo estremecer cuando entendí lo que representaba cada una de esas ‘camas’.

-Sabes lo que esto siginifica..? -pregunté a mi compañera mientras observaba los cientos de mantas.

Anna comprendió lo que quería decirle. Las puertas, desde que las sellaron, jamás se habían abierto, y ella lo sabía.

No estábamos solos.

 

-Más vale darse prisa. -asintió.

 

Salimos de ahí y subimos las escaleras con rapidez. Cada vez ascendíamos más  hasta que una corriente de aire frío me indicó que ya estábamos llegando al final. Despúes de levantar la trampilla, nos encontramos en lo alto de la torre: desde aquí contemplábamos todo el lugar, varios cientos de metros a la redonda. Saqué por tanto mis prismáticos y comencé a observar: La mayoría de los edificios estaban en bastante mal estado, con las ventanas o las puertas hechas pedazos. Cientos de coches estaban atascados o accidentados en las calles pricipales, pero esto no era ninguna novedad. Todas las ciudades del planeta estaban apuntadas a la misma moda… la situación se descontroló muy rápido durante el maldito fin del mundo. Algunos componentes de la fuerzas de seguridad locales intentamos mantener el orden en las calles: eran frecuentes los disturbios noturnos,al principio, en el que una hambrienta población intentaba encontrar algo que llevarse a la boca en los comercios locales o ya de paso algún caro y lujuso electrodoméstico para su hogar. Pero cuando la epidemia se descontroló, la mayoría de policías y funcionarios dejaron de ir a sus puestos de trabajo con lo que la sociedad como la conocemos tocó a su fin. Los camiones que se encargaban de suministrar alimentos, combustible y productos a las ciudades dejaron de poder circular, y la electricidad dejó de llegar a los hogares. Las carreteras estaban colapsadas, llenas de coches vacíos, al igual que las calles. Las ciudades donde el virus se había extendido se convirtieron literalmente en mataderos, mataderos de personas, millones de ellas. De noche el único ruido que oía la gente refugiada en sus casas, aparte de algún grito en la oscuridad proveniente de muy lejos, eran pies arrastrándose. Miles de muertos vivientes reclamaban las calles y la carne de cualquier persona viva que aún pudiese quedar.

En cuanto a esta población local que podía divisar desde aquí, algunos pocos infectados estaban dispersos por las calles, aparentemente sin nada que hacer aparte de vagar… pero más adelante, a unos doscientos metros del lugar por donde habíamos entrado al pueblo, parecía que estaban celebrando algun tipo de fiesta, y de las grandes. Decenas de ellos se agolpaban fuera de lo que parecían ser unas naves industriales… y fuera, rodeado de un pequeño cráter, yacían dispersos los restos de lo que parecía un furgón. Quizas fuese uno de los dos que disponíamos en Nordway, aunque eso significaban bastante malas noticias. Le pasé los prismáticos a Anna y le indiqué donde mirar, mientras hablaba por la radio atada a mi muñeca.

-¡Dime, figura! -respodió Ben.

 -Ben, acercaos por aquí ahora mismo. He localizado donde puede estar el resto del equipo.

-Perfecto, tío! A Brian le gustará saberlo. Sam y yo vamos para allá, las cosas se están poniendo feas conforme nos adentramos en este sitio y francamente no me hace ninguna gracia.

Sin mucho que decir, bajamos rápido las escaleras, sacamos nuestras linternas y nos pusimos a avanzar hacia la habitación por la que habíamos entrado a este lugar. Avanzamos despacio, preparados para encontrarnos cualquier cosa. Derrepente, mi compañera me cogió del hombro.

-Espera! No oyes eso…?

Escuché detenidamente. Un ruido lejano parecía venir del fondo. Ahora se oía mejor, si, ¡eran sonidos de pasos! Cientos de pasos.

-Espera aquí!- susurré. Giré la esquina, preparado para lo peor. Enfoqué al suelo y fui subiendo el haz de luz. Varios infectados, muy descompuestos, avanzaban lentamente hacia donde nos encontrábamos. Casi podía ver la sonrisa en sus caras.

 

 

No poder escapar de donde me encuentro ha sido siempre parte de mis pesadillas, más que cualquier otra cosa. Quizás sea algún tipo de instinto.

Hasta más leer.

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