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Posts Tagged ‘infectados’

Nos encontrábamos ya cerca de nuestro refugio de aquí, en Reein. Algunos cadáveres recientes quedaban atrás en nuestro camino. Siempre me sorprendía ver como seguían apareciendo más con cada visita, cómo era posible que los muertos caminasen tanto en busca de carne humana. Supongo que de no haber tenido este hambre insaciable el virus no se hubiese extendido tanto, al igual que si la humanidad no hubiese tenido ese insaciable deseo por el sexo no nos hubiésemos multiplicado tanto, aunque al final ese haya sido nuestro fin, y casi el de nuestro planeta.

Un camión volcado bloqueaba la calle, de manera que dejaba un espacio muy estrecho para pasar. Sonia se dispuso a cruzarlo, pero justo cuando estaba a la altura de la cabina, contemplando el cadáver del antiguo conductor (misteriosamente muerto de verdad) un fuerte golpe se olló en la puerta de su derecha y un podrido brazo surgió entre el agujero de la misma, rozando su cuello. Sonia ahogó un grito. Segundos después un segundo brazo salió de la destrozada puerta, que comenzó a ser sacudida por varios golpes.

-Ignoradlos, la puerta aguantará.

-Es increíble la facilidad con que nos han detectado.. parece como si desde un principio supiesen que estábamos aquí, -observó Alice.

-Siempre, siempre acaban dando contigo, y ellos nunca se cansan, ni pasan hambre ni frío, ni sienten dolor. Por eso no tengáis piedad de ellos, aunque parezcan humanos y podais sentir un poco de compasión pensad que no lo serán nunca más.

Los infectados continuaban gimiendo tras la desvencijada puerta. Logré atisbar un par de ojos blanquecinos tras una grieta de la puerta, y segundos después una boca derramando sangre y mostrando astillados dientes.

Aparté la vista y partí los brazos más próximos empujándolos con el pie, de manera que quedaron colgando e inservibles. Aunque quisieran ya no podrían agarrar nada nunca más.

Un momento después ya estábamos lejos de ahí.

 

-Siempre me he preguntado, -comentó Sonia, -¿ no se pudo diseñar ninguna cura? quiero decir, habría alguna opción de que volvieran a ser como antes?

-Eso es imposible. Casi la totalidad de sus órganos internos se hayan descompuestos, y todo el cerebro menos la parte relativa al movimiento y los instintos más básicos, como el de la alimentación,  está muerto. Si lográsemos destruir el virus de su cuerpo lo único que conseguríamos sería matarlos completamente, ya que es lo único que los mantiene en pie.

-Me alegro de ser inmune -dijo Alice.

 

Un minuto más tarde nos encontrábamos delante de un pequeño edificio, de no más de dos plantas, aparentemente una antigua subestación eléctrica. El tejado tenía forma de cuña, para poder dejar resbalar la nieve.

-Es aquí.

Junto a la entrada había un pequeño farolillo de cristal, el cual abrí y saqué una llave de su interior que usé para abrir la puerta.

-¿Es necesario cerrar? -preguntó Sonia.

Me reí.

-¿Te arriesgarías a que alguno por casualidad nos esperase dentro? No creo que nos recibiese con un beso y un ‘que tal te ha ido el trabajo cariño’.

 

El interior estaba bastante bien iluminado, dado que fuera aún había bastante luz, pero la luz solo provenía de pequeñas clarabollas en la pared tocando al techo, de tan solo un palmo de altas. Si el edificio hubiese tenido ventanas convencionales de cristal, sería casi como dejar la puerta abierta a visitantes indeseados. La sala que teníamos delante tenía varios monitores y servidores dispuestos en las paredes, armarios, algunos archivadores  y un par de mesas donde había desparramadas varias botellas de productos químicos y piezas de maquinaria diversas.

-Esta es la sala que más utilizamos durante las horas de luz. En los armarios hay armas y comida, serviros a vuestro antojo. Esa puerta de ahí da al sótano, donde pasamos la noche. Tenemos varias camas, velas y monitores de vigilancia del exterior. Esa otra puerta da al garaje, donde descargamos las mercancías, y esa otra da al piso de arriba pero aparte de polvo y máquinas viejas no esperéis encontrar nada en especial.

Mientras Alice inspeccionaba el armario de las armas, bajé con Sonia al sótano. Aquí no había luz por la ausencia de ventanas. Encendería un par de farolillos que teníamos en las paredes.. ¿ dónde dejé el mechero la última vez?

– Mmm.. ¿ está libre el colchón junto a la estufa?

-Creo que sí. Oye, ¿ no has visto un mechero por aquí ? Saca mejor la linterna..

-Vale, pues me la pido! Ah, no es eso de ahí?

Oí como Sonia caminaba por la habitación, porque verla no podía verla en absoluto. Segundos después se acercó y me tendió un pequeño objeto metálico.

-Gracias. Oye, cómo has podido verlo aquí abajo?

Cuando sus ojos verdes se encontraron con los míos, brillaron por un momento con un reflejo verde esmeralda, parecido al de los felinos.

-Ah.. siempre he podido ver en la oscuridad casi tan bien como a la luz del día. Lo sé desde los trece años, pero salvo para no tender que ir encendiendo luces por la casa cuando me levantaba al baño de noche, no me ha sido nunca de mucha utilidad.

-Me sorprendes.

La luz de las velas iluminó mejor la estancia.

-Todo sigue igual.. Ayúdame a sacudir un poco la humedad de los colchones y a bajar un poco de combustible al generador de aquí abajo. Pondremos en marcha la radio de aquí abajo e intentaremos ver si sigue funcionando, si no nos aburriremos un rato.

-¿Ya alcanza la señal desde aquí abajo?

-No, en realidad la antena está en el piso de arriba, creo.

-Os teníais bien callado lo del Lamborghini de arriba, eh? -gritó Alice desde lo alto de las escaleras.

-Ah..cosas de Ben.. Brian siempre se queja porque apenas deja espacio para el blindado..

A pocas mujeres les suelen gustar los coches y suelen entender de ellos, asi como también había pocas niñas a las que les gustara el fútbol y jugasen con los chicos en el patio. Todas las que conocí que lo hicieran, o bien su padre tenía un taller mecánico, o años más tarde se descubría su sorprendente orientación sexual. Esto daba que sospechar, pero el futuro lo diría.

                                                      

                                                           ________________________________________

 

Ben se detuvo delante de una pequeña estación de repetición de onda, antiguamente utilizada para amplificar la señal de las ondas de telefonía móvil y de las emisoras de radio nacionales. La estación en sí no era de gran altura, pero la antena se elevava un considerable número de metros, y todo ello construido sin apenas intervención humana.

Nada más llegar a la puerta, un par de infectados salieron de su interior. El primero, cuyas entrañas sobresalían de su destrozado vientre, avanzó hacia ellos con un lúgubre gemido, provocando que escupiera la poca sangre que le quedaba por la boca. Sally se encargó de él mientras su amiga atravesava la cabeza del otro a través de su blanco ojo.

-¿Primera planta, sector oeste? -afirmó más que preguntó Sally.

-Sí, correcto. ¿Ya te lo habían dicho?

-No, pero esos cables conectados a los paneles solares del techo, que entran chapuceramente  por la ventana del edificio no dejan mucho lugar a la imaginación. Nos vemos en un momento, creo que tengo prisa.

Sally trepó con su ligero cuerpo por el árbol cercano a la ventana, y de un salto de más de dos metros de distancia se coló en el interior del edificio, a la vez que de la puerta del edificio salían tambaleantes varios infectados, muy hambrientos por cierto.

-¿Pero qué..? -gritó Ben, a la vez que se le caía el cigarrilo de la boca.

Un infectado calvo cargó contra él, derribándolo, a la vez  que intentaba morderle el cuello. Tenía la piel tirante y le apretaba los huesos, como si le hubiesen puesto un vestido elástico y muy ajustado encima de una masa de huesos y músculos. Casi instintivamente, Ben giró su cabeza 180º, con lo que con un crujido se partió. Se apartó con un torpe movimiento torpe el ahora sí muerto de encima suyo.

-Perfecto, otro día entero con este asqueroso olor encima.

Mientras se levantava, vió cómo Lucie la intentaba a duras penas contener a los demás.

-Y también parece que voy a tener que trabajar -dijo sacando su arma.

 

Cuando subieron, Sally se encontraba consultando la pantalla de un ordenador.

-Así que tenéis programada una estructura de repetición en onda corta, y además en varias frecuencias… sólo una con un 25% o menos de energía.. el que ha montado todo esto es todo un crack.

-Muy bien, sabes leer basic. Ahora si tanto sabes, ponte a trabajar. Hemos de reprogramar el bucle para que funcione a una mayor intensidad, pero tan sólo dos horas al día.  Llevamos demasiados años sin recibir ninguna maldita transmisión, sólo ruido en todos los canales . Creo que ya no queda nadie ahí fuera. Sea como sea, quizás, si ampliamos el alcance de la señal, encontremos algo, pero el tiempo lo dirá. Gracias a este chisme – Ben descargó una pesada caja metálica de su mochila- podremos conseguirlo. Tuvimos que ir hasta una estación de radio a varios quilómetros de aquí para conseguir este descodificador, pero espero que merezca la pena.

-Vamos, hombre. Es imposible que nadie más al sur haya logrado sobrevivir todos estos años. Sólo a los imbéciles se les ocurriría perder el tiempo de esta manera.

-Si tan idiota te parece hacer esto, espéranos fuera en la calle. Tardaremos un par de horas, así que te puedes aburrir al principio, pero seguro que no tarda en aparecer alguna agradable compañía.

Pareció pensárselo.

-Ya me gustaría, pero he de vigilar que no la cagues.

-Ya te gustaría que lo hiciese. Ves haciendo esto, voy a comprobar las conexiones del piso de arriba y instalar el nuevo componente. Lucie se quedará contigo para evitar las visitas inesperadas que puedan aparecer. Recuerda que el canal principal no funciona aunque aparezca online.

-Ya voy yo arriba, tu quédate aquí y arregla ésto mejor. Como si aún fuese a la escuela…

-Como gustes, preciosidad.

 

                                                           ________________________________________

 

Oí que alguien abría la puerta de la sala principal donde me encontraba.  Dado que la capacidad de razonar de los infectados les daba como mucho para golpearla con un cuchillo, supuse que Anna estaba de vuelta. Sonia y Alice estaban descansando un rato en el piso de abajo (prefería pensar que estaban haciendo esto, y no ninguna otra actividad fuera de lo normal, con la asusencia de hombres en estos tiempos cualquier cosa podía ser), se habían pasado la mañana limpiando este seco refugio al que probablemente tardaríamos en volver y ayudándome a empaquetar diversas cosas que aún quedaban en el garaje, para llevarnos a Nordway a la vuelta.

-Os habéis cansado rápido, -dije mientras me quitaba las gafas de protección y me giraba para mirarla.

-¿Así que pasándotelo en grande, eh? -dijo mientras veía los cartuchos de dinamita que tenía en la mano, y la botella de nitroglicerina de encima de la mesa.

-No es que me entusiasme fabricar explosivos, pero algo tenía que hacer. Además son bastante útiles.

El resto del equipo entró y se sentó en un viejo sofá polvoriento, mientras dejaban sus armas encima de la mesa y se quitaban los chalecos.

-¿Algo interesante? -pregunté mientras Anna me ayudaba a limpiar la mesa.

-Nada que no hayas visto.. ah si, nos encontramos con una especie de trampa al entrar a una vivienda, por suerte la madera estaba tan podrida que no funcionó. ¿Tenemos algo para comer?

-Sí, aún queda bastante comida del invierno pasado, podemos comer y descansar un rato. Ben estará a punto de acabar, me imagino.

Miré un momento al resto de las chicas, que estaban entretenidas probándose varios pendientes y collares de oro que se habían encontrado.

-Miraré a ver que queda.

 

 

-.. y entonces, arranqué el coche atropellando a todos los que me venían por delante mientras todo explotaba a mi alrededor y..

-Sí, sí, y les hiciste así con el dedo por el retrovisor mientras los dejabas atrás.. dame un trago.

Sally y Lucie estaban terminando de comer, sentadas en el suelo y apoyadas contra un viejo servidor, mientras Ben bebía sorbos de una vieja lata, sentado en una vieja silla giratoria frente al monitor y comprobando la pantalla todo el rato, mientras por el altavoz salía el típico ruido de estática que indicaba vacío en la señal, al igual que al sintonizar ninguna emisora.

– ¿Le queda mucho?

-Básicamente ya está. Sólo quiero comprobar que capte bien la señal. Si detecta alguna onda entrante, quiero que la grabación que realice el programa se archive bien.

-Va, déjalo y vámonos, para lo que se va a escuchar.

-Créeme que con un poco de optimismo se vive mejor, pero tienes razón, es hora de marcharnos.

Ben se estiró en la silla y bostezó, tras lo que cogió su radio.

-¿Erik?

-Dime tío. ¿Salís ya?

-Sí, en diez minutos os esperamos en el coche. Ya está todo acabado. Corto.

Mientras Lucie y Sally se acababan de vestir, Ben se dispuso a apagar el monitor. Derrepente una anomalía en el ruido de la transmisión le hizo parar. Lo que parecían ser palabras de una voz humana se distinguían a través de la estática.

 

De noche nuestra concepción de lo que es seriedad varía mucho que la misma durante el día. Aún sin alcohol, nos podemos llegar a arrepentir de nuestros actos o nuestras palabras.

Hasta más leer.

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