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Posts Tagged ‘postapocalipsis’

Los infectados cada vez estaban más cerca. No podía dejar que entraran en la estancia en la que estábamos, sería imposible hacerles frente. Me interné, entonces, en el pasillo, decidido a no dejar pasar ninguno, claro que decirlo era mucho más fácil que hacerlo. Los malditos estaban hambrientos, y venían a por mí a una velocidad increíble. Del primero,un doctor con  bata blanca harapienta, me deshice sin problemas. Su cabeza  rodó por debajo de mis piernas, mientras su cuerpo se desplomaba y un chorr de sangre manaba a través de su cuello. Pero no llegó a tocar el suelo, una avalancha de no- muertos que empujaban lo llevó hacia mí. Tuve que retroceder para que no se me echaran encima.

Este era un mal método. Intentaba contenerlos a golpes, pero eran demasiados. Los de detrás empujaban a los de delante, y la presión era demasiada para soportarla yo sólo. Intentando contener los cuerpos, sentí una fuerte presión en mi antebrazo inquierdo. Un asqueroso de esos me estaba mordiendo! Tiré pero me tenía bien sujeto, y los brazos del resto ya estaban justo al lado de mi cabeza. Soltando mi espada, saqué el cuchillo y dándome media vuelta se lo hundí en la cabeza, con lo que la presión cedió al instante, pero perdí el cuchillo para siempre.

-Más vale que os déis prisa por ahí detrás! No podré contenerlos mucho más!- había llegado a un punto en que pegaba golpes a la fila de esos monstruos que avanzaban sin preocuparme siquiera en apuntar, sólo con la determinación que no pasaran. Pero cada vez retrocedía más, y físicamente había llegado a mi límite. Derrepente las luces del techo empezaron a parpadear.

-Ya está! -gritó Ben mirando su PDA. -Disponemos de poco más de un minuto hasta que se colapse el sistema!

Un minuto. Si no conseguíamos subir a la superficie en ese tiempo, todo estaría perdido. Si no conseguía acabar con esos monstruos, no conseguiríamos subir al ascensor, no nos dejarían. Había retrocedido ya hasta el cuarto donde estaban mis compañeros. Era el fin, no conseguiríamos salir de ahí a tiempo. 

-Preparaos a pasar un poco de calor.

-Sam, qué coño…

Vi como con los dientes quitaba la anilla a la única granada que nos quedaba, y la lanzó al final del pasillo.

-Todos al suelo!

Tan sólo una fracción de segundo, escuché una fuerte explosión. Después sólo oí un pitido agudo, mientras desde el suelo veía como una nube de fuego azul se comía a todos los infectados, haciéndolos desaparecer en su interior, mientras el techo del pasillo se desplomaba. El calor llegó hasta nosotros, y sentí como la cara y las partes descubiertas de mi cuerpo me escocían hasta el límite. Ví a Sam levantarse, mover los labio diciéndonos algo, aunque no lo podía oír, y dirigirse hacia el ascensor que nos conduciría a la salida.

Mientras subíamos, y recuperábamos nuestro sentido del oído, oíamos como la habitación en la que estábamos unos segundos antes se derrumbaba, a la vez que la luz del ascensor empezababa a parpadear. Después de unos segundos, la intensidad de la luz empezó a aumentar progresivamente, hasta que finalmente la bombilla estalló, dejándonos en la más completa oscuridad, a la vez que el ascensor se detenía. Se oyeron más explosiones provenientes de abajo, al saltar el sistema elétrico. Dado que la mayoría de vigas y mobiliario eran de madera, pronto toda la instalación sería pasto de las llamas. Tristemente jamás volveríamos a ver a nuestros compañeros, este búnker maldito sería su tumba.

-Parece que el sistema se ha sobrealimentado antes de lo previsto – comentó Ben.  -No nos queda más remedio que subir el tramo que nos quede por nosotros mismos.

Dicho esto, empujó el techo del ascensor para arriba, y movió la cubierta a un lado. En la mayotía de ascensores siempre se pudo hacer esto. Se aferró al borde y se impulsó a la cubierta del ascensor. Fuera, una escalera de mano se perdía en lo alto.

-No nos queda mucho para llegar arriba. Si aún tenéis fuerzas para trepar…

                                                                                       ____________________

Después de subir por la escalera, y abrir fácilmente la puerta de salida ya que no había electricidad (después de lo anterior, ésto era como ir a comprar el pan), aparecimos en el sótano de un lujoso edificio. Apenas unos pocos infectados nos opusieron resistencia hacia el exterior. Dejé que Ben se ocupara de todo el trabajo, por hoy ya había hecho suficiente, y mis brazos no podían hacer nada más.

En el exterior había dejado de nevar, y el sol asomaba ya por el horizonte. Tras mirar alrededor, vimos que no estábamos muy lejos del almacén donde Anna nos esperaba guarecida. Al mirar hacia la derecha, vimos como una horda de infectados al final de la calle se dirigían hacia nosotros, sorteando los vehículos accidentados.

Sam habló a través de la radio de su muñeca:

 -Brian, sacadnos de aquí, ya.

Corrimos hasta el almacén, donde algunos mordedores se habían empezado a acercar lentamente, y Anna se estaba ocupando de ellos silenciosamente. Parecía estar al límite de sus fuerzas. Al oírnos llegar corriendo, sus ojos azules se giraron rápidamente hasta donde estábamos, a la vez que ponía sus armas entre ella y nosotros. Cuando vio quiénes éramos se relajó y dijo:

 -Cómo habéis..?

-Las explicaciones en un momento- el vehículo blindado acababa de llegar, sonando el ruido del motor como un estruendo en mitad del publo vacío y un rostro negro se asomó desde la parte delantera.

-Vamos! No quiero tener aquí a todos los jodidos muertos de este pueblo antes de que podamos salir.

Los infectados que nos seguían estaban ya a sólo dos metros de la parte delante delantera del vehículo. Sin pensárnoslo, subimos adentro con nuestros últimos esfuerzos, y en cuanto lo hubimos hecho, Jonshon arrancó y salimos para siempre de este pueblo maldito donde ya no quedaba nada excepto muerte y desolación.

En cuanto recuperamos el aliento, Sam procedió a relatar lo que habíamos visto en el antiguo búnker, y el destino del resto . Cuando acabó, Brian se quedó pensativo.

-Bien, parece que ahora somos todo lo que queda del equipo de asalto. Por ahora descansad, pero necesitaremos encontrar municiones antes de que pase el invierno. Si no, estaremos jodidos. -dicho esto volvió a la parte delantera del vehículo, sin nada más que añadir. Sam y Ben se recostaron para poder dormir el resto del trayecto.

Cuando se fijó en el desgarro de la chaqueta de mi antebrazo, Anna procedió a examinármelo, y rápidamente me hizo arremangarme. Me examinó la piel: por suerte la mordedura no había traspasado la ropa.

-Has tenido mucha suerte.. habéis tenido mucha suerte todos…

-La suerte no es una casualidad, forma parte de la habilidad de cada uno.  -repliqué.

-No podrías al menos alegrarte un poco, eh.

Ninguno volvimos a mencionar habitualmente a Matt ni a los demás. Todos los que estábamos aquí perdimos a todos nuestros seres queridos durante la epidemia. Todos habíamos visto morir y habríamos matado. Altos rascacielos y rotos carteles luminosos eran testigos de cientos de masacres, del horror de los suicidios colectivos y lo que puede llegar a hacer la gente por sobrevivir. La muerte formaba parte de ya de nuestras mentes, habíamos vivido en una era en donde la vida humana valía menos que un arma de fuego o una simple lata de conservas.

-Tenemos mucho trabajo por hacer ahora, -dije.

-Pero todavía puede esperar. -Anna se acercó y se echó a dormir a mi lado, usando mi mochila en el suelo como almohada.  No tardé mucho en acompañarla.

 

Relaja bastante olvidarse de todo el trabajo y escribir algo para tí. Una vía como cualquier otra para no aburrirse con la rutina. Por mucho que te apasione en lo que estás trabajando, siempre está bien imaginarse una vida distinta.

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