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 Anna y el resto de las chicas esperaban abajo del edificio por recomendación mía, no las iba a hacer subir cargadas como iban aunque conociendo a Ben esta vez sería de cierto interés lo que tuviera que enseñar. También por la razón de que en este edificio aún quedaban áreas contaminadas de infectados.

-Espero que hacerme venir no sea una pérdida de tiempo… -le dije a Ben. Tener que cruzar medio pueblo para ver algo que me tenía que enseñar, y además rápido, espero que mereciera la pena.

-Escucha. Grabamos esto hace unos minutos, después de instalar el dispositivo amplificador de intensidad de señal. El programa registró la transmisión entrante automáticamente, aunque solo pudo descodificar una parte. Al contrario de lo que pensábamos, la señal es bastante avanzada, similar a las que estaban en activo poco antes de la epidemia, contrariamente a lo que esperábamos encontrar.

Ben introdujo en el teclado unos rápidos comandos, tras lo que un ruido de estática empezó a sonar. Siguió sonando así unos segundos, cuando derrepente se logró escuchar una leve voz:

-‘.. más tarde no… sí, conocemos el lugar de sobra..  y oye, habría que  (… ) de sitio, … como si supieran que…. (aquí se corta) … demasiadas muertes…’

Y ya no había más, ahí se cortaba completamente la grabación. No había ni siquiera ni una frase inteligible, y las pocas palabras que había apenas se escuchaban entre un mar de estática. Me quedé pensativo unos segundos. Había de reconocer que esto era interesante, daba lugar a un mundo de especulaciones.

-¿No hay más?

-No, ni lo habrá. Un fallo en el dispositivo receptor de arriba, causado por aplicar un voltaje excesivo sobre el elemento fundió los circuitos integrados. Se podría haber evitado conectando un elemento capacitivo al circuito.

-¿No se puede cambiar el receptor?

-¿Estás loco?? ¿Sabes lo que nos costó encontrar uno de éstos? Habremos de esperar cientos de años, si la humanidad no se extingue, para poder fabricar un circuito integrado como éste con una nanotecnología tan avanzada.

-¿Conseguiste aislar el origen de la señal al menos?

-Sí, el programa automáticamente calculaba el origen de cualquier transmisión entrante.. la señal proviene a menos de seiscientos quilómetros de aquí, hacia el suroeste. En dirección a la antigua capital de Fort McMurray, calculándolo a ojo, aunque habría de consultarlo.

-Es imposible.

-Lo peor es que tienes razón. Nada puede sobrevivir ahí más de unos segundos.

Esto significaba que la transmisión provenía de áreas urbanas, y era imposible que cualquier pequeña sociedad hubiese sobrevivido ahí. Millones de infectados vagaban por cada una de las calles, por no hablar que hacía años que la epidemia había tenido lugar, y a cualquier persona inmune en el búnker más fantástico que se pueda imaginar se le habrían acabado los víveres hace ya tiempo.

-Hemos de comunicar esto en Nordway. Bien hecho, tío, has vuelto a sorprenderme.

Dejamos Reein tan rápido como habíamos llegado. Antes de que Ben subiese al asiento del conductor, ví por la ventanilla como Sally agarraba a Ben del brazo, y le pronunciaba unas palabras sin mirarle a los ojos. Por el movimiento de los labios pude entender un ‘gracias’.

___________________________________

 

Cuando volvimos estaba ya oscureciendo. Un pequeño grupo de mujeres regresaba camino arriba hacia Nordway, cerca de la entrada, unas cuantas llevaban algunas piezas de caza al hombro, y otras iban vigilando con armas el camino, atentas a cualquier ser que pudiese emerger de entre los árboles. Al llegar delante de la puerta, ésta fue abierta desde dentro y pudimos pasar, junto con el grupo de caza, tras lo que se cerraron fuertemente.

Una vez en el taller, descargamos las armas y el cargamento que traíamos, de forma bastante rutinaria.

-Buen trabajo hoy. Mañana tenemos el dia libre, así que aprovechad para descansar. Si alguien no se siente especialmente cansado, mañana Ben y yo probaremos por fin esa maravilla de ahí -señalé el nuevo vehículo que habíamos conseguido terminar durante estos meses, reemplazando el motor original – estáis todas invitadas. Que descanséis.

-¿Qué hacemos con lo que hemos traído? -preguntó Sonia.

-Vuestras armas y equipaciones lleváoslas cada una con vosotras. De la carga que hemos traído nos ocupamos nosotros, esta vez.

-Acuérdate de recoger tu tambén tus cosas, guapo, – dijo Alice mientras me lanzó mi arma desde dentro del vehículo, que unos segundos antes estorbaba desparramada por el suelo del mismo y ahora golpeaba fuertemente contra mi cuerpo.

 Me despedí de  las chicas, y mientras Ben se iba a casa para preparar algo de comer, acompañé a Anna a cargar las mercancías hasta el almacén.

-Sí que pesa esto.. ¿qué  se supone que es?

-Un par de baterías de coche y algo de cableado de una instalación, de cobre por supuesto.

-Lo que hay que hacer por tener algo de luz. Si lo llego a saber lo cargan ellas. Aparte de esto tenemos buenas noticias, si no buenas al menos extrañas. No sé que acabaremos decidiendo, pero desde luego como no sea llegando físicamente hasta ahí no vamos a tener ninguna oportunidad de saber si lo que escuchamos es radio zombie local o algo que valga la pena conocer.

Anna calló.

-No creo que sean tan buenas noticias..

-¿Qué quieres decir? Durante todo el tiempo que llevamos viviendo aquí no hemos hayado nunca ningún rastro de vida, y nos hemos dado cuenta como las probabilidades de que pueda vivir ningún ser humano fuera de aquí son muy bajas. Me alegraría saber que alguien más aparte de nosotros lo consiguió.

-No deseo la muerte de nadie, y me alegro porque alguien más lo consiguiese, pero yo.. me he llegado a acostumbrar a este sitio.. ¿ y me gusta sabes? no quiero verlo amenazado por nada ni nadie. Sea, quien sea seguro que no querrán solo pasar a ver como estamos. Todo el mundo quiere algo, y cualquier cosa que quieran será nuestra.

La miré con compasión, mientras entrábamos en el antiguo centro educativo forestal.

-Odio decirlo, pero soy más feliz ahora después de que el mundo se acabara que en la sociedad en la que viví hace muchos años. Me gusta ser dueña de todo lo que tengo y de mi vida, y me gusta conocer de memoria los nombres de todas las personas a las que veo cada día y me gusta vivir sin tener que seguir ninguna estúpida ley civil ni estar sujeta a todas las normas que te imponía la estúpida sociedad.

Me reí.

-Vale, tranquila, nadie te va a quitar nada. De todas formas no creo que se haga mucho al respecto.

Hice una pausa sin escucharla mientras descargaba los paquetes en una mesa,  liberándome de un gran peso.

-No le dés más importancia de la que no tiene. Ves a casa, mañana será otro día.

No pareció muy convencida, asi que decidió cambiar de tema.

-¿Y no quieres que te ayude a clasificar esto?

-Ya puedo hacerlo solo. Sólo serán cinco minutos. Además, creo que hoy prepara la comida Ben y no hay niguna prisa en llegar pronto.

-¡Gracias! Nos vemos mañana.

Su ajustada silueta desapareció por la puerta.

Cuando pierdes algo es cuando verdaderamente te das cuenta de lo que tenías. Cuando has vivido en dos culturas o sociedades distintas, puedes apreciar mejor lo propio de cada una de ellas. Podía entender como Anna, habiendo vivido años entre miles de rostros desconocidos, sentía miedo ahora ante el cambio de ver unos nuevos, de no tener todo controlado fuera y dentro de la alambrada. Podía entender la necesidad humana de pertenecer a un colectivo y sentirse parte de él. Pero no podía entender el miedo a lo desconocido. En el mundo conocido existía terror suficiente para el resto de varias vidas.

Mientras estaba acabando, apareció Jessica con la excusa de ayudarme y con demasiado escote para este frío, pero la despaché rápido argumentando la espera hacia mi persona en casa de Abraham y Ben.

-¡Vale! Pero recuerda que tenemos una noche pendiente, eh? -al decir esto se agachó hacia delante, dándome una visión demasiado provocativa. Las reacciones y ideas que ésto me provocó se transformaron rápidamente en remordimientos. No sé que acabaría haciendo si esto seguía así.

Cuando salí a la recepción, y me ajustaba los guantes para marcharme, oí mi nombre arriba de las escaleras.

-Erik, espera un momento.

La grave vozde Brian venía de arriba de las escaleras. Vestía su ropa habitual, y se le veía más tranquilo que de costumbre.

-Hemos estado hablando hace un rato con Wilson de las noticias que habéis traído. Pásate mañana cuando salga el sol, tenemos que hablar. Pero ven sólo, e intenta que nadie se entere de ésto. No va a ser ningún secreto, pero la opinión pública nos la podremos ahorrar.

-Ok. Ahí estaré.

Asintió y desapareció escaleras arriba. Ahora suponía que no se había tomado tan a la ligera este asunto. Ya podía aprovechar bien esta noche para descansar.

                                                                              ___________________________________________

 

Tras unas pausadas partidas de cartas después de una cena abundante, y una distraída charla sobre la iniciativa de montar un campo de fútbol (americano) local que ya se iba consolidando bastante, me despedí de mis amigos.

La calle estaba vacía y sola. Un par de luces salían de algunas ventanas, pero no se escuchaba ninguna voz detrás de ellas. Miré al cielo: estaba inusualmente despejado. La luz de la luna y las estrellas inundaría todo el valle. Me acerqué a la empalizada sur, y subí a una de las pequeñas atalayas con la intención de echar un vistazo al valle, no todos los días se podían ver tan bien los alrededores. Ésta se encontraba medio oculta entre dos altos abetos, de manera que se disimulaba bastante bien desde la lejanía. Al llegar arriba observé que ya estaba ocupada. Sonia reposaba sentada en la baranda de madera, sola, mirando hacia la lejanía, por donde se perdía el río. No quise asustarla con palabras, de manera que carraspeé con la garganta. Se giró con cara asombrada. Sus ojos me miraron con una luz verdosa que se destacaba con la oscuridad.

-Perdona, no sabía que estabas aquí. Si molesto..

-No, hombre, quédate por favor.

Me incorporé y me puse de pie en la tarima de madera. Verdaderamente había buena vista hoy. Antes de coger los prismáticos que siempre dejábamos por aquí ( había un par en cada torre, no nos costaba mucho encontrar unos) me interesé por Sonia, aunque hubiese preferido no preguntar nada.

-¿Cómo es que estabas aquí? Ocurría algo..

-Nada especial.. suelo venir aquí las noches que no  puedo dormir. Cuando me aburro siempre me acaba entrando sueño. -dijo esto sonriendo, pero disimuladamente se secó una lágrima que debía estar ahí hace unos minutos. Tendría sus motivos.

– Entonces si te hago compañía mucho más rato no tardarás en morirte de sueño. Venía a echar un vistazo desde aquí, hace tiempo que no subía y la noche invita a hacerlo.

-¡Ah! Toma, buscarás esto -me tendió los prismáticos que tenía en su regazo. Ajusté el zoom y miré a través de ellos: el blanco predominaba miraras hacia donde miraras, aunque más allá de Reein, bajando por el valle, en esta noche se podían apreciar áreas sin nieve, que hace unas semanas estaban cubiertas de ella. El río fluía ya con velocidad, aunque seguramente antes del calentamiento del planeta permanecería congelado todavía. Observé las cercanías de Nordway, no se divisaba ningún infectado, por suerte. Estaríamos tranquilos bastante tiempo más. Observé también los altos edificios que se divisiban en la lejanía, delimitando la zona de peligro, por decir de algún modo, la barrera que separaba nuestro pequeño mundo y el exterior, como una fina línea que separa la vida y la muerte.

Aparte de esto, multitud de detalles invitaban a ser contemplados teniendo tiempo de sobra.

-Siempre me quedaré con las ganas de viajar y ver mundo, como imaginaba que un día haría. Al menos ahora con mi trabajo de ‘cargadora de camión’ ampliaré mis horizontes..

Estuvimos un rato hablando de trivialidades, (incluyendo nuestras marcas de café preferidas, y que echábamos en falta)  hasta que al acabarse la conversación ella miró hacia arriba.

-Esta noche se ve muy bien el cielo, tienes razón. ¿ Sabes una cosa? Hace años, cuando era pequeña, vivía en un ático, en una zona bastante alejada del centro. -(debía de tener realmente mucha pasta, ella) -En verano, por las noches, mi padre y yo subíamos a la azotea y se pasaba horas contándome historias sobre las estrellas y las constelaciones, y los héroes de la antiguedad que quedaron inmortalizados en ellas. Me las sabía todas.

-¿Todas las estrellas? Mira que hay muchas. ¿No me estarás engañando? -le pregunté con cierta ironía.

-No, todas las constelaciones tonto. -me dió un empujón suave – después de escuchar sus historias, me quedaba dormida ahí arriba. Cuando me despertaba siempre aparecía con una manta.  Recuerdo que me prometía a mí misma que yo también contaría esas historias a mis hijos, y hacerles sentir esa magia que yo también sentía. Pero cuando llegó mi oportunidad, ya no recordaba ninguna de aquellas historias, y nunca me dió tiempo a recordarlas.

Dedicí no seguir dándole pie.

-Todos perdimos algo. Pero ganamos una vida valiosa, así que dentro de lo malo no tuvimos tan mala suerte supongo. Prefiero verlo de ésta manera.

-Tú no lo entiendes, tendría que haber sido yo la que hubiese muerto, no tendría que haber dejado que..

-Nada de eso importa ahora. -le puse un dedo encima de sus labios para silenciarla, en parte por consolarla y en parte porque no quería ver ningún lloro. -sólo sé que nadie determina nuestro destino, y si estamos vivos, podemos forjarlo nosotros mismos. Nuestro pasado influye en nuestros actos futuros, pero sólo nos ha de servir para saber en qué no nos hemos de equivocar, no para ser un lastre que llevemos arrastrando el resto de nuestros días.

Me miró con cierta cara de pena. No le había dejado abrirse.

-Lo siento, esta noche no puedo con estas cosas. Perdóname.

-No pasa nada. Gracias por hacerme un rato de compañía.

-Gracias a tí.

Segundos más tarde caminaba de nuevo por la nieve.

 

Una vez dentro de mi cabaña de madera, me dejé caer al suelo apoyándome contra la pared.

Permanecí en esta posición varios minutos, hasta que me fijé en un cuadro que colgaba de la pared, un poco torcido. En él se veía el monte Fujiyama nevado, con grandes extensiones verdes a sus pies. A juzgar por la caligrafía de la firma, debió haber pertenecido a un pintor japonés. Cuidadosamente, lo volví a poner recto.

Sin nada más que hacer, y sin sueño, bajé abajo y me tumbé en la cama.

-Por fin en casa.

Aunque realmente, ¿para qué? No tenía mucho sentido vivir solo entre estas paredes, no al menos ahora. ¿Por qué seguía buscando en el fondo de mi interior mi verdadero ser? ¿Por qué no podía limitarme a vivir una vida tan superficial como la que podía tener a mi alcance? Me sentía idiota queriendo mantener un recuerdo vivo en mi mente,  y aún más idiota por mantenerme fiel a unos sentimientos que hace ya tiempo que tendrían que haberse ido de mi cabeza, pero que por nada del mundo quería olvidarlos.

 Tampoco entendía, cómo cualquier vacío producido durante tu vida en el interior, sustituye para siempre una parte de tu esencia, pediéndose en el oscuro vacío que es el olvido. Pero los malos recuerdos en el interior de mi mente siempre pesaban, eso era lo único que parecía que jamás se iba a desvanecer.

No tardé mucho en quedarme dormido, para mi frustración.

 

 

 

Breve fragmento con el fin de cumplir los dos post mensuales, pero que se ha de completar. Menos de 2000 palabras no son gran cosa.  Lo completaré en los días siguientes. Igualmente va tocando leerme fragmentos anteriores de la historia y completarlos, las conversaciones y descripciones de lugares son demasiado esquemáticas,  en cualquier situación normal hay bastante más juego en los diálogos de los personajes. A nadie le gusta leer algo demasiado lento ni historias que se empiezan a enrollar, pero todo ha de ir a su ritmo.

Mi intención es crear una historia más o menos sólida con la temática que me gusta, por el mero hecho de crear y por aquello de ‘ten un hijo, planta un árbol, y escribe un libro’, que en este caso es un blog. El mes que viene, típica época de exámenes, estará extento de entradas.

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Cuando llegué a casa ya empezaba a oscurecer. Había pasado un rato con Ben en el taller, pero me había acabado quedando más de lo previsto, cuando estás entretenido el tiempo pasa mucho más rápido… ninguno de los dos habíamos trabajado en uno antes en nuestras anteriores vidas, pero nos las arreglábamos bastante bien con un par de manuales y archivos electrónicos de un taller de Reein, propiedad de un tal Charlie al que por supuesto le estábamos muy agradecidos. Se aprende mucho más rápido por necesidad y por interés que por obligación o deber.

No era cuestión de malgastar las baterías si luego quería algo de luz, así que cuando cerré la puerta encendí un par de velas y me puse algo de ropa un poco menos sucia  para la reunión de esta noche en el centro del pueblo. En cuanto estuve listo, salí afuera, (donde ya empezaba a refrescar seriamente por haberse ido el sol) y me dirigí a casa de Ben, Abraham y Jonhson. Mi sitio preferido para pasar largas veladas nocturnas jugando al póker y discutiendo que tía del pueblo era  la que se llevaría más puntos este verano. La verdad es que físicamente todas compartían rasgos femeninos bastante parecidos, era un tema bastante complicado y trascendental.

Al llamar a la puerta abrió Ben, como siempre.

-Nos estábamos empezando a aburrir. Espera, que ahora vienen los demás.

-Que se lo tomen con calma. No seremos los últimos. A propósito, ¿te quedan un par de cervezas?

-Sí claro, cógelas cuando quieras, ya sabes donde están. ¡Pero aprovéchalas bien!  Puede que sean las últimas que pruebes.

Cada vez el sabor era más horrible. Hacía tiempo que había pasado la fecha de caducidad del último lote que se fabricó, y se empezaba a notar en el sabor, que las volvía más amargas de lo que ya eran. Sólo gracias al frío se habían mantenido decentemente bien.

-Habla por tí, chico, -una voz anormalmente grave sonó mientras se cerraba la puerta de entrada – yo por mi parte no pienso darme por vencido. Pienso poner a trabajar a esos malditos muertos en una destilería se hace falta.

Me hacían bastante gracia los comentarios de Abraham. Era un hombre físicamente grueso que vestía siempre la típica chaqueta a cuadros que todo camionero que se precie tenía, y de personalidad bastante sencilla. Anteriormente poseedor de un rancho a pocos quilómetros de aquí, ahora se dedicaba a dirigir la agricultura del pueblo. Fué de los primeros en establecerse en Nordway, y gracias a él tenemos una agricultura y ganadería más o menos decente.

-Ah, si hay algo que hecho de menos, es la buena comida. Un hombre como yo es incapaz de vivir a base de avena, almendras y verduras. Mataría por un buen estofado de mi buena esposa, que en paz descanse. Ah, aún puedo recordar su irresistible olor a carne y especias.

-Ja ja ja, creo que hay buena gente de ahí afuera comparte tus gustos a la perfección. Sal un rato con ellos y charlad tranquilos sobre temas gastronómicos, prometo no molestar.

 No me hacían maldita gracia este tipo de bromas.

-Alguien como tú no sabe apreciar la buena cocina, -respondió Abraham, -más te valdría cerrar la boca.

-Dejadlo ya, -dije mientras acababa de salir el resto, – o llegaremos los últimos, y tenemos una cierta imagen que mantener. 

home, sweet home

En el centro del asentamiento, justo delante de la plaza principal, se hayaba nuestra pequeña plaza de reuniones, donde en el centro de la misma se hayaban dos grandes abetos ahora nevados y la cual estaba rodeada por pequeñas casitas de madera, las primeras que edificamos. Diversos bancos y porches cubiertos se hayaban pegados a las mismas, de manera que cuando hacia buen tiempo, o no tanto, siempre podías encontrar compañía con la que descansar. Para funciones de taberna, uno de los almacenes hacía funciones de la misma, que disponía de pequñas mesas y asientos de madera ( todo confeccionado por nosotros mismos )  pero cuyo aforo era bastante limitado.

Estaba oscureciendo, así que algunas antorchas estaban colocadas iluminando el espacio. No podíamos permitirnos más luz, cualquier infectado podría verla en la oscuridad de la noche y arrastrar detrás de sí cientos de ellos. Por el mismo motivo sólo podíamos encender fuego durante la noche, y siempre a resguardo dentro de nuestras casas, el humo en el cielo se veía bastante durante el día.

La mayoría de los que ahora éramos nos encontrábamos ahí, dispersos en pequeños grupos.  Al verme, Jessica vino y la efusividad con la que me saludó me dejó bastante sorprendido, provocando las risas y comentarios de mis compañeros al volver despues con sus amigas. Cuando por fin llegó Wilson, acompañado de Brian y sujetando un papel que había estado confeccionando apoyado en una lámina de madera (quedaba bastante ridículo, pero daba un ambiente más distendido ), puso al corriente al resto de la gente de las tareas que había que realizar. A segurar la verja norte, muy debilitada últimamente y  la necesidad de conseguir municiones , medicamentos y demás, eran las actividades con más urgencia. Mientras hablaba oí un ruido extraño proviniente de la verja relativamente más cercana, aunque se encontraba algo lejos. Probablemente los infectados, al sentir la carne, sentirían mas ira que nunca. Cesó derepente, así que no le di más importancia.

-..así que necesitamos más gente para este equipo. Disponemos de suficiente alimento, la caza de las últimas semanas no ha ido mal, pero urge encontrar municiones y personal con habilidades de combate y que se dedique a traer suministros desde el exterior. Las voluntarias que se presenten, serán puestas al día en tema de armamento, combate y conducción, así como lo básico para guiarse y el emplazamiento de nuestros refugios fuera de aquí, por parte de los miembros originales del equipo. El entrenamiento comienza mañana.

Tres chicas jóvenes, de las que formaban parte la mayoría del grupo que se encargaba los cultivos de la zona, ahora sin apenas trabajo, se presentaron voluntarias. No me sorprendió que las tres aún llevaran su anillo de compromiso puesto, cuando no tienes nada que perder el miedo a la muerte desaparece por completo, así como otras necesidades que en otros tiempos creías básicas.

 Como parte de su trabajo lo hacían fuera de las verjas de la reserva, en los cultivos exteriores, conocían minímamente algo de defensa y vigilancia, así que no sería un problema lidiar con algo más avanzado, no me llebaba nada mal con ellas además. Segundos después, Sonia, seguida de una bastante joven ¿tendría la mayoría de edad ya? y otra de aspecto neo-punk (Alice se llamaba), de extraños ojos morados mostraron su deseo de apuntarse o alistarse,como se quiera ver, cualquier palabra sirve. Wilson respondió unas cuantas preguntas más y las siete se fueron con Anna a enterarse de todo lo que deberían de traer mañana, en que consitiría y demás, aunque no era nada que no supieran.

 Derrepente, divisé una figura a lo lejos, entre la maleza, caminando hacia aquí torpemente. Por la falta de carne en su cara y las manchas de sangre en su ropa, supe inmediatamente que no era uno de nosotros. Cuando ví que varios infectados más le seguían, supe que la verja había caído. Un pequeño punto de adrenalina apareció en mi cuerpo, así como un esbozo de sonrisa.

 

Hasta más leer.

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8 Tanto por hacer

En el centro de la antigua reserva, rodeada por una pequeña valla de madera, se hallaba la Casa Principal, algo así como el gobierno de nuestra pequeña comunidad. Con sus tres pisos de altura, hace años, antes de la epidemia, cumplía las funciones de centro educativo y cultural de la reserva, donde familias subían con los niños los fines de semana o donde en fechas cercanas al verano se abarrotaba de visitas escolares, donde los niños hacían talleres y juegos sobre la naturaleza. Hoy en día cumplía funciones bien distintas, como la de almacén principal del pueblo tanto de víveres como de armas, centro de reuniones, dormitorio común, e incluso una pequeña biblioteca, antes sala de actividades infantiles, donde ahora se hayaban un gran número de ordenadores y libros útiles en materia de agricultura, informática, medicina y otras disciplinas que cualquiera al que le sobrase un poco de tiempo podía entretenerse en hojear.  Yo, junto con el resto de mi equipo,  había colaborado en la adquisición de la mayoría donde la mayor parte eran provinientes de Reein, el pueblo abandonado más próximo.

Al llegar abrí el grueso portón, y accedí al vestíbulo, donde una reproducción a tamaño real de un grizzlie daba la bienvenida (estaba bastante bien conseguida, se debe aclarar, casí parecía uno disecado, pero hubiese quedado bastante mal en un sitio donde se protegía a los mismos). Pese a que ocupaba bastante espacio, a todos nos había parecido gracioso conservarla. Oí un ruido a mi izquierda, y la puerta de un pequeño salón de reuniones  de donde salía cierta algarabía femenina se abrió dejando pasar a Jessica. Vestía una jersey de lana verde dos tallas más pequeño y unos jeans, y como siempre llevaba un peinado impeclabe, que favorecía sus redondeados rasgos faciales. Aparte de esto, disponía de dos buenas y grandes razones por las que esta enfermera tuvo que haber sido protagonista en muchas fantasías de sus pacientes. Sin lugar a dudas, era la mujer más atractiva de todo el pueblo, y con toda seguridad del país.

-Oh! Hola Erik! No sabía que ya te habías despertado. ¿Qué tal has dormido?

-Bien, gracias. La verdad es que me hacía bastante falta, ayer fué mucho más duro de lo habitual.

-Sí, algo he oído…

Intenté desviar la conversación hacia otro lado.

-No pasa nada. Dime, ¿ cómo sigue el establo?

Jessica, junto con Sonia, Cameron, Evelyn y muchas otras se encargaban de cuidar los animales de un pequeño establo cerca de la verja norte, junto a los bosques y algunos cultivos, pero dentro del pueblo. Tan sólo disponíamos de cinco ovejas,bastantes pavos y un par de caballos en los que llegaron dos spervivientes, lo cual era toda una suerte, ya que la mayor parte de animales en cautividad murieron durante la epidemia al no haber nadie que pudiese alimentarlos y costaban bastante de encontrar, por no hablar de que a estas latitudes no era nada fácil criarlos.

– Tan mal como esperábamos. El frío afecta mucho a los animales, ya hemos perdido bastantes por su culpa. La poca constancia en el suministro debilita las estufas que tenemos colocadas.

-Si es sólo eso, no te preocupes. Ahora mismo andamos bastante bien de material y estamos acabando otro generador eólico. Si nos damos prisa en unos días estará acabado, pero acuérdate de instalar las baterías necesarias.

-Oh, ¡gracias! Las chicas se alegrarán de saberlo.

-No hay de qué. Luego nos vemos, tendría que estar arriba hace cinco minutos.

Empecé a subir la escalera hacia el piso superior, donde estaba el despacho de Wilson, pero inesperadamente Jessica me cogió del brazo y lo abrazó contra sus blandos y enormes pechos. Esta situación me agradó y me desconcertó al mismo tiempo..

-Oye! Quería preguntarte, si te gustaría que fuera esta noche a hacerte algo de cenar.. tengo huevos frescos de hoy y un poco de queso que no me voy a comer, y sería una pena desperdiciarlos. ¿Qué te parece? Haces mucho por todos nosotros y necesitas alimentarte bien.

Era increíble como se notaba el repentino descenso del número de hombres en esta pequeña sociedad. Pero no pude hacer nada por resistirme, más aún ante la cara que me ponía.

-Ah! Gracias, la verdad es que no tenía nada. Ven cuando oscurezca o cuando quieras..

-¡Me encantará hacerlo!  -dicho lo cual me besó en la cara, cerca del cuello, pero pude notar su suave lengua en él.

Mierda, no sé a que estaba jugando, pero había conseguido atraparme. Intenté apartar los pensamientos que venían a mi cabeza sobre esta noche  pensando en cualquier otra cosa.

En cuanto a la economía de nuestro asentamiento, era en su mayor parte socialista, si es que se le puede llamar así a una economía de menos de cien habitantes. Antiguamente, las pequeñas comunidades aisladas como en china, seguían una economía comunista, en el que todo el mundo trabajaba por todos y para todos, y con pocos o ningún incentivo personal. Durante el pasado ya aprendimos que la mayoría de gobiernos comunistas acaban fracasando, y que para que la sociedad y la tecnología progrese hace falta siempre un incentivo personal, materialista, de mérito o como se quiera ver, pero sin este incentivo nadie trabajará ni una hora más por alguien que no conoce. Mal que nos pese, está en la nuestra naturaleza.

Por eso cada uno vendíamos nuestros servicios o víveres que producíamos a los demás, a cambio de comida, ropa, etc. En mi caso, mi trabajo era  proteger el pueblo y acompañar o ir yo mismo en misiones de búsqueda de objetos y materiales de todo tipo que el pueblo necesitaba, además de algunos trabajos en el taller que teníamos pero que eran en su mayoría particulares. De todas formas, nunca llevábamos un control ni ningún número de lo que hacíamos. El almacén de víveres, armas y medicamentos siempre estaba abierto, así que todas estas medidas eran mas que nada para guiarnos un poco y mantener las formas.

 

Al llegar arriba me encontré a Wilson sentado en su mesa, con un mapa extendido en la mesa, muy similar a los que tenía atrás de la misma, la mayor parte de los alrededores, y comentando cosas con Brian. Johnson, Anna, Sam y Ben estaban de pie en una esquina comentando cuánto añoraban los partidos de baloncesto.

Wilson levantó la cabeza y me vió.

-Un poco tarde, Erik.. pero ya estamos todos. Quiero el informe de ayer, y no tengo prisa.

Aunque ya tenía algo de idea,  explicamos como hacíamos frecuentemente después de cada salida importante todo lo que habíamos llevado a cabo, así como nuestras experiencias en combate, el estado de las construcciones, el compotamiento de los infectados y demás.  De vez en cuando, nos acompañaba en nuestras expediciones rutinarias al exterior y tomaba fotografías. Al acabar, se quedó un momento pensativo.

-Es evidente que estamos ahora ante un problema.. hemos perdido muchos hombres en los últimos meses, y tanto el número como la experiencia de los mismos se ha visto muy reducida. Va a ser necesario reclutar más miembros, y encesitamos municiones pronto, ya que en un par de semanas, empezará a hacer calor y los infectados no se verán ralentizados por el frío. Será imposible salir de los límites habituales que fijamos en verano, y los principales polígonos industriales se encuentran ahí. Como veis, problemas ahora no nos sobran.

Habíamos perdido mucha gente, bastante. Pero era vital salir fuera de Nordway, de otra manera hubiésemos muerto todos por falta de medicamentos, alimentos, armas y equipamiento, ropa o materiales para nuestras viviendas. Pero sobretodo, habíamos perdido demasiados hombres.

Sólo quedábamos los cinco del equipo de asalto, Carl, Wilson y Abraham, quien vivía en la cabaña de Johnson y Ben, y pocos más sin ninguna labor especialmente destacable en cuanto a la dirección, como el cocinero o algunos que se dedicaban a la recolección de alimentos y construcción.

-Por lo tanto, -prosiguió Wilson, – no queda más remedio de incluir mujeres en el equipo. Esta noche rendiremos homenaje a nuestros compañeros, así que no es conveniente hacerlo hoy, pero mañana tendremos que difundir la noticia. Brian, Sam y Erik, confío en vosotros para el entrenamiento básico de los nuevos miembros y las explicaciones que hagan falta, a partir de mañana por la tarde. Necesitamos estar listos en una semana como máximo. Ben, encárgate de que se confeccionen los uniformes y que toda la equipación esté lista. No me importa quien lo haga, pero tiene que estar listo para dentro de unos días.

Perfecto, más trabajo, justo lo que me hacía falta. Al menos iba en la línea de lo que me gustaba hacer, pero nunca antes me hubiese imaginado que me tocaría hacer de instructor militar de un regimiento femenino..

Asentimos.  Discutimos un par de temas cotidianos más, como el almacenamiento de información en la biblioteca, donde Ben expuso sus ideas de crear una especie de enciclopedia técnica con un sencillo programa y quién sería el jurado en el concurso de pasteles de dentro de unos días, donde por unanimidad y para su disgusto, salió elegido Brian.

Cuando me cansé, ya que tenía cosas que hacer, salí de ahí y me puse en camino del taller.  Al salir al exterior, Anna me alcanzó, y como su vivienda estaba en el mismo camino que el mío me acompañó un trecho.

-¿Sabes? Llevo echando mucho de menos un baño caliente. Ese tipo de tardes en que no tenía nada que hacer, y me pasaba horas en la bañera con Bach y un libro. Me pasaba el tiempo demasiado rápido, al final cuando salía del baño siempre era de noche,  pero no me sentía mal por haber perdido el tiempo. Tán sólo lamentaba que nadie me hubiese llamado al teléfono y me tuviese que levantar a por él. ¿ Crees que algún día esos tiempos volverán?

Pensé la respuesta, aunque era obvio que ella ya la conocía.

– Creo que nunca  el mundo volverá a ser como antes. Este planeta ya no es nuestro, no sé si la infección fué un castigo por nuestros malos actos o no, pero espero que si en algún lejano futuro los vivos vuelven a poblar las ruinas de nuestra antigua sociedad, no nos convirtamos en lo que éramos antes. Quizás el virus nos hizo un favor, no quedaba mucho para que todo se desmoronase y hubiese sido mucho peor ver como capitales enteras son abandonadas a su suerte por falta de suministros y dinero, como países enteros se ven sumidos en la anarquía y el caos, mientras el gobierno se ha dado a la fuga y el resto de países luchan nuclearmente por el petróleo y recursos.

– y si.. y ¿si hubiésemos sido elegidos por ser diferentes? ¿ Y si la razón no es simple genética? Imagina que hubiésemos sido elegidos por algún dios o por el mismo destino, parecido a la historia del Arca de Noé, o que hubiésemos sido salvados por nuestros buenos actos. ¿No te sentirías orgulloso? 

Me hizo gracia aquello.

-Rezo por que nunca me crea tan prepotente.

Le pareció suficiente mi respuesta.

 -Te veo dentro de un rato. ¿Vendrás esta noche a la plaza?

-Me pasaré, pero no me quedaré mucho rato. Tengo ganas de un rato de esos en que me daría un baño caliente, supongo que me dedicaré a imaginarlo mientras trato de calentarme junto al fuego.

Le sonreí.

-Cuídate.

 Hay cosas que no cambian nunca.

 

Un poco más de la historia.

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Mientras Sam hojeaba un viejo archivador y Ben se dedicaba a comprobar el ordenador del mostrador, me quedé contemplando el mapa de la instalación que había en la pared. Eran unas instalaciones bastante  grandes, demasiado para unos simples almacenes subterráneos. Parecía haber dos entradas desde el exterior, una para mercancías, por donde habíamos bajado, y lo que suponía unos pequeños ascensores al otro extremo del complejo. Varios pasillos, con varias aulas a los lados se distribuían por el centro del mismo, y unas más grandes a los extremos, cerca de donde nos encontrábamos, probablemente almacenes donde descargar provisionalmente materiales y demás.

-Deberíais ver esto,  – nos recomendó Ben enfrente de la pantalla del ordenador – poco antes de la última fecha en que se manipuló este equipo, hay registrados varios envíos y salidas de cargamentos de armas.. pero no precisamente domésticas. Fusiles de asalto de finales del siglo 21, gatlins, granadas y una gran cantidad de explosivos. Parece que el gobierno tenía aqui un pequeño arsenal..

Sam se quedó pensativo.

-Ahora entiendo porqué se adentó tanto aquí dentro el resto del equipo:  Incorporar parte de estas armas y municiones al almacén de Nordway hubiese sido todo un lujo, así que no me extrañaría nada que se hubiesen intentado llevar todo lo posible. Erik, registra el cadáver de Matt, debe de llegar aún encima el pase de la puerta.  Ya sabes lo que debemos hacer…

Me dirigí hacia el cuerpo sin vida de mi antiguo amigo, y aguantándome la angustia, rebusqué en sus bolsillos. Perfecto, un pase con una banda magética aun intacta reposaba en el bolsillo de su chaleco, probablemente la arrancarían del cadáver de algún infectado.

-Bingo, aquí está. Vayamos enseguida.

Salimos al pasillo, el cual permanecía aún iluminado por la luz de los tubos de neón. Mientras Sam y Ben desenfundaban sus armas, procedí a pasar la tarjeta de seguridad. Una luz verde en el lector indicó que era correcta. La puerta se abrió lentamente entonces, dejando ver una gran sala parecida a la de arriba, pero con varias cajas de madera vacías y mesas con ordenadores, así como varios tipos de aparatos electrónicos bastante antiguos, usados para evaluar la calidad de la mercancía acabada de llegar.  A los lados había varias puertas, que darían a más salas, y al fondo del todo, una puerta abierta dejaba ver un largo pasillo oscuro, en el que las luces haría tiempo que se habían fundido. Todo esto se parecía a uno de los búnkeres que el gobierno empezó a construir durante la guerra fría,  por miedo a un ataque nuclear. Teóricamente había espacio de sobra para unos cuantos puestos importantes dentro del ejército… pero que más daba ya.

-Atentos a cualquier cosa. Registrad esas cajas, puede que aún quede algo que podamos llevarnos.

-Aquí ya no queda nada, Sam, -dijo Ben después de registrar todas, – volaron de aquí todas las municiones durante la epidemia. No tiene sentido continuar más adelante, debe de estar a rebosar de mordedores ahí dentro, esperando, si es que no están viniendo hacia aquí ya. Lo más prudente sería volver ahora que podemos, en cualquier lugar que se hubiesen atrincherado de aquí dentro  no habrían resistido más de unas pocas horas, y lo sabéis tan bien como yo.

Sam se quedó pensativo un momento, y,  justo cuando iba a decir algo, una expresión de sorpresa apareció en su cara.

-Esperad! No oís eso? -dijo en voz baja.

Intenté escuchar.

-Yo no.. -empezó a decir Ben.

Pero pronto lo oímos. A lo lejos, de las profundidades del oscuro pasillo, llegaba el eco de un metal rascando una superficie, bastante pesado, y cada vez más fuerte. Desenvainé mi espada.  Justo después, lo que había sido un hombre de avanzada edad, irrumpió torpemente en la sala arrastrando un hacha de seguridad con su mano, roja en los extremos. 

-Yo me encargo.

Avancé hacia él, cuando detrás suyo, por el pasillo, aparecieró avanzando rápidamente una masa de infectados hambrientos, entre ellos unos cuantos con el mismo chaleco que nosotros tres, uno de los cuales presentaba el costado devorado en su totalidad. Eran demasiados.

-Retrocedamos! -gritó Sam, corriendo hacia la puerta. -Subid rápido al montacargas!

No hacía falta que lo dijera. Atravesamos la puerta de acceso, sin ni siquera cerrarla, y corrimos rápido hacia nuestra salvación. Una vez dentro, Sam apretó el botón de subida, las rejas comenzaron a cerrarse, y al terminar de hacerlo el elevador empezó a ascender. Derrepente, un ruido de chispas sonó encima nuestro, el montacargas paró en seco, y las luces se apagaron completamente.

-Mierda!! -gritó Ben esta vez, – el mal estado de la instalación debe de haber causado un cortocircuito. Estamos jodidos!!

No lo estábamos.

-Apartad! -les dije, y de dos golpes de espada hice una V en la reja, de forma que doblándola podíamos pasar.

-Pasad! Intentaremos llegar hasta el cuarto de recepción.

Después de que ellos pasaran, pasé de un empujón, y los seguí corriendo hacia el final, guiándome con la luz de mi linterna. Unos cuantos zombies habían atravesado la puerta grande de acceso, y nos impedían el paso. Sam sacó su MA16 y avanzó corriendo hacia ellos, al tiempo que hacía saltar pedazos de sus cuerpos podridos por los aires. Logramos entrar en la recepción justo cuando los que venían detrás ya nos alcanzaban. Cerramos la puerta, y no tardamos en verla golpeada por los infectados detrás. No aguantaría mucho.

-Y ahora qué?- preguntó Ben.

Sólo había una opción. Los túneles y todos los lugares subterráneos, como las minas, tienen como principal inconveniente la ventilación y renovación del aire. Por eso en todas las salas debía haber un conducto de ventilación. Y ahí estaba, después de echar un vistazo, divisé unas rejillas encima de la máquina de café. Era nuestra única salida.

-Ahí, encima de la máquina de café, los conductos de ventilación son nuestra única salida!

Sam volcó un viejo archivador metálico, y subiéndose a él, logró alcanzar la parte de arribade la máquina. Golpeó consecutivamente las rejillas, pero estaban bien sujetas, así que apuntó a ellas con su arma, y disparó. Inmediatamente saltaron por los aires.

-Vamos! La puerta no aguantará mucho.

Y era verdad. Las bisagras ya se estaban empezando a soltar, a la vez que un hacha estaba haciendo saltar astillas de la misma, y por los boquetes que iba dejando se iban asomando brazos sangrientos que intentaban agarrar algo desesperadamente. Sam se agachó, y a duras penas pudo pasar arrastrándose por el conducto. Poco después suyo, Ben  pasó ágilmente por el mismo agujero, sujetando su linterna con los dientes. Antes de pasar yo, esperé un poco , si íbamos los tres juntos probablemente el conducto no aguantaría por el peso. Cuando cedió la puerta y una horda de zombies hambrientos se dirigía hacia mí, no me quedó mas remedio que darme prisa, y de un impulso logré alcanzar la parte superior de la máquina de café, tras lo que me deslicé dentro del conducto, por el cual pasaba una corriente de aire bastante fría, dejando atrás los gemidos de esos seres. El conducto era ancho, mucho más que alto, pero aún así me iba a costar arrastrarme por él con mi espada a la espalda, pero no podía dejarla atrás, si no estaría completamente desarmado.

Delante mío podía ver la luz de la linterna de mi compañero, que avanzaba lenta pero constantemente. Miró atrás para ver si le seguía,

-Sigue adelante! Tenemos que llegar al otro extremo de las instalaciones, allí está nuestra única salida. Seguid recto todo lo que podáis! 

-Ok!

Mientas íbamos avanzando, podía ir viendo debajo mío las salas por las que pasábamos a través de las rejillas, con la débil luz de mi linterna. La primera parecía ser un centro de comunicaciones, con varias pantallas de ordenadores y de comunicación en las paredes, así como larga mesa rodeada de sillas. Las restantes, como lo que parecía ser un almacén de víveres, y unos cuantos laboratorios, estaban llenas de infectados.

Finalmente alcanzamos el extremo del conducto. A la izquierda, unas aspas de ventilador gigantes, ahora paradas, distribuirían el aire por todo el complejo, y a la derecha estaba lo que debía ser la salida del conducto. Ahora sí, la rejilla saltó de una fuerte patada, resonando por todo el espacio.

Vi la cara de Sam que se giraba hacia nosotros: -Aunque no tengamos muchas más opciones, hemos de bajar. Iré primero.

Vimos desaparecer a nuestro amigo hacia la habitación que tenía debajo. Después de un débil sonido a tendones partiéndose, oímos a Sam dándonos vía libre, y  bajamos a la estancia que teníamos debajo. Aparte de un zombie con  la cabeza retorcia y las puertas de unos ascensores, no había nada más. La única salida era un pasillo el cual acababa en giro hacia la izquierda, que probablemente conduciría hasta las instalaciones de antes.

-Estos ascensores han de ser nuestra salida, -dijo Sam. -La mierda es que no funciona la puta corriente! Ben, puedes hacer algo?

-Creo que sí.. esta parte de las instalaciones es más moderna que el resto, probablemente por ser la parte de entrada de la gente digamos importante.. como era común antes de la epidemia, el sistema eléctrico estaba controlado por ordenador, de manera que una carga excesiva de tensión en la red, como la que ha ocurrido antes, desconectaba automáticamente todos los sistemas eléctricos para evitar daños. Puedo intentar acceder al sistema informático y volver a reanudar la alimentación, pero esto sobrecargaría de forma excesiva la red de las instalaciones y no se si duraría mucho…

-Hazlo, y más vale que te des prisa.. -probablemente, diciéndolo de forma irónica, Sam se refería a los infectados que comenzaban a aparecer por el pasillo avanzando hacia nosotros. Asintiendo y sin decir palabra, Ben destapó una placa metálica entre los dos ascensores colocada en la parte baja de la pared, sacó su PDA avanzada, , y conectó la misma a los terminales que quedaron al descubierto en la pared.

Sabiendo cuál era mi papel, coloqué mi arma entre los infectados y yo, y me dispuse a hacer pedazos a esos cabrones.

 

¿Alguien se acuerda del género ciberpunk surgido a finales del siglo XX? Todas las metrópolis fascinan y agobian al mismo tiempo.

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