Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘zombie’

taza de téEra pronto cuando llegué al despacho de Wilson. Él y Brian se encontraban alrededor de su mesa, mirando y señalando rutas con el dedo de un gran mapa extendido sobre ella. Brian tomaba sorbos de una taza, que a juzgar por el olor sería el té que Johnson cultivaba. Desconozco donde y cuándo encontró las semillas,  sólo sé que cada vez tenía más adeptos a su ‘culto’ de tomar una taza de ese extraño líquido, ya fuera por placer o simplemente por no tener otra buena cosa que hacer. Era un buen sustituto del café, al que muchos echábamos en falta y que era imposible de cultivar aquí.

-Pasa – me dijo Wilson – hemos de atender unos asuntos esta mañana. ¿Tenías algo urgente que hacer?

-No especialmente.

-Perfecto, esto nos ocupará un rato, -comentó, a la vez que me tendía una taza de té recién hecho. Lo probé: no estaba del todo mal, tenía un sabor fuerte pero era cuestión de acostumbrarse, parecido a la primera vez que pruebas la cerveza.

-¿Cuál es el exactamente el motivo por el que estamos aquí? Imagino que tiene que ver con la transimisón que Ben captó.

-Exacto. Cuando ayer la trajisteis, nos sorprendió bastante. Dado el bajo porcentaje de personas inmunes al virus, la probabilidad de que hubiese algún asentamiento más es prácticamente nula, y más aún de la zona de donde provenía la señal. Los grandes modelos de ciudad construidos mediante programación robótica fueron verdaderas trampas mortales, al concentrar tal densidad de población, aunque fueran suficientemente independientes en cuestión de obtención de alimento.

-También he estado imaginándome que puede ser, pero mi teoría más plausible es que los infectados se deben de aburrir bastante y han montado un pequeño karaoke radiofónico.

En ese momento, Sam entró al despacho con una bandeja llena de bollos redondos, de aspecto bastante apetecible. Brian levantó la mirada y siguió escrutando el plano.

-Qué genial idea, has tenido Sam. No conocía yo esta faceta tuya tan amante de la cocina.

-Dale las gracias a mi mujer, que es quien ha insistido en este detalle. -no lo decía con mucho convencimiento.

-Mmm, además de serrar árboles veo que tampoco se le dá nada mal la cocina a Caroline. -dijo Wilson mordiendo uno – bueno, ahora que estamos todos pongámonos a lo que hemos venido a hacer. He decidido que estuviésemos sólo nosotros para agilizar el asunto, de otra forma tardaríamos demasiado. Como iba diciendo, las recientes noticias nos sorprendieron mucho a todos, tanto que me cuesta creer que fueran ciertas. Si la señal proviniese de algún área rural o de las extensiones agrícolas tendría sentido, y aún si habría muy pocas probabilidades, pero no donde se halla. Antes de que vinieseis, Brian y yo hemos estado averiguando las coordenadas, con un error considerablemente bajo para la calidad de la transmisión  -señaló con el bollo mordido un punto en el mapa que veíamos desplegado -la transmisión provenía de este área, cercana a la gran zona urbana junto al río. El mapa es algo antiguo, por lo que desconozco el nombre de la nueva ciudad y por lo que puede que la zona edificada sea mayor de lo esperado. Toda este gran área se encuentra al comienzo de las llanuras, exactamente a 510km de aquí. Hemos estado pensando como poder llegar, y sinceramente lo veo difícil, ya que habría que atravesar la zona radioactiva,  sin contar que los niveles de radiacción en el área urbana son ya de por sí elevados.

-Espera -le corté- ¿estás pensando seriamente en llegar hasta ahí? No estamos hablando de un viaje de un día o dos por caminos desérticos, estamos hablando de un viaje que nos duraría semanas si queremos dar rodeos, y eso contando con que podamos aprovisionarnos de suficientes víveres y combustible por el camino.

-Sí. Por eso os he hecho venir aquí a los dos – nos miró a Sam y a mí – es la única señal que hemos tenido en años y puede que sea el único y último rastro de vida humana que escucharemos fuera de Nordway, y sea quien sea puede que no tenga mucha esperanza de sobrevivir. Pero por supuesto, la decisión es vuestra.

– ¿No sería más sensato esperar unos meses a que mejore el tiempo? Los caminos estarían más transitables, y sería mucho más sencillo obtener alimento, por no hablar del mejor estado de salud personal.

-Podría ser, – comentó Brian esta vez- y ya lo hemos pensado, pero hay bastantes probabilidades de que sea un grupo nómada ( en caso de que realmente estemos hablando de que hay alguien con vida)  que haya decidido pasar la época fría en una zona más a resguardo y con más opciones de obtener alimento. En cuyo caso, si esperásemos un poco más los perderíamos para siempre, ya que no tardarían en marchar en los meses cálidos. Aunque haya ciertos niveles de radiacción en la zona, todos sabemos que no va a dejar de haber infectados por ella,  ya que sólo afecta a organismos vivos. Podrían pasarse años en el corazón de una central nuclear y continuar como el primer día, no sé como el gobierno no pudo no saberlo.

-Si eso fuera cierto, significaría que no habríamos de tardar en marchar.

Brian y Wilson se miraron.

-Antes de decidir cualquier cosa, habeis de saber que esto no es una misión suicida – Wilson se frotó las manos para quitarse las migas del bollo, y dirigió su mirada al plano – aunque hubieran llamado al móvil pidiendo ayuda inmediata, no nos moveríamos de aquí si no fuese seguro llegar. Como veis, el área urbana es atravesada completamente por el río Peace, el cual abastecía de agua la zona y donde más abajo eran vertidos los residuos industriales. El Peace es navegable, y con una pequeña embarcación, se podría seguir su curso hasta llegar a la ciudad que nos interesa, sin poner un pie en tierra en ningún momento, y el suministro de agua estaría garantizado en todo el camino. Y casualmente, el río de este valle es un afluente suyo. Únicamente habríamos de seguir su curso hasta su desembocadura, y ya estaríamos dentro del valle del Peace.

-¿Y la embarcación? -pregunté.

-Si mal no recuerdo, había un pequeño pueblo, Nelson Village, junto al Peace, a pocos quilómetros de la desembocadura del nuestro. Forzosamente ha de quedar ahí en pie alguna pequeña embarcación de recreo para turistas, o algún otro transporte. Su muelle era bastante grande, y dudo mucho que alguien robara una embarcación al comienzo de la epidemia para dirigirse directamente hacia el área radioactiva. Si nos pudiésemos hacer con uno, no tendríamos más que dejarnos arrastrar por la corriente, reservando el combustible para el viaje de vuelta.

-Parece un buen plan, -pensé en voz alta -pero nos veríamos obligados a dejar aparcado el furgón junto al río todo el tiempo que estuviésemos fuera. Hasta que regresáramos no lo podríamos tener en Nordway. Teóricamente hoy iba a probar junto con Ben el nuevo vehículo, pero aunque el motor está a punto aún falta blindar la carrocería y arreglar el interior, en una semana podría estar listo.

-No tenemos tanto tiempo -dijo Brian.

-¿Y cuándo teníais pensado que partiésemos?

Wilson esperó unos segundos antes de contestar.

-Pasado mañana.

Eso significaba preparar todo el equipo, provisiones e itinerario en dos días, además de tener listo el nuevo vehículo si los que se quedaban aquí querían poder traer suministros. De tiempo para hacerse a la idea de lo que suponía este viaje, además de las probabilidades de no regresar que teníamos, ya no hablábamos. Sam se rascaba su barba castaña.

-No veo ningún fallo en el plan. Me  ocuparé de poner a punto el blindado para pasado mañana. -con estas palabras daba mi conformidad y apoyo a la misión. Sam esperó un poco antes de dar su aprobación.

– Me ocuparé yo de tener a todo el equipo y las provisiones. -su rostro mostraba una sonrisa contenida. Le gustaba hacerse de rogar, pero en el fondo le gustaba organizar cosas.

-Partiremos, pues. Un último detalle: encontraréis bastante resistencia en los puebos donde paréis, aconsejo que seáis al menos cinco miembros en el equipo. Brian y yo nos ocuparemos de dirigir las misiones aquí el tiempo que estéis fuera. Cuento contigo, Erik,  para seleccionar a los que creas más capacitados y a poner a punto el blindado. Como es lógico, nadie que no quiera participará en esta misión, aunque no ha de haber ningún peligro, más allá de la desembocadura del río no tenéis porque viajar por tierra. Sam, Brian te ayudará a preparar víveres y equipo. Yo me dedicaré ahora a calcular la ruta y haceros una copia de cada uno de los mapas, los necesitaréis. -hizo una pausa para frotarse el brazo, mientras miraba pensativo hacia el suelo- Ah, y un pequeño detalle final. No hemos hablado del tiempo que estaréis fuera y es además el principal inconveniente de este viaje, pero dad por hecho que será más del que hayamos estado nunca fuera de aquí. No hay manera de comunicarnos, actualmente desde la estación de Reein no podemos captar más de un par de quilómetros a la redonda, por lo que perderemos pronto el contacto, así que tomaos el tiempo que necesitéis, pero antes del solsticio de verano. Ahora esto está en vuestras manos. Buena suerte.

Brian y Sam se dirigieron a evaluar los víveres disponibles y dar las instrucciones logísticas adecuadas.  Me dirigí al taller, donde de seguro Ben ya estaría, y por el camino fui pensando en quién escoger para el viaje. Tenía una cosa clara: Sam se quedaba aquí, quisiera o no, y yo lo iba a obligar. Era el único ingeniero que había en Nordway, y sus conocimientos eran demasiado valiosos para perderlos. Sin él, cualquier avería en los sistemas eléctricos o en los vehículos permanecería sin reparar eternamente, por no contar que tenía una mujer que cuidar, y Carol jamás nos perdonaría si le ocurriese algo, si es que le permitía ir. También tenía claro que necesitaba a Ben, sin su compañía no sé que haría, y lo necesitábamos para localizar a los supervivientes. De las chicas, tenía claro que la habilidad con las armas de Alice también la íbamos a necesitar. A Anna, aunque nos vendría muy bien que viniese, la intentaría convencer por todos los medios de que se quedase aquí. No obstante sería inútil, y era uno de los miembros más importantes, junto con Sam, Johnson, Brian, Ben y yo, por lo tanto podía sumar un miembro más.

Ahora que pensaba, a Johnson lo dejaría aquí, si no Abraham se encontraría demasiado aburrido y era imprescindible para realizar aquí las misiones, aparte de Brian había de permanecer alguien con algo más de experiencia. Faltaba alguien por escoger. Supongo que eligiría a alguien de las nuevas, esa tal Lucie parecía bastante sensata, aunque quizás necesitase a alguna de las sádicas amigas de Anna.

 

Cuando llegé al taller, Ben se encontraba en la parte trasera del furgón, remachando los laterales traseros. Al oirme entrar, se quitó las gafas de protección y me saludó.

-He decidido ir haciendo el interior mientras venías, pero ya está todo a punto para arrancarlo! He cargado ya el combustible de los depósitos de materia oscura. Aún queda para una carga más, pero tardaríamos unos cuantos meses en producir la cantidad suficiente para una nueva, si no conseguimos más generadores eólicos o solares. Bueno, cuéntame que habéis decidido.

Le detallé todas las conversaciones que habían tenido lugar minutos antes, incluyendo mis opiniones personales. No se asombró demasiado.

-Algo así me temía. Parece una tarea fácil, pero nos llevará su tiempo, y no nos queda otro remedio.. de todas formas, es una oportunidad que no podemos desaprovechar – no creo que nunca más tengamos una excusa para viajar tan lejos. Además -dió unos cuantos golpes a la carrocería del otrora furgón militar- estoy deseando provar todos los caballos que puede tener este trasto.

-Así me gusta oírte hablar. Voy a buscar a Anna, vuelvo enseguida y me pondré enseguida con las soldaduras exteriores, si es que queremos acabar a tiempo. ¿Hiciste los cáculos de la autonomía?

– No demasiado exhaustivos (seguro que sí lo había hecho) pero alrededor de los 2300 km en quinta marcha. Si buscas a las chicas del equipo, continuaban durmiendo hace poco, pero Anna seguro que ya está despierta.

                                                                                        _______________________________________

Cuando llamé a la puerta de su cabaña, abrió ella, con una taza humeante en la mano. Vestía un albornoz blanco que habitualmente debería usar para dormir.

-Buenos días.  Perdona que te moleste a esta hora, pero después no voy a tener tiempo. ¿Puedo pasar?

-Claro, eres bienvenido. Hasta que éstas no se levantan, me dedico aburrirme por las mañanas. -parte del grupo de construcción dormía plácidamente al fondo de la alargada cabaña, en unas literas de madera empotradas en la pared. Cuando no estaba con nosotros, Anna solía participar en sus tareas.

Nos sentamos en la mesa de la comida.

-¿Te puedo ofrecer algo?

-No gracias, ya he desayunado suficiente.

-Ok. ¿Y qué te trae por aquí tan temprano? Pensaba que eras de hábitos mas bien nocturnos. – alargó una mano y cogió de un estante de la pared sus dos pendientes grandes de aro, que empezó a ponerse.

-No es nada que no te imagines.

Minutos más tarde, Anna sonreía complacida.

-Así que el gran Erik Thopmson viene buscando ayuda… No te preocupes, lo hablaré con las chicas y organizaremos todo para el viaje, ya verás lo bien que lo pasaremos. Si hay algo más que pueda hacer por tí dímelo. ¿Seguro que no quieres un poco de caldo? Ha sobrado una termo entero y no creo que éstas lo prueben.

-Bueno, pasa una taza.. – Anna asintió y me sirvió.

-¿Preparo también las semiautomáticas? – se refería obviamente a los rifles MA16.

-No creo que las necesitemos, déjalas aquí. Pero carga al menos un contenedor de TNT. Y deberíamos llevarnos también un par de monopolis, con el poco interés que tendrá en viaje creo que dará tiempo para acabar varias partidas… – lo dije sin mucho convencimiento.

-Creo que te equivocas.

-¿Qué quieres decir?

Anna apoyó su barbilla sobre sus dos manos y puso una mirada interesante, a la vez que con una sonrisa miraba hacia ningún punto en concreto.

-Quiero decir que lo verdaderamente interesante está a punto de empezar.

 

Es inevitable que no paren de suceder acontecimientos en una historia. De hecho, cuando nada sucede no hay ninguna historia que contar, pero si suceden demasiados apenas puede entenderlos y acordarse de ellos el que los narra. La clave está en un bonito equilibrio, y para mantenerlo  tan sólo has de pensar lento y escribir rápido.

Anuncios

Read Full Post »

12 Reein I

El taller se hayaba cerca de la entrada delantera de Nordway, un gran cobertizo en donde guardábamos nuestros vehículos y herramientas. Ahora un único furgón blindado estaba disponible, así que no nos lo podíamos permitir perder. Esta mañana bajaríamos a Reein en busca de algunos analgésicos y material médico, y así las chicas podrían practicar lo básico que habían aprendido durante estos días. Según creo, Sam y Ben les dieron nuevas radios para comunicarse y les explicaron el procedimiento habitual que seguíamos para encontrar suministros. Hacía dos días que habíamos celebrado la Navidad, por supuesto puramente pagana. Podía parecer extraño, pero no podíamos deshacernos de esta costumbre, y yo por mi parte necesitaba unos días así al año, en los que poder olvidar todas las preocupaciones que me ataban al mundo real. El tiempo de descanso habían pasado, y tocaba ponerse otra vez en marcha. Ahora el tiempo tendería hacia el calor, y mi parte más humana deseaba que llegase rápido, aunque mi parte más racional viviría siempre en estos meses del año.

Habíamos quedado al amanecer, y las chicas ya comenzaban a aparecer. 

-¿Que decías que le pasaba a Johnson? -le pregunté a Ben. -Según él nada, pero Abe y yo le hemos obligado a quedarse en la cama. No se encontraba muy bien esta mañana, de seguro fueron sus asquerosos champiñones..

-Habremos de prescindir de nuestro chófer. ¿Te ves capaz de sustituirle?

-Estás hablando con el rey al volante. De todas formas hemos hecho tantas veces el mismo trayecto que no tiene pérdida.

-Ok. Salgamos tan pronto como podamos.

Anna llegó corriendo.

-¡ Siento el retraso ! No me acordé de revisar las armas ayer.

-No llegas tarde, pero nos convendría darnos algo deprisa.

Las chicas acabaron de llegar. Los uniformes les apretaban un poco pero les estaban bien, y desde luego sin ningún matiz rojizo. Se notaba que eran nuevos.

-Dejad las armas en el suelo del furgón y subid todas. Ben y yo iremos delante, distraeros como podáis durante el viaje.

 

 

El pueblo de Reein, si es que esto llegaba a pueblo, seguía tan afectado por el paso de los años como siempre.  Torres altas de las que colgaban cables rotos, seguramente de comienzos del sistema de construcción controlado por inteligencia artificial, y calles estrechas donde los escombros adornaban todo como un cuadro macabramente abstracto era el paisaje que siempre había tenido. Nunca supe cuál era la función de este pueblo, aunque intuíamos que era una especie de enlace financiero entre la zona de explotaciones mineras cercanas y la zona urbana de las llanuras que había a varios quilómetros. De todas formas no contaba con demasiados edificios.

Ben detuvo en el vehículo al principio de la vía principal de entrada. Bajamos los dos, no haría falta que nadie se quedase en el vehículo, de momento. Anna y las chicas ya estaban fuera y repartiendo el equipo: todas llevaban enfundada una pistola de calibre ligero a un costado de la cadera, aunque por experiencia sabía que sólo era eficaz si el tiro acertaba por encima de la línea de los ojos. La única utilidad que tenía era la poca seguridad que ella te daba.

En cuanto a armamento, Sonia y una chica que no rondaría más allá de los 19, llevaban colgada a la espalda una especie de vara afilada por ambos extremos, la que parecía la tía dura del grupo una espada de un sólo filo y el resto dos cuchillas cortas al estilo de Anna, pero de un aspecto menos oriental. Desconocía que tuviéramos todo esto en Nordway, o al menos no recordaba haberlo adquirido. Daba igual.

-Tened en mente que hemos venido sólo para ver como están las cosas y que podáis explayaros, fundamentalmente, no esperéis llevaros gran cosa.  Hay un par de asuntos más que hemos de mirar pero de esto ya nos encargaremos Ben, Anna y yo. Nos dividiremos en tres grupos: vosotras dos, id con Ben a comprobar la señal de radio a la estación de radio, él ya os explicará, pero no es nada del otro mundo. Las tres que os encontréis más animadas id con Anna a limpiar la zona y el resto venid conmigo. Aunque no debería haber ningún jodido muerto por aquí no dejéis de mirar a vuestras espaldas, para cualquier cosa estaremos en contacto por radio.

-Acuérdate de barrer un poco y esas cosas, hombretón -a Anna le hizo gracia su comentario.

-Nos vemos en unas horas.. -se despidió Ben.

Las dos más jóvenes se fueron con él, mientras Anna se iba con las tres que tendrían más ganas de hacer ejercicio, o las únicas que no sabían lo que les tocaba. Al final me quedé con Sonia y Alice, la chica de los ojos violetas. Eran extraños, no recordaba haber visto ningunos ojos antes de este color tan antinatural. Que yo recuerde, sólo los poseían individuos albinos que habían nacido con los ojos azulados, pero que al crecer nos se habían vuelto del todo rojizos por la escasez de la melanina, dando este aspecto tan extraño. Su pelo era corto y negro, y lo llevaba bastante despeinado.

 

-¿Esperamos a alguien? – dijo la misma balanceando su espada.

Sonreí.

-Tenemos tiempo de sobra esta vez,  pero tienes razón, vámonos. Puedes guardar el arma, no nos encontraremos demasiados problemas por hoy.

-¿Adónde nos dirigimos? -preguntó Sonia haciendo inútiles esfuerzos en ahuecarse el traje a la altura del pecho, (el cual le quedaba bastante justo)  y mirando hacia lo alto de las torres. Sonia era una mujer bastante sencilla, nunca había tenido la oportunidad de entablar muchas palabras con ella, aunque siempre parecía estar de buen humor. Se encargaba de cuidar la pequeña granja que teníamos junto con Jessica y Cameron. Su pelo era castaño claro y bastante largo, tres palmos por encima de la cintura, y sus ojos de color verde hoja.

-Vamos al refugio que tenemos aquí en Reein. Es una especie de base avanzada fuera de nuestro pueblo, donde a veces pasamos la noche al volver de trayectos largos o que usamos como almacén provisional y que a lo largo de este tiempo lo hemos llegado a hacer bastante habitable. Lo encontramos cuando llevábamos ya tiempo saqueando este sitio y apenas quedaban infectados. Tuvimos suerte también, parece que cuando durante la epidemia toda la poca población que pudiese haber trabajando aquí abandonó sus puestos de trabajo hacia sus viviendas en las áreas urbanas. Está debajo del antiguo centro de control de este sitio, antes una zona bastante peligrosa, donde algunos ejecutivos que aquí quedaban vivos se refugiaron de los muertos.

-Y.. ¿ seguirían ahí dentro, no? Cuando entrasteis quiero decir.

-Sí, pero no salieron a recibirnos. Aunque aún les quedaba alimento y se refugiaron antes de contraer la infección, encontramos varios cadáveres con heridas graves, y uno con un cuchillo entre las descompuestas costillas. Creedme, no queréis saber más. En estos casos la locura es más peligrosa que el hambre. Los instintos humanos más básicos son los que más placer nos reportan, pero también los que más nos hacen sufrir.

No dijimos nada más y nos concentramos en avanzar discretamente por las calles. La nieve, aunque ahora bastante poca, dificultaba algo nuestros pasos. La brisa que atravesaba el valle acariciaba nuestros oídos.

 

                                         _________________________________________________

  

Ben andaba maldiciendo su suerte al haberse tropezado delante de sus dos nuevas compañeras, provocando risitas en ellas.

-¿Qué os hace tanta gracia? Ni que no os hubiera pasado nunca..

‘Perfecto, esto es un buen comienzo’ pensó, ‘yo les daba dos días en caer rendidas a mis pies suplicando que las protegiese’.

-Vamos, hemos de hacer un montón de cosas al llegar -su voz denotaba cierta conformidad.

Al poco de empezar a andar, Sally, la rubia diecinueveañera, pegó un pequeño grito. Al girarse, Ben contempló cómo un cadáver de medio cuerpo con los ojos vidriosos, y abiertos de par en par, que agarraba la pierna de ésta, saliendo de debajo de un coche. El frío lo paralizó, dejándolo el una posición estática. Con un suspiro, Ben partió su cráneo con la punta de su bota.

-Esa cosa.. esa cosa me ha cogido.. – Sally parecía momentáneamente paralizada.

Lucie, su inseparable compañera ( durante años andaban siempre juntas, no recordaba haberlas visto separadas en ningún momento) de pelo negro y lacio la miraba curiosa.

-Puede que haya más, estad atentas. Ya sabéis como usar vuestras armas, así que no podéis vacilar.

Continuaron andando un poco más. Un escaparate destrozado mostraba maníquíes corroídos por el paso del tiempo, en una pose orgullosa y vistiendo aún antiguos atuendos. Era una cruel sátira del tiempo en el que una vez existieron. A ésta le sucedieron algunos comercios más, en lo que parecía ser la pequeña calle comercial de la zona, donde ya apenas quedaba nada aprovechable.  Un ruido de pasos salió de dentro de una papelería, según el letrero. Un grupo de tres infectados, con las caras congeladas, salieron del interior levantando débilmente los brazos. Las chicas sacaron torpemente sus armas, mientras miraban horrorizadas a aquellos dos seres.

-Ah, ya no me acordaba. -Ben se dirigió al interior de la tienda, empujando con cada brazo a los dos infectados hacia atrás, donde se encontraban sus compañeras, y clavando un cuchillo en la sien del tercero mientras avanzaba. Cuando salió, estaba encendiendo un cigarrillo del paquete que llevaba en las manos, protegiéndolo del viento con las manos.

-Ah, menos mal que todavía quedan de éstos.

Las dos chicas lo miraron incrédulas, sujetando temblorosamente unas cuchillas recién manchadas de sangre. De no haberlas tenido acopladas a los brazos las habrían dejado caer.

-¿Qué pasa?                                          

                                        _________________________________________________

 

 Anna contemplaba como sus chicas derribaban a patadas la puerta de una vivienda, en el tercer piso de una de las torres. La luz que se filtraba entre la ventanas tapiadas del interior del piso dejaba ver como dos niños a los que les fataban batante carne en los brazos salían del interior. Mientras Anna se quedaba afuera, el resto entraron a abatirlos.

Cuando acabaron, Anna entró.

-Buen trabajo, pero la próxima vez intentad que los cortes en el cuello sean un poco más arriba, cerca de la cabeza. Ahí se desangran más rápido y la carne cede mejor. Buscad si queréis algo de utilidad y marchémonos.

Las demás se dirigieron al interior. Un grito de sorpresa, acompañado de un gemido, salió del fondo. Inmediatamente se oyó el carectirístico sonido del metal rasgando piel humana. (Bueno, supongo que no es tan característico, pero con el tiempo te llegas a acostumbrar e incluso alcanzar a estimar el grado de descomposicón de la carne según el sonido)

Anna entró en la habitación que tenía más cercana, que parecía una pequeña salita de estar. Varias fotografías, cubiertas por el polvo, se alineaban en la mesa. Cogió una que estaba caída, pasó la mano por encima de una de ellas, dejando ver las dos caras sonrientes de un matrimonio joven. Parecían felices, seguramente se acabarían de casar y comprar su pequeño pisito aquí, buscando un poco de tranquilidad y un lugar para vivir su amor. Esos tiempos jamás volverían y sus propias ilusiones sobre cómo sería el día de su boda, probarse el vestido y hacer la lista de invitados  pensó Anna, siempre serían eso, meras ilusiones. Dejó la fotografía bien colocada, y tras cerrar la puerta salió de la habitación.

 

 

¿Porqué, aunque añoramos el sitio donde nacimos, nunca volveríamos a vivir en él? Sólo vivimos de los recuerdos cuando és lo único que nos queda.

Read Full Post »

Cuando llegué a casa ya empezaba a oscurecer. Había pasado un rato con Ben en el taller, pero me había acabado quedando más de lo previsto, cuando estás entretenido el tiempo pasa mucho más rápido… ninguno de los dos habíamos trabajado en uno antes en nuestras anteriores vidas, pero nos las arreglábamos bastante bien con un par de manuales y archivos electrónicos de un taller de Reein, propiedad de un tal Charlie al que por supuesto le estábamos muy agradecidos. Se aprende mucho más rápido por necesidad y por interés que por obligación o deber.

No era cuestión de malgastar las baterías si luego quería algo de luz, así que cuando cerré la puerta encendí un par de velas y me puse algo de ropa un poco menos sucia  para la reunión de esta noche en el centro del pueblo. En cuanto estuve listo, salí afuera, (donde ya empezaba a refrescar seriamente por haberse ido el sol) y me dirigí a casa de Ben, Abraham y Jonhson. Mi sitio preferido para pasar largas veladas nocturnas jugando al póker y discutiendo que tía del pueblo era  la que se llevaría más puntos este verano. La verdad es que físicamente todas compartían rasgos femeninos bastante parecidos, era un tema bastante complicado y trascendental.

Al llamar a la puerta abrió Ben, como siempre.

-Nos estábamos empezando a aburrir. Espera, que ahora vienen los demás.

-Que se lo tomen con calma. No seremos los últimos. A propósito, ¿te quedan un par de cervezas?

-Sí claro, cógelas cuando quieras, ya sabes donde están. ¡Pero aprovéchalas bien!  Puede que sean las últimas que pruebes.

Cada vez el sabor era más horrible. Hacía tiempo que había pasado la fecha de caducidad del último lote que se fabricó, y se empezaba a notar en el sabor, que las volvía más amargas de lo que ya eran. Sólo gracias al frío se habían mantenido decentemente bien.

-Habla por tí, chico, -una voz anormalmente grave sonó mientras se cerraba la puerta de entrada – yo por mi parte no pienso darme por vencido. Pienso poner a trabajar a esos malditos muertos en una destilería se hace falta.

Me hacían bastante gracia los comentarios de Abraham. Era un hombre físicamente grueso que vestía siempre la típica chaqueta a cuadros que todo camionero que se precie tenía, y de personalidad bastante sencilla. Anteriormente poseedor de un rancho a pocos quilómetros de aquí, ahora se dedicaba a dirigir la agricultura del pueblo. Fué de los primeros en establecerse en Nordway, y gracias a él tenemos una agricultura y ganadería más o menos decente.

-Ah, si hay algo que hecho de menos, es la buena comida. Un hombre como yo es incapaz de vivir a base de avena, almendras y verduras. Mataría por un buen estofado de mi buena esposa, que en paz descanse. Ah, aún puedo recordar su irresistible olor a carne y especias.

-Ja ja ja, creo que hay buena gente de ahí afuera comparte tus gustos a la perfección. Sal un rato con ellos y charlad tranquilos sobre temas gastronómicos, prometo no molestar.

 No me hacían maldita gracia este tipo de bromas.

-Alguien como tú no sabe apreciar la buena cocina, -respondió Abraham, -más te valdría cerrar la boca.

-Dejadlo ya, -dije mientras acababa de salir el resto, – o llegaremos los últimos, y tenemos una cierta imagen que mantener. 

home, sweet home

En el centro del asentamiento, justo delante de la plaza principal, se hayaba nuestra pequeña plaza de reuniones, donde en el centro de la misma se hayaban dos grandes abetos ahora nevados y la cual estaba rodeada por pequeñas casitas de madera, las primeras que edificamos. Diversos bancos y porches cubiertos se hayaban pegados a las mismas, de manera que cuando hacia buen tiempo, o no tanto, siempre podías encontrar compañía con la que descansar. Para funciones de taberna, uno de los almacenes hacía funciones de la misma, que disponía de pequñas mesas y asientos de madera ( todo confeccionado por nosotros mismos )  pero cuyo aforo era bastante limitado.

Estaba oscureciendo, así que algunas antorchas estaban colocadas iluminando el espacio. No podíamos permitirnos más luz, cualquier infectado podría verla en la oscuridad de la noche y arrastrar detrás de sí cientos de ellos. Por el mismo motivo sólo podíamos encender fuego durante la noche, y siempre a resguardo dentro de nuestras casas, el humo en el cielo se veía bastante durante el día.

La mayoría de los que ahora éramos nos encontrábamos ahí, dispersos en pequeños grupos.  Al verme, Jessica vino y la efusividad con la que me saludó me dejó bastante sorprendido, provocando las risas y comentarios de mis compañeros al volver despues con sus amigas. Cuando por fin llegó Wilson, acompañado de Brian y sujetando un papel que había estado confeccionando apoyado en una lámina de madera (quedaba bastante ridículo, pero daba un ambiente más distendido ), puso al corriente al resto de la gente de las tareas que había que realizar. A segurar la verja norte, muy debilitada últimamente y  la necesidad de conseguir municiones , medicamentos y demás, eran las actividades con más urgencia. Mientras hablaba oí un ruido extraño proviniente de la verja relativamente más cercana, aunque se encontraba algo lejos. Probablemente los infectados, al sentir la carne, sentirían mas ira que nunca. Cesó derepente, así que no le di más importancia.

-..así que necesitamos más gente para este equipo. Disponemos de suficiente alimento, la caza de las últimas semanas no ha ido mal, pero urge encontrar municiones y personal con habilidades de combate y que se dedique a traer suministros desde el exterior. Las voluntarias que se presenten, serán puestas al día en tema de armamento, combate y conducción, así como lo básico para guiarse y el emplazamiento de nuestros refugios fuera de aquí, por parte de los miembros originales del equipo. El entrenamiento comienza mañana.

Tres chicas jóvenes, de las que formaban parte la mayoría del grupo que se encargaba los cultivos de la zona, ahora sin apenas trabajo, se presentaron voluntarias. No me sorprendió que las tres aún llevaran su anillo de compromiso puesto, cuando no tienes nada que perder el miedo a la muerte desaparece por completo, así como otras necesidades que en otros tiempos creías básicas.

 Como parte de su trabajo lo hacían fuera de las verjas de la reserva, en los cultivos exteriores, conocían minímamente algo de defensa y vigilancia, así que no sería un problema lidiar con algo más avanzado, no me llebaba nada mal con ellas además. Segundos después, Sonia, seguida de una bastante joven ¿tendría la mayoría de edad ya? y otra de aspecto neo-punk (Alice se llamaba), de extraños ojos morados mostraron su deseo de apuntarse o alistarse,como se quiera ver, cualquier palabra sirve. Wilson respondió unas cuantas preguntas más y las siete se fueron con Anna a enterarse de todo lo que deberían de traer mañana, en que consitiría y demás, aunque no era nada que no supieran.

 Derrepente, divisé una figura a lo lejos, entre la maleza, caminando hacia aquí torpemente. Por la falta de carne en su cara y las manchas de sangre en su ropa, supe inmediatamente que no era uno de nosotros. Cuando ví que varios infectados más le seguían, supe que la verja había caído. Un pequeño punto de adrenalina apareció en mi cuerpo, así como un esbozo de sonrisa.

 

Hasta más leer.

Read Full Post »

Después de haber dormido un par de horas más, me desperté  completamente despejado. Encendí la luz de la lamparita de mi mesa, me puse unos tejanos, mi camiseta preferida de los AC Metal y un chaqueta del ropero y subí al piso de arriba. La luz del sol, de mediodía aproximadamente, se filtraba por las ventanas, por lo que que quería decir que había dormido más de lo debido. Hoy haría un buen día, aunque era raro que el cielo no estuviera completamente cubierto, lo dejaríamos en que había sido un regalo de la naturaleza. 

Tenía hambre, pero como no me apetecía moverme de casa di buena cuenta de las galletas que preparamos la semana pasada y varias almendras de un saco que en su momento coloqué en una esquina para casos como éste ( ahora me daba cuenta que sin la agricultura transgénica, nunca habría sido posible cultivar nada de esto en este clima). Mientras devorava mis provisones desde el sofá, cotemplé mi salón. Había bastantes muebles que había construído yo mismo: Una pequeña estantería, con varios libros sobre diversos temas, desde cocina a mecánica, pasando por varias novelas, se hayaba en la parte central de la pared. Varios armarios, (de los que tenía que revisar las bisagras, no se me daba demasiado bien esta parte de la fabricación de muebles) se disponían a los lados, los cuales contenían diversas herramientas y víveres para pasar el invierno, así como diversas cosas de antes de la epidemia que había ido recogiendo en las salidas que hacía.

Y, como no podía faltar, mi equipo de combate, armas y munición tenían un lugar destacado en mi estancia.  Dado el uso que le daba, mi chaleco de protección, el cual tendría que reparar o cambiar de esta última salida, colgaba de la pared,  y encima de él una balda con todo tipo de machetes y armas blancas mostraba mis preferencias a la hora de destrozar infectados. Encima de éstas, mi espada estaba sujeta a la pared como si de exposición sirviese ( ahora mismo su aspecto lo era todo menos impecable y limpia, pero de eso ya me ocuparía más tarde).  Una cómoda al lado de esto contenía un par de pistolas, una escopeta y un rifle automatico, con escasa munición, además de un par de explosivos.  Habiendo millones de zombies vagando por la tierra, dormía bastante más seguro de esta manera. Aunque estuviese tan bien ‘decorada’, apenas pasaba tiempo durante el día aquí. Siempre acababa comiendo en casa de Ben y Jonhson o en el pequeña taberna-comedor que disponíamos en el pueblo, pero hasta esta vivienda me arrastró el destino hace algún tiempo…

 Hoy, después de los sucesos de ayer, no realizaríamos ninuna misión fuera de los límites de la valla, por lo que me intención era dedicarme, junto con Ben, a continuar trabajando en el motor de energía oscura que estábamos montando. A finales del siglo XX, se descubrió que más del 95% de la materia del universo estaba formada por energía y materia oscura, que tendía inevitablemente a la expansión y homogeneización en el universo, al tener una presión negativa sobre el resto de la materia. Durante la crisis energética, un gupo de científicos descubrió como producir materia oscura mediante la materia normal, condensando pequeñas cantidades de energía sobre una ínfima parte de materia cualquiera, y cómo al condensarla se alcanzaban densidades energéticas increíbles. El inconveniente, era su alto coste de producción y su poco interés comercial, por lo que este suceso pasó totalmente desapercibido para el mercado. Este motor ( o conversor de energía oscura) tenía algunas piezas rotas, pero si lográbamos arreglarlo (su funcionamiento era bstante sencillo, el inconveniente era la parte mecánica) y montarlo en uno de los vehículos que disponíamos en el taller, dispondríamos de una autosuficiencia para nuestras salidas bastante ventajosa. De esta manera, evitaríamos tener que depender de los restos de gasolina que quedaban por los vehículos abandonados de pueblos y núcleos urbanos, nuestra principal fuente de energía. Para salir de esta miseria tecnológica, no podíamos estar siempre saqueando los recursos sobre los que estaba construida nuestra antigua civilización.

Después de encontrarme satisfecho, me dirigía a salir, cuando derrepente llamaron a la puerta.

-Está abierto. -Carl entró a la habitación. Llevaba puesta su chaqueta de tela preferida y su eterna gorra. Su barba daba el toque de estilo perfecto que le habría hecho pasar por un habitante propio de la región tiempo atrás.

-Buenos días, Erik. Me alegro de que hayáis vuelto enteros. No conozco los detalles, pero ya estoy más o menos al corriente.

-Nos espera una epoca dificil..

En ese momento caí de la responsabilidad que tenía en mis manos. Ahora que sólo quedabamos nosotros en el equipo, toda la labor de mantener nuestro pequeño pueblo y de protegerlo caía en nosotros. No nos podíamos permitir el largo descanso de la muerte, en ningún caso.

– Sabes que estoy siempre disponible. Todos lo estamos. Además, de vez en cuando aún siento nostalgia del exterior, hace ya mucho tiempo que no salgo de aquí, sabes?

– De eso nada, tienes ahora una hija que cuidar y no voy a permitir que te pongas el uniforme. Ya te puedes ir haciendo a la idea, – le dije sonriendo.

Carl puso una mirada de agradecimiento.

– Oye, Wilson te estaba esperando. Van a estar todo el resto del equipo de asalto en diez minutos, y me pidió que te avisara. Supongo que será algo más del informe habitual, dados los últimos acontecimientos. Y Brian no ha debido de pegar ojo, porque está tan al humor como de costumbre, o peor.  No llegues tarde.

-Gracias. Nos vemos luego.

Tras arreglar un par de cosas, salí fuera. El aire frío de montaña llenó mis pulmones, a la vez que contemplaba el blanco paisaje nevado. Nunca me hubiese imaginado nunca que una antigua reserva de grizzlies se acabaría convirtiendo en lo que hoy es mi hogar. Antes de la epidemia, sólo existía lo que hoy es la casa principal, donde Wilson, el guarda forestal de la zona, vivía, algunas cabañas de madera viejas y tétricas para algún tipo de campamento veraniego y una débil valla que rodeaba toda la zona y nos protegía de los infectados. Ahora, varias casitas, cultivos y establos eran el único asentamiento con gente viva que había visto en años. El perímetro que comprendía era bastante extenso, la mayoría con una vegetación frondosa que nos cubría de miradas ajenas, a excepción de  la parte central de viviendas y pequeñas zonas, así como algunos caminos. Rodeando la reserva, una sólida verja metálica nos protegía, y en algunos tramos la habíamos ido sustituyendo por empalizadas de madera (también cada poco había pequeñas atalayas ), aunque era una labor bastante costosa. Algunos cultivos se hallaban en el interior, pero buena parte de ellos también se encontraban fuera, tiempo tenímos mucho, pero no pasaba lo mismo con el alimento. Los muertos habían reclamado el resto del mundo, pero nunca lograrían entrar aquí mientras siguiera con vida.

En cuanto a cómo logré encontrar este lugar, no hay mucho que contar. Bueno, de hecho se podrían escribir varios libros, pero no es nada que merezca la pena escuchar. Como el resto de las personas que aquí vivíamos, un día, encerrado en un viejo hotel de carretera, cuando creía estar solo en el mundo, escuché en mi radio una señal de baja frecuencia donde una grabación con la voz de Wilson  informaba de la existencia de un lugar donde poder ir, y donde no estarías solo. Todos estaríamos siempre agradecidos por el día en que nos dió a bienvenida al recién bautizado Nordway, donde encontramos una cama, comida, y la única compañía humana que habíamos visto en meses. A medida que empezó a llegar gente, Wilson se convirtió casi sin darnos cuenta en la principal autoridad de nuestro pueblo, pese a que él siempre insistió en votar al gobernador del pueblo, por llamarlo de alguna manera, ya que nuestro pueblo parecía un antiguo asentamiento de colonos norteamericanos. Tantos años y la arquitectura seguía siendo la misma que hace cinco siglos. Pero me gustaba.

Me puse en camino de la antigua casa del guardabosques, mientas intentaba recordar y silbar una de esas canciones que aprendí en mi infancia y hacía mucho tiempo que  había olvidado.

 

Empezaremos a retomar el ritmo de escritura de al menos una vez a la semana después de estas vacaciones. Parece increíble lo bien que sienta desconectar unos días de la rutina de siempre.

Read Full Post »

 

Mientras Sam hojeaba un viejo archivador y Ben se dedicaba a comprobar el ordenador del mostrador, me quedé contemplando el mapa de la instalación que había en la pared. Eran unas instalaciones bastante  grandes, demasiado para unos simples almacenes subterráneos. Parecía haber dos entradas desde el exterior, una para mercancías, por donde habíamos bajado, y lo que suponía unos pequeños ascensores al otro extremo del complejo. Varios pasillos, con varias aulas a los lados se distribuían por el centro del mismo, y unas más grandes a los extremos, cerca de donde nos encontrábamos, probablemente almacenes donde descargar provisionalmente materiales y demás.

-Deberíais ver esto,  – nos recomendó Ben enfrente de la pantalla del ordenador – poco antes de la última fecha en que se manipuló este equipo, hay registrados varios envíos y salidas de cargamentos de armas.. pero no precisamente domésticas. Fusiles de asalto de finales del siglo 21, gatlins, granadas y una gran cantidad de explosivos. Parece que el gobierno tenía aqui un pequeño arsenal..

Sam se quedó pensativo.

-Ahora entiendo porqué se adentó tanto aquí dentro el resto del equipo:  Incorporar parte de estas armas y municiones al almacén de Nordway hubiese sido todo un lujo, así que no me extrañaría nada que se hubiesen intentado llevar todo lo posible. Erik, registra el cadáver de Matt, debe de llegar aún encima el pase de la puerta.  Ya sabes lo que debemos hacer…

Me dirigí hacia el cuerpo sin vida de mi antiguo amigo, y aguantándome la angustia, rebusqué en sus bolsillos. Perfecto, un pase con una banda magética aun intacta reposaba en el bolsillo de su chaleco, probablemente la arrancarían del cadáver de algún infectado.

-Bingo, aquí está. Vayamos enseguida.

Salimos al pasillo, el cual permanecía aún iluminado por la luz de los tubos de neón. Mientras Sam y Ben desenfundaban sus armas, procedí a pasar la tarjeta de seguridad. Una luz verde en el lector indicó que era correcta. La puerta se abrió lentamente entonces, dejando ver una gran sala parecida a la de arriba, pero con varias cajas de madera vacías y mesas con ordenadores, así como varios tipos de aparatos electrónicos bastante antiguos, usados para evaluar la calidad de la mercancía acabada de llegar.  A los lados había varias puertas, que darían a más salas, y al fondo del todo, una puerta abierta dejaba ver un largo pasillo oscuro, en el que las luces haría tiempo que se habían fundido. Todo esto se parecía a uno de los búnkeres que el gobierno empezó a construir durante la guerra fría,  por miedo a un ataque nuclear. Teóricamente había espacio de sobra para unos cuantos puestos importantes dentro del ejército… pero que más daba ya.

-Atentos a cualquier cosa. Registrad esas cajas, puede que aún quede algo que podamos llevarnos.

-Aquí ya no queda nada, Sam, -dijo Ben después de registrar todas, – volaron de aquí todas las municiones durante la epidemia. No tiene sentido continuar más adelante, debe de estar a rebosar de mordedores ahí dentro, esperando, si es que no están viniendo hacia aquí ya. Lo más prudente sería volver ahora que podemos, en cualquier lugar que se hubiesen atrincherado de aquí dentro  no habrían resistido más de unas pocas horas, y lo sabéis tan bien como yo.

Sam se quedó pensativo un momento, y,  justo cuando iba a decir algo, una expresión de sorpresa apareció en su cara.

-Esperad! No oís eso? -dijo en voz baja.

Intenté escuchar.

-Yo no.. -empezó a decir Ben.

Pero pronto lo oímos. A lo lejos, de las profundidades del oscuro pasillo, llegaba el eco de un metal rascando una superficie, bastante pesado, y cada vez más fuerte. Desenvainé mi espada.  Justo después, lo que había sido un hombre de avanzada edad, irrumpió torpemente en la sala arrastrando un hacha de seguridad con su mano, roja en los extremos. 

-Yo me encargo.

Avancé hacia él, cuando detrás suyo, por el pasillo, aparecieró avanzando rápidamente una masa de infectados hambrientos, entre ellos unos cuantos con el mismo chaleco que nosotros tres, uno de los cuales presentaba el costado devorado en su totalidad. Eran demasiados.

-Retrocedamos! -gritó Sam, corriendo hacia la puerta. -Subid rápido al montacargas!

No hacía falta que lo dijera. Atravesamos la puerta de acceso, sin ni siquera cerrarla, y corrimos rápido hacia nuestra salvación. Una vez dentro, Sam apretó el botón de subida, las rejas comenzaron a cerrarse, y al terminar de hacerlo el elevador empezó a ascender. Derrepente, un ruido de chispas sonó encima nuestro, el montacargas paró en seco, y las luces se apagaron completamente.

-Mierda!! -gritó Ben esta vez, – el mal estado de la instalación debe de haber causado un cortocircuito. Estamos jodidos!!

No lo estábamos.

-Apartad! -les dije, y de dos golpes de espada hice una V en la reja, de forma que doblándola podíamos pasar.

-Pasad! Intentaremos llegar hasta el cuarto de recepción.

Después de que ellos pasaran, pasé de un empujón, y los seguí corriendo hacia el final, guiándome con la luz de mi linterna. Unos cuantos zombies habían atravesado la puerta grande de acceso, y nos impedían el paso. Sam sacó su MA16 y avanzó corriendo hacia ellos, al tiempo que hacía saltar pedazos de sus cuerpos podridos por los aires. Logramos entrar en la recepción justo cuando los que venían detrás ya nos alcanzaban. Cerramos la puerta, y no tardamos en verla golpeada por los infectados detrás. No aguantaría mucho.

-Y ahora qué?- preguntó Ben.

Sólo había una opción. Los túneles y todos los lugares subterráneos, como las minas, tienen como principal inconveniente la ventilación y renovación del aire. Por eso en todas las salas debía haber un conducto de ventilación. Y ahí estaba, después de echar un vistazo, divisé unas rejillas encima de la máquina de café. Era nuestra única salida.

-Ahí, encima de la máquina de café, los conductos de ventilación son nuestra única salida!

Sam volcó un viejo archivador metálico, y subiéndose a él, logró alcanzar la parte de arribade la máquina. Golpeó consecutivamente las rejillas, pero estaban bien sujetas, así que apuntó a ellas con su arma, y disparó. Inmediatamente saltaron por los aires.

-Vamos! La puerta no aguantará mucho.

Y era verdad. Las bisagras ya se estaban empezando a soltar, a la vez que un hacha estaba haciendo saltar astillas de la misma, y por los boquetes que iba dejando se iban asomando brazos sangrientos que intentaban agarrar algo desesperadamente. Sam se agachó, y a duras penas pudo pasar arrastrándose por el conducto. Poco después suyo, Ben  pasó ágilmente por el mismo agujero, sujetando su linterna con los dientes. Antes de pasar yo, esperé un poco , si íbamos los tres juntos probablemente el conducto no aguantaría por el peso. Cuando cedió la puerta y una horda de zombies hambrientos se dirigía hacia mí, no me quedó mas remedio que darme prisa, y de un impulso logré alcanzar la parte superior de la máquina de café, tras lo que me deslicé dentro del conducto, por el cual pasaba una corriente de aire bastante fría, dejando atrás los gemidos de esos seres. El conducto era ancho, mucho más que alto, pero aún así me iba a costar arrastrarme por él con mi espada a la espalda, pero no podía dejarla atrás, si no estaría completamente desarmado.

Delante mío podía ver la luz de la linterna de mi compañero, que avanzaba lenta pero constantemente. Miró atrás para ver si le seguía,

-Sigue adelante! Tenemos que llegar al otro extremo de las instalaciones, allí está nuestra única salida. Seguid recto todo lo que podáis! 

-Ok!

Mientas íbamos avanzando, podía ir viendo debajo mío las salas por las que pasábamos a través de las rejillas, con la débil luz de mi linterna. La primera parecía ser un centro de comunicaciones, con varias pantallas de ordenadores y de comunicación en las paredes, así como larga mesa rodeada de sillas. Las restantes, como lo que parecía ser un almacén de víveres, y unos cuantos laboratorios, estaban llenas de infectados.

Finalmente alcanzamos el extremo del conducto. A la izquierda, unas aspas de ventilador gigantes, ahora paradas, distribuirían el aire por todo el complejo, y a la derecha estaba lo que debía ser la salida del conducto. Ahora sí, la rejilla saltó de una fuerte patada, resonando por todo el espacio.

Vi la cara de Sam que se giraba hacia nosotros: -Aunque no tengamos muchas más opciones, hemos de bajar. Iré primero.

Vimos desaparecer a nuestro amigo hacia la habitación que tenía debajo. Después de un débil sonido a tendones partiéndose, oímos a Sam dándonos vía libre, y  bajamos a la estancia que teníamos debajo. Aparte de un zombie con  la cabeza retorcia y las puertas de unos ascensores, no había nada más. La única salida era un pasillo el cual acababa en giro hacia la izquierda, que probablemente conduciría hasta las instalaciones de antes.

-Estos ascensores han de ser nuestra salida, -dijo Sam. -La mierda es que no funciona la puta corriente! Ben, puedes hacer algo?

-Creo que sí.. esta parte de las instalaciones es más moderna que el resto, probablemente por ser la parte de entrada de la gente digamos importante.. como era común antes de la epidemia, el sistema eléctrico estaba controlado por ordenador, de manera que una carga excesiva de tensión en la red, como la que ha ocurrido antes, desconectaba automáticamente todos los sistemas eléctricos para evitar daños. Puedo intentar acceder al sistema informático y volver a reanudar la alimentación, pero esto sobrecargaría de forma excesiva la red de las instalaciones y no se si duraría mucho…

-Hazlo, y más vale que te des prisa.. -probablemente, diciéndolo de forma irónica, Sam se refería a los infectados que comenzaban a aparecer por el pasillo avanzando hacia nosotros. Asintiendo y sin decir palabra, Ben destapó una placa metálica entre los dos ascensores colocada en la parte baja de la pared, sacó su PDA avanzada, , y conectó la misma a los terminales que quedaron al descubierto en la pared.

Sabiendo cuál era mi papel, coloqué mi arma entre los infectados y yo, y me dispuse a hacer pedazos a esos cabrones.

 

¿Alguien se acuerda del género ciberpunk surgido a finales del siglo XX? Todas las metrópolis fascinan y agobian al mismo tiempo.

Read Full Post »

4 Bajo tierra

Al llegar al final del pasillo una puerta nos bloqueaba el camino, ‘Sólo personal autorizado’, ponía en un cartel a la entrada. Parecía sólida y fuertemente cerrada, por lo que sólo podríamos abrirla con el pase de seguridad apropiado, el cual por supuesto no teníamos. Un cartel grande de zona peligrosa dejaba bien claro que no ibamos a entrar a un museo, pero ni idea que hacía un sitio como éste bajo tierra y en un pueblo perdido en las montañas. A la izquierda, había una puerta de madera cerrada, seguramente un guardarropa. Antes de entrar a zonas especiales, era común que antes hubiera salas donde poder dejar ropa u enseres personales, para poderlos recoger a la vuelta.

-Entremos ahí, quizás haya algo que nos pueda servir.

Giré la manivela, ya que la puerta carecía de llave. Pero aunque la podía girar perfectamente, no se abría. Parecía que algo obstaculizaba el movimiento de la puerta, como algo bloqueándola, pero que dejaba cierta holgura al empujarla.

-Hay algo dentro que no me deja abrirla. Lo malo es que es imposible hacerlo desde este lado y los guardarropas normalmente sólo tienen una entrada y salida. No creo que sea prudente abrirla.

-No tenemos otra opción – puntualizó Sam. -Es esto o dar media vuelta.

 Sacó una granada,que pendía de su cinturón y se la tendió a Ben. Si mal no recordaba, pertenecía a la época anterior, uno de los frutos de la alta tecnología alcanzada. Esta granada contenía en su interior una microscópica partícula de antimateria, sostenida por un campo magnético en un pequeño vacío. En el momento que este campo magnético desaparecía, activado por el detonador, liberaba toda la energía concentrada alcanzando miles de grados en su interior.

-No pensarás…

-Tú aguántala.Nos puede hacer falta según lo que haya detrás.

Tomó algo de carrerilla, y sus más de noventa quilos se lanzaron con el hombro por delante contra la puerta. Esta cedió al instante, y oímos el ruido sordo de un tablón al caer al suelo. Rápidamente Sam se apartó, apuntó con su arma a la oscuridad y esperó.

-Nada. Seguidme.

Pasó dentro y encendió la luz de la habitación. Nos encontrábamos en una vieja estancia, llena de archivadores, y como había supuesto, un mostrador, tras el cual varios tipos de uniformes descansaban en las estanterías. Un plano enorme, de lo que parecía el complejo, cubría la pared principal, y debajo se disponían varias butacas y una máquina de cafés. Lo que hubiese dado por una bebida caliente en ese momento… pero lo que me llamó la atención no fué eso.

-Matt..

Uno de los componentes del Equipo de Asalto yacía recostado contra una esquina, apoyado en un sofá.

Rápidamente corrí hacia donde se encontraba Matt. Sam y Ben me siguieron. Su arma, vacía,  se encontraba a su lado como un objeto inútil, probablemente gastó todas sus municiones. Al acercarme más, pude comprobar, con horror, que donde tendría que haber estado su mano ahora no había más que un muñón con sangre ya reseca.

Nosotros, los últimos habitantes de la tierra, somos inmunes al virus en sus métodos de transmisión más simples, tales como por aire o por el agua, pero una mordedura de un ifectado es una dosis letal. En pocos minutos la víctima es uno de ellos, a no ser, que se ampute rápidamente la zona mordida. Si lo piensas unos segundos de más, ya da igual, el virus se ha extendido por la corriente sanguínea a todo el cuerpo y tu muerte, para luego volver a levantarte como un muerto viviente, es cuestión de minutos.  A juzgar por el estado de Matt, éste tuvo el valor suficiente, aunque no creo que le hubiese servido de mucho. Carecía de pulso, estaba muerto desde hace ya uno o dos días, pero no estaba infectado.

Menos de una de cada de diez mil personas durante la Era Informática poseyó las características biológicas necesarias para ser inmunes al virus. Los científicos creyeron que los pocos ‘elegidos’ poseían algo en su grupo sangíneo que impedía al virus infectar sus células, pero nunca pudieron probarlo. A la mayoría de ellos sólo les interesó mas tarde la carne humana.

Sea como sea, Matt estaba muerto, y nada podíamos hacer por evitarlo.

-Debe llevar muerto unos dos días, a juzgar por su estado.. probablemente se atrincheró en este cuarto esperando nuestra ayuda. Eso significa que el resto del equipo puede estar aún en el resto de las instalaciones, -dijo Sam. -Moveos, tal vez encontremos algo de información útil en esta habitación.

 

  

A veces los clichés pueden llegar a aguarte bastante la fiesta, por decirlo de algún modo. Quizás por eso los niños puedan ser más felices con menos.

Read Full Post »

 Tras un par de minutos, alcanzamos los restos de una vieja calle, donde vehículos destrozados y polvo se amontonaban. No se veía a nadie de momento. El silencio y la niebla, nuestra aliada, continuaban presentes. 

-Joder, este puto sitio da escalofríos- se quejó Ben. -No es el mejor lugar para ponerse a hacer turismo. Además, a saber cuántos tóxicos diferentes estamos respirando a cada segundo. Por nada del mundo hubiese vivido aquí.

-Oh, vamos, si lo estabas deseando -me reí- no son las vacaciones soñadas en el Caribe que deseabas, pero no me digas que no se parecen.

-Oh sí, igualito.

 -Basta! Habría que apresurarse, -sentenció Sam. -creo que lo mejor será dividirnos, tendremos más radio de búsqueda – aconsejó- Erik, Anna, creo que lo mejor sería intentar llegar hasta aquel antiguo templo- señaló un alto campanario que destacaba entre el resto de los edificios- y echar un vistazo, la zona no es muy extensa. Cualquier cosa que veáis comunicádnosla. Ben y yo buscaremos cualquier rastro de la expedición por los alrededores. 

 -Ok. Tan pronto hayamos subido, nos reuniremos con vosotros. – Anna se puso en camino, y cuando me disponía a seguirla, Sam me llamó y me di la vuelta.

-Cuida de ella, chico. 

Giré la cabeza y continué caminando.

Nos adentramos en las profundidades del pueblo.  Estábamos en tensión, en cualquier momento algún infectado podía saltar de cualquier edificio o estar esperando detrás de la siguiente esquina. Dado que yo estaba más especializado en el cuerpo a cuerpo, debía ir delante, pero más preparado que para la lucha debíamos estar para la huída.

– Es raro que no nos hayamos encontrado todavía con ningún infectado. Normalmente es poner un pie en tierra y ya los atraemos…

 -Mejor así, este sitio no me inspira muchos ánimos para combatir. De todas formas en esta época del año estarán como carámbanos helados la mayoría, y con estas temperaturas tan extremas no es de extrañar.

-Tienes razón, -suspiré.

Enseguida llegamos a la calle de la iglesia: era un callejón un poco más ancho que el resto, pero en el mismo mal estado. El portón principal era alto y de hierro, imposible de echar abajo o derribarlo. Mientras Anna me cubría, empujé fuerte.

-Nada.  Estará cerrado desde dentro, deberíamos encontrar otra forma de entrar.

-Imposible… parece que ésta es  la única entrada. No veo cómo lo podemos hacer.

Me quedé observando la fachada. El edificio era bastante grande y bien conservado a pesar del tiempo. A pesar de que este culto estaba ya casi extinguido, aún habían regiones del país donde se practicaba, y este centro de población parecía ser uno de ellos.

  Sin contar el campanario, mediría como unos tres pisos de alto. La parte de atrás parecía contener antiguas dependencias y habitaciones, y observé un pequeño balcón , próximo, y por debajo de un edificio contiguo al templo. No costaría mucho saltar desde la azotea del mismo hasta el balcón, y ya estaríamos dentro. Para bajar tan solo habríamos de deslizarnos desde la fachada hasta el suelo. Anna también se dio cuenta, así un simple gesto de asentimiento bastó para entendernos.

 

El edificio adyacente era un antiguo bloque de pisos aproximadamente de los siglos XX o XXI de la Edad pasada, nada raro dado el abandono que sufría este lugar por su elevada toxicidad. La puerta del portal estaba rota y dejaba ver el interior: dentro reinaba la oscuridad total, apenas se divisaban las escaleras que conducían a los pisos superiores y lo que parecían viejos periódicos estaban dispersados por el suelo. Guardé mi arma, ya que las estrechas paredes no dejaban mucha capacidad de maniobra, y  aparte de la linterna, saqué un pequeño cuchillo de caza que llevaba siempre en un costado de mi anorak. Aunque afuera la noche no era muy acogedora, no me gustaba mucho la idea de permanecer ahí dentro mucho rato.

-Será mejor que vayas delante,… -dijo Anna apuntando a las escaleras.

Comencé a subir lentamente. Las puertas de los pisos estaban cerradas. Ambos sabíamos que en su interior aún seguirían los antiguos inquilinos, poseídos hace ya tiempo por el virus.

 Cuando todo empezó, como es lógico la mayoría de la población decidió refugiarse en sus hogares,  estando ya infectada o haciéndolo más tarde, y contagiando de esta manera al resto de sus familiares. Dado que practicamente la totalidad sellaron las entradas, los antiguos inquilinos estaban condenados a vagar por las estancias pasar el resto de sus  no-vidas, por decir de alguna manera.

Llegamos, después de subir tres pisos, a la puerta que conducía a la azotea. Gracias a su mal estado, cedió al instante con un golpe de hombro. Mientras el viento hacía ondular su liso cabello, Anna me indicó donde estaba el balcón.

-Las damas primero.

No se lo pensó  dos veces, y de un grácil salto aterrizó en él sin demasiadas complicaciones. No tardé en seguirla.

Miré atrás, era imposible volver a alcanzar la azotea donde estábamos antes, quedaba muy por encima de nosotros, de manera que para volver habríamos de encontrar otro camino.

-Vamos. -la puerta de cristal que daba al interior estaba cerrada, pero bastó un empujón para abrirla. La habitación de dentro parecía tratarse de los antiguos aposentos de un clérigo. Una cama con dosel, hecha, se hallaba en una esquina, y aparte de numerosas imágenes religiosas no había mucho más en la habitación, exceptuando también las numerosas grietas que surcaban las paredes.

 -Busquemos el acceso al campanario, y después de echar un vistazo, salgamos rápido de aquí.

Derrepente oímos un ruido. Eran pasos, lentos pero constantes, alguien se estaba acercando por el pasillo que daba a la estancia. Anna quitó el seguro de su MA16, y yo me preparé para embestir a quienquiera que entrase.

La puerta se abrió lentamente, y una figura humana entró en la habitación. La oscuridad apenas dejaba ver su relieve. Apunté con mi linterna a su cara:  Tenía el aspecto de un hombre de avanzada edad; de un espeso pelo blanco. Carecía casi por completo de piel y carne en la cara dejando ver la diabólica sonrisa de un cráneo desnudo. Probablemente sería el antiguo dueño de las habitaciones, a juzgar por su vestimenta.

Se mantuvo quieto unos instantes mirando a través de mí con sus blancos ojos , y se abalanzó dispuesto a alimentarse. Antes de que me alcanzase le hundí el cuchillo de un golpe en la sien cosa que lo hizo parar en seco y desplomarse al suelo, no sin antes levantar débilmente su brazo hacia mí. 

 -Puede haber más, así que estate preparada.

-Ok. Como si no lo supiera…

Salimos al pasillo: el polvo, así como las tinieblas, cubrían todo por completo. El pasillo parecía continuar a derecha e izquierda, y como el campanario quedaba a la derecha ( dato conocido gracias al gran sentido masculino de la orientación ) cogimos ese camino. Al caminar, la madera crujía bajo nuestros pies pero parecía que el suelo iba a resistir.

Al girar una esquina, se presentaron ante nosotros unas escaleras de caracol y un acceso a lo que parecía ser el coro del edificio, que dominaba la parte superior de la estancia del templo.

-Ven, quiero ver esto un momento… – me pidió Anna, y la seguí a través del marco de la puerta. Desde aquí se podía ver toda la sala principal! Un viejo órgano yacía en la parte izquierda, también, testigo quizás del culto que hace años aquí se practicaba. Enfoqué al techo, formado por los característicos arcos, con la linterna. Recuerdo en mi infancia haber estudiado de que estilo serían estos arcos, dando así una fecha de construcción al edificio pero ya no me acordaba y este conocimiento poco importaba ahora.  Mediría unos treinta metros de altura, si no me equivocaba. Derrepente, mi compañera me sujetó del brazo.

-Erik, mira abajo!

Lo que ví me impresionó bastante: todo el suelo, donde tendría que haber estado la zona de bancos estaba cubierto por incontables mantas y sacos de dormir, donde junto a la gran mayoría había sacos y paquetes de diversos tamaños, probablemente enseres personales.

-Debieron de refugiarse aquí cuando ocurrió todo.

-Eso parece, -contesté.

Un sentimiento de terror me hizo estremecer cuando entendí lo que representaba cada una de esas ‘camas’.

-Sabes lo que esto siginifica..? -pregunté a mi compañera mientras observaba los cientos de mantas.

Anna comprendió lo que quería decirle. Las puertas, desde que las sellaron, jamás se habían abierto, y ella lo sabía.

No estábamos solos.

 

-Más vale darse prisa. -asintió.

 

Salimos de ahí y subimos las escaleras con rapidez. Cada vez ascendíamos más  hasta que una corriente de aire frío me indicó que ya estábamos llegando al final. Despúes de levantar la trampilla, nos encontramos en lo alto de la torre: desde aquí contemplábamos todo el lugar, varios cientos de metros a la redonda. Saqué por tanto mis prismáticos y comencé a observar: La mayoría de los edificios estaban en bastante mal estado, con las ventanas o las puertas hechas pedazos. Cientos de coches estaban atascados o accidentados en las calles pricipales, pero esto no era ninguna novedad. Todas las ciudades del planeta estaban apuntadas a la misma moda… la situación se descontroló muy rápido durante el maldito fin del mundo. Algunos componentes de la fuerzas de seguridad locales intentamos mantener el orden en las calles: eran frecuentes los disturbios noturnos,al principio, en el que una hambrienta población intentaba encontrar algo que llevarse a la boca en los comercios locales o ya de paso algún caro y lujuso electrodoméstico para su hogar. Pero cuando la epidemia se descontroló, la mayoría de policías y funcionarios dejaron de ir a sus puestos de trabajo con lo que la sociedad como la conocemos tocó a su fin. Los camiones que se encargaban de suministrar alimentos, combustible y productos a las ciudades dejaron de poder circular, y la electricidad dejó de llegar a los hogares. Las carreteras estaban colapsadas, llenas de coches vacíos, al igual que las calles. Las ciudades donde el virus se había extendido se convirtieron literalmente en mataderos, mataderos de personas, millones de ellas. De noche el único ruido que oía la gente refugiada en sus casas, aparte de algún grito en la oscuridad proveniente de muy lejos, eran pies arrastrándose. Miles de muertos vivientes reclamaban las calles y la carne de cualquier persona viva que aún pudiese quedar.

En cuanto a esta población local que podía divisar desde aquí, algunos pocos infectados estaban dispersos por las calles, aparentemente sin nada que hacer aparte de vagar… pero más adelante, a unos doscientos metros del lugar por donde habíamos entrado al pueblo, parecía que estaban celebrando algun tipo de fiesta, y de las grandes. Decenas de ellos se agolpaban fuera de lo que parecían ser unas naves industriales… y fuera, rodeado de un pequeño cráter, yacían dispersos los restos de lo que parecía un furgón. Quizas fuese uno de los dos que disponíamos en Nordway, aunque eso significaban bastante malas noticias. Le pasé los prismáticos a Anna y le indiqué donde mirar, mientras hablaba por la radio atada a mi muñeca.

-¡Dime, figura! -respodió Ben.

 -Ben, acercaos por aquí ahora mismo. He localizado donde puede estar el resto del equipo.

-Perfecto, tío! A Brian le gustará saberlo. Sam y yo vamos para allá, las cosas se están poniendo feas conforme nos adentramos en este sitio y francamente no me hace ninguna gracia.

Sin mucho que decir, bajamos rápido las escaleras, sacamos nuestras linternas y nos pusimos a avanzar hacia la habitación por la que habíamos entrado a este lugar. Avanzamos despacio, preparados para encontrarnos cualquier cosa. Derrepente, mi compañera me cogió del hombro.

-Espera! No oyes eso…?

Escuché detenidamente. Un ruido lejano parecía venir del fondo. Ahora se oía mejor, si, ¡eran sonidos de pasos! Cientos de pasos.

-Espera aquí!- susurré. Giré la esquina, preparado para lo peor. Enfoqué al suelo y fui subiendo el haz de luz. Varios infectados, muy descompuestos, avanzaban lentamente hacia donde nos encontrábamos. Casi podía ver la sonrisa en sus caras.

 

 

No poder escapar de donde me encuentro ha sido siempre parte de mis pesadillas, más que cualquier otra cosa. Quizás sea algún tipo de instinto.

Hasta más leer.

Read Full Post »