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Posts Tagged ‘Zombies’

 Anna y el resto de las chicas esperaban abajo del edificio por recomendación mía, no las iba a hacer subir cargadas como iban aunque conociendo a Ben esta vez sería de cierto interés lo que tuviera que enseñar. También por la razón de que en este edificio aún quedaban áreas contaminadas de infectados.

-Espero que hacerme venir no sea una pérdida de tiempo… -le dije a Ben. Tener que cruzar medio pueblo para ver algo que me tenía que enseñar, y además rápido, espero que mereciera la pena.

-Escucha. Grabamos esto hace unos minutos, después de instalar el dispositivo amplificador de intensidad de señal. El programa registró la transmisión entrante automáticamente, aunque solo pudo descodificar una parte. Al contrario de lo que pensábamos, la señal es bastante avanzada, similar a las que estaban en activo poco antes de la epidemia, contrariamente a lo que esperábamos encontrar.

Ben introdujo en el teclado unos rápidos comandos, tras lo que un ruido de estática empezó a sonar. Siguió sonando así unos segundos, cuando derrepente se logró escuchar una leve voz:

-‘.. más tarde no… sí, conocemos el lugar de sobra..  y oye, habría que  (… ) de sitio, … como si supieran que…. (aquí se corta) … demasiadas muertes…’

Y ya no había más, ahí se cortaba completamente la grabación. No había ni siquiera ni una frase inteligible, y las pocas palabras que había apenas se escuchaban entre un mar de estática. Me quedé pensativo unos segundos. Había de reconocer que esto era interesante, daba lugar a un mundo de especulaciones.

-¿No hay más?

-No, ni lo habrá. Un fallo en el dispositivo receptor de arriba, causado por aplicar un voltaje excesivo sobre el elemento fundió los circuitos integrados. Se podría haber evitado conectando un elemento capacitivo al circuito.

-¿No se puede cambiar el receptor?

-¿Estás loco?? ¿Sabes lo que nos costó encontrar uno de éstos? Habremos de esperar cientos de años, si la humanidad no se extingue, para poder fabricar un circuito integrado como éste con una nanotecnología tan avanzada.

-¿Conseguiste aislar el origen de la señal al menos?

-Sí, el programa automáticamente calculaba el origen de cualquier transmisión entrante.. la señal proviene a menos de seiscientos quilómetros de aquí, hacia el suroeste. En dirección a la antigua capital de Fort McMurray, calculándolo a ojo, aunque habría de consultarlo.

-Es imposible.

-Lo peor es que tienes razón. Nada puede sobrevivir ahí más de unos segundos.

Esto significaba que la transmisión provenía de áreas urbanas, y era imposible que cualquier pequeña sociedad hubiese sobrevivido ahí. Millones de infectados vagaban por cada una de las calles, por no hablar que hacía años que la epidemia había tenido lugar, y a cualquier persona inmune en el búnker más fantástico que se pueda imaginar se le habrían acabado los víveres hace ya tiempo.

-Hemos de comunicar esto en Nordway. Bien hecho, tío, has vuelto a sorprenderme.

Dejamos Reein tan rápido como habíamos llegado. Antes de que Ben subiese al asiento del conductor, ví por la ventanilla como Sally agarraba a Ben del brazo, y le pronunciaba unas palabras sin mirarle a los ojos. Por el movimiento de los labios pude entender un ‘gracias’.

___________________________________

 

Cuando volvimos estaba ya oscureciendo. Un pequeño grupo de mujeres regresaba camino arriba hacia Nordway, cerca de la entrada, unas cuantas llevaban algunas piezas de caza al hombro, y otras iban vigilando con armas el camino, atentas a cualquier ser que pudiese emerger de entre los árboles. Al llegar delante de la puerta, ésta fue abierta desde dentro y pudimos pasar, junto con el grupo de caza, tras lo que se cerraron fuertemente.

Una vez en el taller, descargamos las armas y el cargamento que traíamos, de forma bastante rutinaria.

-Buen trabajo hoy. Mañana tenemos el dia libre, así que aprovechad para descansar. Si alguien no se siente especialmente cansado, mañana Ben y yo probaremos por fin esa maravilla de ahí -señalé el nuevo vehículo que habíamos conseguido terminar durante estos meses, reemplazando el motor original – estáis todas invitadas. Que descanséis.

-¿Qué hacemos con lo que hemos traído? -preguntó Sonia.

-Vuestras armas y equipaciones lleváoslas cada una con vosotras. De la carga que hemos traído nos ocupamos nosotros, esta vez.

-Acuérdate de recoger tu tambén tus cosas, guapo, – dijo Alice mientras me lanzó mi arma desde dentro del vehículo, que unos segundos antes estorbaba desparramada por el suelo del mismo y ahora golpeaba fuertemente contra mi cuerpo.

 Me despedí de  las chicas, y mientras Ben se iba a casa para preparar algo de comer, acompañé a Anna a cargar las mercancías hasta el almacén.

-Sí que pesa esto.. ¿qué  se supone que es?

-Un par de baterías de coche y algo de cableado de una instalación, de cobre por supuesto.

-Lo que hay que hacer por tener algo de luz. Si lo llego a saber lo cargan ellas. Aparte de esto tenemos buenas noticias, si no buenas al menos extrañas. No sé que acabaremos decidiendo, pero desde luego como no sea llegando físicamente hasta ahí no vamos a tener ninguna oportunidad de saber si lo que escuchamos es radio zombie local o algo que valga la pena conocer.

Anna calló.

-No creo que sean tan buenas noticias..

-¿Qué quieres decir? Durante todo el tiempo que llevamos viviendo aquí no hemos hayado nunca ningún rastro de vida, y nos hemos dado cuenta como las probabilidades de que pueda vivir ningún ser humano fuera de aquí son muy bajas. Me alegraría saber que alguien más aparte de nosotros lo consiguió.

-No deseo la muerte de nadie, y me alegro porque alguien más lo consiguiese, pero yo.. me he llegado a acostumbrar a este sitio.. ¿ y me gusta sabes? no quiero verlo amenazado por nada ni nadie. Sea, quien sea seguro que no querrán solo pasar a ver como estamos. Todo el mundo quiere algo, y cualquier cosa que quieran será nuestra.

La miré con compasión, mientras entrábamos en el antiguo centro educativo forestal.

-Odio decirlo, pero soy más feliz ahora después de que el mundo se acabara que en la sociedad en la que viví hace muchos años. Me gusta ser dueña de todo lo que tengo y de mi vida, y me gusta conocer de memoria los nombres de todas las personas a las que veo cada día y me gusta vivir sin tener que seguir ninguna estúpida ley civil ni estar sujeta a todas las normas que te imponía la estúpida sociedad.

Me reí.

-Vale, tranquila, nadie te va a quitar nada. De todas formas no creo que se haga mucho al respecto.

Hice una pausa sin escucharla mientras descargaba los paquetes en una mesa,  liberándome de un gran peso.

-No le dés más importancia de la que no tiene. Ves a casa, mañana será otro día.

No pareció muy convencida, asi que decidió cambiar de tema.

-¿Y no quieres que te ayude a clasificar esto?

-Ya puedo hacerlo solo. Sólo serán cinco minutos. Además, creo que hoy prepara la comida Ben y no hay niguna prisa en llegar pronto.

-¡Gracias! Nos vemos mañana.

Su ajustada silueta desapareció por la puerta.

Cuando pierdes algo es cuando verdaderamente te das cuenta de lo que tenías. Cuando has vivido en dos culturas o sociedades distintas, puedes apreciar mejor lo propio de cada una de ellas. Podía entender como Anna, habiendo vivido años entre miles de rostros desconocidos, sentía miedo ahora ante el cambio de ver unos nuevos, de no tener todo controlado fuera y dentro de la alambrada. Podía entender la necesidad humana de pertenecer a un colectivo y sentirse parte de él. Pero no podía entender el miedo a lo desconocido. En el mundo conocido existía terror suficiente para el resto de varias vidas.

Mientras estaba acabando, apareció Jessica con la excusa de ayudarme y con demasiado escote para este frío, pero la despaché rápido argumentando la espera hacia mi persona en casa de Abraham y Ben.

-¡Vale! Pero recuerda que tenemos una noche pendiente, eh? -al decir esto se agachó hacia delante, dándome una visión demasiado provocativa. Las reacciones y ideas que ésto me provocó se transformaron rápidamente en remordimientos. No sé que acabaría haciendo si esto seguía así.

Cuando salí a la recepción, y me ajustaba los guantes para marcharme, oí mi nombre arriba de las escaleras.

-Erik, espera un momento.

La grave vozde Brian venía de arriba de las escaleras. Vestía su ropa habitual, y se le veía más tranquilo que de costumbre.

-Hemos estado hablando hace un rato con Wilson de las noticias que habéis traído. Pásate mañana cuando salga el sol, tenemos que hablar. Pero ven sólo, e intenta que nadie se entere de ésto. No va a ser ningún secreto, pero la opinión pública nos la podremos ahorrar.

-Ok. Ahí estaré.

Asintió y desapareció escaleras arriba. Ahora suponía que no se había tomado tan a la ligera este asunto. Ya podía aprovechar bien esta noche para descansar.

                                                                              ___________________________________________

 

Tras unas pausadas partidas de cartas después de una cena abundante, y una distraída charla sobre la iniciativa de montar un campo de fútbol (americano) local que ya se iba consolidando bastante, me despedí de mis amigos.

La calle estaba vacía y sola. Un par de luces salían de algunas ventanas, pero no se escuchaba ninguna voz detrás de ellas. Miré al cielo: estaba inusualmente despejado. La luz de la luna y las estrellas inundaría todo el valle. Me acerqué a la empalizada sur, y subí a una de las pequeñas atalayas con la intención de echar un vistazo al valle, no todos los días se podían ver tan bien los alrededores. Ésta se encontraba medio oculta entre dos altos abetos, de manera que se disimulaba bastante bien desde la lejanía. Al llegar arriba observé que ya estaba ocupada. Sonia reposaba sentada en la baranda de madera, sola, mirando hacia la lejanía, por donde se perdía el río. No quise asustarla con palabras, de manera que carraspeé con la garganta. Se giró con cara asombrada. Sus ojos me miraron con una luz verdosa que se destacaba con la oscuridad.

-Perdona, no sabía que estabas aquí. Si molesto..

-No, hombre, quédate por favor.

Me incorporé y me puse de pie en la tarima de madera. Verdaderamente había buena vista hoy. Antes de coger los prismáticos que siempre dejábamos por aquí ( había un par en cada torre, no nos costaba mucho encontrar unos) me interesé por Sonia, aunque hubiese preferido no preguntar nada.

-¿Cómo es que estabas aquí? Ocurría algo..

-Nada especial.. suelo venir aquí las noches que no  puedo dormir. Cuando me aburro siempre me acaba entrando sueño. -dijo esto sonriendo, pero disimuladamente se secó una lágrima que debía estar ahí hace unos minutos. Tendría sus motivos.

– Entonces si te hago compañía mucho más rato no tardarás en morirte de sueño. Venía a echar un vistazo desde aquí, hace tiempo que no subía y la noche invita a hacerlo.

-¡Ah! Toma, buscarás esto -me tendió los prismáticos que tenía en su regazo. Ajusté el zoom y miré a través de ellos: el blanco predominaba miraras hacia donde miraras, aunque más allá de Reein, bajando por el valle, en esta noche se podían apreciar áreas sin nieve, que hace unas semanas estaban cubiertas de ella. El río fluía ya con velocidad, aunque seguramente antes del calentamiento del planeta permanecería congelado todavía. Observé las cercanías de Nordway, no se divisaba ningún infectado, por suerte. Estaríamos tranquilos bastante tiempo más. Observé también los altos edificios que se divisiban en la lejanía, delimitando la zona de peligro, por decir de algún modo, la barrera que separaba nuestro pequeño mundo y el exterior, como una fina línea que separa la vida y la muerte.

Aparte de esto, multitud de detalles invitaban a ser contemplados teniendo tiempo de sobra.

-Siempre me quedaré con las ganas de viajar y ver mundo, como imaginaba que un día haría. Al menos ahora con mi trabajo de ‘cargadora de camión’ ampliaré mis horizontes..

Estuvimos un rato hablando de trivialidades, (incluyendo nuestras marcas de café preferidas, y que echábamos en falta)  hasta que al acabarse la conversación ella miró hacia arriba.

-Esta noche se ve muy bien el cielo, tienes razón. ¿ Sabes una cosa? Hace años, cuando era pequeña, vivía en un ático, en una zona bastante alejada del centro. -(debía de tener realmente mucha pasta, ella) -En verano, por las noches, mi padre y yo subíamos a la azotea y se pasaba horas contándome historias sobre las estrellas y las constelaciones, y los héroes de la antiguedad que quedaron inmortalizados en ellas. Me las sabía todas.

-¿Todas las estrellas? Mira que hay muchas. ¿No me estarás engañando? -le pregunté con cierta ironía.

-No, todas las constelaciones tonto. -me dió un empujón suave – después de escuchar sus historias, me quedaba dormida ahí arriba. Cuando me despertaba siempre aparecía con una manta.  Recuerdo que me prometía a mí misma que yo también contaría esas historias a mis hijos, y hacerles sentir esa magia que yo también sentía. Pero cuando llegó mi oportunidad, ya no recordaba ninguna de aquellas historias, y nunca me dió tiempo a recordarlas.

Dedicí no seguir dándole pie.

-Todos perdimos algo. Pero ganamos una vida valiosa, así que dentro de lo malo no tuvimos tan mala suerte supongo. Prefiero verlo de ésta manera.

-Tú no lo entiendes, tendría que haber sido yo la que hubiese muerto, no tendría que haber dejado que..

-Nada de eso importa ahora. -le puse un dedo encima de sus labios para silenciarla, en parte por consolarla y en parte porque no quería ver ningún lloro. -sólo sé que nadie determina nuestro destino, y si estamos vivos, podemos forjarlo nosotros mismos. Nuestro pasado influye en nuestros actos futuros, pero sólo nos ha de servir para saber en qué no nos hemos de equivocar, no para ser un lastre que llevemos arrastrando el resto de nuestros días.

Me miró con cierta cara de pena. No le había dejado abrirse.

-Lo siento, esta noche no puedo con estas cosas. Perdóname.

-No pasa nada. Gracias por hacerme un rato de compañía.

-Gracias a tí.

Segundos más tarde caminaba de nuevo por la nieve.

 

Una vez dentro de mi cabaña de madera, me dejé caer al suelo apoyándome contra la pared.

Permanecí en esta posición varios minutos, hasta que me fijé en un cuadro que colgaba de la pared, un poco torcido. En él se veía el monte Fujiyama nevado, con grandes extensiones verdes a sus pies. A juzgar por la caligrafía de la firma, debió haber pertenecido a un pintor japonés. Cuidadosamente, lo volví a poner recto.

Sin nada más que hacer, y sin sueño, bajé abajo y me tumbé en la cama.

-Por fin en casa.

Aunque realmente, ¿para qué? No tenía mucho sentido vivir solo entre estas paredes, no al menos ahora. ¿Por qué seguía buscando en el fondo de mi interior mi verdadero ser? ¿Por qué no podía limitarme a vivir una vida tan superficial como la que podía tener a mi alcance? Me sentía idiota queriendo mantener un recuerdo vivo en mi mente,  y aún más idiota por mantenerme fiel a unos sentimientos que hace ya tiempo que tendrían que haberse ido de mi cabeza, pero que por nada del mundo quería olvidarlos.

 Tampoco entendía, cómo cualquier vacío producido durante tu vida en el interior, sustituye para siempre una parte de tu esencia, pediéndose en el oscuro vacío que es el olvido. Pero los malos recuerdos en el interior de mi mente siempre pesaban, eso era lo único que parecía que jamás se iba a desvanecer.

No tardé mucho en quedarme dormido, para mi frustración.

 

 

 

Breve fragmento con el fin de cumplir los dos post mensuales, pero que se ha de completar. Menos de 2000 palabras no son gran cosa.  Lo completaré en los días siguientes. Igualmente va tocando leerme fragmentos anteriores de la historia y completarlos, las conversaciones y descripciones de lugares son demasiado esquemáticas,  en cualquier situación normal hay bastante más juego en los diálogos de los personajes. A nadie le gusta leer algo demasiado lento ni historias que se empiezan a enrollar, pero todo ha de ir a su ritmo.

Mi intención es crear una historia más o menos sólida con la temática que me gusta, por el mero hecho de crear y por aquello de ‘ten un hijo, planta un árbol, y escribe un libro’, que en este caso es un blog. El mes que viene, típica época de exámenes, estará extento de entradas.

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Nos encontrábamos ya cerca de nuestro refugio de aquí, en Reein. Algunos cadáveres recientes quedaban atrás en nuestro camino. Siempre me sorprendía ver como seguían apareciendo más con cada visita, cómo era posible que los muertos caminasen tanto en busca de carne humana. Supongo que de no haber tenido este hambre insaciable el virus no se hubiese extendido tanto, al igual que si la humanidad no hubiese tenido ese insaciable deseo por el sexo no nos hubiésemos multiplicado tanto, aunque al final ese haya sido nuestro fin, y casi el de nuestro planeta.

Un camión volcado bloqueaba la calle, de manera que dejaba un espacio muy estrecho para pasar. Sonia se dispuso a cruzarlo, pero justo cuando estaba a la altura de la cabina, contemplando el cadáver del antiguo conductor (misteriosamente muerto de verdad) un fuerte golpe se olló en la puerta de su derecha y un podrido brazo surgió entre el agujero de la misma, rozando su cuello. Sonia ahogó un grito. Segundos después un segundo brazo salió de la destrozada puerta, que comenzó a ser sacudida por varios golpes.

-Ignoradlos, la puerta aguantará.

-Es increíble la facilidad con que nos han detectado.. parece como si desde un principio supiesen que estábamos aquí, -observó Alice.

-Siempre, siempre acaban dando contigo, y ellos nunca se cansan, ni pasan hambre ni frío, ni sienten dolor. Por eso no tengáis piedad de ellos, aunque parezcan humanos y podais sentir un poco de compasión pensad que no lo serán nunca más.

Los infectados continuaban gimiendo tras la desvencijada puerta. Logré atisbar un par de ojos blanquecinos tras una grieta de la puerta, y segundos después una boca derramando sangre y mostrando astillados dientes.

Aparté la vista y partí los brazos más próximos empujándolos con el pie, de manera que quedaron colgando e inservibles. Aunque quisieran ya no podrían agarrar nada nunca más.

Un momento después ya estábamos lejos de ahí.

 

-Siempre me he preguntado, -comentó Sonia, -¿ no se pudo diseñar ninguna cura? quiero decir, habría alguna opción de que volvieran a ser como antes?

-Eso es imposible. Casi la totalidad de sus órganos internos se hayan descompuestos, y todo el cerebro menos la parte relativa al movimiento y los instintos más básicos, como el de la alimentación,  está muerto. Si lográsemos destruir el virus de su cuerpo lo único que conseguríamos sería matarlos completamente, ya que es lo único que los mantiene en pie.

-Me alegro de ser inmune -dijo Alice.

 

Un minuto más tarde nos encontrábamos delante de un pequeño edificio, de no más de dos plantas, aparentemente una antigua subestación eléctrica. El tejado tenía forma de cuña, para poder dejar resbalar la nieve.

-Es aquí.

Junto a la entrada había un pequeño farolillo de cristal, el cual abrí y saqué una llave de su interior que usé para abrir la puerta.

-¿Es necesario cerrar? -preguntó Sonia.

Me reí.

-¿Te arriesgarías a que alguno por casualidad nos esperase dentro? No creo que nos recibiese con un beso y un ‘que tal te ha ido el trabajo cariño’.

 

El interior estaba bastante bien iluminado, dado que fuera aún había bastante luz, pero la luz solo provenía de pequeñas clarabollas en la pared tocando al techo, de tan solo un palmo de altas. Si el edificio hubiese tenido ventanas convencionales de cristal, sería casi como dejar la puerta abierta a visitantes indeseados. La sala que teníamos delante tenía varios monitores y servidores dispuestos en las paredes, armarios, algunos archivadores  y un par de mesas donde había desparramadas varias botellas de productos químicos y piezas de maquinaria diversas.

-Esta es la sala que más utilizamos durante las horas de luz. En los armarios hay armas y comida, serviros a vuestro antojo. Esa puerta de ahí da al sótano, donde pasamos la noche. Tenemos varias camas, velas y monitores de vigilancia del exterior. Esa otra puerta da al garaje, donde descargamos las mercancías, y esa otra da al piso de arriba pero aparte de polvo y máquinas viejas no esperéis encontrar nada en especial.

Mientras Alice inspeccionaba el armario de las armas, bajé con Sonia al sótano. Aquí no había luz por la ausencia de ventanas. Encendería un par de farolillos que teníamos en las paredes.. ¿ dónde dejé el mechero la última vez?

– Mmm.. ¿ está libre el colchón junto a la estufa?

-Creo que sí. Oye, ¿ no has visto un mechero por aquí ? Saca mejor la linterna..

-Vale, pues me la pido! Ah, no es eso de ahí?

Oí como Sonia caminaba por la habitación, porque verla no podía verla en absoluto. Segundos después se acercó y me tendió un pequeño objeto metálico.

-Gracias. Oye, cómo has podido verlo aquí abajo?

Cuando sus ojos verdes se encontraron con los míos, brillaron por un momento con un reflejo verde esmeralda, parecido al de los felinos.

-Ah.. siempre he podido ver en la oscuridad casi tan bien como a la luz del día. Lo sé desde los trece años, pero salvo para no tender que ir encendiendo luces por la casa cuando me levantaba al baño de noche, no me ha sido nunca de mucha utilidad.

-Me sorprendes.

La luz de las velas iluminó mejor la estancia.

-Todo sigue igual.. Ayúdame a sacudir un poco la humedad de los colchones y a bajar un poco de combustible al generador de aquí abajo. Pondremos en marcha la radio de aquí abajo e intentaremos ver si sigue funcionando, si no nos aburriremos un rato.

-¿Ya alcanza la señal desde aquí abajo?

-No, en realidad la antena está en el piso de arriba, creo.

-Os teníais bien callado lo del Lamborghini de arriba, eh? -gritó Alice desde lo alto de las escaleras.

-Ah..cosas de Ben.. Brian siempre se queja porque apenas deja espacio para el blindado..

A pocas mujeres les suelen gustar los coches y suelen entender de ellos, asi como también había pocas niñas a las que les gustara el fútbol y jugasen con los chicos en el patio. Todas las que conocí que lo hicieran, o bien su padre tenía un taller mecánico, o años más tarde se descubría su sorprendente orientación sexual. Esto daba que sospechar, pero el futuro lo diría.

                                                      

                                                           ________________________________________

 

Ben se detuvo delante de una pequeña estación de repetición de onda, antiguamente utilizada para amplificar la señal de las ondas de telefonía móvil y de las emisoras de radio nacionales. La estación en sí no era de gran altura, pero la antena se elevava un considerable número de metros, y todo ello construido sin apenas intervención humana.

Nada más llegar a la puerta, un par de infectados salieron de su interior. El primero, cuyas entrañas sobresalían de su destrozado vientre, avanzó hacia ellos con un lúgubre gemido, provocando que escupiera la poca sangre que le quedaba por la boca. Sally se encargó de él mientras su amiga atravesava la cabeza del otro a través de su blanco ojo.

-¿Primera planta, sector oeste? -afirmó más que preguntó Sally.

-Sí, correcto. ¿Ya te lo habían dicho?

-No, pero esos cables conectados a los paneles solares del techo, que entran chapuceramente  por la ventana del edificio no dejan mucho lugar a la imaginación. Nos vemos en un momento, creo que tengo prisa.

Sally trepó con su ligero cuerpo por el árbol cercano a la ventana, y de un salto de más de dos metros de distancia se coló en el interior del edificio, a la vez que de la puerta del edificio salían tambaleantes varios infectados, muy hambrientos por cierto.

-¿Pero qué..? -gritó Ben, a la vez que se le caía el cigarrilo de la boca.

Un infectado calvo cargó contra él, derribándolo, a la vez  que intentaba morderle el cuello. Tenía la piel tirante y le apretaba los huesos, como si le hubiesen puesto un vestido elástico y muy ajustado encima de una masa de huesos y músculos. Casi instintivamente, Ben giró su cabeza 180º, con lo que con un crujido se partió. Se apartó con un torpe movimiento torpe el ahora sí muerto de encima suyo.

-Perfecto, otro día entero con este asqueroso olor encima.

Mientras se levantava, vió cómo Lucie la intentaba a duras penas contener a los demás.

-Y también parece que voy a tener que trabajar -dijo sacando su arma.

 

Cuando subieron, Sally se encontraba consultando la pantalla de un ordenador.

-Así que tenéis programada una estructura de repetición en onda corta, y además en varias frecuencias… sólo una con un 25% o menos de energía.. el que ha montado todo esto es todo un crack.

-Muy bien, sabes leer basic. Ahora si tanto sabes, ponte a trabajar. Hemos de reprogramar el bucle para que funcione a una mayor intensidad, pero tan sólo dos horas al día.  Llevamos demasiados años sin recibir ninguna maldita transmisión, sólo ruido en todos los canales . Creo que ya no queda nadie ahí fuera. Sea como sea, quizás, si ampliamos el alcance de la señal, encontremos algo, pero el tiempo lo dirá. Gracias a este chisme – Ben descargó una pesada caja metálica de su mochila- podremos conseguirlo. Tuvimos que ir hasta una estación de radio a varios quilómetros de aquí para conseguir este descodificador, pero espero que merezca la pena.

-Vamos, hombre. Es imposible que nadie más al sur haya logrado sobrevivir todos estos años. Sólo a los imbéciles se les ocurriría perder el tiempo de esta manera.

-Si tan idiota te parece hacer esto, espéranos fuera en la calle. Tardaremos un par de horas, así que te puedes aburrir al principio, pero seguro que no tarda en aparecer alguna agradable compañía.

Pareció pensárselo.

-Ya me gustaría, pero he de vigilar que no la cagues.

-Ya te gustaría que lo hiciese. Ves haciendo esto, voy a comprobar las conexiones del piso de arriba y instalar el nuevo componente. Lucie se quedará contigo para evitar las visitas inesperadas que puedan aparecer. Recuerda que el canal principal no funciona aunque aparezca online.

-Ya voy yo arriba, tu quédate aquí y arregla ésto mejor. Como si aún fuese a la escuela…

-Como gustes, preciosidad.

 

                                                           ________________________________________

 

Oí que alguien abría la puerta de la sala principal donde me encontraba.  Dado que la capacidad de razonar de los infectados les daba como mucho para golpearla con un cuchillo, supuse que Anna estaba de vuelta. Sonia y Alice estaban descansando un rato en el piso de abajo (prefería pensar que estaban haciendo esto, y no ninguna otra actividad fuera de lo normal, con la asusencia de hombres en estos tiempos cualquier cosa podía ser), se habían pasado la mañana limpiando este seco refugio al que probablemente tardaríamos en volver y ayudándome a empaquetar diversas cosas que aún quedaban en el garaje, para llevarnos a Nordway a la vuelta.

-Os habéis cansado rápido, -dije mientras me quitaba las gafas de protección y me giraba para mirarla.

-¿Así que pasándotelo en grande, eh? -dijo mientras veía los cartuchos de dinamita que tenía en la mano, y la botella de nitroglicerina de encima de la mesa.

-No es que me entusiasme fabricar explosivos, pero algo tenía que hacer. Además son bastante útiles.

El resto del equipo entró y se sentó en un viejo sofá polvoriento, mientras dejaban sus armas encima de la mesa y se quitaban los chalecos.

-¿Algo interesante? -pregunté mientras Anna me ayudaba a limpiar la mesa.

-Nada que no hayas visto.. ah si, nos encontramos con una especie de trampa al entrar a una vivienda, por suerte la madera estaba tan podrida que no funcionó. ¿Tenemos algo para comer?

-Sí, aún queda bastante comida del invierno pasado, podemos comer y descansar un rato. Ben estará a punto de acabar, me imagino.

Miré un momento al resto de las chicas, que estaban entretenidas probándose varios pendientes y collares de oro que se habían encontrado.

-Miraré a ver que queda.

 

 

-.. y entonces, arranqué el coche atropellando a todos los que me venían por delante mientras todo explotaba a mi alrededor y..

-Sí, sí, y les hiciste así con el dedo por el retrovisor mientras los dejabas atrás.. dame un trago.

Sally y Lucie estaban terminando de comer, sentadas en el suelo y apoyadas contra un viejo servidor, mientras Ben bebía sorbos de una vieja lata, sentado en una vieja silla giratoria frente al monitor y comprobando la pantalla todo el rato, mientras por el altavoz salía el típico ruido de estática que indicaba vacío en la señal, al igual que al sintonizar ninguna emisora.

– ¿Le queda mucho?

-Básicamente ya está. Sólo quiero comprobar que capte bien la señal. Si detecta alguna onda entrante, quiero que la grabación que realice el programa se archive bien.

-Va, déjalo y vámonos, para lo que se va a escuchar.

-Créeme que con un poco de optimismo se vive mejor, pero tienes razón, es hora de marcharnos.

Ben se estiró en la silla y bostezó, tras lo que cogió su radio.

-¿Erik?

-Dime tío. ¿Salís ya?

-Sí, en diez minutos os esperamos en el coche. Ya está todo acabado. Corto.

Mientras Lucie y Sally se acababan de vestir, Ben se dispuso a apagar el monitor. Derrepente una anomalía en el ruido de la transmisión le hizo parar. Lo que parecían ser palabras de una voz humana se distinguían a través de la estática.

 

De noche nuestra concepción de lo que es seriedad varía mucho que la misma durante el día. Aún sin alcohol, nos podemos llegar a arrepentir de nuestros actos o nuestras palabras.

Hasta más leer.

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Me gustaba este paisaje. La carretera discurría tranquilamente por la falda de la montaña nevada, al lado derecho del largo valle. No era muy hondo, pero si lo suficientemente ancho para tardar más de una hora en ir de un lado a otro, por supuesto cruzando el río que lo atravesaba. Si te acercabas a él, podías escuchar el sonido de sus aguas bajando por su rocoso lecho, siempre imperturbables. A su lado, los bosques, en su mayor parte arces y abetos dominaban toda la extensión del valle.  Erik

Aún faltaban horas para el amanecer, pero gracias a la luz lunar, se podía ver con el camino con la suficiente claridad para conducir. Mis compañeros de expedición, en parte por el sueño o por lo rutinario del asunto, se mantenian en silencio pensando cada uno en sus propias cosas y yo básicamente hacía lo mismo, no nos sobraban cosas sobre las que preocuparse o sobre las que hacer esfuerzos por no recordar.  El viaje era bastante apacible pero  interrumpido constantemente por frecuentes baches y desniveles en la vía. Como es lógico, no cogíamos este camino por el buen estado de la carretera ni sus paisajes, el resto eran simplemente intransitables y hubiese tocado ir a pie, y eso en ningún caso era una opción. Pero de todas formas, aquí en la parte de atrás del furgón, apoyados contra la pared, no se estaba tan mal.

Éramos sólo seis: hace unos dias los miembros más experimentados del equipo de asalto salieron fuera de nuestro asentamiento en dirección a un núcleo de población inexplorado con anterioridad. Según los mapas, poseía varias industrias químicas y siderúrgicas y la tarea de mis compañeros era cargar y traer de vuelta varios medicamentos y tanta munición como fuera posible de los comercios de caza locales e industrias, ya que la nuestra estaba casi agotada.

Aún no habían regresado y debíamos ir allí saber qué les había ocurrido. No había otra forma de saberlo ya que nuestras radios eran de onda corta y se hallaban a demasiada distancia de Nordway. Ninguna dificultad aparente, ¿no? normalmente nuestras tareas cotidianas requerían un poco más de dificultad.. y  un poco más de valor también.

Johnson, sentado al volante del furgón militar convenientemente modificado conocía bastante bien estos caminos, (quedarse sin combustible hubiese significado una muerte segura, ya sea por frío, nuestra propia hambre o la de los habitantes de esta región), pero de ser cierto que había pasado toda su vida por estas regiones podíamos ir tranquilos. Era el tipo de hombre serio, al que nunca había visto sonreír (quizás si, pero no me acordaba) y al que no parecía importarle nada. Supongo que entre aquellos que han tenido que acabar con su familia para no ser devorado por ella, era un tipo bastante animado. Sus facciones eran rectas y angulosas, y sumado a su seriedad le daba cierto aire de independencia.

 -Ey chico, cuéntame que tál quedó el piso de abajo, no tuve tiempo de pasar a verlo -me preguntó con su típico acento Sam, un antiguo ingeniero cubano considerablemente alto, de barba morena y surcada ya por algunas canas, mientras apuntaba un par de cosas en su libreta. Aún quedaba rato para llegar, asi que charlar un rato era lo mejor que podíamos hacer.  

– Bien, tuvimos algunos problemas en apuntalar la estructura, pero según Carol aguantará al menos cincuenta años o más. No es que me emocione la idea de estar durmiendo bajo tierra, pero la diferencia de temperatura respecto al piso de arriba es razón suficiente para hacerme cambiar de idea.

-Carol y el resto de construcción sabien bien lo que hacen, puedes confiar en ellas. Han conseguido ampliar la zona norte de Nordway en tan sólo dos meses, y juraría que esa valla de contención puede resistir hasta el choque de un camión.

-(Riéndome) Lo que tú digas. De todas formas ya está bien disponer de un poco más de espacio.

Nordway se hallaba en una explanada dentro de un paisaje bastante montañoso lleno de bosques, y al lado del pequeño río que bajaba de las montañas. El clima, exceptuando los inviernos, era bastante aceptable la mayor parte del año, cultivábamos todo tipo de productos e incluso teníamos algo de ganado- hacía ya tiempo que no dependíamos del saqueo para conseguir víveres. ¿Que cuántos éramos? Desde que nació la hija de Karl y Cynthia, éramos ya unos setenta habitantes, contando el equipo perdido. En mis pocos años de vida, no me habia sentido tan a gusto en ningún otro lado. Claro que el resto de ciudades ahora estaban muertas, y no había mucho para elegir ni nada que querer añorar.

Ya que la mayoría de viviendas construidas en Nordway eran, por decir así, de fabricación casera, poco había que comentar respecto a su arquitectura. Todas eran del mismo estilo si se puede decir que la tipica cabaña de madera, de troncos gruesos, pensada para soportar largos inviernos tiene algún estilo. Por dentro, eran todas muy acogedoras, con su hogar de leña, pieles y cuadros decorando las paredes, suelo de madera barnizada, y ventanas desde las que podias contemplar la nieve cayendo en el exterior.Disponíamos de mucho tiempo, y ya que pasábamos bastante en ellas nos gustaba tenerlas como más nos agradara. No eran tan sofisticadas como las de la Edad pasada, pero no vivíamos mal. Incluso yo contaba con mi propio sótano, por debajo del nivel de tierra, donde dormir y guardar mis cosas. Aquí eran como un piso más, aprovechando la ventaja de hacer más calor bajo tierra, ideal para dormir. En el piso de arriba, nada más entrar por la puerta principal, contaba con una pequeña cocina y espacio de estar donde poder vivir y pasar la mayor parte del día.  Para un ex-policía como no, no estaba nada mal.

 

A todo esto, Brian se levantó de su asiento en la parte delantera de nuestro vehículo, situado al lado del conductor, y pasó a la zona en la que estábamos sentados. Era uno de los pocos hombres de piel oscura que vivía en el asentamiento, con una fuerza física envidiable que daba imponía casi tanto respecto como su acostumbrado mal carácter, aunque en el fondo era un buen tío.

-Eh, vosotros, panda de maricas, despertad, estamos cerca de nuestro objetivo. -dió un par de patadas a las piernas de Ben, quién se despertó sobresaltado.

-Como sabéis se trata de Nakin, una pequeña colonia obrera bastante lejos de nuestra zona habitual de búsqueda, cerca del área radioactiva. – Brian desplegó un mapa en el suelo para que lo pudiésemos ver todos:

– Ya podéis ver que es bastante pequeño, a pesar del bajo coste de sus viviendas.. quién iba a querer vivir en un vertedero como ése.. pero éste no es el caso. Ya estáis todos al corriente de lo que hemos venido a buscar. ¡Quiero saber que coño pasó con el resto de nuestro equipo! Buscad cualquier cosa que pueda decirnos algo, y no dejéis de utilizar vuestras radios, maldita sea, que para algo las tenéis. Pararemos aquí -señaló en el mapa  -una pequeña área de servicio al lado de la gasolinera.  Seguiré la operación desde el furgón por radio. Y no quiero ninguna baja, ¿Está claro? Os avisaremos si hemos de cambiar nuestra posición por si somos detectados.

-De acuerdo, Brian. -no había nada que discutir. Al fin y al cabo, él era quien daba las ódenes ahora.

Finalmente, Jonson empezó a aminorar la velocidad y se detuvo. En cuanto bajé del él, sentí una fuerte impresión  a causa de la diferencia de temperatura, era una noche húmeda y muy fría, nevaba, y a pesar del grueso anorak reforzado sentía el frío en cada poro de mi piel atravesándola como miles de diminutas agujas. Sam, Anna; una joven canadiense de carácter naturalmente alegre y Ben, bajaron después mío. Ben era un joven de cuerpo fibrado, originario de Dakota del Norte, de pelo corto y puntiagudo y todo un experto en todo lo que tuviera una pantalla electrónica. Me llevaba bastante bien con él, aunque no era muy difícil. Sus conversaciones trataban siempre de dos temas, o bien de ordenadores, o bien de sexo, aunque raramente se podían dar los dos a la vez. Brian se asomó por última vez desde la parte posterior del blindado:

-Johnson y yo nos dedicaremos a llevarnos todo el combustible posible que aún pueda quedar por la zona. Quiero cada diez minutos un informe sobre la situación, ¿ok? Ya os estáis moviendo.

Miré a mi alrededor. Nos econtrábamos en una pequeña elevación del terreno, entre la antigua carretera y la estación de servicio. Desde aquí podíamos ver las ruinas de lo que había sido el pueblo, muy castigado ahora por el paso de los años y cubiertas de una densa niebla. Todo esto, unido a un silencio antinatutal, le daba un aspecto bastante siniestro al lugar, y a nosotros, ningunas ganas de adentrarnos en él. Prácticamente todo el terreno estaba cubierto de nieve , lo que dificultaba cualquier tipo de huida así como el caminar rápido.

Por suerte para los infectados también. 

Anna se colocó a mi lado sonriente:

 -Mmm.. en días así es cuando más me gusta este trabajo ¿a tí no? – me preguntó apartándose su pelo rubio rubio de la cara, mientras sus mejillas comenzaban a sonrojarse por el frío.

La miré con una sonrisa maliciosa:

 -No te niego que ahora estaríamos mucho mejor en casa con el fuego encendido, con el estómago lleno, tumbados disfrutando del cálido ambiente,etc etc. Pero alguien ha de hacer el trabajo duro, y yo nunca me he arrepentido de dedicarme a esto. -mis últimas palabras sonaron un poco amortiguadas por la máscara térmica que me estaba equipando, al igual que los demás. Aire por debajo del punto de congelación directo a los pulmones nunca es bien recibido.

Comenzamos a avanzar hacia el pueblo. Sam y Anna quitaron el seguro de sus MA16 pero a pesar de la oscuridad no activaron sus linternas. Éstas nos hubiesen permitido ver a unos pocos metros de distancia, pero cualquier luz en mitad de la noche es fácilmete percibida desde varios cientos de ellos. Saqué mi espada de su funda, que reposaba en mi espalda, cosa que Ben no tardó en imitar. Era mi arma preferida: eficaz, contundente e inagotable, no podía pedir más.  

Miré al frente. En unos minutos alcanzaríamos los primeros bloques de pisos.

 

Primera entrada de una historia que llevo ya tiempo en mente. Historia que nunca escribiría de no poder irla publicando por fragmentos, y  sin conocer la posible opinión de la gente. Hasta más leer.

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